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Ratas de laboratorio, palestinos de Gaza y los Josef Mengeles de nuestros días

Fuentes: Rebelión

Ante los sucesos de Gaza de los últimos meses y el temor de que se agraven no hay que perder de vista sus causas, su conexión con la situación en Líbano e Iraq y, sobre todo, las mentiras con que los medios defienden los intereses de Israel y Occidente a costa de los palestinos. El […]

Ante los sucesos de Gaza de los últimos meses y el temor de que se agraven no hay que perder de vista sus causas, su conexión con la situación en Líbano e Iraq y, sobre todo, las mentiras con que los medios defienden los intereses de Israel y Occidente a costa de los palestinos.

El editorial del 13 de junio del periódico español más vendido -probablemente escrito al alimón entre Thomas Friedman, Víctor Harel y Javier Solana- es un compendio de comentarios anti-palestinos, sentimientos anti-musulmanes y discursos racistas, cuyo uso en los comentarios de texto de exámenes de selectividad debería ser obligatorio para saber si los adolescentes están maduros intelectualmente:

«la coexistencia entre el moderado Abbas y el Gobierno de Ismail Haniya ha sido una ficción desde el mismo momento en que los radicales islamistas, que libran una guerra de terror contra Israel, ganaron las elecciones parlamentarias el año pasado.»

Es de sobra conocido que en los laboratorios los investigadores someten a pequeños roedores a situaciones de estrés que provocan en los sujetos enfermedades y violencia. También es conocido que Gaza es una enorme cárcel. Las llaves las tiene Israel, que hasta hace poco tenía sus carceleros dentro y ahora los tiene en su frontera terrestre y marítima, además de que controla también el espacio aéreo.

La vida es sencillamente inhumana desde que Israel la ocupó militarmente en 1967. Desde hace unos años además es un laboratorio que emplea seres humanos en lugar de ratas, cuya principal diferencia está en que a las ratas las alimentan y a los palestinos no. «La mitad de los habitantes de Gaza y Cisjordania sufre malnutrición», escribía The Independent el 12 de junio.

¿Quién impide que la comida llegue a los palestinos: los islamistas radicales, las milicias islamistas, las facciones palestinas, las expresiones preferidas de los nazis disfrazados de comentaristas políticos para referirse a seres humanos que apenas sobreviven bajo una ocupación militar criminal? No, Israel y los gobiernos occidentales son los responsables del genocidio palestino: la ocupación la mantienen durante 40 años aunque es ilegal. La población ocupada, que ha de ser protegida por la comunidad internacional, es condenada a muerte por falta de libertad y de medios para alimentarse, curar las enfermedades, trabajar, estudiar y realizar el resto de actividades normales que hace la gente corriente en Occidente pero que no dejan hacer a los palestinos para que Israel disfrute a su sabor del sueño sionista: toda la tierra de Palestina exclusivamente para los judíos.

Los palestinos han hecho más por el avance científico de la psico-biología que todas las ratas del mundo. Un millón largo de palestinos sabe por propia experiencia que si les ocupas militarmente, les encierras en 360 kms. cuadrados, les destruyes y robas sus casas, les quitas la energía eléctrica, el agua potable, les bombardeas a menudo, les haces ver que no tienen futuro alguno y por fin bloqueas su economía, lo que incluye negar alimentos a niños, enfermos y ancianos, al tiempo que los divides entre buenos («moderado Abbas») y malos («extremista Haniya») y proporcionas entrenamiento y armas a los primeros, lo menos que puede ocurrir es que se líen a tiros entre unos y otros.
Lo primero que hacen los editorialistas de referencia es responsabilizar a las «fuerzas y milicias» palestinas de lo que ocurre, ya que es un juicio previo necesario para demonizar a los palestinos y poder pedir a renglón seguido la intervención de la comunidad internacional, pero no dicen ni una palabra de la responsabilidad de ésta en el desastre. Lo mismo ocurre en el caso de Líbano e Iraq.

Estados Unidos y sus aliados ocupan este país tras someterlo a trece años de sanciones económicas tan criminales como las impuestas en Palestina, violan a voluntad los treinta artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la decencia humana y el sentido común y los pistoleros de las palabras, los editorialistas de referencia, nos sermonean sobre la guerra civil en el mundo árabe y la necesidad de que la ONU actúe:

«…cuyo primer ministro (de Israel) sugería ayer el despliegue de una fuerza internacional en la frontera entre Gaza y Egipto». ¡Pero qué idea más buena! ¿Por qué no la han pedido en los 40 años de ocupación y en sus guerras de agresión contra sus vecinos desde su fundación como Estado? ¿Por qué no se llamó a la ONU para desplegar a los cascos azules en los aeropuertos militares de Estados Unidos y Europa con el fin de impedir los ataques de sus aviones sobre Iraq? ¿Por qué no se envió una fuerza de interposición al norte de Israel para impedir el avance de sus tanques hacia Líbano? ¿Por qué la ONU no bloquea económicamente a Israel, responsable de miles de muertes en Oriente Medio y de la destrucción de Líbano y Gaza?

¿Cómo es que a un editorialista equipado con un manual de estilo que habla de democracia y principios sociales no se le ha ocurrido reflexionar sobre el hecho de que si el bloqueo occidental sirve para impedir la entrada en Gaza de comida pero no de armas, los palestinos en vez de invitarse mutuamente a tomar té con pastas, usarán esas armas en una guerra fraticida?

La psicología social no lo explica todo, aunque una gran parte sí, como ha recordado el psiquiatra palestino Eyad El-Sarraj: «la investigación psicológica mundial ha demostrado que los conflictos armados prolongados dan lugar a lo que se conoce como intoxicación social crónica, que hace a la gente, niños incluidos, menos sensibles y más despiadados, menos racionales y más impulsivos, menos dialogantes y más violentos». (http://www.palestinechronicle.com/story-061307111901.htm).

También la condición humana tiene su peso, desde el punto de vista moral no sólo psicológico. Mejor hubiera sido emplear las magras fuerzas y la desesperación para combatir la ocupación, pero es tan claro como lamentable que el daño causado en la sociedad palestina por los ocupantes y sus aliados ha sido tan profundo y su ponzoña tan eficaz, que los intereses de los peores entre los palestinos han prevalecido sobre los derechos y el bienestar de la mayoría. Hay en Palestina personas malas, traidoras, anormales, estúpidas, violentas, vengativas, ansiosas de poder y dinero, etc., como en cualquier otro país. La diferencia fundamental está en que el daño que hacen en Palestina, por las terribles condiciones que tiene, es enorme.

Al mismo tiempo, la condición moral de los editorialistas les impide ver en los palestinos otra cosa que ratas merecedoras del destino que padecen, por eso apuntan a razones políticas, sociales y culturales como la presencia del islamismo, la acción de facciones y el carácter terrorista.