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Las contradicciones estratégicas de la agresión imperialista estadounidense contra Venezuela

Fuentes: Revista Izquierda

Sin una declaración formal de guerra de por medio, en la madrugada del pasado 3 de enero los Estados Unidos lanzaron un calculado y criminal ataque militar aéreo contra Caracas. La incursión causó el asesinato de 4 civiles y 79 combatientes que defendieron al presidente Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores, quienes al cabo de dos horas de combates fueron secuestrados por las tropas norteamericanas. El asalto violentó nuevamente el derecho internacional, masacrando a quienes valerosamente resistieron y destruyendo 463 viviendas e infraestructuras; hospitales, centrales eléctricas, torres de comunicaciones, instituciones educativas y aeropuertos.

Vista desde un plano militar la acción ha sido considerada como exitosa para el gobierno gringo. Sin embargo, cuando se sopesan sus resultados estratégicos en el marco de la competición chino-norteamericana son notorias una serie de paradojas que dan al traste con el entusiasmo imperial. En esta dirección en este artículo se defiende la idea que la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela hace parte del despliegue de un imperialismo tardío, cuyos resultados le resultan adversos en el marco de la “competencia estratégica” con China. El adjetivo tardío recoge tres cuestiones: la primera, el matiz de descomposición contenido en dicho imperialismo al incorporar los intereses de la facción mafiosa de la clase dominante norteamericana; la segunda, el anacronismo de emplear un formato militarista que, conllevando grandes costos fiscales, ha demostrado sistemáticamente su fracaso (Irak, Afganistán y Libia); y la tercera, el resultado de desventaja estratégica al insistir por apoderarse de fuentes fósiles de energía que, en el marco del obligado proceso global de transición energética, van de salida.

A continuación, se desarrollarán estas cuestiones poniéndose énfasis en la tercera. Se cerrará advirtiendo que la brutal geopolítica imperial, hoy extendida sobre bloques regionales históricamente considerados como “aliados”, como la Unión Europea y América Latina, tiende a acelerar la violenta agonía en la que se debate la hegemonía norteamericana.

Imperialismo de cuño mafioso

La agresión militar contra Venezuela, si bien repite una política de Estado de larga data, coyunturalmente es un resultado del acrecentamiento del poder mafioso dentro del régimen político norteamericano. Este sector, cuyo epicentro es La Florida y que cuenta como principal representante al secretario de Estado Marco Rubio bit.ly/4rq1eEU, ha ido ganando espacio desde los años 1970 dentro de la burguesía gringa propiciando mediante su influencia una paulatina transición de los Estados Unidos hacia un narco-imperialismo. La presencia de esta facción da un carácter oportunista, especulativo y más decididamente criminal al bloque de poder dominante en el Estado.

En la exposición realizada por Trump después del asalto este talante autoritario -de capo de cartel- relució en dos ocasiones, la primera cuando, respondiendo porque no consultó el ataque con el Congreso, respondió que no podía ser porque son una manga de soplones; y la segunda, cuando para perplejidad de las reptantes oligarquías, anunció que María Corina Machado no figuraba en sus planes para Venezuela pues ese territorio será manejado por la gente de Marco.

La continuidad institucional del régimen político de la Quinta República induce a pensar que el propósito de la agresión militar no residía tanto en el derrocamiento del gobierno como en la defensa del imaginario de los Estados Unidos como potencia. Asumiendo que esta representación es sostén esencial del régimen de excepcionalidad global intensificado por el gobierno Trump.

Los paradójicos logros del militarismo

La vigencia institucional del régimen político venezolano con la asunción de la presidencia por parte de la vicepresidente Delcy Rodríguez, la instalación de la Asamblea Nacional y la rendición del Informe Memoria y cuenta por parte del ejecutivo a los demás poderes del Estado, denota que el resultado del ataque ha conllevado a todo lo contrario de lo pregonado por los Estados Unidos: a fortalecer la legitimidad del régimen político. El gobierno venezolano, que hasta el día anterior a la operación militar era considerado ilegitimo e ilegal, paso a ser irónicamente reconocido.

