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Desmesura y vulnerabilidad de un presidente

Fuentes: Rebelión

Ante el resquebrajamiento de los cimientos del edificio estadounidense, cuyas grietas se agrandan a ojos vista, el Presidente Donald Trump se siente maniatado y hace frenéticos esfuerzos por apuntalar el estatus del país mediante políticas autoritarias, caprichosas y, a ratos, contraproducentes. Junto a no pocos de los que pueden considerarse éxitos de su gobierno en materia internacional, su estilo agresivo y prepotente, y la desmesura de sus políticas podrían también estar debilitando de credibilidad de Estados Unidos.

“No necesito el derecho internacional”, dijo sin ambages Trump a periodistas del New York Times en enero de este año. “…Mi propia moralidad, mi propia mente es lo único que puede detenerme”, señaló como límites a sus aventuras imperiales y sus dictados de gobierno. Poco después de su segunda investidura, emitió una contundente proclama en sus redes sociales: “Quien salva a su país no viola ninguna ley”.

Al momento de redactar estas líneas, Trump acaba de presentar ante el Congreso su discurso sobre el “Estado de la Unión”, en el cual, en lugar de presentar a la nación una visión de futuro, el presidente culpó a otros por sus fracasos y presentó una imagen torcida de la realidad para resaltar sus supuestos éxitos. “Una verdadera transformación en todos los planos y dijo en tono triunfal que había reconstruido un país arruinado por Joe Biden.

Luego están los temas que evitó abordar: asuntos clave de campaña como la vivienda, la atención médica, el escándalo de pedofilia. Algunos analistas señalan que el mandatario se mantiene a la defensiva en muchos de los asuntos que impulsan el ciclo electoral hasta el momento.

El discurso estuvo repleto de los floreos habituales de Trump: fanfarronería, hipérboles, comentarios improvisados y anécdotas. Habló los precios que ayudó a reducir, de las guerras que detuvo… De hecho, la política exterior representó una parte relativamente pequeña de sus comentarios, aunque se vanaglorió de la reciente agresión a Venezuela.

Realmente, Trump no las tiene todas consigo. Ha abierto muchos frentes, se hace de nuevos enemigos y en ocasiones genera reacciones y resultados que son exactamente lo contrario de los que esperaba. Mucho de lo que hace genera una reacción contraria, no solo repulsión. Sus índices de aprobación se están desplomando. Sus políticas han generado reacciones negativas, incluso en partes del país que lo apoyaban. La Corte Suprema desestimó sus amplios aranceles internacionales. Se avizora un resultado adverso para los republicanos en las elecciones parciales de noviembre, lo cual podría complicar su situación.

Incluso se vuelve a hablar de la posibilidad de que Trump sea nuevamente sometido a un proceso de juicio político o de destitución. En dos ocasiones anteriores tuvieron lugar intentos para iniciarle procesos de juicio político (impeachment). Primero en 2019 por “abuso de poder”, tras alegaciones acerca de presuntos intentos suyos de buscar interferencia extranjera en las elecciones y, luego, en 2021 acusado de incitar disturbios relacionados con la turba que tomó el Capitolio. En ambas ocasiones él fue absuelto por el Senado.

Surgen cuestionamientos respecto a su autoritarismo y trasgresiones, incluso de la Constitución, incluyendo el despliegue de acciones militares en el exterior sin autorización del Congreso. Por otra parte, la marcada caída en su respaldo público, la gravedad del escándalo de pedofilia en que cual aparece reiteradamente mencionado, junto a la incertidumbre sobre el curso que puedan tomar los procesos judiciales que tiene pendientes, son considerados como algo que pudiera estar influyendo en la tendencia de Trump a un despliegue constante de acciones y provocaciones a fin de desviar la atención pública.

Con algunas de sus acciones, su administración pareciera, no solo desconocer, sino intentar el quiebre del sistema internacional en su médula, fracturar la Organización Mundial del Comercio, retirarse de tratados antes firmados, romper los acuerdos de prohibición armamentistas, y gastar decenas de miles de millones o más en una nueva generación de armas nucleares…. Asimismo, ha dado señales de un manejo contradictorio respecto a la guerra en Ucrania y en sus relaciones con Rusia.  

