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El anacronismo y la manipulación en torno al 12O

Fuentes: Rebelión

«Una celebración, cualquier celebración, es una forma de atribuir significado a hechos del pasado, y eso sólo se puede hacer desde los valores del presente» (Nuria Álvarez) «Los reyes católicos y sus súbditos fundamentaron sus proyectos de vida y aventuras coloniales en la fe, en la creencia, y postergaron (censuraron) la razón y la ciencia […]

«Una celebración, cualquier celebración, es una forma de atribuir significado a hechos del pasado, y eso sólo se puede hacer desde los valores del presente»
(Nuria Álvarez)

«Los reyes católicos y sus súbditos fundamentaron sus proyectos de vida y aventuras coloniales en la fe, en la creencia, y postergaron (censuraron) la razón y la ciencia como «herejías»
(Ollantay Itzamná)

«El 12 de octubre, más que día de festejo (¿qué festejar?) debería ser un día de vergüenza humana»
(Marcelo Colussi)

Si tuviéramos que quedarnos con la máxima expresión de una celebración españolista (esto es, nacionalista española), ésta sería la del 12 de Octubre. Llamada hasta la década de los 50 «Día de la Raza» (obsérvense las peligrosas connotaciones de la denominación…¿qué raza? ¿la española? ¿la castellana? ¿la ibérica?), y hasta la década de los 80 «Día de la Hispanidad» (algo más suave, pero en la misma línea), el 12 de Octubre se perfila cada año como la celebración más anacrónica, rancia y conservadora que tenemos en nuestro calendario. Criticamos mucho, por ejemplo, a Corea del Norte, cuando vemos sus desfiles militares, y la devoción que la gente profesa por sus líderes (al menos ellos conservan su soberanía), pero en cambio nos parece absolutamente normal contemplar los nuestros cada 12 de Octubre.

Y lo cierto es que el periplo institucional, la costumbre y la tradición en torno a este día es de lo más imperialista, como la propia fiesta en sí. Se dice que es el día de la Fiesta Nacional de España (además de la celebración de la Virgen del Pilar en Zaragoza, de corte más folklórico), y también el Día de las Fuerzas Armadas (por ello el desfile al más alto nivel), pero lo cierto es que es la rémora de nuestro pasado imperialista sobre América Latina, la Península del Yucatán y El Caribe. Y como decimos, la secuencia de actos programados habla por sí misma: comienza con una videoconferencia del Ministro de Defensa (el Ministerio más opaco en todos los gobiernos de nuestra reciente etapa democrática, así como el que menos recortes sufre) con los portavoces de las diferentes misiones destacadas en el extranjero (eso sí, siempre en intervenciones «de paz», humanitarias y de reconstrucción del país, pero claro, no haría falta una reconstrucción si antes no hubiese habido una guerra). Después se celebra el desfile propiamente dicho, presidido por el Rey, y con presencia de toda la casta institucional del país, desde el Presidente del Gobierno y todos los Ministros, pasando por los Presidentes de las Comunidades Autónomas, los principales líderes políticos, y de las más altas instituciones del Estado.

El desfile militar este año ha lucido, por primera vez, una bandera de la OTAN, debido probablemente a nuestra progresiva implicación en sus incursiones militares, tanto desde nuestra instalación en la base de Rota del Escudo Antimisiles, como desde la conversión de la de Morón en base militar permanente de la organización militar por antonomasia. Pero y sobre todo, por ser anfitriones, durante estos meses de octubre y noviembre, de las mayores maniobras militares de la OTAN desde la Guerra Fría (las Trident Juncture 2015), con participación de más de 30.000 efectivos de todos los países aliados. Después se celebra el «besamanos» y la recepción oficial del Rey a toda la plana mayor institucional, política y social del país, que consiste en un saludo oficial de los Reyes, uno por uno, a todas y cada una de las personas invitadas, y la posterior recepción, con la presencia de corrillos de periodistas, sin micrófonos ni cámaras, donde se palpa el ambiente de primera mano, e incluso se suelen hacer todo tipo de comentarios que de otra forma no harían. En fin, un espectáculo lamentable, al que sólo puede hacer parangón el Día de la Constitución, en diciembre, donde también se celebra la aprobación de nuestra Carta Magna, de la cual se incumplen sistemáticamente todos los artículos que tienen que ver con los derechos fundamentales y subjetivos de las personas.

Pero más allá de todo ello, hemos de ir al sentido profundo y al origen de la celebración del 12 de Octubre, que no es otro que nuestro «descubrimiento» de América hace unos cinco siglos, hecho que ponemos entre comillas porque no hubo descubrimiento como tal, sino invasión, genocidio, saqueo, expolio y conversión de sus territorios y de sus habitantes. Y todo ello, bajo el pretexto de la época, que no era otro que el religioso. En efecto, ya durante el reinado de Isabel La Católica los dominios del Imperio Español se extendieron a ultramar, bajo la obsesión de la reina de llevar a todos los territorios del mundo conocido y no conocido de la época la fe cristiana, según el pensamiento dominante de aquél entonces, la única fe verdadera. Pero al igual que la intolerancia practicada contra otros pueblos (moriscos, gitanos, musulmanes, judíos, etc.), la conversión a la fe cristiana se realizó a sangre y fuego, es decir, por la fuerza. Bajo la bandera del cristianismo, apoyada por la espada de los conquistadores, se sometieron pueblos enteros por la fuerza, al igual que aquí en España (que aún no era España tal como hoy la conocemos, dicho sea de paso), los «herejes» eran convertidos a la fuerza, mediante el uso de la tortura, y a los más rebeldes, se les quemaba en la hoguera de la Inquisición. Lo que se nos cuenta bajo los trazos de una «gesta gloriosa» o «hazana histórica» de nuestros conquistadores, no fue más que una invasión militar y cultural de aquéllos pueblos, y posteriormente también de la población negra africana, que fue trasplantada a los territorios invadidos como mano de obra esclava.

Y a partir de ahí, continuaron una serie de misiones «descubridoras y civilizadoras», emprendidas por los bárbaros aventureros de la época, cuyo heroico perfil nos han enseñado desde pequeñitos en la escuela. Hemos tenido que llegar a adultos, y a poner en cuestión el pensamiento dominante, para darnos cuenta de que en realidad no se trató de una cuestión descubridora, sino de una cuestión colonizadora, bajo el pretexto religioso. De hecho, podemos afirmar sin lugar a dudas que el descubrimiento de América fue el primer genocidio de la Historia, un holocausto religioso. En menos de un siglo, murieron entre la mitad y las tres cuartas partes de la población indígena. Y eso es justo lo que, supuestamente, celebramos 500 años después, como un acto de orgullo nacional. La población nativa del continente fue sometida y esclavizada, sus recursos naturales expoliados, nuestros compatriotas enviados allí como gobernadores, y sus riquezas contribuyeron a incrementar las arcas de aquél imperio de «las Españas», donde no se ponía el sol. Como vemos, se trata por tanto de una celebración absolutamente denigrante y anacrónica, que debe ser abolida cuanto antes mejor. Es cierto que hoy día América Latina habla nuestro idioma, y que gracias a ello es el segundo idioma más hablado en el mundo, pero para ello, hubo que pagar un precio muy alto durante varios siglos de sometimiento de aquéllas tierras, de sus nativos, de sus costumbres, de sus modos de vida, de sus recursos y de sus propiedades.

No hay, por tanto, nada que celebrar el 12 de Octubre, al menos con el significado que le damos en nuestro país. Más bien debiéramos adherirnos, respetanto la memoria histórica iberoamericana, a la proclamación que hizo Hugo Chávez en 2002, para reconocer la lucha de los hombres y mujeres de los pueblos originarios , como el «Día de la Resistencia Indígena», y tributarles el merecido respeto y reconocimiento a su dignidad como pueblos que resistieron al invasor colonial español. El gran Marcelo Colussi lo expresa en los siguientes términos: «El 12 de Octubre marca la irrupción violenta de la avidez europea (capitalista) en el mundo, llevándose por delante (religión católica mediante) toda forma de resistencia que se le opusiera, y haciendo de su cultura la única válida y legítima, la presunta «civillización». Lo demás fue condenado al estatuto de barbarie. En tal sentido, entonces, lo que se produce en ese lejano 1492 es, con más exactitud, un encontronazo monumental, sangriento, despiadado. Por cierto, salen mejores parados del mismo los que detentaban la más desarrollada tecnología militar. Y para el caso, fueron los españoles. Al día de hoy, esa relación no ha cambiado en lo fundamental, y de la espada y la cruz pasamos a la dependencia tecnológica y a las impagables deudas externas de nuestros países«. Por tanto, basta ya de tanta celebración anacrónica y absurda, basta ya de tanta manipulación de la historia, y basta ya de tanto cinismo e hipocresía cultural. El 12 de Octubre no hay nada que celebrar.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

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