La ciudad, a unos 30 kilómetros de Madrid, es un ejemplo de cómo las grandes empresas van invadiendo terreno con los centros de datos a cambio de supuestas promesas laborales.
Anuncios grandilocuentes por parte de la Administración pública suelen anteceder a lo que, en unos meses, se hará realidad: grandes instalaciones tecnológicas que consumirán miles de litros de agua cada hora para permitir el funcionamiento de herramientas como la inteligencia artificial (IA). Las compañías que están detrás de estos centros de datos eligen con cuidado y precisión su ubicación. La ciudad de Alcalá de Henares, unos 30 kilómetros al este de la capital madrileña, acoge en su término municipal numerosas infraestructuras de este tipo que aprovechan empresas como Telefónica y, en un tiempo, lo hará también para Microsoft, además de otros pequeños centros de datos localizados, sobre todo, en el campus tecnológico contiguo a la Universidad (UAH).
José Antonio Portilla, director de la cátedra ISDEFE-UAH en Tecnologías de la Información y la Comunicación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Alcalá (UAH), explica que España en general y Madrid en particular poseen unas condiciones «muy adecuadas» para la instalación de los centros de datos. «Requieren de mucha energía e intentan conseguir los máximos índices de eficiencia. En esos parámetros se mide el uso de renovables, y España es líder a nivel mundial en su producción», detalla este especialista. Por otro lado, Madrid es un núcleo de comunicaciones en un país muy centralizado, lo que favorece la capacidad de interconexión entre centros. «Y aquí se ha creado un ecosistema en el que se sitúan las grandes tecnológicas», prosigue el también vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT).
Este docente de la UAH afirma que la región madrileña «tiene grandes recursos hídricos». Pero diferentes colectivos ecologistas sostienen que, con independencia de si son «grandes» o pequeños, resultan insuficientes para cubrir la demanda de refrigeración de los centros de datos, por lo que podrían provocar problemas de abastecimiento de agua. Para entender bien este aspecto, es imprescindible saber cómo ha evolucionado la potencia de los rack en los centros de datos. Un rack es un soporte en forma de armario o bastidor que centraliza, protege y organiza el hardware tecnológico. A finales de los 90, la potencia del rack estaba en torno a un kilovatio (kW). El despegue de las aplicaciones en nube lo aumentó de cuatro a seis kW por rack. Según comenta Portilla, la aparición de las aplicaciones hiperescalares como Amazon llevó a que el rack tuviera una potencia de 15 kW. Actualmente, el uso extendido de la IA ha conseguido que el rack tenga entre 30 y 120 kW de potencia.
Por ello, no es tan importante el número de centros de datos como su potencia instalada. A cierre de 2025, la potencia instalada en los centros de datos comerciales se situó en 439 megavatios (MW), frente a los 355 de 2024, según el Informe Anual de SpainDC, la asociación que hace lobby de este sector en España. En el caso concreto de la Comunidad de Madrid, existen 35 centros de datos que prestan un servicio de 204 MW de potencia, a los que se sumarán otros 11 que actualmente se encuentran en construcción. «La tendencia es desarrollar proyectos ya relativamente grandes, con un mínimo de 30-50 MW instalados», asume el docente universitario. En Alcalá de Henares, el centro de Nabiax, que ofrece servicio a Telefónica, está en los 50 MW.
Y ahora vayamos al consumo. Los cálculos aproximados aportados por Portilla señalan que una instalación de 50 MW implicaría un consumo de energía de entre 490-530 gigavatios hora (GWh), y de agua entre 78.840 y 175.200 metros cúbicos al año. Ese consumo energético equivale al de una ciudad de hasta 375.000 habitantes, mientras que el consumo de agua sería comparable al de una población de entre 1.700 y 3.800 habitantes. Bajemos los datos a Alcalá.
El centro de datos de Nabiax para Telefónica posee 23 salas dedicadas a las tecnologías de la información de 681 metros cuadrados cada una de ellas y cuenta con 50 MW de potencia instalada. Ferrovial, la empresa constructora, presentó el proyecto como uno de los mayores centros de procesamiento de datos del mundo. Más allá de los trabajos de ampliación que está llevando a cabo Nabiax en la zona, al pasear por sus alrededores se escucha un ruido tan estridente como incesante. Ubicado en el Parque Tecnológico Tecnoalcalá, las cámaras de vigilancia gobiernan la zona. A la vista, hay grandes tubos metálicos y de distintas tonalidades de azul, e imponentes máquinas de refrigeración, donde trabajan operarios con cascos auriculares que les protegen del zumbido. Descampado y aparcamientos infrautilizados en su zona oeste.
A unos 100 metros de la sede que la Biblioteca Nacional de España posee en el lugar, un coche de una empresa de seguridad privada se encamina tras los pasos del fotógrafo y el redactor de La Marea.
En septiembre de 2025, el Consistorio aprobó un Plan Especial de Ordenación para un solar situado en el polígono industrial Las Matillas de 98.700 metros cuadrados. En él se situará el Campus de Centros de Datos de Microsoft, un proyecto que «convertirá a Alcalá en un polo de innovación y referencia tecnológica en España», anunció el Ayuntamiento complutense. Según la memoria ambiental del proyecto, se «podrán crear 53 empleos fijos a tiempo completo».
