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Otra masacre

Fuentes: La Jornada

Los antecedentes de crímenes masivos no son nuevos en Estados Unidos. Tienen antecedentes que datan de años. El recuento de los más recientes es doloroso, porque la mayoría de los que murieron fueron niños y jóvenes. En 1999, 13 estudiantes murieron en una secundaria de Columbine, Ohio; 24 resultaron heridos. En 2007, 32 en el […]

Los antecedentes de crímenes masivos no son nuevos en Estados Unidos. Tienen antecedentes que datan de años. El recuento de los más recientes es doloroso, porque la mayoría de los que murieron fueron niños y jóvenes.

En 1999, 13 estudiantes murieron en una secundaria de Columbine, Ohio; 24 resultaron heridos. En 2007, 32 en el Tecnológico de Virginia; en 2011, seis en Arizona durante una mitin político; en 2012, 12 en un cine en Aurora, Colorado, y hubo 70 heridos; también en 2012, 20 niños y seis profesores en la primaria Sandy Hook, en Connecticut; en 2015, 14 en San Bernardino, California, durante una reunión social, y hubo 21 lesionados; en 2016, 49 en un centro nocturno de Orlando, Florida; en 2016; 58 en Las Vegas, Nevada, y cientos fueron heridos; en 2018, 17 estudiantes y maestros en una secundaria de Parkland, Florida.

En todos los asesinatos, las armas que se usaron eran semiautomáticas.

Un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud encontró que, entre las naciones de más alto ingreso, 91 por ciento de jóvenes y menores de 15 años que fallecieron por esa misma razón eran de Estados Unidos.

Los legisladores estadunidenses no han querido admitir o entender que la segunda enmienda de la Constitución, que garantiza el derecho a poseer armas, fue producto de una coyuntura en un país que había vivido una etapa cuando éstas eran necesarias para luchar en contra del ejército enemigo. A menos que alguien piense que en la actualidad Estados Unidos puede ser invadido, dicha enmienda debería revisarse y, en su caso, actualizarse a la luz del siglo XXI. Para los niños, jóvenes y maestros asesinados, la lectura anacrónica y convenenciera de la segunda enmienda ha sido consecuencia de su temprana muerte. Sólo algunos legisladores que están atados a los cánones e intereses de la industria que produce armas son capaces de argumentar que el país vive en las mismas condiciones que en 1791, cuando fue escrita la segunda enmienda constitucional.

Imaginar que las ciudades son un desierto, en el que los únicos que sobreviven son los más fuertes, es enfermizo, Mad Max redivivo. Una vez más, Trump omitió hablar del problema real: la venta y posesión indiscriminada de armas. Para él y los que piensan igual, el problema se concreta en unos cuantos enfermos mentales. En tal caso, sería pertinente regalarles un espejo.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2018/02/19/opinion/011o1pol