El Presidente se muestra como alguien dispuesto a imponerse a cualquier costo y considerar que puede conseguir lo que quiere mediante amenazas e intentos de chantaje contra gobernantes de países aliados y de todos los confines. Es palpable una mayor orientación proteccionista y la aplicación de desmesuradas y cuestionables sanciones arancelarias. Junto al indudable predominio financiero y atractivos del mercado estadounidense, las acciones unilaterales de este y de anteriores gobiernos incrementan la percepción de Estados Unidos como un socio poco fiable y erosionan su posición global. En repetidas ocasiones, Trump ha tendido a cruzar determinadas “líneas rojas” establecidas.

En ese contexto, cuando Washington percibe que el tiempo para mantener su primacía se está agotando, en diciembre 2025, como es habitual en cada nueva administración presidencial, fue emitido el documento Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS), luego de tensiones internas entre el pragmatismo económico y la línea dura estratégica.

La NSS legitima un distanciamiento progresivo de Estados Unidos respecto a compromisos europeos y, sin alterar el consenso bipartidista que identifica a China como la única potencia con capacidad de plantearles un desafío estratégico, eleva el hemisferio occidental a la categoría de “prioridad máxima” y condición para la seguridad y prosperidad estadounidenses, con la pretensión de establecerla como zona de exclusión extra continental.

Su desenfreno en el ámbito interno es comparable a las acciones que despliega en su política internacional.

Ha impulsado políticas que amenazan la libertad de expresión y los derechos a la privacidad de los ciudadanos y se le ha acusado de utilizar impropiamente el Departamento de Justicia como instrumento para perseguir a sus enemigos políticos y opositores. En su gestión elude al Congreso e incluso intenta eludir a los tribunales.

Ha recurrido a una avalancha abusiva de órdenes ejecutivas que superan lo que cualquier presidente anterior. Con muchas de ellas genera nuevas fracturas sociales, alimenta actitudes xenófobas y un modus operandi violento, y exacerba la polarización política que se ha incrementado en esa sociedad en las últimas décadas, incluso al seno de la elite capitalista dominante.

Gran incertidumbre y repudio genera la tendencia a desplegar las FF.AA. en tareas policiales dentro del país, así como el carácter represivo y violento de las políticas en materia migratoria, en las cuales se suplantan a las agencias civiles cumplimiento de la ley.  Durante este segundo mandato presidencial de Trump, se ha evidenciado con mayor crudeza que las agencias fronterizas y de control migratorio funcionan como fuerzas intimidatorias y represivas cuyos agentes, apertrechados militarmente, irrumpen en centros laborales y ocupan secciones enteras de grandes ciudades.

Por otra parte, lanza amenazas a gobernadores y alcaldes, incluso a jueces y miembros del Tribunal Supremo del país, así como ataques a la independencia de la Reserva Federal y procesamientos infundados contra opositores políticos, legisladores demócratas y también fiscales participes de investigaciones en su contra, quienes fueron cesados de sus cargos.

Amenaza y acude a la aplicación de recortes presupuestarios a los estados y entidades que se le oponen, contra universidades donde tuvieron lugar protestas contra el genocidio israelí, o los asignados para apoyar la radio y la televisión públicas.

Por otro lado, afloran insalvables contradicciones en la base política y electoral de Trump, quien logró un casi total predominio de la maquinaria del Partido Republicano, pero encabeza una coalición –crecientemente polarizada- que incluye supermillonarios conservadores y sectores belicistas de Washington, junto a una base popular de gente resentida y enajenada, con rígida propensión nacionalista, el movimiento MAGA, que le exige priorizar, como prometió, el saneamiento y la prosperidad interna.

