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Banqueros, burócratas y mirones sostienen el genocidio en Gaza

Fuentes: Voces del Mundo

Los seres humanos están, en términos relativos, ausentes de la escena en la que se perpetra el genocidio en su forma «moderna», y solo las víctimas se hacen visibles. Esta forma evolucionada de genocidio oculta a sus autores y a sus cómplices.

Actúa a través de políticas, procedimientos e instrumentos de guerra mecanizada, tecnológica y digital, incluida la inteligencia artificial, a diferencia de las atrocidades del pasado, cuando quienes empuñaban las herramientas de muerte y terror aparecían directamente, gritando mientras decapitaban a las víctimas o incendiaban hogares.

Los soldados de la ocupación israelí, por ejemplo, han llevado a cabo el bombardeo de barrios civiles en la Franja de Gaza desde aviones de combate y tanques, mientras que los operadores de drones permanecen en entornos con aire acondicionado dentro de bases militares distantes, o se instalan en hogares palestinos que han confiscado.

Detrás de estos oficiales y soldados, en gran parte invisibles, se encuentran líderes, funcionarios, responsables políticos y ejecutores de procedimientos, así como desarrolladores de armas, municiones y software, junto con patrocinadores militares, políticos y económicos y propagandistas del genocidio moderno, que a menudo aparecen con un aspecto moderado y respetable, a veces con corbatas de seda.

Una de las tareas más complejas es identificar a los cómplices de los genocidios modernos, como el perpetrado en la Franja de Gaza entre 2023 y 2025. Los roles parecen estar entrelazados y son complejos, muchos de ellos indirectos o poco visibles. Sin embargo, esta dificultad no justifica el hecho de no examinar tanto las responsabilidades manifiestas como las ocultas. Hacerlo sigue siendo un imperativo ético para exigir responsabilidades a los autores de genocidios modernos y evolucionados, o para intentar prevenirlos y repeler a sus precursores siempre que sea posible.

Autores ocultos

El genocidio moderno funciona como un sistema que abarca una amplia gama de responsabilidades, algunas de ellas invisibles o fundamentalmente inesperadas. Entre ellas puede figurar, por ejemplo, la participación de un centro de investigación universitario en algún lugar en el desarrollo de tecnologías y software utilizados en prácticas de genocidio y limpieza étnica.

También puede incluir la asignación de fondos procedentes de fondos soberanos o instituciones de seguridad social a industrias militares que apoyan la ocupación israelí y los crímenes de guerra que esta comete. Tales realidades pueden atormentar a las personas con conciencia cuando descubren su inesperada complicidad en un sistema que perpetra atrocidades, aunque no hayan pulsado personalmente el botón que lanza un proyectil explosivo de gran tamaño que arrasa un barrio residencial en un campo de refugiados palestino.

Claude Eatherly ofrece un ejemplo temprano del tormento de conciencia que afligió a algunas personas. El piloto de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos llegó a reconocer su participación en una de las mayores atrocidades de la era moderna, tras haber ayudado a preparar el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. Eatherly no lanzó la bomba él mismo. Su papel se había limitado a realizar un reconocimiento aéreo previo sobre Hiroshima antes del devastador ataque. Sin embargo, llegó a considerarse cómplice de la destrucción de la ciudad japonesa, y su sentimiento de culpa le persiguió hasta el punto de que intentó suicidarse dos veces, por lo que tuvo que ser hospitalizado.

Niveles de complicidad

Otras personas de países occidentales que apoyaron a la parte israelí durante el genocidio en la Franja de Gaza dimitieron públicamente de puestos de prestigio en gobiernos, ministerios, administraciones públicas y empresas de tecnología de la información, negándose a participar en lo que sustentaba las atrocidades en curso.

Algunos fueron más allá, eligiendo caminos mucho más costosos al decidir sacrificar sus vidas para renunciar a la complicidad. Entre ellos se encontraba el joven oficial de la Fuerza Aérea de EE. UU. Aaron Bushnell, quien el 25 de febrero de 2024 llegó a la entrada de la embajada israelí en Washington, D.C., y se prendió fuego, declarando en una retransmisión en directo: «Ya no seré más cómplice de un genocidio», y gritando «Palestina libre» mientras su cuerpo ardía. El oficial, de 25 años, afirmó que el apoyo militar directo de Estados Unidos a un ejército que comete genocidio lo convertía en cómplice de un crimen que el mundo podía presenciar en tiempo real. Su acto pretendía ser una protesta contra esa complicidad.

