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Sí, señora marquesa, sí hasta el final

Fuentes: Rebelión

Cayetana Alvarez de Toledo tiene esa mirada de aquellos privilegiados que se sienten muy por encima de los demás. Que nos miran con desgana, como haciéndonos un favor. Mirada no exenta de un ligero desprecio. Y habla con el tono justo para que nos esforcemos en escuchar y entender lo que dice, porque no lo […]

Cayetana Alvarez de Toledo tiene esa mirada de aquellos privilegiados que se sienten muy por encima de los demás. Que nos miran con desgana, como haciéndonos un favor. Mirada no exenta de un ligero desprecio.

Y habla con el tono justo para que nos esforcemos en escuchar y entender lo que dice, porque no lo va a repetir. Me recuerda a los médicos de antaño cuando iban a visitar a los niños enfermos que hablaban al irse sin reparar en las madres que corrían tras ellos tratando de entender algo y sin animarse a decirles que no habían entendido nada.

La marquesa habla sin mirar los interlocutores o mirándolos un poquito, no mucho, un poco de lado, como para no darles el privilegio de una mirada total. No están a su altura como para que los mire de frente, indudablemente. Las cosas como son.

Y dice la mayor de las estupideces sin alterar el gesto, como si dejara caer gotas de una sabiduría indudable.

Cayetana Alvarez de Toledo, que si le agregamos los apellidos maternos completa su altísima alcurnia con, nada menos que Peralta Ramos, perteneciente a la oligarquía agrícola-ganadera argentina, la más rancia de las oligarquías criollas.

Por eso, tal vez, esa pose de una superioridad genética, con la cabeza alta mirando al mas allá, siempre un poco de lado y el mentón apuntando al infinito. Una reproducción exacta de los personajes de las películas de Berlanga, esos que aún sin un duro mantienen el estilo, la estirpe, un no se qué que los hace diferentes.

Uno hasta los imagina con parte de un brazo y el costado visible ya con algo de bronce, preparándose para la posteridad.

En su reciente participación en un debate preelectoral, cuestionó que en el programa de Unidas Podemos sobre violaciones, dijera que sin un SÍ explícito es un NO.

Y llevó el debate a la idiotez, desviándolo de lo importante cuando preguntó : ¿ustedes dicen sí, sí, sí, hasta el final?

Uno puede pensar que la marquesa tuvo un desliz intelectual y no se enteró bien del asunto. Es posible, hasta los dioses cometen errores.

Sin embargo yo creo que no. Que las nobles neuronas le funcionaron bien. Creo que sutilmente quiso desvirtuar el debate y llevarlo hasta el charco de la estupidez de donde es muy difícil salir.

Tal vez no lo sepa muy bien porque suelen ser algunos de sus empleados quienes se ocupan de estas cosas políticas, pero seguro que intuye que el feminismo, no el que quieren banalizar y convertir en un enfrentamiento con los hombres, sino el que cuestiona profundamente el capitalismo, es peligroso para sus intereses de casta.

Alguien, de todos modos, tendrá que decirle que las feministas están decididas a decir SÍ a una nueva forma de vida, que supere el capitalismo patriarcal. SÍ a una vida mas justa, donde las marquesas y los marqueses tengan que agachar un poco la cabeza para mirar de frente a sus iguales, todos los demás.

Donde la democracia no se limite a votar de tanto en tanto para dejar que otros se ocupen de nuestras vidas, sino que genere una participación mas directa y mas frecuente, donde los que mandan nos obedezcan.

Donde todos podamos disfrutar y compartir lo que todos producimos y que no sea para una minoría como lo es actualmente.

A todo eso, las feministas, los trabajadores, los estudiantes, los maestros, los jubilados, o sea todos los que estamos debajo de su mirada soberbia y prepotente, estamos dispuestos a decir SÍ. SÍ hasta el final. Así es señora marquesa. SÍ hasta el final.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.