La izquierda se moviliza contra Israel denunciando el carácter terrorista de sus incursiones. Pero esa unanimidad no suele extenderse a la actitud frente a Hamas, que presenta muchos grises e indefiniciones. Distintos sectores del progresismo consideran que esa organización cometió un acto de terrorismo, al atacar colonias fronterizas para tomar rehenes (Patria Grande, 2025).
Esa evaluación es equivocada. Hamas no tiene ningún parentesco con Daesh o Al-Qaeda u otras organizaciones mercenarias, que utilizan el disfraz islamista para encubrir su dependencia de la CIA. La principal agrupación de los gazatíes, no surgió -como el yihadismo, ISIS o los talibanes- en los oscuros laboratorios de fuerzas reaccionarias conectadas al Pentágono. Tampoco se transformó en un Frankenstein en conflicto con sus creadores.
ANTÍTESIS DEL TERRORISMO
Hamas es un típico movimiento de liberación palestino, que emergió en la batalla contra el sionismo, con enormes raíces en su pueblo y un gran basamento social. Es intencionalmente asemejada a los grupos terroristas por los grandes medios de comunicación, para deslegitimar su lucha emancipadora (Abella, 2021).
Esa descalificación es un desgastado recurso de la propaganda imperial. Desde la Revolución Francesa hasta la Comuna de Paris, el término terrorista no presentaba esa acepción negativa. Pero durante todo el siglo XX fue un apodo infaltable de los opresores, para referirse al Vietcong vietnamita, al IRA irlandés, al FLN argelino, al CNA sudafricano o a cualquier fuerza antiimperialista. Fatah, el FPLP, el FDLP y todas las organizaciones palestinas que precedieron a Hamas cargaron con el mismo mote (Ghanem, 2023).
La incursión del 7 de octubre es cuestionada en esos términos por la captura de rehenes civiles, como si esa modalidad constituyera una novedad ajena a los contextos bélicos. Todas las confrontaciones en los procesos de liberación nacional incluyeron esas lamentables tragedias. Al evaluarlas en sí mismas se pierde de vista el dramático contexto en que se efectivizaron (Traverso, 2024).
Esos episodios no solo estuvieron presentes en las luchas antimperialistas de América Latina, África o Asia, sino también en muchos movimientos de la resistencia europea contra el nazismo. Los actos de violencia de los oprimidos han sido penosos momentos históricos de una dura batalla, que siempre incluyó acciones éticamente objetables o políticamente ineficaces.
Hamas no tomó rehenes por venganza o perversidad, sino para intercambiarlos por presos políticos. Al cabo de varias décadas, la resistencia palestina no ha encontrado otro recurso para liberar a sus encarcelados. El salvajismo del Apartheid sionista ha obstruido cualquier otro camino, para excarcelar a los incontables cautivos que transitan por sus prisiones.
Frecuentemente se reconoce esa adversidad, pero igualmente se objeta la captura de civiles, como si las víctimas del mayor aparato militar de Medio Oriente tuvieron la posibilidad de realizar esa selección. No hay que olvidar, además, que la división entre civiles y uniformados es muy borrosa en Israel, dada la militarización general y constante de toda su población.
La incursión del 7 de octubre ha sido reivindicada por todas las organizaciones palestinas. No fue un ataque aislado de Hamas, sino una acción avalada por Jihad, el FPLP, el FDLP y parte del ex Fatah. Esa aprobación y convergencia persiste hasta la fecha(Mezher, 2025)
El protagonismo de Hamas no definió, además, el carácter de la incursión. Basta recordar que la gesta del gueto de Varsovia fue consumada con la participación de sionistas, socialistas, religiosos y apartidarios, para notar que no es la composición política interna, lo que determina el carácter reivindicable u objetable de una acción bajo el cerco del opresor (Katz, 2023).
NUEVAMENTE LOS DOS DEMONIOS.
Hay muchas voces progresistas que condenan a ambos bandos, señalando complicidades entre Netanyahu y Hamas para impedir una solución pacífica del conflicto. Destacan la convergencia entre ambos liderazgos para extremar tensiones, con el propósito de sostener su primacía política contra los rivales internos(Kupervaser, 2025).
