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Entrevista a Eduard Rodríguez Farré sobre las declaraciones de Boi Ruiz, consejero de Salud de la Generalidad de Cataluña

«Desde principios del siglo XX la salud es un bien público que atañe a la sociedad en su conjunto; en absoluto es un bien estrictamente privado»

Fuentes: El Viejo Topo

Eduard Rodríguez Farré es Doctor en medicina, farmacólogo y radiobiólogo, y profesor de fisiología y farmacología en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (CSIC). Actualmente es miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERSP) del IDCIII. Autor de numerosas publicaciones internacionales sobre toxicidad de contaminantes ambientales, energía nuclear […]

Eduard Rodríguez Farré es Doctor en medicina, farmacólogo y radiobiólogo, y profesor de fisiología y farmacología en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (CSIC). Actualmente es miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERSP) del IDCIII. Autor de numerosas publicaciones internacionales sobre toxicidad de contaminantes ambientales, energía nuclear y salud en revistas científicas de primer nivel, es miembro del Comité Científico de la UE sobre nuevos riesgos para la salud.

Su próxima publicación lleva por título Ciencia en el ágora, El Viejo Topo, Mataró (Barcelona) [en prensa].

*

Me gustaría preguntarte sobre las declaraciones del consejero de Salud de la Generalidad de Cataluña a la Agencia EFE (octubre de 2011), criticadas incluso por Amnistía Internacional, y de la filosofía que a ellas subyace. Permíteme empezar por una de sus afirmaciones centrales: «La salud es un bien privado que depende de uno mismo y no del Estado». ¿La salud es un bien privado que depende exclusivamente de cada ciudadano?

Desde principios del siglo XX -con diversos precedentes en otros momentos históricos- se considera que la salud es un bien público que incumbe a la sociedad en su conjunto; en absoluto es un bien estrictamente privado. Conviene recordar que la salud no es meramente la ausencia de enfermedad, sino -de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y numerosas instancias y organismos similares- un estado fisiológico, psicológico y social adecuado al correcto desarrollo de las personas. De ahí deriva el concepto de Salud Pública que engloba todos los determinantes implicados en la salud.

Algunos ejemplos de esos determinantes

Las condiciones de vida, la salubridad del medio, el control de infecciones, la calidad de los alimentos, la vacunación, la higiene, la potabilidad del agua, la erradicación de la malaria, del tifus, de las fiebres de malta y muchas otras enfermedades, las reglamentaciones laborales, la creación de una red pública de atención primaria y hospitalaria (que en España ha llegado a ser de alta calidad), etc., etc., etc. Muchos, muchísimos más podrían citarse.

Determinantes, respecto a los cuales un individuo aislado, por si mismo, poco puede hacer.

Prácticamente nada. Estamos hablando de condiciones sociales y ambientales. Ello no quiere decir, claro está, que las formas de vida de cada sujeto no tengan influencia en su estado de salud.

Pero si me permites hay personas con vidas poco saludables que gozan de buena salud y otras en cambio de vidas más «adecuadas» que enferman más fácilmente

Aunque el criterio de «vida saludable» no deja de tener unos componentes que dependen o son funcionales a cada cultura, conviene insistir en el ya muy antiguo concepto de que el enfermar es la resultante de muchos factores. Entre ellos, la constitución biológica de cada individuo. De esta forma, para algunos individuos su «vida disipada» tiene efectos sobre su salud muy diferentes a los que ocasiona en otras personas. Esto que señalo es claramente observable, por ejemplo, entre los fumadores. Algunos, a los 90 años, se encuentran bastante bien de salud y otros, en cambio, a los 50 padecen cáncer de pulmón. Ahora bien, lo que es indiscutible desde la perspectiva de la salud pública -¡este punto es muy importante!- es que el conjunto de fumadores de una determinada población padece con mayor frecuencia una serie de patologías que los no fumadores y, además, también fallecen antes. Es el concepto poblacional frente al estrictamente individual.

¿La salud no depende en ninguna medida del Estado como afirmó el consejero de Salud en estas declaraciones?

