En esta última entrega de la trilogía dedicada al mártir líder de la República Islámica de Irán, Seyed Ali Jamenei refiero como este ser humano “el escalón más alto del ser humano” como solía definir el “Che” a aquellos seres humanos, que trascienden en función de su entrega a la humanidad. Un hombre que consolidó la identidad geopolítica de Irán este país bajo principios de resistencia y soberanía frente a la influencia occidental. Y, con ello, influir en la dignidad y soberanía de los pueblos en resistencia
La figura del ayatolá Seyed Ali Jamenei, líder supremo de la República Islámica de Irán, no puede comprenderse bajo los estándares de la política convencional. Tras su muerte en el magnicidio perpetrado el 28 de febrero de 2026 durante la operación militar conjunta de Estados Unidos y el régimen sionista, su legado trasciende las fronteras de Asia Occidental para consolidarse como un símbolo de resistencia del Sur Global. La vida de Jamenei representa el choque histórico entre dos corrientes antagónicas: la «arrogancia» hegemónica —encarnada por el eje Washington-Tel Aviv— y la «resistencia» soberana.
Nacido en Mashhad en el seno de una familia chiita de escasos recursos, Jamenei fue forjado en la disciplina teológica de Qom. Bajo el magisterio del Imam Jomeini, adoptó la doctrina del Velayat-e faqih (tutela del jurisconsulto islámico), un principio que guiaría su visión de un Estado autónomo. Su juventud estuvo marcada por la persecución bajo la monarquía Pahlavi, influenciado por pensadores que, como Sayyid Qutb, rechazaban de plano la hegemonía occidental. Sus llamados a combatir el sionismo y sobre todo su oposición frontal al régimen Pahlavi le costos arrestos, exilio interno, torturas.
La trayectoria de Jamenei fue una constante prueba de fuego. En 1981, sobrevivió a un atentado del grupo prooccidental Muyahidines del Pueblo (MKO), que le provocó la parálisis del brazo derecho. Esta firmeza se consolidó durante su presidencia, donde su presencia constante en los frentes de la «Guerra Impuesta» contra Irak cimentó su imagen de líder que, no solo dirige desde el púlpito, sino que acompaña en la trinchera.
Jamenei: El arquitecto de la resistencia asimétrica
Bajo el liderazgo del ayatolá Seyed Ali Jamenei (1989-2026), Irán abandonó la dependencia militar convencional, superada tecnológicamente por Occidente, para edificar una sofisticada arquitectura de poder asimétrico. A través de la Fuerza Quds y en alianza estratégica con el general Qasem Soleimani, Jamenei logró institucionalizar el «Eje de la Resistencia». Esta red, que integra a Hezbolá en el Líbano, fuerzas en Siria, milicias en Irak como Al Hashad al Shabi y Ketaeb Hezbolá, junto al movimiento Ansarolá en Yemen, ha permitido a Irán proyectar soberanía frente a décadas de sanciones y bloqueos económicos.
Esta estructura no es una simple alianza militar, sino una respuesta necesaria ante el asedio permanente, que ha permitido a Irán ser capaz de «convertir la amenaza en oportunidad», utilizando su capacidad de disuasión no para una expansión territorial agresiva, sino como un escudo ante la agresión neocolonial. La genialidad estratégica de Jamenei reside en haber entendido que el poder ya no se mide únicamente por el tamaño de los ejércitos regulares, sino por la capacidad de movilizar voluntades a través de una identidad ideológica compartida que trasciende fronteras nacionales.
La «dignidad» en la visión de Jamenei no es un concepto abstracto, sino un ejercicio político: es el derecho inalienable de un pueblo a no subordinarse. La imagen “negativa” fabricada por los medios occidentales es, en esencia, parte de una «guerra híbrida» diseñada para fragmentar cualquier proyecto de autonomía en Asia Occidental. Proyecto que en estos 48 años de Revolución Islámica tiene, precisamente a Irán y la figura señera de Seyed Ali Jamenei, como su principal referente.
Un aspecto clave de la resistencia iraní bajo Jamenei ha sido la autosuficiencia tecnológica. Al desarrollar sus propios drones y misiles balísticos (capaces de golpear con precisión sin depender de suministros externos), Irán rompió el monopolio del «mercado de armas» global. Esto otorga a nuestros pueblos, los del Sur Global un modelo replicable de soberanía técnica: si un país puede fabricar su propia defensa, el chantaje económico pierde gran parte de su eficacia.
