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No hay un segundo New Deal

Fuentes: Rebelión

Su promesa es una de grandes cambios. Su aura parece indicar que el hombre blanco, protestante y anglo-sajón ya no puede mantener las riendas del poder por su cuenta. Es necesario dinamizar la política de intervención militar, estancar el fundamentalismo cristiano y buscar un equilibrio global. Se trata de ratificar política y económicamente el fin […]

Su promesa es una de grandes cambios. Su aura parece indicar que el hombre blanco, protestante y anglo-sajón ya no puede mantener las riendas del poder por su cuenta. Es necesario dinamizar la política de intervención militar, estancar el fundamentalismo cristiano y buscar un equilibrio global. Se trata de ratificar política y económicamente el fin del radicalismo neoliberal del mercado. A muchos les gustaría volver a experimentar el New Deal de Roosevelt y el ordenamiento de Bretton Woods del postguerra, con mercados financieros rigurosamente reglamentados y tipos fijos de cambio. Raramente un nuevo presidente de los EE.UU causó tanto entusiasmo como Barack Obama. Y raramente fue tan mísera la posibilidad de cumplir siquiera una sola de las esperanzas despertadas. La Obamanía mundial no representa ninguna conciencia crítica, sino solamente la ilusión de una cura del capitalismo con crecimiento para todos. El programa, sin cualquier cobertura, de una ‘economía social de mercado mundial’ que también Angela Merkel tiene más o menos en su maletín, sugiere un ambiente de salida hacia un futuro optimista que solo vive de la nostalgia de la clase media. Es una idea avergonzante pensar que la cara del capitalismo se deba humanizar justamente bajo la presión del colapso financiero y de la coyuntura económica en caída libre. La crisis de la economía mundial no tendrá un happy ending.

El 44º Presidente de los EE.UU hereda un presupuesto de Estado arruinado aun antes de su toma de posesión, con la quema de billones de dólares en la financiación de la guerra y los encargos de saneamiento del sistema bancario a ser desbloqueado. El crash de la economía de las burbujas financiera, lejos de haber terminado, no puede transformarse en un crecimiento ‘normal’ y ‘serio’, porque no hay en vista ningún potencial sostenible para ello. En vez de un segundo New Deal, lo que está en la agenda es la gestión de emergencia del capitalismo financiero, que acaba de empezar y muy probablemente se extenderá en los próximos meses a la de los sistemas de tarjetas de crédito y a los hedge funds, así como a las industrias automovilística y aeronáutica. Socialmente, lo que se puede esperar no es el fin de los sueldos bajos, sino una gestión de la miseria cualitativamente nueva, cuando el reflujo de la caída coyuntural llegue a los hinchados sectores de servicios, que eran parte del crecimiento ficticio. Lo que seguramente no ocurrirá es un segundo Bretton Woods. La ‘distensión’ estatal de la crisis solo es aún posible a través de una política inflacionaria del banco central de los EE.UU, que desvaloriza sendos billones de dólares de las reservas monetarias de Asia y amenaza precipitar la disolución del sistema monetario mundial.

Contra la parálisis de los circuitos económicos neurálgicos no hay carisma mediático que valga. Obama cambiará el capitalismo más o menos con la misma paz y receptividad social con la que en otro momento Gorbachov hizo la ‘renovación democrática’ del socialismo. Su trabajo es el mayor proceso de la historia moderna que, al contrario del bloque soviético, no terminará en un contexto más amplio del sistema capitalista, sino en la desintegración a bandazos del mercado mundial. Desafortunadamente, es de temer que el primer presidente negro de los EE.UU no entre en los anales de la historia como una figura luminosa, sino una figura trágica que, precisamente en su calidad de afroamericano promovido, haya sido predestinado por el inconsciente colectivo para pagar la crisis del capital mundial y de la última potencia mundial.

Original: KEIN ZWEITER NEW DEAL em www.exit-online.org. Publicado em «Neues Deutschland», 07.11.2008

Traducido del portugués por Rodrigo de Rezende