Depende obviamente del tipo de Estado. Si nos remontamos al feudalismo, a las monarquías medievales, a los Estados capitalistas puros, la respuesta es que no, que la salud no depende de esos Estados. ¡Que cada individuo se las apañe como pueda y, si no puede, pues peor para él! Ahora bien, si consideramos los Estados llamados del bienestar, el Estado organiza -en mayor o menor medida- la atención sanitaria y la salud pública con el dinero que cotizan los contribuyentes. También ha ocurrido -y ocurre- en países de tradición socialista.

No olvidemos, por otra parte, que la investigación en medicina y salud es posible gracias a recursos públicos dirigidos a estos fines. Sin esta investigación, muchos éxitos que se han conseguido -y que benefician a todos, a toda la ciudadanía sin exclusiones de ningún tipo- no se hubieran alcanzado. Este es otro punto más de la importancia de lo público.

Distingues entre atención sanitaria y salud pública. De esta ya has hablado antes; cuando hablas de atención sanitaria, ¿a que te estás refiriendo concretamente?

Atención sanitaria es el conjunto de centros a los que el ciudadano puede acudir cuando tiene un problema de salud (CAPS, hospitales, etc)

Desde el punto de vista del señor Boi Ruiz, el usuario -ese es el término elegido por el consejero de Salud, no por el consejero de Comercio ni de Industria- «debe tener la responsabilidad moral de que cuando no trata bien a su salud la tenemos que pagar entre todos». ¿Qué crees que intenta decir el conseller con una afirmación de este tipo? ¿Qué puede significar tener la responsabilidad moral de tratar bien nuestra salud?

¿Responsabilidad moral? ¿Qué quiere decir con eso? Mezclar moral con salud, ¿eso cómo se come?

Tal vez de la forma siguiente: si tú llevas una vida, digamos, imprudente, es muy probable que enfermes. Con ello te verás obligado a usar la atención sanitaria pública, a gastar recursos que entre todos hemos financiado. De esta forma tú eres responsable moralmente, por tus elecciones vitales, del gasto que la sociedad se ve obligada a realizar por tu mala e irresponsable cabeza.

Si me pongo en una perspectiva economicista, que no es la mía desde luego, te diría que un fumador paga en impuestos (el coste de cada cajetilla los lleva incorporados en impresionante cantidad), a lo largo de su vida, una enorme cifra que se ingresa en las arcas del Estado…

Constato que no eres fumador.

Puedes hacerlo si quieres, pero tanto daría que lo fuera para lo que estoy argumentando. Como decía: los impuestos pagados por el individuo fumador, a partir de cierta edad, compensan bastante los costos del tratamiento de sus afecciones. Lo mismo puede aplicarse a las personas que ingieren bebidas alcohólicas.

Pero desde una óptica social y de salud bien considerada, no podemos imaginar que todos los ciudadanos -que no usuarios o consumidores- deban seguir unas normas de vida estrictamente normalizadas según unos criterios dictados por los responsables políticos de salud y que sean, además, de obligado cumplimiento para poder ser atendidos, si es el caso, por el sistema sanitario. Orwell y su 1984 empieza a ser superado en control social. ¡Qué sociedad puede tener in mente el Sr Boi Ruiz cuando efectúa una afirmación de estas características!

Por otra parte, según el consejero catalán, no hay un derecho a la salud. Te recuerdo innecesariamente, ya lo sé, los apartados del artículo 43 de la Constitución española

¿La de la II República?

No, la de 1978. Los apartados: «1. Se reconoce el derecho a la protección de la salud. 2. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La Ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto. 3. Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo facilitarán la adecuada utilización del ocio». El artículo está en el capítulo III -«De los principios rectores de la política social y económica»-, no en la sección II del texto constitucional -«De los derechos y deberes de los ciudadanos»-, pero parece clara la referencia a las competencias de los poderes públicos. ¿Los ciudadanos españoles no tienen derecho a una asistencia sanitaria pública y de calidad?

Estos derechos a las que haces referencia están también recogidos en el Estatuto de Cataluña. Quizá el Sr. Boi Ruiz no lo haya leído. Se mire como se quiera mirar, la constitución española y las normas estatuarias amparan el derecho a la salud de todos los ciudadanos. Tal vez el consejero haya pretendido hacer alguna declaración no constitucional dentro de su esquema de privatización del sistema de salud.

