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Semillas, tierra y agua: los idus de marzo

Fuentes: Alai-amlatina

El sur de Brasil, cuna de varios de los movimientos sociales más fuertes de este país y de América Latina, fue, durante marzo, escenario de la confrontación entre los movimientos campesinos con las trasnacionales, teniendo como telón de fondo a la Organización de las Naciones Unidas. Del 5 al 31 de marzo se realizaron, una […]

El sur de Brasil, cuna de varios de los movimientos sociales más fuertes de este país y de América Latina, fue, durante marzo, escenario de la confrontación entre los movimientos campesinos con las trasnacionales, teniendo como telón de fondo a la Organización de las Naciones Unidas. Del 5 al 31 de marzo se realizaron, una tras otra, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, la tercera Reunión de las Partes del Protocolo Internacional de Cartagena sobre Bioseguridad y la octava Conferencia de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas. Mientras, en México, se reunía el cuarto Foro Mundial del Agua.

Sin pedir permiso, los «condenados de la tierra» en la voz de millares de campesinos, trabajadores rurales sin tierra, desplazados por represas, víctimas de los monocultivos de árboles y de los transgénicos de Brasil y del mundo irrumpieron en la escena de las conferencias de Naciones Unidas que se realizaron en Porto Alegre y Curitiba, mientras decenas de miles marcharon en México en defensa del agua y contra su privatización.

Con la calma y la firmeza de las razones justas, armados de semillas, plantas de maíz, banderas y canciones, mujeres, niños y hombres dejaron atónitos a los diplomáticos del mundo -recordándoles que el mundo real está fuera de las mesas de negociación- y furiosos a los directores y cabilderos de las trasnacionales.

En la marcha final que convocó Via Campesina el 31 de marzo, frente al centro de convenciones de Curitiba, más de 5 mil campesinos e integrantes del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) colocaron una enorme pancarta que resumió lo que está en juego: «La naturaleza y la biodiversidad son de los pueblos: no de los gobiernos ni de las trasnacionales».

En Brasil, Via Campesina marcó el campo de juego desde el inicio: el 8 de marzo, las mujeres del movimiento ocuparon un laboratorio y vivero de eucaliptos clonados de la empresa Aracruz, en protesta contra el «desierto verde» y el atropello de indígenas y campesinos por los monocultivos forestales. Luego, marcharon y cerraron por cuatro horas el acceso a la conferencia de Reforma Agraria. Dos días después, consiguieron que la declaración del foro paralelo Tierra, territorio y dignidad fuera incluida como documento de la conferencia oficial de Reforma Agraria y Desarrollo Rural.

La reunión del Protocolo de Bioseguridad comenzó con marchas y la ocupación del MST y Via Campesina de un terreno, donde Syngenta estaba sembrando maíz y soya transgénicos ilegales, en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional de Iguazú, el cual aloja las famosas cataratas del mismo nombre. Siguen ocupándolo.

En la semana siguiente, en una victoria contundente de la sociedad civil internacional, el Convenio de Diversidad Biológica (CBD) mantuvo y reafirmó la moratoria contra la tecnología transgénica Terminator para hacer semillas suicidas. Moratoria que existía dentro del CDB desde 2000, pero que las trasnacionales de los transgénicos habían logrado minar dos meses antes, en una reunión preparatoria del CBD, en Granada.

Las trasnacionales llegaron contentas a Brasil: por los corredores del CBD se paseaban sin pudor los directores globales de Monsanto, Syngenta y Delta & Pine, poseedores de la mayoría del mercado de transgénicos y patentes de Terminator. La victoria en Granada y su sentimiento de superioridad sobre los burócratas gubernamentales, a quienes acostumbran «instruir» por la vía del soborno u otras, les daba ánimo.

Recibieron una bofetada en plena cara. El arcoiris de las protestas diarias de Via Campesina en la calle y dentro del centro de conferencias, la coordinación de centenares de organizaciones de la sociedad civil en la Campaña Internacional contra Terminator, con acciones simultáneas en Brasil y otros países, las intervenciones de los jóvenes y los indígenas, incluyendo delegados especialmente enviados del pueblo huichol de Jalisco y del pueblo guambiano de Colombia, las actividades paralelas con el Foro Brasileño de organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales, lograron, finalmente, que se revirtieran los textos que venían de Granada, para desesperación de las trasnacionales y los delegados de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, principales gobiernos que querían romper la moratoria. Los delegados de México, hasta el último momento, también trabajaron para convencer a otros gobiernos de quebrar la moratoria, siguiendo la vergonzosa costumbre que llevaron en todas las conferencias de marzo de asumir la defensa soterrada de las trasnacionales.

El momento más fuerte y simbólico en el CBD fue la entrada de las mujeres de Via Campesina al pleno de las negociaciones: con la pañoleta verde del movimiento y velas, desplegaron ante los delegados oficiales decenas de carteles escritos en varios idiomas demandando la prohibición de Terminator. El presidente de la sesión anunció que tomaría en cuenta también esta «intervención», y ante la frustración del director de Delta & Pine, quien pidió a los elementos de seguridad que intervinieran, la mayoría del pleno se levantó y aplaudió.

Mantener la moratoria contra Terminator es un hecho importante y relevante para millares de campesinos e indígenas, así como para las posibilidades de todos de decidir qué comemos y que no lo hagan las trasnacionales. Pero quizá el mensaje principal fue otro, que no quedó en papel y sin embargo no se borra: los condenados de la tierra no aceptan su condena, ni a sus verdugos ni a quienes mediante leyes nacionales e internacionales legalizan los privilegios de los poderosos.

– Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC.