Durante la primera década de julio, ciclones (tifones), tornados, tormentas, fenómenos meteorológicos extremos, crecidas y deslizamientos de tierra han sembrado la desolación en el centro y el sur del país, pero no solo allí. China se enfrenta a fenómenos meteorológicos extremos agravados por la crisis climática.
Las catástrofes naturales son frecuentes en China, sobre todo en verano, cuando algunas regiones sufren precipitaciones intensas mientras que otras se ven azotadas por un calor extremo. Sin embargo, la frecuencia y la magnitud de estos fenómenos aumentan con la aceleración del calentamiento global, relacionada, sobre todo, con el uso de combustibles fósiles. Entre las regiones afectadas se encuentran Guangxi, Guizhou y Hunan, en el sur y el centro del país, lo que supone una población de más de 150 millones de habitantes (más que en Rusia).
De hecho, una parte importante del país se ve afectada por esta sucesión de fenómenos meteorológicos. Maysak, el primer tifón de la temporada, tocó tierra el 6 de julio en la provincia insular meridional de Hainan, procedente de Vietnam. En Nanning, capital de la región de Guangxi, y sus alrededores, las aguas rebasaron las presas de tres embalses, según las autoridades locales. La ciudad de Nanning y sus alrededores quedaron inundados, lo que obligó a muchos habitantes a refugiarse en los tejados, y se evacuó a unas 55 000 personas. Ese mismo día, un tornado azotó la ciudad de Ezhou, en la provincia de Hubei (centro-este). De hecho, dos tornados destructivos arrasaron el centro de China por la tarde, cuando el aire cálido procedente del sur, empujado por el tifón Maysak, chocó con el aire frío del norte.
El 9 de julio se produjo un deslizamiento de tierra en Gansu (noroeste) a raíz de violentas tormentas y lluvias torrenciales, que se saldaron con 39 muertos, 9 desaparecidos y cientos de heridos, según la prensa. Según los medios de comunicación estatales, el deslizamiento fue provocado por “un grave episodio de convección atmosférica” (es decir, un contraste térmico) que desencadenó “tormentas y vientos violentos” que azotaron ciudades como Huangshi y Huanggang.
En la ciudad de Guigang, una aglomeración urbana de la región autónoma de Guangxi (al sur), las aguas crecidas convirtieron una amplia carretera en un lago, sumergiendo coches y descendiendo en torrentes de lodo por una colina hasta desbordarse en una obra.
El 11 de julio el tifón Bavi, procedente de Filipinas y Taiwán, azotó la costa más oriental, lo que provocó la evacuación de cerca de 2 millones de personas. Poco antes, las lluvias torrenciales en la capital, Pekín (al noreste), llevaron a las autoridades a evacuar a más de 100 000 personas. También se esperaba un tifón durante el fin de semana en la costa este, al sur de Shanghái, acompañado de fuertes ráfagas de viento.
En el sur y el centro de China, las violentas tormentas y las lluvias torrenciales han causado unas 17 víctimas mortales y cientos de personas heridas. La provincia de Hubei, en el centro del país, también se ha visto afectada. Decenas de miles de personas han sido evacuadas en la región meridional de Guangxi, donde unos cuarenta ríos y cursos de agua se han desbordado y donde se han producido torrentes de agua tras la rotura de los muros de la presa de un embalse, según la televisión estatal CCTV.
Como dato exótico, entre 800 y 900 serpientes (entre ellas cobras) se escaparon después de que las aguas destruyeran una granja de cría en la ciudad de Hangzhou.
Según las autoridades gubernamentales, a mediados de julio se preveía que las lluvias torrenciales alcanzaran algunas zonas costeras y orientales de Guangxi, así como el suroeste de la provincia vecina de Guangdong, donde se encuentra un importante centro industrial, lo que pondría a prueba la solidez de los embalses y los diques y podría provocar nuevas evacuaciones de la población.
La prensa china destaca la eficacia de las medidas de prevención y la organización de los servicios de socorro. Sin duda, las alertas permitieron la evacuación preventiva en algunos territorios, pero no en todos, como demuestran estos testimonios recabados por un corresponsal de la Agencia France-Presse que pudo desplazarse al municipio de Liulan (Guangxi), donde las inundaciones destruyeron viviendas, arrastrado animales y provocado la rotura de una importante presa (y de otra más pequeña, cerca de la ciudad de Gantang). Los muros de la obra se derrumbaron, liberando torrentes de agua fangosa río abajo, con un balance humano provisional de 26 personas muertas y siete desaparecidas.
Muchas de las personas afectadas de este municipio no se habían dado cuenta de la gravedad de la situación. Según el señor Huang, “nunca antes había sido tan grave”. “No recibimos ningún aviso. Si lo hubiéramos recibido, no habríamos sufrido tantas pérdidas”. Incluso los enseres que tenía en la planta superior de su casa quedaron destruidos por el agua. “En varios cientos de años, es la primera vez que la crecida llega hasta la primera planta”, asegura a la AFP Bi Yunchun, otro vecino de Gantang.
El sistema de indemnización para las víctimas de las inundaciones con el que cuenta China se amplió en 2025 en lo que respecta a las zonas de almacenamiento, donde las autoridades desvían voluntariamente las crecidas para reducir las inundaciones río abajo. Se ha ampliado el ámbito de las indemnizaciones en beneficio de las poblaciones que viven o trabajan en estas zonas de retención. Anteriormente reservado a los animales de tiro, ahora incluye el ganado y las aves de corral que no han podido ser evacuadas, asumiendo el Gobierno central el 70% de los gastos y los gobiernos locales el 30%. La indemnización sigue estando sujeta a condiciones y no cubre todos los riesgos.
Además, entre la ley y la realidad puede existir una gran brecha. Evidentemente, la elección de las zonas de almacenamiento tiene una dimensión política (los barrios residenciales ricos o las zonas de actividad de la clientela del poder se verán a salvo). La corrupción es endémica en todos los niveles de la administración y la represión es moneda corriente. A falta de organizaciones sociales más o menos independientes, resulta muy difícil garantizar a largo plazo la defensa colectiva de los derechos de las clases populares. En estas condiciones, con cada fenómeno meteorológico extremo, nuevos sectores de la población se ven sumidos en una pobreza de la que, cada vez, les resultará más difícil salir a medida que las catástrofes climáticas se sucedan unas tras otras.
En términos más generales, las crisis climáticas amenazan con destruir, cada año, el equivalente a decenas de miles de millones de dólares de actividad comercial, debido a las inundaciones urbanas, la paralización de la actividad industrial, los cultivos anegados o el ganado arrastrado por las aguas, mientras que la economía china ya se encuentra estancada.
Pierre Rousset es especialista en revoluciones asiáticas y ornitólogo impulsor de la preservación de especies silvestres en el parque de Beaumonts, en Montreuil.
Traducción: viento sur.
Fuente: https://vientosur.info/china-azotada-por-fenomenos-meteorologicos-mortiferos/