Déjame insistir sobre este nudo. Si no he entendido mal, a veces no es fácil, la razón alegada por el señor Boi Ruiz para justificar que la salud no es un derecho es la siguiente: la salud «depende del código genético que tenga la persona, de sus antecedentes familiares y de sus hábitos». ¿De eso depende la salud de los ciudadanos? ¿Nuestra salud cuelga exclusivamente de esos nudos?

Los trastornos genéticos constituyen una ínfima parte de la morbilidad observada (alrededor del 1%)…

Morbilidad… ¿Puedes precisar el concepto?

Se entiende por morbilidad la cantidad de personas que enferman en un espacio y tiempo determinados, de ahí que se hable en ocasiones de la tasa de morbilidad. Es un dato de gran importancia para poder comprender la evolución, los avances o retrocesos, de una determinada enfermedad, al igual que las razones de su irrupción y las posibles soluciones.

Continúa si te parece. Hablábamos de trastornos genéticos.

Existen predisposiciones genéticas a determinadas patologías, pero ello representa sólo un porcentaje determinado para su manifestación, la cual depende de numerosos factores en relación con el medio y las condiciones de vida. Esto quiere decir que no es inexorable la manifestación del trastorno por la carga genética. Se puede concluir por lo que estamos hablando que el Sr. Boi Ruiz -al menos según sus declaraciones a la agencia EFE- no está muy al día de los conceptos actuales sobre la salud y el enfermar.

Te lo he oído a ti y a Joan Benach más de una vez: la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste desde hace décadas en la estrecha relación que existe entre el estado de salud de una población y el sistema de salud que la atiende. Para la OMS, «el derecho a la salud obliga a los Estados a generar las condiciones en las cuales todos los ciudadanos puedan vivir lo más saludablemente posible». ¿Está errada la OMS cuando habla de derecho a la salud en contraposición a las declaraciones que comentamos del consejero de salud?

No, no lo está, en absoluto. Lo que señalas refleja con precisión los conceptos actuales a que antes aludía sobre los determinantes de salud y de enfermar que, por lo que parece, no son las categorías que usa todo un consejero de salud.

Por lo demás, aunque fuera el caso, aunque la salud dependiese del código genético, de los antecedentes familiares y de los hábitos de cada uno de nosotros, ¿se infiere de ello que las instituciones públicas tienen que jugar un papel secundario, acaso marginal, en temas de salud?

Tampoco, en absoluto. De lo primero, de esa suposición que formulas y que no debemos admitir, no se infiere lo segundo. El criterio del Sr. Ruiz es estrictamente político, neoliberal, no tiene ninguna base científica. Los conocimientos científicos no justifican sus consideraciones, de ninguna de las maneras.

Por otra parte, el conseller señaló en sus declaraciones que en toda Cataluña hay unas 1.300 citas diarias de pacientes que no asisten a la consulta. Desconozco la validez de la cifra, ni qué citas están incluidas en ese número, pero ¿te parece especialmente significativa? Según el conseller -o según alguno de sus asesores- cada año se pierden unas 330 mil visitas de médicos especialistas, un derroche de recursos, en su opinión, «que tiene un coste anual de más de 10 millones de euros». ¿Qué te dice tu ojo clínico de esas cifras?
 

Desconozco yo también la bondad de estas cifras, que desde luego habría que estudiar y, si son correctas, intentar corregir. Pero ello no justifica, aunque él pretenda hacernos creer lo contrario, penalizar la atención a la inmensa mayoría de pacientes y, menos aún, adoptar medidas privatizadoras. Diga lo que diga el Sr. Ruiz la ciudadanía -que no usuarios- en su conjunto no es un grupo de seres irresponsables que gastan los recursos públicos sin miramientos. Todo eso es humo, una máscara que quiere encubrir una determinada política cuya orientación ya hemos comentado.

En esas mismas declaraciones, el señor Boi Ruiz sostuvo también que el sistema tiene unos recursos inferiores a los que se necesitarían. Ello comporta, en su opinión, una política de racionalización. ¿Por qué el sistema tiene unos recursos inferiores a los que se necesitarían? ¿Es inevitable la situación, es acaso alguna ley desconocida de la evolución social?

