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45 años del inhumano bloqueo a Cuba

Fuentes: Vermelho

Traducido para Rebelión por Àlex Tarradellas

Los medios de comunicación hegemónicos nativos, que insisten en tildar al presidente Fidel Castro de «dictador» y que ahora refuerzan el cortejo macabro de los Estados Unidos por su muerte, casi no han dicho nada sobre los 45 años del bloqueo criminal contra Cuba que se cumplieron a principios de este mes. En febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy, del Partido Demócrata, bajo el decreto 3.447 impuso el «embargo total» a la isla rebelde. En la práctica, la medida legislativa tan sólo volvió pública y oficial el cruel cerco estadounidense deflagrado justo tras el triunfo histórico de la revolución cubana, en enero de 1959.

Desde entonces, los gobiernos yanquis, republicanos o demócratas, sólo han radicalizado tales medidas -a modo de ejemplo la Ley Torricelli (1992) y de la Helms-Burton (1996). En su doctrina de la guerra infinita contra el «eje del mal», el torturador George W. Bush endureció el cerco económico y patrocinó varias operaciones terroristas contra el régimen cubano. Todas las acciones atentan contra el Derecho Internacional y no respetan las decisiones de la ONU tomadas el noviembre pasado, por la quinceava vez, una resolución contraria al bloqueo tuvo 183 votos a favor, cuatro en contra y una abstención.

«Una política de genocidio»

El inhumano bloqueo a Cuba causa enormes sacrificios a este heroico pueblo y merece la repulsa indignada de los sectores progresistas de la humanidad -¡lo que no incluye los medios de comunicación venales (infieles, deshonestos)! Según el Informe Anual sobre el Bloqueo, hasta el 2005 el perjuicio económico directo ya rebasaba los 82 mil millones de dólares, con una media anual de pérdidas de 1.782 millones de dólares. «esa cifra total no incluye los más de 54 mil millones imputables a los daños directos ocasionados por los sabotajes y acciones terroristas estimuladas, organizadas y financiadas por los Estados Unidos, ni el valor de los productos dejados de producir o perjuicios derivados de las onerosas condiciones impuestas a Cuba».

En la valoración del gobierno cubano, el largo bloqueo representa «una política de genocidio, en virtud del artículo II de la Convención de Ginebra para la prevención y sanción del crimen de genocidio, del 9 de diciembre de 1948. No hay ninguna norma del derecho internacional que justifique el bloqueo en tiempos de paz. En ese sentido, la isla es blanco de la guerra económica». En el decurso de estas medidas arbitrarias, Cuba no puede exportar ningún producto a los Estados Unidos ni recibir turistas de este país. Tampoco tiene acceso a créditos ni puede usar el dólar en sus transacciones comerciales. Los navíos y aviones cubanos tienen terminantemente prohibido ingresar en la «patria de la libertad».

Agresión extraterritorial

Pretendiendo asfixiar económicamente la isla, la política de los Estados Unidos tiene carácter territorial. Ésta impide importaciones de firmas yanquis instaladas en otros países y sanciona inversiones extranjeras en Cuba. La ley Torricelli suspendió las importaciones procedentes de empresas estadounidenses en otros países, que llegaban, en 1991, a 718 millones de dólares. Prueba de esta acción inhumana del «imperio del mal», la mayor parte de estas importaciones, cerca del 90%, estaba basada en alimentos y medicamentos. La ley también fijó que un navío de otro país que atraque en Cuba sólo puede ingresar en los Estados Unidos después de seis meses y mediante un permiso especial.

La ley Helms-Burton ya estableció sanciones a los «actuales y potenciales» inversores en Cuba. El país está obligado a pagar por adelantado cualquier importación, sin la posibilidad de obtener créditos financieros, incluso de los bancos privados. Además, la venta y el transporte de las mercancías sólo pueden realizarse a través de la obtención de licencias especiales en cada operación. Cuba no puede utilizar su propia flota mercante para realizar ese transporte, estando forzada a recurrir a navíos extranjeros. Esas restricciones arbitrarias han alcanzado duramente la importación de productos médicos, incluso con la prohibición de la venta de equipamientos con tecnología avanzada.

Cortejo macabro de los gusanos

A pesar de este inhumano y brutal cerco, el heroico cubano resistió y resiste en su proyecto de construcción de una patria libre, soberana y socialista. Aunque tras la debacle del bloque soviético, que agravó los daños económicos, la isla rebelde se mantuvo en su senda revolucionaria. Son varios los hechos que ayudan a explicar ese hecho glorioso: las históricas conquistas sociales de la revolución; el fuerte sentimiento antiimperialista del pueblo cubano, retroalimentado por las acciones terroristas de los Estados Unidos; la amplia red de organizaciones revolucionarias; y el discutible carisma de Fidel Castro.

Este último factor es el que explica la enorme excitación reciente del gobierno, de la burguesía y de la mafia cubana de los gusanos (parásito) en los Estados Unidos. Desde mediados de 2006, cuando Fidel Castro tuvo que ser hospitalizado, que los anticomunistas realizan fiestas macabras en las calles de Little Havana, en Miami. este instinto asesino siempre estuvo presente en las acciones terroristas contra el presidente cubano e incluso en las declaraciones de reaccionarios yanquis. En una reciente entrevista al periódico Miami Herald, la senadora republicana Ileana Lehtinen llegó a sugerir que se acelerase la muerte del líder revolucionario. «Hay cientos de maneras de matar al enfermo Fidel Castro».

El futuro de la revolución

Las imágenes transmitidas por la televisión cubana a finales de enero, del extrovertido encuentro entre los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez, desanimaron a los gusanos en Miami y a los halcones de la Casa Blanca. «Fidel está de buen humor, con buen ánimo y, como siempre, con mucha lucidez de ideales y gran generosidad. Él está de pie, completo y espero que se siga recuperando», dijo el presidente de Venezuela. Como el propio Fidel Castro afirmó hace tres meses, él realiza «una batalla por la vida y ésta no está perdida». Sin embargo, como todo mortal, él sabe que la muerte es inevitable. Incluso así, el líder revolucionario sigue confiado en los avances de la revolución cubana.

El mismo optimismo ha sido expresado recientemente por el periodista Ignacio Ramonet, editor del periódico Le Monde Diplomatique y autor de un libro imprescindible sobre el líder cubano -«Biografía a dos voces». Para él, «el presidente Fidel Castro no está ejerciendo su cargo desde julio; esto significa que hace más de seis meses que existe el después de Fidel. Y, así y todo, no ha pasado nada«. En su valoración, la ausencia de turbulencias en la isla es el resultado de la rica experiencia de la revolución cubana. «Negar esa característica nacional significa ignorar varias dimensiones esenciales del régimen. Significa no comprender porque, 15 años después de la desaparición de la URSS, el sistema cubano continúa en pie».

Ramonet refuerza su optimismo recordando que «durante los últimos diez años el crecimiento medio anual del PIB cubano ha sido de aproximadamente un 5% al año, uno de los mayores de América Latina. En 2005, el país creció un 11’8%, incluyendo los servicios sociales y debe haber tenido el mismo crecimiento en 2006. Por primera vez en su historia este país no depende de un socio preferencial, como había dependido sucesivamente de España, de Estados Unidos y de la URSS. Es más independiente que nunca. Con una distinción tan poco frecuente y tan conquistada, no parece probable que los cubanos vayan a invertir ese rumbo».

* Periodista, editor de la revista Debate Sindical

Àlex Tarradellas es miembro de Rebelión, Tlaxcala, y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente, a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

Noticia en portugués:

http://www.vermelho.org.br/base.asp?texto=13605