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Hay más terrorismo, no menos

Fuentes: El Mundo

El pasado mes de abril, el Departamento de Estado de EEUU hizo público su informe anual sobre terrorismo en el mundo. Según dicho informe, en 2004 se produjeron 651 atentados terroristas «significativos», con el resultado de 1.907 víctimas mortales. La cifra triplicaba el número de atentados acontecidos en 2003, que fue de 208, con 625 […]

El pasado mes de abril, el Departamento de Estado de EEUU hizo público su informe anual sobre terrorismo en el mundo. Según dicho informe, en 2004 se produjeron 651 atentados terroristas «significativos», con el resultado de 1.907 víctimas mortales. La cifra triplicaba el número de atentados acontecidos en 2003, que fue de 208, con 625 muertos. Las cifras son más reveladoras si se las compara con el informe del año 2002, que registró 198 atentados. El informe de abril provocó reacciones negativas en el Congreso, pues la cifra mostraba que los atentados terroristas se habían triplicado respecto a 2003. El congresista demócrata Henri Waxman dirigió una carta a Condolezza Rice, señalándole que el informe «podría socavar las afirmaciones de éxito en la guerra contra el terrorismo hechas por el Gobierno».

Otro elemento significativo del informe es que excluía los atentados producidos en Iraq, porque no eran calificados como «internacionales», requisito exigido por la ley en EEUU para ser incluidos dentro del capítulo de «terrorismo internacional». Pero en Iraq, según cifras oficiales estadounidenses, en el último año y medio han perecido más de 12.000 iraquíes en atentados de distinto tipo. No obstante, la cifra más estremecedora sigue siendo el número de muertos como consecuencia de la invasión y operaciones de las tropas extranjeras contra los insurgentes, calculado en unos 100.000 iraquíes, casi todos civiles. Los datos indican que EEUU provoca en Iraq más víctimas en quince días que todas las causadas por atentados terroristas en el mundo. Solamente en Faluya perecieron miles de personas, quedando la ciudad totalmente arrasada. Ni siquiera los hospitales se salvaron de los brutales bombardeos y de la destrucción.

En Afganistán, según Amnistía Internacional, al menos 26 afganos han muerto en cárceles del ejército de EEUU desde el mes de diciembre, a causa de las torturas sufridas. Sólo en los últimos seis meses, 42 civiles han muerto como resultado de los bombardeos indiscriminados sobre poblados civiles. (en Londres perecieron 50 personas) Otros 11 afganos murieron por disparos de soldados estadounidenses durante una protesta cívica. Se calcula que unos cinco mil civiles han muerto en operaciones militares desde 2001.

A diferencias de los criminales atentados perpetrados en Madrid y Londres, que han sido obra de fanáticos, las decenas de miles de víctimas en Iraq y Afganistán son resultado de órdenes emanadas de gobiernos democráticos que se dicen defensores de la libertad y el derecho. Los bombardeos son decididos por Jefes de Estado que se arrogan el monopolio de la verdad y la justicia y se asignan la representación del mundo. Las torturas las realizan soldados entrenados y dirigidos por oficiales nombrados por esos mismos gobiernos. Por tal motivo, sus crímenes son más repudiables y sus acciones carecen de la menor excusa.

Las guerras de agresión lanzadas por EEUU en nombre de la lucha contra el terrorismo sólo han servido para que el terrorismo se multiplique y encuentre nuevas causas para su proliferación. El mundo se ha hecho mucho más inseguro y la tendencia es a empeorar, pues con cada nuevo atentado se refuerzan los pretextos para nuevas guerras y cada nueva guerra otorga a los grupos fanáticos nuevos motivos para sus atentados. Un círculo vicioso que recuerda la dinámica del cazador y la presa y que lleva a ninguna parte.

Todos sabemos, hoy, cuántos inocentes fueron asesinados el 11 de marzo de 2004 en Madrid. En su momento sabremos con exactitud cuántos han muerto en Londres. Lo que nunca sabremos es cuántos civiles inocentes han muerto y seguirán muriendo en Afganistán e Iraq. Porque, como dijo el general Tommy Franks, en esos países «no realizamos un conteo de los cuerpos». Son, serán siempre, muertos anónimos. Cifras inciertas. Muertos de segunda en nombre de la grandeza y superioridad moral y militar de Occidente.

Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid [email protected]