No es inevitable ni es ninguna ley social desconocida. Nada de eso. Por un lado, los recursos asignados al sistema de salud son inferiores -en términos de porcentaje del PIB- a los requeridos si los analizamos comparativamente, si pensamos en lo que ocurre en otros países de nuestro entorno incluso en estos momentos.

Por otra parte, una racionalización del gasto -que no implica en absoluto una privatización-, sin mermar la asistencia, no es algo a lo que los defensores de la sanidad pública nos opongamos. Al contrario, se llevan años insistiendo en ello, en especial en el uso excesivo de tecnologías y medicaciones no justificadas.

Déjame insistir en esto último. Esta política de racionalización a la que alude el consejero de Salud, ¿justifica en tu opinión la política sanitaria que está realizando «el gobierno de los mejores» de Mas y Mas-Colell, los recortes de casi 1.000 millones de euros, el 10% del presupuesto, que han obligado a cerrar, entre otros servicios públicos, ambulatorios y servicios hospitalarios?

No. La política que defienden no tiene nada que ver con la racionalización a la que aludía anteriormente, nada. Racionalizar, ser o actuar responsablemente, con prudencia, con justicia, es cosa muy distinta. Y permíteme una pregunta, ¿por qué hay que recortar inexorablemente en sanidad cuando apenas se hace nada contra el fraude fiscal de las grandes fortunas, de las grandes empresas, y se aprueban por otra parte mega-ayudas a la banca, leyes de sucesiones que favorecen a sectores muy privilegiados? Puestos a racionalizar, ¿no habría que racionalizar estas políticas? ¿De qué racionalización se está hablando realmente?

El lector ya está en condiciones de responder a la pregunta que formulas en mi opinión. Por otra parte, el Sr. Boi Ruiz se ha quejado también que se está usando la sanidad para hacer política: no se hace política sanitaria sino política con la sanidad. Suenan a antiguas, a muy antiguas estas consideraciones, y parece como si él no hiciera precisamente política con la salud. ¿Crees que las protestas ciudadanas y de los trabajadores sanitarios se ubican en esa casilla: «hacer política»?

 Esto, si me apuras, es casi inadmisible, una infame forma de maleducar a la opinión pública. Es lucha político-cultural en estado puro abonada por alguien que acusa a los demás de hacer política.

¡Pues claro que es hacer política! ¿Cómo si no? Todo o casi todo es política, todo tiene que ver con la forma en que pensamos que es mejor organizar las necesidades y el espacio públicos. ¿Los médicos, los enfermeros, los trabajadores sanitarios hacen política cuando protestan por sus planes de recortes y privatizaciones? Pues claro, ¿qué pueden hacer si no? Responden políticamente a las agresiones políticas de su consejería. ¿No pretenderá el señor Boi Ruiz que nos traguemos el cuento de que los demás hacen o hacemos política y él, en cambio, sólo hace lo que es más razonable, sin partidismo alguno, para atender el bien público, una entidad por cierto en la que no acaba de creer en demasía dada su obvia y no ocultada cosmovisión neoliberal?

El conseller de salud es doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona -en 2008, con una tesis sobre gestión sanitaria, no de investigación médica- y diplomado en Gestión Hospitalaria por la Escuela de Alta Dirección y Administración de Barcelona. Acumula mucha experiencia en estos ámbitos. De hecho, no sé si aún lo sigue siendo, es el presidente de la Unión Catalana de Hospitales, entidad de la cual fue director general, de la Fundación Unión y también ha sido director de la consultora del sector salud Know-How Advisers. Este currículo de gestor y de ejecutivo la empresa privada, ¿puede influir en su política sanitaria? Más claramente, ¿crees que Ruiz García es un defensor de la sanidad pública?

No lo creo, lo pienso. El Sr. Boi Ruiz es, sin lugar a dudas, un defensor de la sanidad privada. Basta con atenerse a sus declaraciones por no hablar de sus decisiones y acciones. Es evidente. Ahora bien, quien lo nombró como consejero sabía bien a quien elegía. Su política no es una política personal, no es «la política del señor Boi Suárez», es la política del presidente de la Generalidad y del gobierno que él preside en su conjunto.

