El genocidio en Gaza continúa sin obstáculos desde hace ya dos años. Sin embargo, la ONU dispone de un mecanismo para eludir el veto estadounidense y proteger a la población palestina, si la comunidad internacional finalmente se atreve a intervenir.
Una realidad sin salida
Después de veintidós meses de violencia ininterrumpida el balance es abrumadoramente claro: Israel no detendrá por sí mismo el genocidio en Palestina. Estados Unidos, que desde hace décadas es el aliado más fiel de Israel, sigue firmemente detrás de Tel Aviv.
Países europeos como Alemania y Gran Bretaña, e incluso varios regímenes árabes de la región, dan también carta blanca a Israel. Su impunidad es total y el apoyo político de Occidente parece interminable.
Esto significa que el genocidio y el apartheid solo pueden terminar mediante la resistencia sostenida de la población palestina, la solidaridad internacional, y el creciente aislamiento y debilitamiento del régimen israelí.
Recuerda a la lucha contra el apartheid en Sudáfrica: una larga marcha que no se ganó con negociaciones amables, sino con una coalición mundial de presión, sanciones y resistencia.
¿Qué se puede hacer hoy mismo?
Quien analiza la situación comprende que la lucha contra el genocidio es de largo aliento. Sin embargo, hoy existen ya medios que se pueden aplicar de inmediato.
La ciudadanía de todo el mundo puede seguir ejerciendo presión mediante acciones de boicot, exigiendo que gobiernos e instituciones desinviertan en empresas que se benefician de la ocupación y la guerra, y saliendo a la calle con manifestaciones masivas y desobediencia civil.
También los procesos judiciales son un instrumento poderoso: los Estados tienen la obligación de iniciar persecuciones contra quienes sean culpables de genocidio y crímenes de guerra, incluso cuando estos ocurran lejos de su territorio.
Pero hay más. La comunidad internacional también puede exigir protección directa para la población palestina. El derecho internacional incluso establece que los Estados no se pueden quedar de brazos cruzados ante un genocidio, sino que están obligados a intervenir. Es vergonzoso que la mayoría de los Estados ignoren esta obligación.
«Uniting for Peace»: un mecanismo olvidado
Pocos lo saben, pero la ONU dispone desde 1950 de un instrumento particular destinado precisamente a este tipo de situaciones.
El Consejo de Seguridad de la ONU cuenta con 15 miembros, de los cuales 5 son permanentes (EE.UU., Rusia, China, Francia y Reino Unido) y cada uno tiene derecho de veto: un solo «no» de uno de ellos basta para bloquear una resolución. La Asamblea General, en cambio, incluye a los 193 Estados miembros y decide por mayoría simple o de dos tercios.
Durante la Guerra Fría se adoptó la llamada resolución ‘Uniting for Peace’ 377(V), la cual establece que, cuando el Consejo de Seguridad queda paralizado por el veto de un miembro permanente, la Asamblea General está facultada para actuar.
Esa resolución fue promovida por Estados occidentales para evitar o neutralizar el veto de la Unión Soviética. Por esa razón se consideró posible sustituir al Consejo de Seguridad en prácticamente cualquier situación que requiriera medidas para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.
En teoría –y en la práctica– la Asamblea General puede decidir enviar una fuerza de protección a Palestina. Una misión de la ONU podría proteger a civiles de los ataques israelíes, abrir corredores seguros para la ayuda humanitaria, reunir pruebas de crímenes de guerra y ayudar en la reconstrucción.
Existe un precedente: en 1956 se envió la primera fuerza de paz de la ONU al Sinaí, a pesar de la oposición de Gran Bretaña, Francia e Israel.
El mecanismo está listo, pero apenas se utiliza. No obstante, puede marcar la diferencia, ya que elude por completo el veto de EE.UU., que bloquea toda medida útil en el Consejo de Seguridad.
Falsas soluciones
Mientras tanto, circulan varias propuestas que llevan la etiqueta de ‘intervención’, pero que en realidad no están destinadas a proteger a la población palestina.
Algunos proponen un grupo reducido de observadores internacionales que solo registren lo que ocurre. Eso puede ser útil para informes, pero nunca ha tenido un efecto disuasorio frente a la violencia israelí.