Otro punto fundamental de los años de liderazgo de Seyed Ali Jamenei es haber hecho colapsar la narrativa que era imposible derrotar al régimen sionista israelí y a Estados Unidos en una guerra de envergadura (recordemos que ya la resistencia libanesa había derrotado al sionismo el año 2000 y en la guerra de junio del 2006). La resistencia asimétrica ha servido para demostrar que el poder hegemónico tiene pies de barro.

La capacidad de Irán y su Eje para resistir y contraatacar directamente ha destruido el mito de la invulnerabilidad militar del sionismo. Esto ha cambiado la psicología regional; ya no se percibe a Israel como una potencia inalcanzable, sino como un actor vulnerable que depende enteramente del respaldo externo para mantener su postura expansionista. Sin Washington y países como Alemania, Israel es simplemente una entidad posible de eliminar.
En última instancia, el legado de Jamenei se consolida en la transición hacia un mundo multipolar. La resistencia asimétrica iraní ha dejado de ser solo un mecanismo de supervivencia para convertirse en la columna vertebral de un nuevo bloque regional que desafía el orden unipolar, posicionándose como el último baluarte que impide que la hegemonía estadounidense e israelí se consolide definitivamente en Asia Occidental.
El ataque de 2026, interpretado por la comunidad internacional alineada con el bloque multilateral —incluyendo a Rusia y China— como un intento de «decapitar» la soberanía iraní, ha tenido el efecto contrario a las expectativas de sus agresores. El martirio de Jamenei ha actuado como un catalizador de cohesión nacional y regional.
Al ser martirizado, en vísperas del mes sagrado de Ramadán, su figura ha sido elevada, con toda justicia, al estatus de líder político a símbolo espiritual de la resistencia transnacional., con un impacto geopolítico innegable. Su martirio ha cohesionado el fervor de amor por la patria al pueblo iraní y reafirmado su determinación de Irán de seguir siendo el núcleo de un bloque que desafía la hegemonía occidental.
Irán es la vanguardia de la resistencia
El rol de la República Islámica de Irán en el escenario global actual, y la profunda huella legada por el martirizado liderazgo de Seyed Ali Jamenei, trascienden las fronteras de Asia Occidental para consolidarse como una vanguardia política y moral. En la cosmovisión del «Sur Global», la nación persa no es sólo un actor estatal de relevancia estratégica, sino el símbolo vivo de una dignidad inquebrantable: ha demostrado, en los hechos, que la subordinación a los dictados de las potencias hegemónicas no es una fatalidad histórica, sino una opción que puede y debe ser revertida.
Siguiendo la herencia de Jamenei, la República Islámica de Irán se ha erigido como el principal garante de la autodeterminación frente a los embates del neocolonialismo y el supremacismo del siglo XXI. La supuesta “amenaza” que Irán representa para las potencias occidentales “hegemónicas y arrogantes” no reside en sus capacidades materiales: económicas, energéticas, militares, nucleares, sino en su propia existencia como proyecto autónomo.
Su sola y necesaria presencia desafía el esquema de dependencia que las potencias imperiales —lideradas por Estados Unidos y su socio estratégico, como es el régimen sionista israelí— pretenden imponer sobre los países del Sur, convirtiendo a Teherán en un referente insoslayable para todos aquellos que buscan rescatar su soberanía nacional.
El asesinato del líder supremo, ejecutado por la alianza entre Washington y su proxy regional, no sólo representa un acto de agresión sin precedentes, sino que acelera una dinámica que sus perpetradores parecen subestimar: la radicalización de la resistencia. Lejos de desarticular el proyecto revolucionario, la eliminación de figuras clave —una política de «máxima presión» que ha cobrado las vidas de líderes como Qasem Soleimani, científicos nucleares, civiles y víctimas inocentes de tragedias como la de la escuela en Minab— se ha convertido en el catalizador de una voluntad colectiva que no admite el olvido ni la rendición.
Una política de hostilidad que responde a una lógica estructural que busca evitar el surgimiento de cualquier polo que altere la hegemonía estadounidense. Sin embargo, este crimen, que ha generado un rechazo profundo en vastos sectores de la conciencia pública global, no sólo ha fracasado en sus objetivos de sumisión, sino que ha reforzado la legitimidad de Irán como un pilar fundamental en la lucha contra el sionismo y el intervencionismo.
