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El sacerdote llamó a “bombardear” Rabat y a “abrir fuego masivo contra los invasores de Ceuta”

El párroco de Huarte como síntoma

Fuentes: Rebelión

D. Javier Aizpún Bobadilla, sobrino de Jesús Aizpún Tuero, fundador de UPN de Navarra, arquitecto por la Universidad de Navarra (Opus Dei), teólogo al uso, párroco de la localidad de Huarte, canónigo de la catedral de Pamplona, autor de doctos trabajos tales como “La cristiandad occidental y el rito romano” y activa sotana en la […]

D. Javier Aizpún Bobadilla, sobrino de Jesús Aizpún Tuero, fundador de UPN de Navarra, arquitecto por la Universidad de Navarra (Opus Dei), teólogo al uso, párroco de la localidad de Huarte, canónigo de la catedral de Pamplona, autor de doctos trabajos tales como “La cristiandad occidental y el rito romano” y activa sotana en la redes sociales, se ha despachado a gusto comentando la entrada masiva de miles de personas en Ceuta. Sin cortarse un pelo, el mentado se ha mostrado favorable a “impulsar la reconquista de Marruecos y su conversión al cristianismo”, para terminar así lo que la reina Isabel la Católica “dejó sin hacer”. Llamó incluso, si fuera necesario, a “bombardear” Rabat, y a “abrir fuego masivo contra los invasores de Ceuta”.

La noticia petó todo tipo de redes, informativos, tertulias y grupos de whatsapp. Ante ello, el arzobispo de Pamplona, Florencio Roselló, no pudo menos que afirmar que la opinión de su subordinado “era estrictamente personal y en ningún caso representa ni es compartida por la Iglesia diocesana”, valorándola simplemente como “muy poco acertada”. Que se sepa, no ha habido por su parte ninguna apertura de expediente, amonestación, sanción, desposesión de cargo o imposición de penitencia alguna.

Las respuestas sociales, institucionales, gubernativas y judiciales dadas a estas declaraciones se han quedado cortas, muy cortas. Se ve que cuando viste sotana, la apología del crimen es menos apología. Reclamar del arzobispado que tome enérgicas medidas en el asunto, tal como se ha hecho por parte de algunos partidos políticos, es echar pelotas fuera, porque para la Iglesia, los delitos de sus pastores son tan solo pecados que se borran vía confesión sacramental, sin que sea preciso abrir ante ellos vía penal alguna.

Supongamos sin embargo que, en vez de un párroco, hubiera sido el imán de una mezquita navarra quien hubiera llamado a bombardear Tel Aviv, abrir fuego masivo contra la población israelí y aplicar a ésta las recetas de la catolicísima Isabel: conversión forzosa, expulsión de sus tierras, expropiación de bienes, tortura, hoguera… ¿Qué habrían hecho ante esto nuestros grupos políticos, instituciones, judicatura, etc…? ¿Habrían dejado en manos de la comunidad islámica y sus normas al efecto la resolución y el juicio sobre el caso?

El delito de odio regulado en el art 510 del código penal se refiere a “quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo… por razón de su pertenencia a aquel, por motivos racistas… u otros referentes a la ideología, religión o creencias….”; o sea, algo hecho a medida de las declaraciones del párroco de Huarte. Sin embargo, no consta que ningún fiscal haya movido un solo dedo por esta razón. Quienes son tan propensos a rasgarse las vestiduras por una pintada en la sede de un partido político, la canción de un rapero (Hasel) o el recibimiento a un preso excarcelado tras cumplir 30 años de condena, ahora miran para otro lado.

La Iglesia fue pilar esencial de la dictadura franquista durante décadas, practicando con ella público concubinato. La primera paseó al genocida bajo palio y Franco sentó a obispos y arzobispos en las Cortes. Luego, durante la Transición, acordaron gatopardianamente acabar con aquel folklore, si bien a cambio de mantener lo esencial del negocio.

El 3 de enero de 1979, tan solo cinco días después de entrar en vigor la Constitución, se firmaron cuatro Acuerdos entre el Gobierno español y el Vaticano: “Asuntos Jurídicos”, “Enseñanza y Asuntos Culturales”, “Asuntos Económicos” y “Asistencia religiosa a las Fuerzas Armadas”. Se actualizaba así el viejo Concordato franquista de 1951, nunca derogado. Por esta vía, gran parte de los privilegios otorgados a la Iglesia por el dictador siguieron vivitos y coleando: religión católica en la enseñanza pública, exenciones fiscales generalizadas (impuestos de Bienes Inmuebles, Sucesiones y Donaciones, Sociedades, Construcciones..), subvenciones sociales, etc…. Hace diez años, la asociación “Europa Laica” contabilizó que, entre una cosa y otra, el total anual que el Estado destinaba a la Iglesia rondaba los 11.000 millones de euros.

En el 39º Congreso del PSOE (“Somos la izquierda”), de junio de 2017, Pedro Sánchez, se comprometió a suprimir la religión de la escuela y a denunciar y derogar los Acuerdos de 1979. Poco después, en febrero de 2018, estando el PSOE en la oposición, la Comisión de Educación del Congreso aprobó una resolución a fin de “dejar la religión confesional fuera del sistema educativo oficial” y proceder a la “derogación del Concordato y posteriores Acuerdos con el Vaticano”. La cosa prometía.

Vagas ilusiones. Cuatro meses después, el PSOE presidido por Pedro Sánchez llegó al gobierno, sin que lo dicho y acordado figurara ya en su programa, ni en los compartidos con Unidas-Podemos y Sumar. Todo lo avanzado en este terreno (inmatriculaciones de la Iglesia, pederastia eclesial, Patronato de Protección de la Mujer…) se ha debido básicamente al empuje incansable de grupos e iniciativas sociales. Las instituciones siempre han ido a remolque y con el freno puesto, a pesar de que, según el CIS, la creencia religiosa y, mucho más aún, su práctica diaria (misas, bodas, vocaciones,..) siguen desmoronándose. Y así seguimos.

Visto lo visto, las más altas jerarquías católicas se han crecido (Rouco Varela, Luis Argüello…) y no dejan de lanzar anatemas contra el gobierno, los derechos LGTBI, el aborto, la memoria democrática, la enseñanza, el matrimonio homosexual… Todo les sabe a poco. Es en este caldo de cultivo en el que se dan afirmaciones como las del párroco de Huarte y otros como él. Mientras tanto, una izquierda condescendiente se niega a agarrar el toro por los cuernos, limitándose a sacar ante estos hechos, eso sí, críticas notas de prensa que pasados dos días se las lleva el viento. Los Aizpunes de todo pelo y condición volverán a las andadas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.