Esa equiparación retoma todos los desaciertos de la teoría de los ¨dos demonios¨, omitiendo que no está en juego una disputa entre fuerzas equivalentes. El campo de los opresores, colonialistas y expropiadores no tiene ninguna equivalencia con la sufrida área de los oprimidos y expropiados.
Por esa razón, no es cierto que a los dos bandos el cabe el mismo derecho a la defensa o que existe una agresión mutua entre israelíes y palestinos. Tan solo prima el ataque de los primeros hacia los segundos y la resistencia de estos últimos a los atropellos que padecen.
Netanyahu al comando del sionismo es el culpable. Ha saboteado todos los intentos de negociación y desconoce incluso la perspectiva de los Dos Estados. Por el contrario, Hamas ha ofrecido múltiples vías para concertar acuerdos y acepta debatir alternativas de compromiso para las demandas palestinas.
Es inadmisible colocar a ambos contendientes en mismo plano. La resistencia de Hamas al terrorismo de Estado de Netanyahu es una batalla de David contra Goliat, que no puede ser juzgada como una confrontación entre iguales. Hay un genocidio en marcha de un opresor colonial, contra un pueblo que batalla como puede por sus derechos nacionales. Este dato básico es omitido por todos los sectores progresistas permeables a las presiones de Israel (Johnstone, 2025). Temen cargar con la acusación de antisemitismo, que el sionismo utiliza para paralizar a sus adversarios (Baroud, 2025b).
Muchos progresistas suelen repetir en forma edulcorada los argumentos falaces que difunde Tel Aviv, para presentar a los agresores sionistas como víctimas con derecho a defensa. Adoptaron la exigencia de liberar a los rehenes, olvidando las penurias de los presos palestinos y eluden la denuncia del genocidio con menciones a una guerra entre iguales (Iqbal, 2025)
Siempre omiten que el número de bajas inocentes causado por los milicianos palestinos es irrisorio, en comparación a los crímenes del sionismo. Las cifras de los caídos en ambos bandos hablan por sí solas, aunque la prensa hegemónica solo valorice la vida de un israelí y considere irrelevante la supervivencia de cualquier gazatí (Rodríguez, 2025).
Otro cuestionamiento al acto de resistencia que consumó Hamas contra la prisión a cielo abierto montada por Israel, sugiere que Netanyahu conocía el operativo y lo dejó pasar para organizar una venganza, que le asegura su permanencia al frente del gobierno. Con esta conspirativa evaluación se desvaloriza el heroísmo de Hamas, señalando que la defensa israelí no fue vulnerada, sino tan solo enflaquecida adrede (Ajl, 2023).
Pero esa novelesca interpretación oculta que el todopoderoso ejército sionista fue cogido por sorpresa y padeció una humillante derrota, por adversarios que le aplicaron su propia medicina de infiltración y emboscada. Hamas aprovechó el régimen de permisos laborales para los trabajadores palestinos temporarios, para diseñar y preparar un ataque que le propinó a Israel una impactante derrota.
Tardaron varios días en retomar el control de sus bases, con una secuela de víctimas en gran medida causada por el propio fuego amigo de los gendarmes sionistas. Con mínimos recursos, Hamas asestó un golpe inusitado al costoso ejército israelí, poniendo de relieve la vulnerabilidad del barroco arsenal de esa fuerza (Malm, 2025).
OPORTUNIDAD, UTILIDAD, RESULTADOS
Algunas voces objetan la conveniencia y oportunidad de la incursión de Hamas, señalando que desembocó en la masacre actualmente afrontada por los gazatíes. Pero esa evaluación no parte de una valoración de la valentía y el heroísmo demostrado por los resistentes, en una epopeya que ya se inscribe en los grandes hitos de lucha anticolonial.
La fría apreciación del acierto o no de ese operativo debe ser precedida por su valoración, porque el juicio de lo ocurrido no emerge de un veredicto imparcial. Hay una toma de partido previa a favor a los opresores o los oprimidos, que debe ser explicitada y la mirada de izquierda presupone el apoyo a la acción de los palestinos.