Creo que tú mismo me has comentado que una de sus primeras decisiones fue la supresión de la dirección general de salud pública. ¿Es el caso?

Es el caso. ¡Qué puede importar la sanidad pública… cuando se promueve la privada! Esa es la razón de la supresión de esa dirección general. Es de libro, de manual de introducción básica.

Carlos Jiménez Villarejo, persona sensata y prudente donde las haya, ha escrito recientemente: «La durísima política contra la sanidad pública del Gobierno de CiU está vaciando el contenido, que creíamos intangible, del Estado social, lesionando derechos fundamentales de la persona, el de la asistencia sanitaria, y tratando a los pacientes y a los profesionales sanitarios como si de una mercancía se tratara en una economía de mercado a la que se subordinan los derechos de las personas». ¿Ha exagerado esta vez el ex fiscal anticorrupción? Según su punto de vista, el Gobierno de CiU ataca frontalmente el desiderátum del preámbulo constitucional -«asegurar a todos una digna calidad de vida»- y vulnera de forma reiterada los derechos a la salud proclamados en los artículos 43 de la Constitución -antes hacíamos referencia a ellos- y el 23 del Estatuto. En su opinión, los derechos sociales pueden y deben entenderse como irreversibles. En tal medida, «cualquier actuación, por acción u omisión, de los poderes públicos que limite gravemente su satisfacción está afectando al derecho básico a la dignidad humana». Por ello, añade el ex fiscal, «el incumplimiento de los poderes públicos de su deber de prestación en la sanidad puede entenderse como una forma de discriminación, conducta constitucionalmente prohibida. Exigencias manifiestamente incumplidas por el Gobierno de Cataluña». ¿Crees tu también que estamos en este punto?

Sin lugar a dudas. No podría estar mejor expresado. No tengo nada que añadir que mejore lo argumentado y denunciado por Carlos Jiménez Villarejo, una persona que merece mi máxima consideración.

Brevemente si no te importa. Tomo pie en artículos de Andreu Mayayo y Jorge Calero. Si la salud depende de cada uno y no del Estado, ¿qué hace un hombre como Boi Ruiz en un lugar como el que desempeña?

Pues aplicar las políticas de CiU y de su presidente. No hay aquí ninguna inconsistencia.

Calero habla no de recortes sino de desmantelamiento programado de la sanidad pública. Quien siga pensando que el sector público siga protegiendo la salud ya puede olvidarse; estamos ante el recetario neoliberal en estado puro: todo en manos del mercado regido por intereses privados; los pacientes que se busquen la vida. ¿Podemos estar ya ahí?

Se va a ello aceleradamente. ¿Cuántos ciudadanos estamos dispuestos a oponernos?

La última. El consejero de economía, el señor Mas-Colell, un antiguo cuadro del PSUC en su etapa universitaria, inauguró el curso académico del Círculo de Economía haciendo un llamamiento a los empresarios a que ocuparan el espacio que los recortes están dejando en el espacio público. Ni más ni menos. El Sr. Boi Ruiz, en la misma línea, como no podía ser menos, ha hecho también un llamamiento para la contratación de seguros en las mutuas privadas. La patronal Cecot…

No tengo el disgusto de conocerles.

Es una patronal multisectorial que, como ellos mismos anuncian, «promueven y defienden los intereses de las empresas catalanas». Esta patronal, decía, ha sabido corresponder al consejero: le ha concedido el galardón «Mejores prácticas de la Administración Pública»

¡Mejores prácticas de la Administración Pública! ¡Qué barbaridad!

Es un premio que el Sr. Boi Ruiz ha recogido de manos del presidente Artur Mas. ¿Todo cuadra, el círculo se cierra?

Me parece evidente. Están aplicando su programa, su duro programa neoliberal, mientras los sectores sociales que tan bien representan jalean sus oídos y llenan sus vanidades, a pesar de que durante la campaña electoral para las elecciones autonómicas catalanas de noviembre de 2010 no hicieron referencias directas ni a recortes ni a privatizaciones. ¿Cuándo tardará la ciudadanía en darse cuenta?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.