Recomiendo:
11

El neonazismo democrático

Fuentes: Rebelión

Huey Long fue un gobernador demócrata de Luisiana, Estados Unidos, que en 1928 comenzó un vasto programa de obras públicas e incrementó la carga tributaria a las grandes empresas, pues aseguraba que los negocios más solventes debían pagar un mayor tributo al gobierno estatal.

Tachó a los ricos de parásitos y acusó a Wall Street de haber causado los males que sufrió la población rural durante la Gran Depresión. Fue asesinado el 8 de septiembre de 1935. A Long se atribuye la frase: “Si alguna vez el fascismo triunfa en Estados Unidos, lo hará bajo consignas antifascistas”.

Sus palabras proféticas podrían cumplirse hoy. La actual guerra híbrida, con que EEUU y la UE dicen defender la democracia en Ucrania contra Rusia, tiene la finalidad de eliminar a Rusia, prolongando el mayor tiempo posible la operación militar especial que este país lleva a cabo contra los nazis que gobiernan Ucrania, para después terminar con China. Un real engaño a nombre de la democracia, fascismo puro, bien disfrazado.

Ocultando este propósito, el Presidente Biden firmó la “Ley de Préstamo y Arriendo para la Defensa de la Democracia de Ucrania”. Durante el presente y el siguiente año, Washington reforzará la capacidad defensiva de Europa, en particular la del gobierno ucraniano, al que facilitará todo tipo de armamento utilizable con fines militares.

Según Von Clausewitz, la guerra es un acto de fuerza para imponer al derrotado la voluntad del vencedor y se da para resolver los problemas que la política no logró resolver. Eso sucede actualmente. A partir del 9/11, el poder en Occidente fue tomado por los neocon, sector elitista de la ultraderecha de EEUU, que desde la Casa Blanca controla algunos resortes del poder mundial y cuya política consiste en destruir a Rusia y China, con la finalidad de que su país mantenga la hegemonía ‎global.

Elon Musk dice que el Partido Demócrata está secuestrado por extremistas, y los secuestradores, aunque él no lo diga, al eliminar todo diálogo y dejar la guerra como única alternativa, obligaron a Rusia a intervenir en Ucrania, y así evitar en el futuro un conflicto mayor.

‎Cuando Ucrania proclamó su independencia en territorios ancestralmente rusos, Rusia esperó que se convierta en un país amistoso, con el que pudiera mantener estrechos lazos de cooperación, y no que fuera capturado por seguidores de los banderistas, que durante la Segunda Guerra Mundial colaboraron con la ocupación ‎hitleriana y ‎masacraron a cerca de millón y medio de soviéticos.‎

Entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, Ucrania sufrió un sangriento golpe de Estado que derrocó al Presidente Yanukóvich. Por tal razón, en Crimea, Odesa, Járkov, Donetsk, Lugansk y otras ciudades hubo protestas masivas. Sus poblaciones exigían que Ucrania fuera un Estado federal. Como respuesta, el presidente en funciones, Alexandr Turchínov, inició una verdadera guerra en la que participaron las fuerzas armadas.

Victoria Nuland, neocon y alta dirigente del Departamento de Estado de EEUU, fue a Kiev para ‎respaldar a los golpistas del Sector de Derecha, que glorifican a los colaboradores de la ocupación alemana, que, tal cual lo proclamó Stepán Bandera, ideólogo del baderismo, lucharon junto a la Gran Alemania, bajo el liderazgo de su líder, Adolf Hitler, que quería crear un nuevo orden en Europa y el mundo.

Por tales motivos, la primavera de 2014, cuando en Ucrania no había autoridad legítima alguna, Crimea se independizó de Ucrania, se reintegró a Rusia y la población de Donbass decidió en un referéndum su propio destino, proclamando la independencia de ‎las provincias de Donetsk y Lugansk.

Respecto al nazismo ucraniano, el Presidente Putin dijo: “En ningún país civilizado se glorifica a los neonazis a nivel estatal ni las autoridades les animan a celebrar marchas de miles de personas con antorchas y símbolos nazis. Lamentablemente, esto ocurre en Ucrania”. Sin embargo, en Occidente se sostiene que el gobierno de Kiev es demócrata. ¿Será una democracia nazi?, porque nazis sí son, pues usan sus símbolos y marchan al estilo nazi, rinden culto a Hitler, emplean los métodos represivos de las SS, son antirusos y antisemitas, aunque su racismo sea ridículo, pues proclaman: “Primero aparecieron los ucranianos, luego los monos y por último las demás personas”.