En este caso, la aprobación exige resaltar la heroica labor de organización combatiente que desarrolló Hamas. Erigió una fuerza guerrillera con decenas de miles de integrantes y construyó una red túneles subterráneos forjados en la tradición del Vietcong.
La referencia de ese antecedente puede ser también considerada, para comparar el 7 de octubre con la ofensiva del Tet. Ambas acciones suscitaron una conmoción en la opinión pública, que en el caso estadounidense condujo a registrar la imposibilidad de ganar la guerra en el Sudeste Asiático.
Como símbolo de la resistencia frente al fascismo, la osada incursión de Hamas tiene parecidos con el levantamiento del gueto de Varsovia. En el sacrificio de un pueblo contra el invasor, el 7 de octubre rememora la batalla de Stalingrado.
Hamas no improvisó la incursión en términos militares, ni dispuso arbitrariamente su concreción. Decidió efectivizarla para frustrar la avanzada negociación de los acuerdos Abraham, entre Arabia Saudita e Israel. Evalúo que la suscripción de ese convenio demolía en forma definitiva la causa palestina, al consolidar los asentamientos en Cisjordania y enterrar cualquier atisbo de algún Estado diferente al impuesto por el sionismo.
La incursión fue realizada para demostrar que la acción armada es un componente de la resistencia palestina. Ese plano es muy cuestionado por quiénes entienden que resulta inútil sostener la batalla en ese terreno, contra un enemigo tan poderoso como Israel.
Pero esa mirada omite que los desenlaces del Líbano indicaron que las fuerzas sionistas no son invencibles y que no hay forma de contener su expansionismo colonial, sin propinar derrotas militares a los ocupantes de territorios. Las movilizaciones, las huelgas y los piquetes no alcanzan para doblegar a esos invasores. Es la experiencia y el balance que transmiten los líderes de las organizaciones comprometidos desde hace décadas, en la durísima lucha contra el opresor sionista (Khaled, 2025)
En la evaluación de lo ocurrido hace dos años, algunos enfoques estiman que el cálculo de Hamas no se corroboró con lo acontecido. Señalan que no irrumpió el esperado levantamiento en el mundo árabe, ni tampoco se verificó la apertura de un segundo frente en el Líbano o de un sostén más sólido por parte de Irán (Simon, 2025)
En cambio, Israel puso en marcha una venganza que superó el sangriento historial del sionismo, generando una devastación que desmoronó todo signo de vida social en Gaza (Mhawosih, 2025). Entienden que esa demolición derivó en una sustancial derrota de Hamas, que no abrió senderos para los anhelos palestinos (Achcar, 2025c, 2025d)
Las miradas opuestas observan que esa organización ha logrado resistir y reemplazar los caídos por nuevos luchadores (Peral, 2025). Destacan que recuperó su autoridad en Gaza, mantuvo su arraigo, penalizó a los colaboracionistas y reconstituyó sus fuerzas, reorientando su estrategia en el escenario creado por la feroz respuesta israelí (Seurat, 2025). Su acción generó, además, un impacto internacional que ha otorgado una nueva centralidad y legitimidad a la demanda nacional palestina (Eid, 2025).
Esta variedad de balances se encuentra muy condicionada por el dramático contexto actual (Crookei, 2025). Es evidente que siempre resulta difícil dirimir a priori, cuáles son las batallas con posibilidades de éxito y cuáles devendrán en apuestas pérdidas. Ningún pueblo elige las condiciones en que debe batallar y en este caso el resultado final sigue abierto.
PARALELOS CON HEZBOLLAH
Las semejanzas de trayectoria que emparentan a Hamas con Hezbollah son muy instructivas. El movimiento localizado en el Líbano nació en los años 80, cuando la OLP fue obligada a exilarse y dejó un vacío ocupado por militantes que retomaron esa lucha, rechazando los compromisos que esa organización suscribió posteriormente con el Estado sionista.
