Recomiendo:
0

Postales estadunidenses (II)

Fuentes: La Jornada

  Al parecer, los demócratas tipo Bernie Sanders (senador que contendió con Hillary Clinton por la candidatura presidencial en 2016, en la imagen, a la derecha) ganan terreno entre las preferencias del electorado estadunidense. Foto Afp. «A veces la luz está brillando sobre mí / Otras veces apenas puedo ver / Recientemente se me ocurre: […]

 Foto
Al parecer, los demócratas tipo Bernie Sanders (senador que contendió con Hillary Clinton por la candidatura presidencial en 2016, en la imagen, a la derecha) ganan terreno entre las preferencias del electorado estadunidense. Foto Afp.
«A veces la luz está brillando sobre mí / Otras veces apenas puedo ver / Recientemente se me ocurre: Que viaje tan largo y extraño ha sido…» -Grateful Dead

Nos despedimos de Chicago y cientos de kilómetros más hacia el oeste visitamos a dos amigos que viven en una granja en Wisconsin, un estado históricamente progresista pero que en años recientes se volteó hacia la derecha. Nos explicaron que el giro político se debía al fracaso de los demócratas y progresistas en cumplir con su compromiso de defender a los granjeros. Recordaron que el país perdió en sólo unas tres décadas 9 millones de granjas familiares, se impuso en su lugar un modelo corporativo de agricultura masiva donde ahora aproximadamente un millón de personas son responsables de casi el total de la producción agraria del país.

Pero lo que más les sorprende ahora aquí es una creciente corriente progresista que rechaza la cúpula política y que se identifica con el socialismo democrático de Bernie Sanders. En una reunión del Partido Demócrata local a la cual llegaron para medir las cosas, unas mujeres de la tercera edad les preguntaron que qué tipo de demócratas eran, que si eran de Hillary, y cuando respondieron delicadamente que más bien tipo Bernie, los abrazaron exclamando, ahora sí podemos hablar clarito. Poco después, mientras uno atendía una mesa del Partido Demócrata local en una feria rural, le preguntó a una joven de 16 años que estaba dando vueltas por ahí si le interesaba la política. Respondió firmemente que en 2020 ya podré votar y vamos a echar a todos estos, y lo voy hacer en honor de Elizabeth Cady Stanton (la filósofa y líder del movimiento de las mujeres por el voto en el siglo XIX) y porque se cumplirá el centenario de que las mujeres conquistaron el derecho al voto en este país. Lo dejó callado, me estaba dando una lección de historia.

Comentan que «durante décadas evitamos usar la palabra ‘socialismo’ para no asustar y obstaculizar el trabajo de organización, y ahora resulta que es la palabra necesaria en el trabajo político local aquí».

De ahí pasamos por los llanos de Minnesota y Dakota del Norte, paisajes que contienen largas historias de luchas de inmigrantes escandinavos; de granjeros, mineros, ferrocarrileros y empacadores de carne. Por aquí se oyen los ecos de antiguas luchas indígenas y las contemporáneas: al sur, Wounded Knee, símbolo de resistencia indígena en el siglo XIX como en el XX; al norte, la histórica movilización de Standing Rock hace poco mas de un año.

Pasamos por Idaho, un cachito de Washington y llegamos a la costa de Oregon. Estaciones de radio nos ofrecían un licuado de mensajes antimigrantes, programas cristianos con reverendos tratando de convencernos de que no era demasiado tarde para encontrar a Jesús (y enviarles donativos, mientras) y, de repente, radio en español con música, noticias y chismes mexicanos. Un espectacular en la carretera afirmaba: Jesús sí existió, más allá de la duda razonable. Bueno saber. En una gasolinera perdida en medio de la nada se anunciaba Coca-Cola hecha en México.

Oregon es tierra de John Reed y una gran tradición anarcosindical importada por inmigrantes europeos. El sindicato de estibadores en la costa fue fundado por comunistas (el primer líder fue un australiano) y sigue entre los más progresistas. En el pueblito turístico de Yachats en la costa hay una panadería que se llama «Pan y Rosas». Ahora esas mismas luchas, para pan y rosas también, son libradas por mexicanos y otros latinoamericanos, entre otros inmigrantes.

En Portland platicamos con una extraordinaria luchadora por los derechos civiles, antiguerra, ambientalista, sindicalista desde los 60 hasta hoy día, quien nos contó cómo los jóvenes, junto con veteranos de luchas sociales, están creando un mosaico, aún fragmentado, de rebeliones unidas por un furioso noa lo que ahora se ha impuesto en el poder, y que de ahí esta brotando tal vez la última esperanza para este país en esta coyuntura.

En este viaje por una de las épocas más oscuras de este país, de repente se asomaba la luz del alba.

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/10/01/opinion/033o1mun