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Iraq: carne de cañón con sabor hispano

Fuentes: Servicio Especial de la AIN

El número de bajas producidas por la resistencia iraquí a las tropas norteamericanas es noticia diaria a nivel planetario, aunque en los detalles no se incluye la nacionalidad de los caídos. Si así se hiciera los datos revelarían algunos de los sórdidos procedimientos empleados por la Casa Blanca y el Pentágono para reclutar y enviar […]

El número de bajas producidas por la resistencia iraquí a las tropas norteamericanas es noticia diaria a nivel planetario, aunque en los detalles no se incluye la nacionalidad de los caídos.

Si así se hiciera los datos revelarían algunos de los sórdidos procedimientos empleados por la Casa Blanca y el Pentágono para reclutar y enviar a las zonas de operaciones, en número creciente, a ciudadanos no estadounidense.

Comprender cómo han logrado el ingreso, por ejemplo, de más de 107 mil latinoamericanos en las fuerzas armadas regulares, no resulta difícil cuando se conoce que los reclutadores prometen residencia, permiso de trabajo y hasta la posibilidad de otorgarles la ciudadanía norteña en el plazo de 12 meses.

El contrato es muy específico, pues tales privilegios, perseguidos y muy pujados durante años por los inmigrantes, solo serían recibidos «siempre y cuando hayan cumplido una misión en el exterior».

Deviene asimismo significativo que representando los hispanos el 7,3 por ciento del total de efectivos de las Fuerzas Armadas, el 92 por ciento de ellos son soldados rasos, cabos y otros rangos de menor jerarquía.

La discriminación es evidente. De los 221 mil 093 oficiales de los cuerpos armados, solo siete mil 910 son latinos. Entre los generales de tres y cuatro estrellas, no aparece ninguno.

En West Point, la muy célebre academia de formación de oficiales, los hispanos representan solo el 4,4 por ciento del alumnado. Por su parte, el programa denominado ROTC del Ejército, cantera para los altos mandos, del cual egresan con formación universitaria y muy especializada, la presencia latina está limitada al 2,9 por ciento.

Tales datos muestran muy objetivamente cuáles constituyen las funciones destinadas a los no estadounidenses en el seno de las Fuerzas Armadas.

Una desproporcionada cantidad de latinos están destinados a las unidades dislocadas en las zonas de operaciones de mayor riesgo en Iraq. Según un informe emitido por el Pentágono el dos de enero de este año, asegura que el 11 por ciento de las bajas totales -muertos y heridos- son soldados de origen hispano.

Otro dato «curioso», pero igualmente revelador de lo anterior: Nueve de los 100 primeros soldados estadounidenses muertos en Iraq eran de origen hispano. Seis de ellos no eran residentes legales en Estados Unidos y recibieron la naturalización norteamericana «posmortem».

Por supuesto, nada de esto aparece en los partes diarios del mando de las tropas de ocupación y mucho menos en la copiosa publicidad de los órganos de reclutamiento, dirigida a ofrecer el cruel chantaje en una atractiva envoltura.

Y como si todo esto no fuera suficientemente ultrajante, y el empantanamiento de los ocupantes de la vieja Mesopotamia harto evidente, aparece Bush desde su rancho de Texas, «consolando» a los familiares de las víctimas, con la olímpica afirmación: «Como su comandante en jefe puedo hacerles esta promesa: su sacrificio no será en vano.»

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