Hamas tuvo un origen similar en la misma época en Gaza y Cisjordania, al calor de la segunda Intifada. Surgió para continuar la resistencia que abandonó la ANP, al aceptar los acuerdos de Oslo, que consagraron la ampliación de los asentamientos y la consiguiente expropiación israelí del territorio prometido para erigir un Estado Palestino.
En los dos casos surgieron organizaciones de lucha, para sustituir a los líderes y agrupaciones que abandonaron la resistencia contra el opresor. Tanto Hezbollah como Hamas, rechazaron el desarme exigido por los suscriptores de la capitulación de Oslo. La vitalidad de ambas organizaciones se explica por el viraje conciliador que siguieron los sucesores de Arafat. La agrupación inicial emblemática de lucha palestina (Fatah) perdió autoridad y transfirió su legado a los militantes de las corrientes islamistas, que mostraron mayor decisión en la continuidad del combate (Ghanem, 2024).
Esa evaluación se inscribe en las tradiciones de izquierda que ponderan la consecuencia en la lucha. El perfil político-religioso de Hezbollah y Hamas es un dato de segundo orden, frente al rasgo central que define a esas organizaciones. La firmeza en la batalla por una causa nacional es el principal criterio para valorar una agrupación desde una óptica de izquierda.
Esa entereza explica también la adopción de un programa más progresista por parte de Hezbollah, actualmente centrado en la introducción de normas de mayor equidad en la posesión de tierras, en la gestión de las finanzas, en la recaudación de impuestos y en la distribución de la riqueza. Son iniciativas promovidas por el ala radical del chiitismo, en disputa con los sectores conservadores de esa hermandad. Las vacilaciones y ambigüedades de todo el agrupamiento frente a la gran revuelta social libanesa de 2019 ilustran esas tensiones (Ghanem, 2024).
Hamas ha transitado por un sendero semejante de evolución interna y de problemas entre el ala militar y el comando político localizado en el exterior. La tradición de protección social que caracteriza a la red sunita apadrinada por Hamas (Hermanos Musulmanes), es un ámbito de procesamiento de distintas demandas por abajo, en un escenario muy traumático.
El tremendo acoso que ha sufrido su gestión en la Franja de Gaza y la exigencia de concentrar todos los esfuerzos en la resistencia bélica han dificultado la experimentación de avances en el terreno económico-social, pero existe un nítido contrapunto con la involución de la ANP. En ese sector el abandono de la lucha converge con el creciente divorcio, entre los funcionarios privilegiados financiados por los potentados del mundo árabe y el grueso de la población palestina.
Tanto Hezbollah como Hamas se han convertido en polos de atracción para otras organizaciones y en la principal referencia de la izquierda. Esa centralidad se verifica en el empalme del Partido Comunista Libanés con la primera agrupación (Ghanem, 2024) y el acople del FPLP y el FDLP con la segunda.
La capacidad de esos referentes para organizar a un pueblo en armas explica ese enlace. Hezbollah logró alistar bajo distintas modalidades a 100.000 personas y Hamas conformó una fuerza guerrillera de 30.000 o 40.000 uniformados, con los huérfanos de los caídos en las batallas precedentes.
Partiendo de estas caracterizaciones de Hezbollah y Hamas como valerosos movimientos anticolonialistas, los sectores más dinámicos de la izquierda convocan a una intensa convergencia con ese liderazgo (Ghanem, 2023).
Por el contrario, otras miradas objetan la evaluación de Hezbollah como una fuerza progresista y estiman que su programa económico-social es reaccionario. Remarcan, además, sus virajes oportunistas en torno a Siria y cuestionan su aproximación con Irán (Achcar, 2025a).
Este último enfoque describe limitaciones, sinuosidades y desaciertos, que corresponde explicitar y discutir. Pero al divorciar esa consideración del rol protagónico que tienen ambas organizaciones en la lucha prioritaria contra el opresor sionistas, emite un juicio que omite lo esencial.
