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EEUU presenta más de 750 enmiendas en la ONU para eliminar compromisos de asistencia a países pobres, anular acciones contra el cambio climático y neutralizar el Tribunal Penal Internacional

Fuentes: La Jornada

Se siente, se siente, John Bolton está presente y el nuevo embajador de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas no ha desperdiciado ni un segundo para promover la agenda de Washington aquí: anular casi todo enfoque sobre el desarrollo, el ambiente y la justicia internacional, y en su lugar promover el libre mercado, […]

Se siente, se siente, John Bolton está presente y el nuevo embajador de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas no ha desperdiciado ni un segundo para promover la agenda de Washington aquí: anular casi todo enfoque sobre el desarrollo, el ambiente y la justicia internacional, y en su lugar promover el libre mercado, el control de armas de otros países y cancelar la gran agenda mundial conocida como las Metas del Milenio.

Hoy el Washington Post divulgó la estrategia de Estados Unidos en la ONU al obtener un documento secreto en el cual se detallan los objetivos del gobierno de George W. Bush. Con ello, el proceso de negociación de más de seis meses para formular una declaración sobre pobreza y reforma de la ONU -lista para ser firmada por 175 presidentes y primeros ministros que se esperan para la cumbre de la organización mundial programada para mediados de septiembre- ahora está en jaque.

De pronto, Estados Unidos ha introducido más de 750 enmiendas al borrador de la declaración con lo cual desea, entre otras cosas, eliminar compromisos de asistencia extranjera a países pobres, anular llamados de acción para abordar el cambio climático, tachar toda referencia a las Metas de Desarrollo del Milenio, eliminar toda referencia al Tribunal Penal Internacional y buscar alterar la cláusula en el borrador que insta a los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad a no emplear el veto contra medidas para detener el genocidio, crímenes de guerra o «limpiezas étnicas».

En su lugar, Estados Unidos propone un enfoque que enfatiza la lucha antiterrorista, la promoción de derechos humanos y democracia y mayor control de armas de destrucción masiva. Sin embargo, también se opone al texto -en el borrador- que insta a los países a observar la moratoria sobre pruebas nucleares y a ratificar el Tratado Comprensivo de Prohibición de Pruebas.

En lugar de promover los objetivos de desarrollo mundial adoptados por la ONU en su Cumbre del Milenio en 2000 (donde los países miembros se comprometieron a un calendario en los siguientes 15 años para reducir la pobreza, enfermedades como el sida y otros problemas que afectan a la mayoría del mundo), Estados Unidos desea que el enfoque de la declaración se limite a la reforma de la burocracia de la ONU y establezca mecanismos para la promoción de la «democracia» y de los «derechos humanos».

Washington también desea enfatizar, en lugar del desarrollo y asistencia a los países pobres, la importancia del llamado «Consenso de Monterrey», donde el enfoque es sobre reformas de libre mercado, mayor transparencia de gobiernos y compromisos concretos a cambio de asistencia y reducción de deuda.

Así, menos de un mes antes de que se celebre en esta ciudad lo que algunos dicen es la cumbre mundial de jefes de gobierno más grande de la historia para comprometerse a enfrentar los grandes problemas y amenazas mundiales, Estados Unidos demandó amplias revisiones al borrador de 29 páginas producto de arduas negociaciones multilaterales que comenzaron, en algunos casos, hace más de un año. O sea, al último momento, se propone una renegociación drástica del documento.

Según el New York Times, Bolton propone desechar más de 400 cláusulas del borrador que estaba a punto de ser finalizado para la firma de los asistentes a la cumbre de la ONU, que iniciará el 14 de septiembre.

«El tiempo es corto», afirmó Bolton en una carta enviada a los otros 190 embajadores ante la ONU, e instó a sus contrapartes a participar en negociaciones inmediatas. Pero no cabe duda de que para muchos esto se parece más a un acto de sabotaje que a un intento para sumarse a un esfuerzo multilateral. Pero como siempre, el protocolo y comportamiento diplomático impera en la ONU y pocos embajadores ofrecieron críticas y menos condenas, y sólo se atrevieron, en el más extremo de los casos, a «lamentar» que Estados Unidos haya llegado tan tarde con sus propuestas.

Sin embargo, Washington goza de una coyuntura en la que la institución esta más débil que nunca y es cada vez más difícil defenderla ante tales ofensivas. El secretario general y su equipo continúan agobiados por investigaciones sobre fraude y corrupción dentro de lo que era el gigantesco programa de alimento por petróleo. Por otro lado, una serie de escándalos -desde hostigamiento sexual a violaciones, tanto por altos funcionarios como por fuerzas de mantenimiento de paz- han minado el perfil público de la institución.

A la vez, el daño al «orden internacional» -respeto del derecho internacional, del consenso multilateral y cumplimiento con la Carta de la ONU- provocado por la invasión a Irak, ponen en duda la capacidad y hasta la relevancia de esta organización.

Por otro lado, la ofensiva desatada por Washington está encabezada por un embajador no ratificado por el Senado de su país. Bolton carece de cierta legitimidad ya que fue impuesto por la Casa Blanca empleando una maniobra legal que permite instalar a altos funcionarios sujetos a la ratificación del Senado en puestos durante los recesos legislativos.

El único problema es que sólo pueden permanecer ahí durante el periodo del Congreso actual -en este caso hasta finales del próximo año- a menos que sean ratificados posteriormente. Bolton enfrentaba amplia oposición entre legisladores por sospechas de intimidación a subordinados, manipulación de inteligencia para servir a sus intereses, y su explícito desprecio de la ONU. De hecho, Bolton expresó que la ONU en verdad no existía ya que todos sabían que Estados Unidos mandaba en el mundo y todo lo demás era secundario, y en otro momento dijo que el edificio del secretariado podría perder 10 pisos sin que nadie se diera cuenta.

Pero Bolton no está promoviendo su agenda personal, sino la del gobierno de Bush, como aclaró hoy, una vez más, el Departamento de Estado. «John Bolton está haciendo una gran tarea en nombre de este gobierno. Está haciendo precisamente lo que la secretaria (Condoleezza) Rice le ha pedido en términos de abordar con los otros representantes permanentes… trabajar y hacer este documento un documento efectivo», declaró hoy Sean McCormack, vocero del Departamento de Estado.

La prioridad estadunidense

Reiteró que la prioridad estadunidense es la «reforma de la ONU», y dijo que es normal que en la recta final de toda negociación siempre haya un aceleramiento como el que está ocurriendo ahora entre las delegaciones en la ONU.

A sus 60 años, el organismo enfrenta no sólo los desafíos mundiales de siempre -pobreza, enfermedad, el deterioro del ambiente, los conflictos armados y más- ahora se ha presentado otro: John Bolton. Pero a la vez, las posiciones de Washington aquí ya no deben sorprender a nadie y, de hecho, algunos agradecen que Bolton y el gobierno que representa por lo menos no esconden su agenda detrás de la tan coreografiada y refinada diplomacia que se practica en la sede de la ONU. Al contrario: es tal vez, por el momento, la delegación más honesta y franca en el edificio.

Está por verse qué tan franca y directa es la respuesta cuando lleguen aquí los aproximadamente 175 jefes de otros gobiernos, incluido Vicente Fox, para definir el futuro de esta institución y el pobre mundo al que dicen representar.