La República Islámica, en su inquebrantable postura, se mantiene como la frontera última donde se decide si el derecho de los pueblos a su autodeterminación prevalecerá sobre la hegemonía de un orden mundial que, cada vez más, se muestra incapaz de ofrecer una alternativa que no sea la imposición y el caos.
En conclusión, la vida de Seyed Ali Jamenei —desde su origen humilde hasta su muerte trágica— como he intentado retratar en esta trilogía de artículo, define un arco narrativo de resistencia. Su legado no es solo el de un teólogo o un estadista, sino el de un estratega que transformó la «dignidad» en un pilar institucional, desafiando a las superpotencias y dejando una huella indeleble en la compleja cartografía política del siglo XXI.
A finales de junio de 2026, la situación entre Estados Unidos e Irán se caracteriza por una tregua extremadamente frágil marcada por la desconfianza mutua y continuos episodios de tensión militar, a pesar de los esfuerzos diplomáticos en curso.
Aquí los puntos clave para entender el panorama actual:
1. El Memorando de Entendimiento (MOU) de Islamabad
El 18 de junio de 2026, ambas naciones suscribieron un memorando de catorce puntos para intentar frenar el conflicto iniciado a finales de febrero de ese año. Este documento no es un tratado de paz, sino una hoja de ruta diseñada para:
- Cesar las hostilidades durante un periodo de 60 días.
- Reabrir el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz.
- Establecer un marco para futuras negociaciones sobre el programa nuclear iraní, misiles balísticos y el levantamiento de sanciones.
2. Una tregua bajo fuego
Aunque el acuerdo existe sobre el papel, en la práctica se ha visto socavado por intercambios militares constantes:
- Incidentes en el Estrecho de Ormuz: A finales de junio se han reportado nuevos ataques y escaramuzas, lo que ha generado una gran inestabilidad y preocupación en los mercados energéticos.
- Contradicciones diplomáticas: Mientras el presidente Donald Trump ha anunciado la intención de celebrar conversaciones de alto nivel en Doha, fuentes oficiales iraníes han mostrado posturas contradictorias, a veces negando planes de reuniones técnicas inmediatas, lo que refleja divisiones internas dentro del régimen iraní sobre cómo proceder.
- Intereses contrapuestos: Irán busca desesperadamente la liberación de activos congelados en el extranjero para aliviar su situación económica, mientras que Estados Unidos presiona por garantías sobre el control del Estrecho de Ormuz y la limitación de la influencia regional iraní.
3. El papel de los mediadores
La estabilidad de este proceso depende en gran medida de terceros actores. Catar y Pakistán han sido fundamentales para facilitar el diálogo indirecto. A finales de junio, delegaciones estadounidenses se encontraban en la región para tratar de mantener el proceso a flote, aunque insistiendo en que no se han producido reuniones directas con los representantes iraníes desde la firma del memorando.
En resumen, aunque el canal diplomático está abierto, la desconfianza es profunda y el riesgo de una nueva escalada sigue latente ante cada nuevo incidente militar en el Golfo Pérsico.
1. La República Islámica de Irán y Estados Unidos, así como sus aliados en la guerra actual, declaran, desde la firma del presente protocolo de acuerdo, el fin inmediato y definitivo de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen a no emprender en lo sucesivo ninguna acción hostil entre sí, así como a abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza entre sí. El acuerdo definitivo confirmará las disposiciones del presente artículo y de los demás artículos.
2. La República Islámica de Irán y Estados Unidos se comprometen a respetar la soberanía y la integridad territorial de cada uno, y a abstenerse de cualquier injerencia en los asuntos internos del otro.
3. La República Islámica de Irán y Estados Unidos se comprometen a negociar y alcanzar un acuerdo definitivo en un plazo máximo de 60 días, prorrogable de común acuerdo.
4. Inmediatamente tras la firma del presente protocolo de acuerdo, Estados Unidos levantará el bloqueo naval e impedirá cualquier interferencia u obstrucción contra la República Islámica de Irán, y restablecerá el tráfico, en un plazo máximo de 30 días, a su plena capacidad; el tráfico marítimo será proporcional al volumen de tráfico anterior a la guerra por parte de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete asimismo a retirar sus fuerzas de las zonas circundantes en los 30 días siguientes al acuerdo definitivo.