DESARME Y DERROTISMO
Las diferencias de abordaje en la izquierda de la cuestión palestina asumen un tono más dramático en las posturas frente al desarme. Ese abandono de la acción militar es la principal exigencia de Estados Unidos e Israel. Pretenden que Hezbollah y Hamas renuncien al único instrumento de resistencia, que tienen para contener el expansionismo sionista.
El Departamento de Estado ha formulado esa demanda como un ultimátum al débil gobierno libanés, para que convenza a Hezbollah de esa rendición. Le propone repetir en forma potenciada alguna variante del exilio impuesto a la OLP en los años 80.
Con Hamas la exigencia es más contundente e imperiosa. Es una orden de rendición que Netanyahu emite a cambio de nada, porque el criminal que gobierna Israel se dispone a ocupar Gaza en cualquier circunstancia. Simplemente perfecciona el pretexto de la captura de un nuevo territorio para la colonización sionista.
La presión para el desarme de Hamas ha sumado a todos los gobiernos de la región, que se amoldan al libreto concertado por Washington con Tel Aviv. Abbas de la ANP relama a viva voz, que su adiós a las armas sea seguido por todos los militantes de Gaza. Los emires del Golfo le ofrecen a la dirección de Hamas un exilio dorado a cambio de ese pronunciamiento (Scahill, 2025) y tanto Egipto como Arabia Saudita apuran cualquier compromiso, que les permita mejorar sus negocios con Israel (Alqarout, 2025).
Pero salta a la vista que el desarme de la resistencia sepultaría cualquier perspectiva de un Estado Palestino. ¿Cómo podría forjarse esa entidad, si carece del cimiento bélico que detentan todos los países para esgrimir su status soberano? Esa obvia contradicción es cuidadosamente soslayada por todas las cancillerías occidentales, que por un lado reconocen la legitimidad de ese Estado y por otra parte bregan por el desarme de Hamas y Hezbollah.
El evidente propósito de privar a los palestinos de cualquier protección militar es facilitar la Nakba que acecha a Gaza. El abandono de las armas es la fórmula que ha concebido Israel para implementar esa masacre y las dos organizaciones palestinas resisten esa presión, porque su efecto sería consagrar otro crimen del sionismo.
Hay muchas voces en la izquierda mundial de solidaridad, elogio y acompañamiento de la valiente actitud de rechazo al desarme, que hasta ahora pudieron sostener Hamas y Hezbolah (Maestro, 2025).
Otros recuerdan que ese tema ha sido el recurrente punto de conflicto entre la ANP y las organizaciones de resistencia. Lo que la prensa convencional describe como un choque entre el secularismo y el islamismo -o entre agendas socioeconómicas divergentes- ha sido siempre un conflicto entre una política de sometimiento y otra de confrontación con el opresor sionista (Andaljawad, 2024). Cuando la ANP no logró esa entrega de las armas coordinó su confiscación con la jefatura israelí (Baroud, 2025a).
El principal argumento de la ANP para imponer el desarme es el carácter invencible de Israel y la consiguiente inutilidad de cualquier lucha armada. Pero esta mirada omite que el sionismo perdió varias batallas (Hearst, 2025) y que nadie ha demostrado la viabilidad de algún camino alternativo, frente a un colonizador que avanza despojando territorios.
Los logros de la primera Intifada -con el modelo ejemplar de revuelta popular- fueron difíciles de sostener, cuando Israel optó por disparar a mansalva contra los manifestantes
La inexpugnabilidad militar de Israel, fue el argumento también esgrimido por los gobernantes egipcios para tirar la toalla. Desde 1967 inspiraron una ideología de la derrota que ganó adeptos entre los sectores acomodados, con distintas falacias sobre debilidad cultural del mundo árabe (Safieddine, 2024).
En este marco, algunas miradas de izquierda resaltan la adversidad del escenario imperante desde la incursión del 7 de octubre. Describen los infortunios que afrontan Hamas y Hezbollah frente a las fulminantes represalias sionistas, estiman que hutíes no representan una gran amenaza y evalúan que Netanyahu aprovecha el contexto actual para reforzar la preminencia de Israel (Achcar, 2025a).
