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La geopolítica del Procés

¿Una «política de frontera» de la Unión Europea?

Fuentes: El Salto

La «política de frontera» que la Unión Europea está ejerciendo sobre los pueblos hispánicos se está endureciendo cada vez más. Esto es solo un aperitivo de lo que está por llegar. Después del recién anuncio de la sentencia del juicio del Procés y las nuevas movilizaciones en contra de la decisión, la gente se pregunta: […]

La «política de frontera» que la Unión Europea está ejerciendo sobre los pueblos hispánicos se está endureciendo cada vez más. Esto es solo un aperitivo de lo que está por llegar.

Después del recién anuncio de la sentencia del juicio del Procés y las nuevas movilizaciones en contra de la decisión, la gente se pregunta: ¿dónde está la Unión Europea en estos momentos? Ya les adelanto, estimados lectores, que la Unión Europea ni aparecerá ni se le debería esperar. Mucho me temo que nadie en Europa va a acudir al rescate. Quizás, uno de los grandes errores estratégicos del Procés ha sido la falta de comprensión del papel crucial de la geopolítica y del factor internacional en la configuración de un proceso que se ha leído de una forma miope en clave nacional, pero no internacional. Esto se debe en gran medida a que el Procés se ha dejado engatusar por unos vendedores de humo made in USA que han contribuido a la ¨marketización¨ e internacionalización de un conflicto político que, a pesar de haber amasado, aparentemente, ciertos apoyos mediáticos de los grandes medios internacionales y diversos políticos de la Unión Europea, no ha podido afianzar ayuda política solida y concreta. ¿Cómo deberíamos pues explicar tal paradoja?

Históricamente, el Procés ha concebido el problema nacional como un conflicto entre una nación sin Estado y un Estado represivo de tradición imperial dentro del marco «sellado» de un Estado atrasado económicamente del sur de Europa. «España es irreformable», apuntan algunos con la intención de sembrar un retrato de una España negra donde la evocación de la lucha de clases parece casi un privilegio que solo puede hegemonizar el Procés. Esta visión pesimista, esencialista y ahistórica de España ha motivado al Procés a volcarse en la internacionalización del conflicto, y no en la compresión del factor internacional y geopolítico que lo condiciona, con la esperanza de encontrar apoyos internacionales -especialmente el de la Unión Europea- que puedan facilitar una salida política y democrática al problema. Como consecuencia de esta necesidad, el Procés ha imaginado una visión de la Unión Europea mitificada y edulcorada, representándola así como la moderna antítesis de todo aquello que simboliza el Estado español. Sin embargo, ante los recientes trágicos eventos, ha quedado ya demostrado que la moderna y democrática Unión Europea no parece molestarse por lo acontecido en España y el independentismo sigue sin entender el porqué.

Quizás el Procés debería haber entendido que el desarrollo del conflicto no se ha producido en un entorno estatal «sellado», sino más bien en un contexto internacional donde España y Cataluña forman parte de la periferia de una formación cuasi imperial en estado de descomposición donde existen relaciones políticas y económicas asimétricas entre el centro y la periferia. La Unión Europea, al igual que los antiguos imperios, está llevando a acabo una «política de frontera» en su periferia: es decir, la violencia y los desmanes de las élites locales son permitidos e ignorados, ya que contribuyen a la cohesión y supervivencia de las relaciones asimétricas entre el centro imperial y la periferia, que, a su vez, facilitan la reproducción de las élites gubernamentales -también de las catalanas- y del capital.

Por otro lado, el Procés ha confundido la agencia del Estado español para disciplinar a sus gentes con una ilusoria agencia política completa. En realidad, el Estado español hace tiempo que perdió su independencia y agencia internacional. Ha quedado a la merced de potencias extranjeras y organizaciones supranacionales que han dirigido su política nacional e internacional. El privilegio de desarrollar políticas disciplinarias en el marco estatal es quizás el único y ultimo elemento político que se le permite a aquellos Estados que se encuentran en los lindes de la periferia y frontera del «imperio» europeo. Este espejismo ha sido mal interpretado por el independentismo. Este no ha entendido que las tendencias iliberales de los Estados de la periferia de la Unión Europea pueden convivir perfectamente con las directrices liberales del centro imperial. De hecho, ambas dinámicas se retroalimentan dialécticamente, triturando así cualquier intento de construcción de tejido social democrático. ¿Acaso la Unión Europea ha hecho algo para evitar la deriva autoritaria de Estados como Polonia o Hungría? En una Unión Europea seria y democrática estos sucesos deberían ser penalizados, no ignorados.

El Procés haría bien en entender que la creación de una «Finlandia» en el sur de Europa no es posible en el actual contexto de competición geopolítica capitalista y reestructuración de la económica global. La «política de frontera» que la Unión Europea está ejerciendo sobre los pueblos hispánicos se está endureciendo cada vez más. Esto es solo un aperitivo de lo que está por llegar. La posibilidad de crear una España federal y democrática pasa por la previa comprensión de la posición que ocupamos en el marco de la Unión Europea y el capitalismo global. Hace tiempo que lo olvidamos. Culpen a las brutales dinámicas geopolíticas de la Unión Europea y a las tendencias de un capitalismo descontrolado y en transición. Estamos en la frontera de la Unión Europea y eso, desafortunadamente, tiene consecuencias para sus gentes.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/laplaza/geopolitica-proces-politica-frontera-union-europea#

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