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Anteproyecto de Reforma Constitucional

¿Cuál es la pregunta correcta?

Fuentes: OnCuba

A partir del 13 de agosto y por espacio de noventa días los cubanos residentes en Cuba tendremos la oportunidad de emitir nuestros criterios acerca del Anteproyecto de Reforma Constitucional, un ejercicio trascendental para todos. Es esencial para nuestro afán por mejorar nuestra economía, lograr una ley de leyes que permita e impulse también la […]

A partir del 13 de agosto y por espacio de noventa días los cubanos residentes en Cuba tendremos la oportunidad de emitir nuestros criterios acerca del Anteproyecto de Reforma Constitucional, un ejercicio trascendental para todos.

Es esencial para nuestro afán por mejorar nuestra economía, lograr una ley de leyes que permita e impulse también la producción y el incremento de la riqueza nacional, así como su distribución equitativa entre sus ciudadanos.

Es por esa razón conocida de que en la primera sesión de la Asamblea Nacional se sometería a discusión de los delegados el Anteproyecto de nueva Constitución, que me sorprendí tanto cuando, a inicios de julio, se divulgaron las nuevas normas «perfeccionadas del trabajo por cuenta propia», después de once meses de haber sido detenida la entrega de nuevas licencias.

Ahora mismo no sé si las nuevas normas «perfeccionadas» serán coherentes con nuestra futura ley de leyes. De hecho, según lo que vi en la televisión nacional, entre los asuntos que deberán ser resueltos después de aprobada la nueva Constitución está el de la Ley de Empresas y el de la Ley de Cooperativas. Ambas aparecieron así, sin apellidos, en una diapositiva en uno de los momentos de la discusión por nuestros diputados, por lo que es posible esperar una Ley de Empresas que, entre otras definiciones, también de alguna forma defina, por fin, el rol de la pequeña y mediana empresa y el papel de la empresa estatal y de la no estatal, privada nacional o cooperativa.

Para nuestra situación de hoy y para nuestro futuro es indispensable que así sea. Especialmente si tenemos en cuenta que este primer semestre nuevamente el crecimiento del PIB alcanzó el 1,1 por ciento sobre el mismo período del año pasado y que se mantiene una situación muy difícil en los ingresos provenientes de las exportaciones de bienes. Sin recursos externos suficientes y con una baja tasa de ahorro interno, es muy difícil crecer. A ello habría que sumar las dificultades con los pagos a proveedores y la insuficiente dinámica de la inversión extranjera directa. Si atendemos a la estacionalidad de la economía cubana, entonces es posible esperar una tasa de crecimiento muy parecida a la obtenida en este primer semestre.

Pero como sabemos, no solo es importante la tasa global de crecimiento, también la calidad de ese crecimiento es relevante, tanto en el sentido de que sea un crecimiento «sano» ( déficit fiscal, crecimiento del empleo, de la productividad media del trabajo, etcétera) como en el de los sectores que lo impulsan. Hoy, lamentablemente, no tenemos datos para poder interpretar ese 1,1 por ciento de crecimiento. De todas formas, nos sigue diciendo que andamos lejos de la tasa que necesitamos.

Crecer parece seguir siendo la tarea inmediata, nunca bien cumplida. Cuba lleva ya un largo período de más de 6 años con un crecimiento que ronda el 2 por ciento promedio anual. Es cierto que crecer no lo es todo, pero no se puede aspirar a tener una economía próspera con tasas de crecimiento tan bajas. Por eso las políticas, nuestras políticas económicas y nuestras instituciones (las reglas del juego) deberían estar alineadas con este propósito.

Nuestras bajas tasas de crecimiento han traído como consecuencia la pérdida de puestos de trabajo, el retraso en la mejora significativa del salario, la emigración de la fuerza de trabajo calificada (la mayor de todas nuestras fortalezas en términos económicos) y la pérdida de miles de profesionales que han emigrado.

Es cierto también que venimos de una historia en la que el Estado era prácticamente el único creador de empleos. Una época en que, además, una parte importante de ese empleo se creó en sectores de muy baja productividad, a veces a todo costo. Pero esa época pasó hace ya un buen tiempo.

Ni el Estado puede ni la economía de hoy alcanza a repetir aquella historia. Ser consecuente con esta nueva realidad obliga, a mi juicio, a crear reglas de juego que nos permitan aprovechar todas las posibles fuentes de crecimiento.

¿Qué queremos promover o qué queremos evitar?

Fue un abogado quien, en una intervención en un evento en la Universidad de La Habana, puso el título a este artículo.

Él afirmó que nuestra manera de «legislar» o de decidir políticas respondía más a la pregunta «¿Qué queremos evitar?» en vez de aquella otra: «¿Qué deseamos promover?»

Lo cierto es que para algunos de los asuntos que hoy están sobre la mesa, la pregunta más frecuente ha sido qué queremos evitar. No cuestiono la validez de la pregunta, pero me preocupé cuando me di cuenta del peso de esta y de sus efectos sobre el futuro de nuestro país.

Busqué cuántas veces aparecía en las nuevas disposiciones sobre el llamado trabajo por cuenta propia la palabra «promover» y, para mi sorpresa, mi procesador de texto me respondió que esa palabra no se encontraba. Lo hice también con la palabra «facilitar» y la respuesta fue la misma.

Discutir los detalles de esas nuevas disposiciones llevaría mucho tiempo y espacio, solo llamo la atención de que en ese «perfeccionamiento» del trabajo por cuenta propia, volvió a quedar sin respuesta el asunto de poder ejercer profesiones de mayor complejidad y se prefirió seguir adoptando una lista positiva de oficios. Se excluyen aquellos asociados al ejercicio de profesiones de alta calificación, con lo cual se «estimula» que un ingeniero se convierta en vendedor de productos agropecuarios, o chofer de auto o vendedor de maní o que, buscando mejorar su economía personal o familiar, emigre a otro país.

No creo que sea esa una buena manera de solucionar los problemas que hoy tenemos y menos aún a tratar de disminuir la emigración de profesionales que Cuba está padeciendo desde hace ya muchos años.

La Reforma Constitucional demandará pensar muchas cosas. Será la Constitución que refleje, dijo el presidente Díaz-Canel, la Cuba de hoy y la de mañana; por eso estoy convencido de que nos obligará a volver sobre temas como este y voto por que nos permita darles a estos problemas una solución más coherente con nuestras necesidades.

Fuente: http://oncubamagazine.com/columnas/la-pregunta-correcta/