Esa evaluación ha sido extremada en la dramática disyuntiva que afronta Gaza. Convocan a Hamas a aceptar los términos del ultimátum israelí, cuestionando a su juicio la fantasía de sostener la resistencia armada (Achcar, 2025b). Esta postura ha sido duramente calificada como una inadmisible claudicación (Iturbe, 2025).
Hamas ha negociado muchas variantes de compromiso con los enviados de Israel en los últimos dos años y no parece serio, oportuno o pertinente opinar desde afuera, sobre el acierto o desacierto de sus decisiones. Ellos están al frente de una epopeya y a ellos les cabe la responsabilidad del definir el rumbo a seguir.
A las fuerzas de izquierda les corresponde el sostén y la solidaridad con esa batalla, evaluando con mucha cautela las posturas en debate entre los participantes de esa acción. Esa fue la actitud en el pasado con los luchadores de Cuba, Nicaragua, Vietnam o Argelia y esa debe ser la postura actual con Palestina.
Salta a la vista la existencia de dos corrientes contrapuestas, de creciente sometimiento o continuada resistencia contra el opresor sionistas. La ANP se ubica en el primer terreno y Hamas-Hezbollah en el segundo. Frente a ese contraste el lugar de la izquierda es el campo de los combatientes. Resulta inaceptable que corrientes o pensadores socialistas, comunistas o trotskistas adopten posiciones más próximas a un liderazgo sometido, que a un heroico movimiento de luchadores.
Esa desubicación despunta también en la convocatoria a que Hamas acceda a ceder el control de la Franja como “un acto de compasión por el pueblo de Gaza” (Achcar, 2025b). Con esos términos se supone que conforma una fuerza ajena y manipuladora de los habitantes del enclave y no una dirección democráticamente votada y surgida bajo el fuego de la batalla. Compasión o misericordia no son términos adecuados para referirse a un pueblo maltratado por la opresión. En la izquierda demandamos justicia y no piedad.
EVALUACIONES Y APRENDIZAJES
Gran parte del debate sobre Hamás está centrado en el controvertido problema de la lucha armada. Pero igualmente relevante es la polémica sobre sus opiniones y actitudes religiosas. En la izquierda son muy frecuentes las críticas a las posturas conservadoras de esa organización (Hassan, 2024).
Hamas es una rama de los Hermanos Musulmanes, que conforman una variante sunita del islam y desarrollan un intenso trabajo comunitario de protección social. Su activo rol en la construcción y gestión de hospitales, escuelas y orfanatos ha amplificado su preeminencia inicial en Gaza y su influencia en otras zonas. Pero su estricta prédica y ajuste a las normas religiosas determina fuertes cuestionamientos de la izquierda. Son objeciones muy similares a las formuladas contra Hezbollah, que profesa la variante chiita del islamismo.
Los enfoques más promisorios en la izquierda retoman los criterios leninistas, que priorizan la evaluación política de ambas corrientes, en contraposición al abordaje meramente anti religioso del racionalismo burgués. Esta última óptica anclada en la Ilustración, juzga a Hamas y Hezbollah por su grado de estrictez o flexibilidad en la aplicación de normas del islamismo. Adopta la devoción o tolerancia en la instrumentación de esos códigos como parámetro evaluador.
Pero con ese abordaje resulta imposible definir cuáles son los aliados o los enemigos de la lucha anticolonialista, porque se sustituye la caracterización de las afinidades o distanciamientos en esa lucha por la atención a las posturas religiosas (Ghanem, 2024).
En los años 70 esa visión no era tan distorsiva, por el amplio predominio que tenían las vertientes conservadoras en el universo islámico. Esa preeminencia explicaba la invariable utilización sionista de esas vertientes contra la OLP.
Hamas fue justamente auspiciada por Israel siguiendo ese patrón, sin notar el giro que se avecinaba en ese ámbito. Mientras que gran parte de la vieja dirección laica de la OLP involucionó hacia el sometimiento, Hezbolah y Hamas contrapesaron ese viraje con posturas de radicalización.
Desde una óptica latinoamericana, pueden notarse ciertos paralelos de esa evolución con las prácticas de las corrientes revolucionarias del cristianismo, que dieron lugar en el pasado a la Teología de Liberación.
