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Barack Obama y la transición asediada

Fuentes: Argenpress

La transición que enfrenta el presidente electo Barack Obama y su equipo, debe ser una de las más intensas y además más representativas de las últimas décadas en la historia política de EEUU. Una industria automotriz en crisis terminal si no se le presta dinero, el descubrimiento de un acto de corrupción en Chicago -donde […]

La transición que enfrenta el presidente electo Barack Obama y su equipo, debe ser una de las más intensas y además más representativas de las últimas décadas en la historia política de EEUU.

Una industria automotriz en crisis terminal si no se le presta dinero, el descubrimiento de un acto de corrupción en Chicago -donde se sospechan vínculos con la red de apoyo del presidente electo-, el desplazamiento paramilitar de una fuerza externa en la ciudad financiera del gigante asiático India, y además, un presidente electo sometido a una presión límite antes que asuma, conforman el clima de transición de una intensidad probablemente inédita.

Los tres acontecimientos revelan ser indicadores de la naturaleza del fenómeno político que ha prevalecido en EEUU especialmente, pero que impacta al resto del mundo, de una u otra forma.

Primero, las dramáticas negociaciones para salvar la industria automotriz con un préstamo de 15 mil millones de dólares, expresando la peor crisis económica desde la depresión del 29, y el oportunismo del partido republicano para impedir ese rescate, y destruir un reducto esencial del sindicalismo en EEUU.

Segundo, el acecho paramilitar a la zona más emblemática de la capital financiera de India, Mumbay, originado en fuerzas externas, expresando la continua inestabilidad política a partir de la desprogramación de la supremacía bipolar, que ha situado al terrorismo como una de las vertientes política más eficaces y dramáticas.

Y tercero, el caso de corrupción del Gobernador demócrata por Illinois Rod Blagojevich, que colocó en subasta encubierta al puesto vacante del Senador del Presidente Electo, golpeando así la base operacional en el estado que éste representa. Aunque los antecedentes del fiscal que investiga, Patrick Fitzgerald, no vinculan a Barack Obama con en el proceso delictivo, para los republicanos ha sido la oportunidad de descargar todo el arsenal pesado, indicando de alguna forma el tipo de «contra» que le espera al nuevo gobierno.

¿Donde están los demócratas?

El presidente del Partido Republicano, Mike Duncan, le ha exigido al presidente electo que divulgue todo tipo de información respecto a sus vínculos con el Gobernador, y explique a fondo el problema.

Sin embargo hasta el momento, no ha habido una reacción pública potente desde el presidente del Partido Demócrata comparable a la de su par republicano. Como que desde el corazón de la oscuridad del poder, se estuviera esperando el desarrollo de la investigación en la genealogía de la red de corrupción. Los medios en general, no han anotado esta situación, que en sí misma revela códigos draconianos cuando se trata de proteger la visibilidad pública de personajes clave en la estructura del poder. «El presidente electo no es una Madre Tereza a la cual hay que creerle todo», dice un comentarista en Fox Noticias, la trinchera de un neoconservadurismo a veces cercano a un neofascismo muy en boga en todas partes.

Igualmente quedan abiertas algunas preguntas para cualquier espectador.

¿Este caso de corrupción es la punta del iceberg? ¿Está esa amplia red de apoyos y contactos del presidente electo involucrado?

Desde el punto de vista de la estructuración del poder político, la genealogía más básica está diciendo que, sin lugar a dudas, un Senador por el estado, cuyo gobernador siendo del mismo partido, cae en un acto de corrupción donde se refleja la acción de redes, debería en teoría tener conocimiento de alguna faceta del problema. ¿Si la policía lo registró, como entonces no lo pudieron conocer otros personajes? Es interesante especular sobre el efecto si se revela antes del 4 de noviembre.

Hasta el momento, pocas autoridades se atreven a opinar, porque hay una investigación en curso, cuando se está en una delicada transición en uno de los periodos más delicados en la historia reciente.

Despejando dudas y mirando el futuro

Esta transición en el fondo, por todos los hechos anotados, está beneficiando a Barack Obama y su equipo porque comienzan a gobernar como si fuera un Gabinete de crisis, en un país para muchos efectos en estado de emergencia.

También es un anticipo del escenario de confrontación que se formará con un partido republicano que presenta profundas divisiones, pero que sin embargo el factor de haber perdido la presidencia los unirá a niveles sin precedentes.

Si su propio presidente los hizo fragmentarse, Barack Obama los compacta y les da un tema para reagruparse. No todos los republicanos, a partir de su propio presidente Duncan, están en la propuesta de la agenda bipartita, la de los consensos nacionales. Se ha comprobado en el plan de rescate de los 15 mil millones de dólares a la industria automotriz, y en este momento de no dar tregua al presidente electo con el caso de corrupción del Gobernador por Illinois. .

Una fuente nos dice: «Los republicanos no increpan la red del partido demócrata y se enfocan en Obama, porque al hacerlo, están implicándose ellos mismos en las forma en que funcionan los lobbies y se obtiene cualquier tipo de cargo.

En este sentido hay dos cuestiones sin explicación. La primera es, ¿por qué Patrick Fitzgerald, el fiscal, no reveló lo que ya tenía avanzado en la investigación durante la campaña, al menos días antes de la votación?

La segunda, ¿por qué en este período de la transición? Claramente, por los tiempos y por el tipo de declaraciones existe un fondo político en cómo se ha manejado el asunto, lo que revela que tampoco el poder judicial se libera de la presión ambiente de una complicada transición.

Presión en la transición

En el caso de corrupción está claro que la oposición republicana no perdonará, y es probable que los pactos de unidad nacional que surgieron en los primeros días de la derrota de Mac Cain, desaparecerán a medida que el gobierno se consolide.

La transición así, como el periodo que gobierne, se transforma en el espacio de los vaticinios o sortilegios. Por cada fenómeno que aparece, contendores y público informado en general, se está preguntando cuando será el día que aparezca ese error grave que desacredite a Barack Obama. El momento en que le haga comprometer no solo el comienzo, sino que se convierta en el primer presidente electo de la historia que asume, cuando los contendores le tienen preparada la destitución.

Los neoconservadores perdieron la cúpula del poder político que los legitimaba como los triunfadores de la guerra fría y el fin de la amenaza comunista. Sin estos dos factores, han perdido la brújula, que los ordenara para gobernar. El terrorismo no fue suficiente como expediente para construir país y se quedaron sin agenda.

En este sentido, la agenda doméstica transformadora de Barack Obama -Charles Krauthammer del Washington Post, un archi neoconservador, señala que es para restituir el «modelo» Roosevelt-, les devuelve centralidad a los objetivos de un partido republicano desorientado con la derrota.

Para los neoconservadores el enemigo inmediato está adentro, y no hay que buscar subterfugios externos. Es probable que la situación de reagrupamiento republicano y neo conservador en torno a la crisis interna en EEUU, que trasciende más allá de la economía, contribuya a descomprimir la agenda en varios puntos críticos internacionales.