Bajo su presidencia avanzan leyes reaccionarias y órdenes ejecutivas a través de las cuales – como en anteriores administraciones – se están socavando los derechos de los trabajadores, mutilando la protección de los consumidores, los insuficientes programas de salud del país están siendo devastados, se trata de restringir selectivamente el derecho al sufragio, y se eliminan impuestos a las corporaciones y los ricos que reducen las posibilidades para el Estado de seguir financiando programas sociales y ambientales.

La euforia autoritaria de Donald Trump ha alcanzado su punto más alto en esta su segunda administración. Conduce del país y su relación con el mundo con ínfulas de monarca; se burla y desconoce las instituciones, no admite límites, reglas, ni oposición…

Por otra parte, con su egolatría, pretendió desvergonzadamente obtener en premio Nobel e impuso su nombre en el Centro Kennedy para las Artes y en el Instituto Estadounidense para la Paz; ordenó edificar un fastuoso salón de bailes en la Casa Blanca, anunció la construcción de una “flota dorada” de buques de guerra de la “clase Trump”; está construyendo un monumento en arco para el próximo 250 aniversario de la Unión e intenta estampar su rostro por las dos caras de una moneda conmemorativa para la ocasión.

Un Presidente desconectado con la realidad

Como individuo, aunque difícil de calibrar a ciencia cierta, el presidente Trump, sus posiciones cambiantes e incoherentes, han dado pie a un sinnúmero de calificativos y de intentos por caracterizar su perfil psicológico y su estado mental que resultan de interés. Además de ser calificado como sociópata corrupto, narcisista maligno, «desquiciado», mentiroso empedernido, engreído, prepotente y carente de moral, es comúnmente tildado de loco, o que algunas de sus apariciones sean consideradas como exabruptos y payasadas que deslegitiman la Presidencia de Estados Unidos.

Son conocidas sus posiciones políticas de derecha y racistas, pero se le señala, además, como demagogo con habilidades para la manipulación populista y por tener una personalidad amoral. Algunos perciben en él indicios de un deterioro cada vez más acelerado y un desgaste cognitivo significativo, y parece a ratos como desconectado con la realidad; con escasa capacidad interna para auto consolarse o auto valorarse.

Obsesivo por generar titulares, acciones espectaculares por encima de procedimientos establecidos, dado a un lenguaje brutal y sin tapujos, el Presidente muestra engreimiento y desesperación por el éxito, con sed de dominación y de ser centro del espectáculo, mientras que da muestras de rabia hiperactiva y de paranoia defensiva cuando se ve frustrado. Es entonces –se afirma-cuando deviene más vulnerable, peligroso y propenso a ceder hacia acciones aventureras u otras.

Asimismo, tiende a reaccionar de forma exagerada ante lo que percibe como desaires, cuando algo se interpone en su camino. Su amistad o su enemistad se concretan a cambio y respecto a quienes sirven a sus intereses. Se ha mostrado hábil en el uso de los medios difusión, así como de maniobras y métodos de tipo mafiosos, adquiridos gracias a los vínculos de sus primeros años como empresario hotelero y de casinos de juego.[1]

Tras bambalinas, alejado de la luz pública o solo en el marco de la élite política, el sistema y su gobierno – a través de él, como con otros presidentes de turno -, llevan adelante su estrategia e impulsan leyes acordes a su tradicional vocación conservadora, neoliberal y guerrerista.

En opinión de la actriz Jodie Foster: “Trump representa todo lo que está mal en este país: arrogancia, división y un ego que nos pone en riesgo. El dictador no quiere prensa crítica, sólo lisonjas y aprobación. Una y otra vez ataca a los medios que se le oponen, los intenta descalificar”.


[1] Es conocido que Trump en etapas tempranas tuvo múltiples relaciones con grupos gansteriles, y fue muy influido por la asesoría del abogado Roy Cohn. Ver, entre otros: “Just what were Donald Trump’s ties to the mob?” (www.politico.com, mayo 2016) y “Trump está convirtiendo a Estados Unidos en un estado mafioso” (www-theguardian-com, marzo 2025).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.