Es necesario buscar a los cómplices del genocidio también en lugares insospechados, incluidos aquellos en los que residen quienes lo apoyan de forma abierta o encubierta: personas cómplices al proporcionar apoyo militar, logístico, político, diplomático, económico o propagandístico; personas que no exigen responsabilidades a sus ciudadanos que se alistan en un ejército que comete genocidio, o personas que se benefician del sistema de genocidio a nivel de empresas, fábricas e intereses creados.

Un informe detallado publicado en julio de 2025 por Francesca Albanese, la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos en el territorio palestino ocupado desde 1967, identificaba a más de 60 empresas, incluidas grandes firmas estadounidenses y europeas, como presuntamente integradas en lo que ella describió como «economía del genocidio». La lista de posibles cómplices se extiende aún más, hasta incluir a comentaristas e influencers a sueldo que intentan edulcorar las atrocidades y persuadir al público con argumentos simplistas en los que quizá ni ellos mismos crean.

Silencio y poder

También hay que recordar que quienes no toman las medidas adecuadas en respuesta al genocidio son igualmente cómplices de permitirlo cuando optan por mirar hacia otro lado, guardar silencio sobre sus atrocidades y evitar mostrar reacciones firmes. Su silencio se convirtió en cómplice a la hora de allanar el camino para los horrores infligidos por los dirigentes israelíes al pueblo palestino en la Franja de Gaza.

En este contexto, el lema «El silencio mata» resulta muy acertado. Quienes no toman ni siquiera las medidas mínimas ante un genocidio a la vista de todos se asemejan a las personas que ignoran un incendio que consume una casa habitada cercana, sin hacer ningún esfuerzo por reaccionar ni siquiera por llamar a los servicios de emergencia, sino que, por el contrario, siguen dedicándose a sus aficiones.

Es bien sabido que la Unión Europea no tomó medidas punitivas contra Israel a lo largo de dos años de un genocidio que se desarrolló implacablemente a la vista de todos. La burocracia del proceso de toma de decisiones europeo frustró sucesivos esfuerzos por imponer incluso sanciones modestas e hizo descarrilar las propuestas para retirar los privilegios de que goza Israel en virtud del Acuerdo de Asociación UE-Israel. Mientras tanto, Europa siguió imponiendo paquetes de sanciones de gran alcance a Rusia por la guerra en Ucrania, que comprendían miles de medidas.

Ante la inacción reinante, la negación y la evasión se hicieron necesarias para proteger a los gobiernos europeos y occidentales de la obligación de responder de manera proporcionada. En este contexto, los dirigentes israelíes tuvieron la clara impresión de que podían seguir cometiendo atrocidades sin tener que rendir cuentas.

El genocidio contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza no habría podido prolongarse durante dos años sin la complicidad, directa o indirecta, de personas y entidades. Entre ellos se encuentran quienes lo apoyaron, lo facilitaron y lo alentaron, ya fuera de forma explícita o implícita. Se incluyen quienes participaron en distintos aspectos de sus operaciones, quienes invirtieron en sus industrias o se beneficiaron de contratos relacionados, y quienes no hicieron nada por detenerlo u oponerse a él. También se incluyen quienes simplemente lo ignoraron y guardaron silencio, o quienes persistieron en negarlo, llegando incluso a negarse a reconocerlo como genocidio desde el principio. Ninguno de ellos puede quedar exento de la sospecha de complicidad en el terrible genocidio perpetrado en el siglo XXI durante más de dos años en un pequeño enclave costero a orillas del Mediterráneo, densamente poblado por refugiados palestinos.

Hossam Shaker es un periodista y escritor especializado en cuestiones relativas a las migraciones.

Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/04/05/banqueros-burocratas-y-mirones-sostienen-el-genocidio-en-gaza/