El gobierno Trump dejó en claro muy rápidamente que su interés no residía tanto en instaurar “la democracia” sino en quedarse con el petróleo. Sin embargo, un repaso en esta materia tampoco muestra que los resultados sean nítidamente beneficiosos para Estados Unidos. Aunque los gringos robasen toda la producción petrolera venezolana (1,2 millones de b/d), el colosal déficit petrolero estadounidense de 6,6 millones de b/d estaría lejos de resolverse, las exportaciones petroleras arrebatadas a China apenas representan un 2% de su demanda, y el amarre ilegal de las exportaciones venezolanas de crudo al dólar tampoco representa un refuerzo significativo del poder de señoreaje monetario de la reserva federal, adicionalmente, si se toman en cuenta las medidas de respuesta asumidas por parte de China ante el ataque bit.ly/3M7XmJA, lo que se llevan los intereses corporativos norteamericanos son gigantescas pérdidas. 

La disputa energética y tecnológica en un contexto de transición sistémica

Los acontecimientos de los días posteriores a la acometida, en particular, la reunión del 9 de enero entre el gobierno Trump y los empresarios petroleros en la Casa Blanca, ratificaron que el curso de la coyuntura política se rige principalmente por la lógica del espectáculo llamado Donald Trump. Si bien el mensaje proyectado mediáticamente fue que la reunión era para repartir del botín de guerra, la misma, acabó tratando sobre la torpe política energética del presidente.

Las intervenciones de los empresarios subrayaron que el petróleo venezolano no fluye hacia los Estados Unidos en razón a que el gobierno Maduro se haya opuesto a ello prefiriendo exportarlo a China, sino porque las sanciones impuestas por el gobierno Trump durante su primer mandato (2017-2021) impiden a las trasnacionales realizar inversiones allí bit.ly/3ZbDHvj. En otras palabras, lo que hoy trata de hacer Trump es modificar su propia política reconociendo de paso que la sanción de no comprar crudo a Venezuela fue un fracaso porque no colapsó la economía ni al gobierno. Lo único que quedó en claro en la cortesana reunión de los petroleros con Trump es que quien comanda el barco lo lleva a la zozobra.

Mientras -el espectáculo- Trump alardeaba de haber hecho una fenomenal conquista para las corporaciones, los petroleros preguntaban por el régimen de inversiones reconociendo -a su pesar- que Venezuela tiene desde el ascenso de Hugo Chávez al gobierno un régimen jurídico en materia petrolera el cual hay que respetar o preferiblemente, para sus intereses, desmontar. La reforma, que ya venía en la agenda Maduro, fue aprobada aceleradamente por la Asamblea Nacional el pasado 29 de enero. Sin embargo, está por verse qué tan entusiasta es la llegada de los emprendedores. Sobre este este punto hay que tener en cuenta que la explotación del petróleo pesado de la Franja del Orinoco requiere grandes inversiones cuyos beneficios son a largo plazo, hecho que en las actuales condiciones no resulta tan atractivo para las corporaciones bit.ly/4qMHnjj. El capitalismo de crisis es inmediatista y rapaz en la consecución ganancias.  

La constatación de que el gobierno Trump, a pesar de su consigna: “drill baby drill”, no tiene en realidad ningún plan creíble para reducir en el corto plazo los precios del combustible en el mercado interno gringo, tiene graves implicaciones, máxime cuando sus reservas petroleras tienen fecha de caducidad de seis años.

Mientras Trump se complacía ante los halagos recibidos por los crímenes cometidos en Caracas, el gobierno canadiense suscribía importantes acuerdos con el gobierno chino para la reducción arancelaria a la importación de vehículos eléctricos bit.ly/3LZcadw. Es decir, en tanto Trump insiste en apostarle a destiempo al petróleo, Canadá, siendo un país petrolero, le juega sagazmente a la electromovilidad ofreciendo su mercado a China. En tanto Trump bombardeaba Caracas para despojarla de su petróleo, Canadá se inscribía de lleno en la política china de transición energética, en la que acumula adelantos considerables sobre sus competidores.

