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Con Cuba, siempre…

Fuentes: Rebelión

Hace casi cincuenta años, en 1961, dos supuestos «periodistas» tramaron un pretendido «asalto» a una oficina de Cuba en el Perú de donde extrajeron documentos orientados a «demostrar» la injerencia foránea en nuestro país. Todo fue una farsa. Los atacantes fueron un batistiano cubano llamado Armando Cruz Cobos, quien luego se ganó la vida como […]

Hace casi cincuenta años, en 1961, dos supuestos «periodistas» tramaron un pretendido «asalto» a una oficina de Cuba en el Perú de donde extrajeron documentos orientados a «demostrar» la injerencia foránea en nuestro país.

Todo fue una farsa. Los atacantes fueron un batistiano cubano llamado Armando Cruz Cobos, quien luego se ganó la vida como matón del APRA y columnista del extinto diario «La Tribuna«, y un activista aprista de la época, Víctor Tirado, quien vivió luego muchos años en los Estados Unidos protegido y alimentado por la mafia contrarrevolucionaria de Miami,

La oficina atacada no fue una dependencia diplomática, ni los documentos que luego mostraron tenían relación alguna con las actividades de la representación de ese país en el Perú.

Pero los papeles sustraídos dieron la vuelta al mundo y fueron enarbolados como «prueba» de la acción subversiva del gobierno de Cuba. Poco después sustentaron, en efecto, la ruptura de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Ni siquiera importó que en la lista de «peruanos financiados por Cuba» aparecieran nombres de personas que habían fallecido en nuestro país años antes del triunfo de la Revolución Cubana, como debió reconocer -sonrojado- el general Cuadra Rabines, ministro de entonces, quien los mostró en el Congreso de la República.

La anécdota viene al cuento porque fue el inicio formal de una campaña que en el Perú, como en todos los países, cumplirá pronto cincuenta años. Y sus autores y auspiciadores pretenden celebrarla incrementando la ofensiva contra Cuba para denigrar su Revolución y llevar agua a los molinos de la más fiera y repulsiva reacción mundial.

Hoy, en efecto, la «gran prensa» peruana -y otra no tan «grande» pero que se precia de serlo- publica ostentosamente fotos en las que se ve a algunas personas caídas en la vía pública en una calle de La Habana.

Las fotos, y los comentarios que allí añaden, aseguran que se trata de «madres indignadas que demandan la libertad de sus hijos injustamente encarcelados» en ese país.

Se trata, por cierto de una ofensiva que tiene motivaciones muy concretas y objetivos definidos.

Las organizaciones de la solidaridad con Cuba en nuestro país han dicho que ella asoma «cuando arrecia en el mundo la campaña de los pueblos en demanda de la libertad de los 5, y cuando la administración norteamericana no tiene más recursos que el silencio, ante su incapacidad de rebatir razonablemente las condenas que fluyen de todas partes por su política genocida contra Cuba; sectores empeñados en deteriorar la imagen de ese valeroso país, han retomado la ofensiva contra el pueblo y el gobierno de Cuba a partir de lo ocurrido con personas privadas de su libertad por acciones delictivas y conducta mercenaria, sancionadas ambas por la legislación de todos los países de la tierra».

Si nosotros quisiéramos saber si en el Perú se respetan los derechos humanos podríamos visitar, aunque fuera por 24 horas cualquier de los centros penitenciarios que existen en nuestra patria, y constatar allí como viven hacinados, ciudadanos privados de su libertad por delitos que no les fueron comprobados, porque el 75% de la población carcelaria está integrada por inculpados sin juicio ni sentencia.

Pero podríamos recordar también que hay 13 millones de peruanos que viven bajo el límite de la pobreza, y 7 millones que sobre viven en condiciones de pobreza extrema.

Podríamos hablar de los millones de analfabetos, o desnutridos, o enfermos agobiados por males derivados de la miseria, la ignorancia o el atraso social.

Podríamos referirnos a los millones de desocupados que carecen absolutamente de un puesto de trabajo y de un ingreso elemental que les permita mantenerse o alimentar a los suyos; o a los niños que mendigan en la vía pública, o a las mujeres que se prostituyen por dinero.

O a la ola de violencia y crimen que asola a nuestra sociedad mientras los gobernantes se dedican al saqueo y al pillaje más desvergonzado de los recursos de la nación.

O a la existencia de bandas de sicarios, o de grupos paramilitares, o de mafias de diverso signo que matan indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños actuando protegidos por la más absoluta impunidad.

Nada de eso ocupa las primeras planas de la prensa poderosa de nuestro país. Sí, en cambio, la imagen de una supuesta trifulca callejera en la que personas descontentas son subidas a un vehículo para ser trasladada no a un centro penitenciario, ni a un campo de concentración, ni a un paredón de fusilamiento, sino simplemente a su propio domicilio.

Los cabilderos de la prensa oficial no quieren reconocer que Cuba es -aunque les duela- el único país de América «en el que de manera plena se ejerce el respeto integral de los Derechos Humanos. Todos los ciudadanos tienen allí garantizado su derecho a la vida, a la salud, la educación, el trabajo, el salario, el pensamiento, la palabra y la dignidad. En Cuba no hay Comandos de Aniquilamiento, ni ejecuciones extrajudiciales, ni centros clandestinos de reclusión, ni privaciones ilegales de la libertad. En Cuba no existe la tortura, ni hay «presos de conciencia» porque no se persigue a nadie por lo que cree o por lo que piensa», como lo señala el pronunciamiento del Comité Peruano de Solidaridad con los 5, que funciona en nuestro país.

Cuba hoy, se defiende, en condiciones extremadamente adversas, contra el bloqueo y su secuela, la campaña de ataques del Imperio y sus secuaces, las provocaciones contrarrevolucionarias, los actos terroristas y la ofensiva sediciosa de los grupos mafiosos que operan desde Miami, el Estado de Florida.

Una dolorosa secuela de destrucción y de muerte han dejado las acciones concertadas por estos grupos asesinos contra Cuba y su pueblo.

Es deber del mundo, una vez más, salir al frente y defender a Cuba con la fuerza, el coraje y la razón. Ratificar en os hechos la consigna: «¡Con Cuba, siempre…!»

Y los peruanos lo haremos, sin duda, el próximo sábado 27 en una Marcha Solidaria convocada por los jóvenes, pero que cuenta con la adhesión de muchos.

Como bien recuerda el Comandante Tomás Borge, embajador de Nicaragua en nuestro país, la razón de ser de la Revolución Cubana es proteger y dar sustento a la vida, mientras la política de la clase dominante en nuestros países, es alentar la muerte. Que nadie lo olvide (fin)

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / www.nuestra– bandera.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.