Otros, como Francia y Arabia Saudí, quieren enviar una llamada «fuerza de estabilización». Sin embargo, los detalles de esos planes revelan que se trataría sobre todo de controlar a la resistencia palestina y volver a la situación anterior a octubre de 2023: un statu quo en el que la población palestina queda encerrada y es exterminada lentamente.
Aún más grotescos son los planes de Donald Trump, que abogó abiertamente por una ocupación estadounidense de Gaza, o las propuestas del propio Israel de desplegar a aliados árabes como fuerza de ocupación. Tales escenarios refuerzan el apartheid y el genocidio, en vez de ponerles fin.
Un Consejo de Seguridad fallido
En teoría, el Consejo de Seguridad tiene la facultad de imponer intervenciones armadas en virtud del Capítulo VII de la Carta de la ONU. Pero todos saben que mientras Estados Unidos ejerza su veto es letra muerta.
Esto significa que solo hay dos soluciones posibles: o bien una resolución redactada totalmente a favor de Israel, o bien un veto que haga imposible cualquier protección efectiva. Por lo tanto, quien crea que la salvación debe venir del Consejo de Seguridad, se equivoca. El camino hacia la justicia y el fin del genocidio no pasa por el Consejo de Seguridad, sino eludiéndolo.
Lo que puede hacer la Asamblea General
La Asamblea General sí dispone de poder real. Con una mayoría de dos tercios puede llamar a los Estados a imponer sanciones y un embargo de armas contra Israel. Puede decidir excluir a Israel del acceso a la ONU, tal como ocurrió en su momento con Sudáfrica.
Puede apoyar la creación de un tribunal para juzgar a los dirigentes israelíes por crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, apartheid y genocidio. Puede reactivar antiguos mecanismos de la ONU contra el apartheid. Y, sobre todo: puede decidir enviar una fuerza armada de protección a Gaza y a Cisjordania, a invitación del Estado palestino.
Según recientes declaraciones de la Corte Internacional de Justicia, Israel no tiene ninguna soberanía en esos territorios. Por lo tanto, el país no tiene ningún derecho legal a impedir tal misión.
¿Cómo funciona eso en la práctica?
El procedimiento no es complicado. Primero, un veto bloquea una propuesta en el Consejo de Seguridad. Después, un Estado miembro puede solicitar la reanudación de una sesión extraordinaria de la Asamblea General. Allí se elabora una resolución, en consulta con Palestina, y posteriormente se aprueba con mayoría de dos tercios. A continuación, el Secretario General recibe el encargo de buscar países dispuestos a aportar tropas. Entonces se puede conformar y desplegar la misión.
No hay obstáculos jurídicos. La dificultad es puramente política: Estados Unidos hará todo lo posible por presionar, chantajear o comprar a los Estados para que no se alcance la mayoría requerida. Pero esa mayoría es alcanzable, como lo demuestran votaciones anteriores sobre Palestina.
Un momento crucial
El 18 de septiembre expira el plazo que la Asamblea General impuso el año pasado a Israel para acatar los fallos de la Corte Internacional de Justicia. Esa misma resolución prometió «nuevas medidas» en caso de incumplimiento. Nadie puede afirmar ya que se pueda perder más tiempo.
Mientras tanto, la tragedia se extiende aún más. En Gaza reina la hambruna. Los bombardeos y la ocupación continúan sin cesar. Con la nueva ofensiva contra la ciudad de Gaza, se expulsa masivamente a la población hacia un campo de concentración en el sur de la Franja, desde donde luego será deportada al extranjero.
En Cisjordania la violencia de los colonos y las redadas militares alcanzan proporciones cada vez mayores. Pronto comenzará la construcción de nuevos asentamientos que harán inviable e imposible un futuro Estado palestino. La situación es catastrófica y el reloj avanza implacablemente.
La historia juzgará con severidad. Quien no actúe ahora, se convierte en cómplice. La oportunidad de mantener la credibilidad en la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional está al alcance de la mano. Esa oportunidad se llama «Uniting for Peace». El 9 de septiembre se reúne la Asamblea General. Es ahora o nunca.
Fuentes:
–
How
the UN could act today to stop the genocide in Palestine
–
What’s
UN Resolution 377A, can it help in efforts to stop Israel-Gaza war?
–
A
Humanitarian Action by the UN General Assembly in Gaza?
Texto original De Wereld Morgen
Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor y traductor, y Rebelión como fuente de la traducción.