En una evaluación más contemporánea correspondería quizás resaltar su sintonía actual con la doctrina social de la Iglesia. Presentan ciertos parentescos con las vertientes reformistas ligadas al Papa Francisco, que disputan con la tradición reaccionaria de la jerarquía católica y con el perfil derechista de los competidores evangelistas.
Los teóricos de la izquierda libanesa registraron el giro político de Hezbollah evitando la miopía del laicismo liberal, que desecha a todo el islamismo como un bloque uniforme y oscurantista. Resaltaron el error de trazar divisorias, en torno al grado o tipo de fe imperante en cada conglomerado del mundo árabe.
Con esa mirada, pusieron el acento en caracterizar la participación u hostilidad de cada sector en la lucha antimperialista (Safieddine, 2024). Polemizaron con los enfoques, que erróneamente presentaban las confrontaciones entre milicias palestinas y derechistas, como una disputa entre musulmanes chiitas y cristianos maronitas.
El legado Lenin está presente en este enfoque que privilegia el parámetro antiimperialista, como principal divisor de campos en una sociedad sometida a la dominación extranjera y la expropiación colonial. En el mundo árabe esa opresión presenta rasgos más explícitos y consecuencias más dramáticas, que en otras regiones del denominado Sur Global.
Hamas y Hezbollah conforman una variedad contemporánea del nacionalismo revolucionario, que en el pasado encarnó Fatah y la OLP. Su impronta religiosa sunita o chiita determina gran parte del perfil de ambas corrientes, pero esa adscripción es un dato secundario a la hora de evaluar en qué campo de la confrontación se ubican. No cabe duda que participan o encabezan actualmente la batalla contra la criminalidad sionista.
Las dos corrientes sintetizan dimensiones del universo palestino, árabe e islámico, que son compatibles con el antiimperialismo. Esas conexiones fueron subrayadas en el pasado por los pensadores que estudiaron el islam desde una óptica marxista (Sultán Galiev, Maxime Rodinson). Indagaron las causas materiales que determinaron la expansión y predominio milenario de esa creencia y distinguieron la existencia de vertientes oprimidas y opresoras al interior de ese universo (Ghanem, 2024).
En esa búsqueda de las singularidades de una formación social, despuntan muchos parentescos con el marxismo latinoamericano. Los dos abordajes han enfatizado esa indagación, para definir estrategias políticas socialistas amoldadas a las tradiciones de cada región.
Los militantes de izquierda en todo mundo tienen mucho que aprender de la práctica actual de sus pares palestinos y de los pensadores que conceptualizan esa resistencia en términos políticos y teóricos. Su extraordinaria resistencia ocupa actualmente el lugar que tenía la revolución vietnamita o cubana en los años 60 y 70. Las enseñanzas que se extraían de esa acción eran tan instructivas como las presentes en las batallas de Medio Oriente. Palestina procesa una epopeya heroica, que puede anticipar las gestas revolucionarias del futuro. En el próximo texto analizaremos la conexión de esa batalla con el escenario actual de América Latina.
RESUMEN
La falsa equiparación de Netanyahu con Hamas desconoce la responsabilidad del opresor. Las acusaciones de terrorismo intentan deslegitimar la resistencia de los palestinos, que no eligen las condiciones de su batalla. La izquierda debe multiplicar su solidaridad y los debates sobre el desarme corresponden a los involucrados en esa disyuntiva. La impronta religiosa de algunas variantes del nacionalismo revolucionario, confunde a quiénes olvidaron el antiimperialismo como parámetro rector de la evaluación política.
REFERENCIAS
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-Peral, Daniel (2025) La perversión del bien https://rebelion.org/la-perversion-del-bien/
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-Crookei, Alastair (2025) Tras una paz falsa, ahora Trump e Israel van a la guerra contra Irán https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/10/15/palestina-tras-una-paz-falsa-ahora-trump-e-israel-van-a-la-guerra-contra-iran/
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Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su página web es: www.lahaine.org/katz
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