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Rock electoral

Fuentes: La Jornada

Esta es una elección que aún no tiene ruta sonora. Las campañas han probado con rock, country, un poco de salsa mezclada con norteño y, a veces, algo light para no interrumpir cocteles sólo para millonarios interesados en la democracia, aunque, dadas las perspectivas y la calidad del debate, tal vez deberían recurrir a un […]

Esta es una elección que aún no tiene ruta sonora. Las campañas han probado con rock, country, un poco de salsa mezclada con norteño y, a veces, algo light para no interrumpir cocteles sólo para millonarios interesados en la democracia, aunque, dadas las perspectivas y la calidad del debate, tal vez deberían recurrir a un blues muy simple. Algo que, con cada día de discursos y ataques, maniobras y promesas, se oiga «le dicen lunes tormentoso/pero el martes está igual de peor…»

Eso sí, los candidatos presidenciales y otros políticos y sus estrategas intentan imponer su música, a veces en contra de los deseos de los músicos, e invitar a músicos (y otras estrellas) que ellos saben que inspiran mayor confianza y respeto entre el electorado que ellos.

En las campañas electorales, escoger la música para identificar al candidato es parte clave de la estrategia, es la expresión de su mensaje. También lo que escuchan los candidatos es algo que se utiliza para efectos propagandísticos. Pero a veces hay contradicción entre políticos y músicos.

Paul Ryan, quien acaba de ser seleccionado por el candidato presidencial republicano Mitt Romney como aspirante a la vicepresidencia, o sea, su compañero de fórmula, es un representante federal conservador que promueve anular el incremento en gastos de defensa y algunos de los programas sociales prioritarios de este país, y reducir los impuestos de los más ricos. Ya había expresado que una de sus bandas favoritas era Rage Against the Machine (el nombre se puede traducir como Furia contra la máquina). Para Tom Morello, el gran guitarrista de la banda y participante en luchas sindicales, en el movimiento Ocupa Wall Street y en los otros movimientos indignados del mundo, quien en su guitarra tiene grabado armen a los sin techo, esto fue too much.

Es entretenido el amor de Paul Ryan por Rage Against the Machine, ya que él es la encarnación de la máquina contra la cual nuestra música ha estado enfurecida durante dos décadas, escribió en un artículo publicado en Rolling Stone. Ryan dice que le gusta el sonido de Rage, pero no la letra. Bueno, a mí no me gusta el sonido de Paul Ryan ni sus letras. Le pueden gustar las bandas que quiera, pero su visión de trasladar ingresos de manera más radical al 1 por ciento es antitética al mensaje de Rage. Me pregunto cuál canción de Rage es su favorita. ¿Es esa en la que condenamos el genocidio de los indígenas estadunidenses? ¿O la que golpea al imperialismo estadunidense?…. Morello señala que entiende que Ryan está lleno de furia, furia contra las mujeres, los inmigrantes, los trabajadores, los gays, los pobres, el medio ambiente, pero eso sí, no siente ninguna rabia contra los más ricos. Al final se burla sugiriendo que tal vez Ryan es un infiltrado que de verdad entiende la música de Rage, y que al ser elegido llenará Guantánamo con los empresarios criminales que están financiando su campaña… y después los torturará con música de Rage 24 horas al día, siete días a la semana.

Morello no es el primero en sufrir algo así. Vale recordar que su gran amigo Bruce Springsteen, con quien colaboró en su último disco, tuvo que pedir que el santo de los republicanos, Ronald Reagan, dejara de usar su gran canción Born in the USA como uno de sus himnos de campaña; la gente de Reagan simplemente no escuchaba la letra y pensaba que era un himno patriótico cuando era una rola furiosa contra las secuelas de la guerra de Vietnam para los veteranos y el alma estadunidense.

También esta semana Silversun Pickups exigió que la campaña de Romney suspendiera de inmediato el uso de su canción Panic Switch.

Les ha pasado lo mismo a muchos más en años recientes: David Byrne tuvo que demandar que el ex gobernador de Florida Charlie Crist dejara de usar su rola con Talking Heads Road to Nowhere en su campaña electoral. Tom Petty demandó que la candidata republicana Michele Bachmann dejara de usar su canción American Girl. Jackson Browne y Foo Fighters tuvieron el mismo lío con la campaña de John McCain hace cuatro años. Bobby McFerrin solicitó que George Bush padre dejara de usar Don’t Worry, Be Happy. Sting también, contra George Bush hijo. La lista es larga.

A la vez, los músicos también figuran para apoyar campañas tanto con su música como con su presencia. La lista de músicos que apoyan explícitamente la campaña de Barack Obama es larga: en 2008 fueron prominentes: Springsteen, John Mellencamp, Black Eyed Peas, Jay-Z, y hasta Pete Seeger. Springsteen ha dicho que está un poco decepcionado de Obama y que no participará de la misma manera este año. Pero se han sumado: David Byrne, Marc Anthony, Lady Gaga, Mick Jagger, Alicia Keys, BB King, Beyonce Knowles, Ricky Martin, Barbra Streisand, y hasta hay una agrupación de DJs por Obama.

El talento del lado de los candidatos republicanos (no todos con Romney) es, pues, de menor calidad según este crítico, pero igual jalan a sus bases: Kid Rock, Gene Simmons (de Kiss), el rapero Prodigy, Joe Perry (Aerosmith) y Dave Mustaine de Megadeth, quien recientemente se ha sumado a las posiciones de la ultraderecha cristiana fundamentalista y ha dicho que Obama estaba detrás de las recientes matanzas en Colorado y Wisconsin para promover la prohibición de las armas

Hay toda una historia de músicos famosos y presidentes: Frank Sinatra y Marilyn Monroe con John F. Kennedy, Elvis y Nixon, Fleetwood Mac y Clinton, así como también detrás de candidatos presidenciales independientes, como el caso de Patti Smith, Ani DiFranco y Eddie Vedder con Ralph Nader.

Tal vez la contienda electoral debería volverse una obra musical. O tal vez sería mejor idea hacer un concurso como una batalla de las bandas, y que el público votara por el mejor elenco musical.

Por lo menos así uno podría bailar en lugar de escuchar el sonido y la letra de los políticos. Y tal vez de repente, como jazz, algo brotaría para romper con el ruido escandaloso y crear un nuevo concierto en el cual todos estén invitados a ser los compositores.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/08/20/opinion/031o1mun