La geopolítica imperial: extorsionar y cultivar la guerra

La agresión contra Venezuela seguida del anunció de apropiarse de Groenlandia acentuó las preocupaciones en el seno de las sociedades europeas y latinoamericanas sobre su futuro. La exigencia imperial de sometimiento extendida sobre los gobiernos de países que se consideraban “aliados” sin duda los llevará sopesar sus incondicionalidades al imperialismo y posiblemente a estrechar sus relaciones con China.

La amenaza de ocupación sobre Groenlandia propició que por fin ocho países de la UE manifestaran su inconformidad ante la geopolítica imperial. Estos impulsos de deslinde podrían tener decisivas consecuencias al interior del bloque atlantista de la OTAN. ¿Si la UE deslinda de la política imperial con respecto a Groenlandia como permanecer en la OTAN? El humillante trató del gobierno Trump a la UE tenderá necesariamente a la reconfiguración del sistema de alianzas a su interior, también de la OTAN y a la postre del sumiso papel adoptado por los países que lideran la postrada Unión. La actual crisis energética europea es consecuencia de su obediencia a los mandatos que la obligaron a suspender las importaciones de petróleo desde Irán, Libia y Rusia, y adicionalmente, del freno a la política de transición energética debido a la reorientación presupuestal hacia la industria militar bit.ly/3NYIH40 y la tasa de sostenimiento de la OTAN (5% del PIB) impuesta por Estados Unidos. 

Con respecto a América Latina, a pesar de la ubérrima visión estratégica del ataque contra Venezuela, este no puede ser desestimado dentro de la geopolítica regional en la que los gobiernos progresistas van de salida luego de cumplir la tarea de contener el ascenso de las luchas populares en el continente a inicios del siglo XXI. Cabe decir que, entre los progresismos latinoamericanos del siglo XXI, el único que deslindó con la genocida doctrina norteamericana de seguridad nacional fue Venezuela, de allí el inmenso valor representado por la revolución bolivariana con sus aspiraciones de autodeterminación, integración latinoamericana (CELAC, ALBA, Petrocaribe) y antimperialismo. El bolivarianismo vigente como constructo teórico, político e histórico implica que la consolidación del Estado nacional en América Latina y el Caribe únicamente es posible rompiendo los lazos de subordinación con los Estados Unidos.

La derechización que afronta América Latina es totalmente funcional al régimen de excepcionalidad promovido por los Estados Unidos. Gobiernos como los de Abinader, Mulino, Noboa, Bukele, Bolsonaro, Peña, Milei, Boluarte/Neri y Paz Zamora proceden de la entraña autoritaria que no entiende de soberanía nacional y cuya única preocupación es medrar del saqueo poniendo a raya las inconformidades mediante el terror de estado. La intensificación de la presencia militar norteamericana en el continente viene siendo muy avanzada en el Mar Caribe y en países como Paraguay, Ecuador y Perú bit.ly/46fMNuR, donde las tropas gringas campean con total impunidad, posicionando sus bases en espacios vitales como Galápagos bit.ly/4sSx273, la Triple frontera y el acuífero guaraní bit.ly/46p3O5M, y Talara en la costa norte peruana e Iquitos bit.ly/4sY9ei2 en la Amazonía.

La geopolítica gringa pasa hoy por una mayor extorsión a sus “aliados” históricos y la concomitante reconfiguración de la administración de la hegemonía, sustituyendo instancias que considera obsoletas (ONU, OMC, T-MEC) por un andamiaje encabezado por el Complejo Militar Industrial (CMI) complementado por el sistema de la Reserva Federal – Wall Street (Gowan, 2000). Se trata de un rediseño imperial que, para mantener vigente el orden de la explotación de clase, obliga a la burguesía a “revolucionar constantemente los instrumentos de producción, es decir, las condiciones de producción, o sea, todas las relaciones sociales” (Marx 1848). Frente a ello, la salida para las naciones subyugadas y las clases subalternas no puede estar en la reiteración de las ilusiones de la democracia liberal burguesa sino en el fortalecimiento de la unidad de los pueblos y el desarrollo de los antagonismos de clase en una perspectiva latinoamericanista y socialista.

Fuente: https://revistaizquierda.com/las-contradicciones-estrategicas-de-la-agresion-imperialista-contra-venezuela/

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