Cuando se habla del nazismo en Ucrania, se oye que eso no es posible, pues el Presidente Zelensky es judío, argumento totalmente falso. Reinhard Heydrichn, jefe de la Gestapo y de la Oficina Central de Seguridad del Tercer Reich, organismo que agrupaba a la Policía Secreta del Estado, a la Policía Criminal, y al SD, cuya misión era detectar, investigar y neutralizar a posibles enemigos de los líderes del Partido Nazi; quien fue uno de los principales responsables del Holocausto; Protector de Bohemia y Moravia; presidente de la Organización Internacional de Policía Criminal, luego conocida como INTERPOL; a quien Hitler llamó “el hombre con el corazón de hierro” y formó los Einsatzgruppen, que eliminaron a más de un millón de judíos soviéticos, pues bien, y aunque parezca mentira, Reinhard Heydrichn era judío.

Desde 2014, los ucranianos viven un infierno. ¿Qué dijo Occidente? ¡Nada! Amparados por este silencio cómplice, el régimen fascista de Ucrania prohibió el ruso, la lengua más hablada en este país; proscribió a partidos políticos de oposición; impuso sus leyes ‎amenazando a gobernadores,‎ ‎alcaldes y jueces; asesinó a niños, mujeres, ancianos, opositores, periodistas y escritores; agredió a gente desarmada en Odesa y quemó vivos a cerca de cincuenta de ellos, después disparó contra las ambulancias que conducían a los heridos, y cometió más barbaridades, como el asesinato de quince mil rusos de Donbass en los últimos ocho años. Tanta complicidad hace pensar que en Occidente el fascismo está al borde de triunfar, o ya triunfó con consignas antifascistas.

A fines de 2021, Rusia propuso una estabilidad estratégica que garantice la seguridad de todos los estados, tal como lo determina la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, en una declaración que firmaron cincuenta y siete países: “Ningún Estado puede ‎garantizar su seguridad en detrimento de la seguridad de los demás”, pero sólo encontró mentiras cínicas e intentos de presión y chantaje.

En estas circunstancias, el Ministerio de Defensa de Rusia publicó documentos secretos de la ‎Guardia Nacional Ucraniana, que contenían el plan para el 8 de marzo de 2022 tomar Crimea y ‎Donbass. Las Repúblicas de Donetsk y Lugansk pidieron al Presidente Putin ayuda frente a la agresión de Ucrania, que ocupaba una parte de sus territorios. El 21 de febrero de 2022, el mandatario ruso firmó los decretos de reconocimiento de esas repúblicas y el 24 de febrero de 2022 ordenó el inició de la operación militar especial para desnazificar y desmilitarizar a Ucrania; lo hizo en conformidad con el artículo 51 del capítulo 7 de la Carta de la ONU.

Pese a ello, Occidente apoya a Ucrania. ¿Por qué? En los albores de este siglo, explica el Presidente Putin, los países occidentales auparon a los terroristas del Cáucaso, lo hacían para desmembrar a su país y destruirlo. No lograron ese objetivo, pero tampoco se reconciliaron con el hecho de que Rusia supiera resistir. “Si en Ucrania alguien intenta injerir en los acontecimientos actuales y crear amenazas estratégicas inaceptables para Rusia, debería saber que nuestra respuesta será instantánea y fulminante”, y subrayó que Rusia tiene las herramientas para cumplir esa promesa y ha elaborado ya un plan para ese escenario.

La crisis actual es más peligrosa que la del Caribe de 1962, que se produjo luego de que el Presidente Eisenhower desplegó misiles balísticos con ojivas nucleares en Turquía, lo que puso a Moscú en peligro de ser destruida, por lo que la URSS hizo lo mismo en Cuba. Ventajosamente, en Washington hubo estadistas como los Kennedy, mientras que ahora, el Presidente Biden y los neocon sólo buscan eliminar a Rusia.

El conflicto que se vive puso al descubierto la falsedad de las normas de OMC; la nula fiabilidad del sistema financiero occidental, que robó más de 300 mil millones de dólares de las reservas rusas; la represión a todo lo de Rusia, que prohíbe a sus deportistas competir, a sus artistas actuar, escuchar la música de Chaikovski, la lectura de Dostoyevski y a los gatos siberianos participar en concurso de belleza.

Rusia no va a perder esta guerra, ello permitiría el triunfo del fascismo con consignas antifascistas. En 1941, cuando Hitler la invadió encabezando a Europa continental, el pueblo ruso enarboló un patriotismo digno de encomio, que le permitió vencer. ¿Cómo no va a derrotar a Biden y los neocon, que han formado una especie de cruzada contra Rusia? Su victoria es inevitable, más que nada porque cuenta con la alianza económica con China, también amenazada por los mismos enemigos.

Como dijo Mark Twain: “Es muy fácil engañar a las personas, pero es sumamente difícil convencerlas de que han sido engañadas”. Ojalá no tenga razón.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.