El documento explicita que «con el diseño actualmente en desarrollo se estima un consumo de agua anual de hasta 1.937 metros cúbicos al año, un 70,4% procedente de la red de abastecimiento y un 29,6% de la reutilización del agua de lluvia». Hoy por hoy, en la zona perimetrada por una valla, tan solo se observan excavadoras haciendo movimientos de tierra y operarios que en todo momento buscan la sombra para resguardarse de los rayos del sol.
En Alcalá también está operativo el centro de datos Adam, de 3.500 metros cuadrados y 2 MW instalados. La empresa Vaultica anunció el pasado abril la apertura de un centro con 12 MW de capacidad instalada en la misma ciudad. Será suministrada a través de dos conexiones a la red alimentadas por dos subestaciones eléctricas independientes.
En este contexto, la Comunidad de Madrid puso en marcha también en abril tres nuevas subestaciones eléctricas en el Corredor del Henares, ubicadas en Meco y en la ciudad complutense. Su objetivo es «garantizar su desarrollo digital, industrial y residencial», explicaron desde el Gobierno regional. Las tres constituyen de manera conjunta el soporte del nuevo mallado de transporte eléctrico en 220 kW de la zona, añadieron.
Agua y placas solares
«Es muy chocante que estos centros se instalen en una zona ya tensionada por el consumo hídrico», advierte Juanmi Salvador, miembro de Ecologistas en Acción, que denuncia la opacidad por parte de las compañías que operan en ellos, lo que les impide conocer de manera exacta la procedencia de sus recursos. «Consumen muchísima electricidad y tienen un sistema de refrigeración muy potente», recalca. Portilla recuerda que la Directiva de Eficiencia Energética para centros de datos de la UE indica que todos aquellos que superen los 500 KW de potencia instalada deben reportar información sobre la energía y el agua utilizadas.
Sobre la electricidad, el ecologista incide en que este tipo de centros suele vincular su consumo con plantas fotovoltaicas. «Y toda esta zona de la Alcarria está amenazada por macroplantas de placas, con hasta 50 hectáreas de consumo de terreno cada una de ellas. Es un lavado de imagen para decir que todo es limpio y sostenible, pero la energía fotovoltaica no tiene nada de limpia», sostiene.
Por otro lado, Salvador señala a las Administraciones públicas como parte del problema, ya que permiten a las compañías «ser opacas» y argumenta que el argumento de los empleos suele estar errado: «Prometen muchos pero un gran centro de datos puede dar trabajo a poco más de diez personas», asegura.
Cristina Alcañiz, concejala de Urbanismo, Infraestructuras, Vivienda y Movilidad en Alcalá, ha expresado por escrito a La Marea que están «muy satisfechos» con que la ciudad «siga despertando el interés de grandes proyectos vinculados a la innovación, la tecnología y la economía digital». Desde su punto de vista, la llegada de esta industria al municipio confirma que Alcalá es una localidad «atractiva para la inversión, bien situada, con suelo disponible, con talento y con capacidad para acoger actividades estratégicas que generan actividad económica».
La edil, no obstante, no valora otra derivada que recuerda Salvador: la concentración de centros de datos en una misma zona geográfica puede suponer un foco de inestabilidad para la red eléctrica. Así lo aseguró en 2023 la presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, Cani Fernández. Situó en el Corredor del Henares el principal y potencial punto problemático: «A veces, si hay mucha generación junta, o mucha generación colectiva de manera conjunta, puede haber un problema de tensión», dijo en una intervención en la Comisión del Ministerio de Asuntos Económicos. En esa misma ocasión, Fernández avisó de que se «puede llegar a generar no solamente un problema de necesaria infraestructura de distribución, sino también hasta de transporte».
La tensión que pueden provocar los centros de datos concentrados en una zona, además de su afectación a la red, ya golpea en la factura de cada hogar. En Estados Unidos, estas infraestructuras orientadas a las IA han disparado un 76% el precio de la electricidad. El supervisor independiente Monitoring Analytics concluye en un informe que el aumento de la demanda energética de estos centros desequilibra el mercado eléctrico y eleva las facturas para los hogares.
«Hay que plantearse en qué contextos se instalan los centros de datos. Estamos en un momento en que se han superado siete de los nueve límites planetarios que garantizan la estabilidad de la vida humana en el planeta», recuerda Salvador, quien defiende «reducir todo tipo de consumo» en un momento en que «los centros de datos y la IA implican todo lo contrario».
Leyes a medida
Aurora Gómez, portavoz de Tu nube seca mi río, el primer colectivo ciudadano de resistencia contra los centros de datos en España, lleva años intentando visibilizar el impacto ecosocial de estas infraestructuras. Ella se suma a las denuncias de la mínima creación de empleo, pero destaca que la opacidad reinante en estas compañías imposibilita que la ciudadanía pueda ejercer su derecho a la información respecto a dónde va a parar los miles de litros de agua que necesitan para funcionar: «Hay fuertes lobbies que presionan en la Unión Europea para lograr leyes a medida, y ya las están consiguiendo».
Sin embargo, y a pesar de tantas implicaciones potencialmente negativas, los centros de datos aún no levantan ampollas en la sociedad. «Si la gente entendiera hasta qué punto esto es un boomerang de opresión que vuelve en forma de impacto medioambiental, disminución de la democracia por la acumulación del poder y la pérdida de conocimiento al que se enfrenta la humanidad, no se utilizaría tanto la IA generativa», concluye Aurora Gómez.
Artículo publicado originalmente en la revista trimestral de ‘La Marea’ número 112 (julio-septiembre). Puedes comprarla aquí.
Fuente: https://www.lamarea.com/2026/08/03/alcala-henares-colonizacion/