5. Desde la firma del presente protocolo de acuerdo, la República Islámica de Irán adoptará de inmediato medidas para garantizar que la circulación de buques mercantes desde el Golfo Pérsico hacia el mar de Omán, y viceversa, se restablezca en un plazo de 30 días al volumen anterior a la guerra, teniendo en cuenta la necesidad de que Irán elimine los obstáculos técnicos y neutralice las minas.
Los Guardianes de la Revolución anunciaron ya el 28 de febrero el cierre del estrecho de Ormuz. Tal y como hemos documentado en nuestro Observatorio de la batalla de Ormuz, desde el inicio de la guerra contra Irán el 28 de febrero, al menos 37 buques civiles (petroleros, portacontenedores y otros cargueros) han sido atacados en el estrecho de Ormuz, lo que ha provocado una caída histórica del tráfico marítimo: de 160 buques que transitaban por el estrecho el 27 de febrero a una media de 11 al día durante el mes de abril. Desde el 13 de abril, el ejército estadounidense aplicaba un bloqueo marítimo en el mar de Arabia a los buques que partían o llegaban a los puertos iraníes, con la excepción del tráfico en el golfo Pérsico y el golfo de Omán, en un intento de contrarrestar una de las consecuencias de la guerra: desde el 28 de febrero, Teherán ha podido mantener sus exportaciones de crudo —destinadas principalmente a China— e incluso beneficiarse de la subida de los precios en los mercados mundiales.
6. Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan global acordado por ambas partes para la rehabilitación y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán, garantizando al mismo tiempo una financiación de al menos 300 mil millones de dólares. El mecanismo de aplicación de este plan, en el marco del acuerdo definitivo, se definirá en un plazo de 60 días.
7. Estados Unidos se compromete a poner fin, según un calendario que se acordará en el marco del acuerdo definitivo, a todo tipo de sanciones a las que se enfrenta actualmente la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y del Consejo de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), así como todas las sanciones unilaterales estadounidenses, tanto primarias como secundarias.
8. La República Islámica de Irán reafirma que nunca fabricará armas nucleares. La República Islámica de Irán y los Estados Unidos han acordado que el destino del material enriquecido y el de todas las demás cuestiones relacionadas con el ámbito nuclear acordadas mutuamente, incluidas las necesidades nucleares de Irán, se abordarán adecuadamente en un acuerdo definitivo; el acuerdo definitivo confirmará las disposiciones del presente artículo.
9. La República Islámica de Irán y Estados Unidos acuerdan que, a la espera de un acuerdo definitivo, mantendrán el statu quo: Irán mantendrá el statu quo en lo que respecta a su programa nuclear, y Estados Unidos no impondrá nuevas sanciones a Irán ni reforzará sus fuerzas en la región.
10. Estados Unidos se compromete a que, inmediatamente después de la firma del presente memorando de entendimiento y hasta la fecha en que se levanten las sanciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos conceda exenciones para las exportaciones de petróleo crudo iraní, productos petroquímicos y sus derivados, así como para todos los servicios relacionados, incluidos los bancarios, de seguros, de transporte y similares.
11. Estados Unidos se compromete a que, a la luz del avance de las negociaciones hacia un acuerdo definitivo, los fondos y activos congelados o sujetos a restricciones de la República Islámica de Irán se desbloqueen y queden plenamente disponibles. Dichos fondos, ya se mantengan en la cuenta principal o se hayan transferido, se utilizarán para cualquier pago al beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán y estarán plenamente disponibles para su uso. Estados Unidos se compromete a expedir todas las autorizaciones y licencias necesarias sobre esta base.
12. La República Islámica de Irán y Estados Unidos acuerdan que se establecerá un mecanismo de aplicación para supervisar la correcta ejecución del acuerdo definitivo y el cumplimiento futuro del mismo.
13. Tras la firma del presente memorando de entendimiento, y tan pronto como se reciban garantías sobre el inicio de la aplicación de los artículos 4, 5, 10 y 11 del presente memorando de entendimiento, así como sobre la continuación de la aplicación de dichas medidas, la República Islámica de Irán y los Estados Unidos entablarán negociaciones con vistas a alcanzar un acuerdo definitivo que se refiera únicamente a los artículos restantes.
14. El acuerdo definitivo se aprobará mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
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