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La crisis del modo de vida insolvente

Fuentes: Argenpress

«La política: más cambia eso y más es la misma cosa» (1), ese noto epigrama viene a la mente al saber quienes integran el Gabinete del Presidente Obama. Parece como si las elecciones las hubiese ganado Hillary Clinton, y lo dice el cáustico artículo de Ralph Nader: «La Tercera Administración Clinton» (2) Obama ganó ofreciendo […]

«La política: más cambia eso y más es la misma cosa» (1), ese noto epigrama viene a la mente al saber quienes integran el Gabinete del Presidente Obama. Parece como si las elecciones las hubiese ganado Hillary Clinton, y lo dice el cáustico artículo de Ralph Nader: «La Tercera Administración Clinton» (2) Obama ganó ofreciendo cambio de políticas y políticos, pero en su Gabinete pululan veteranos del gobierno Clinton y hasta del mismísimo George W. Bush. Confiar una crisis a viejas manos es razonable, pero no a las manos responsables del desastre: de la quiebra financiera, moral y legal de Estados Unidos.

La administración Clinton fue precursora de esas políticas que hoy explotan: la desregulación del sector financiero, en lo económico, o los 74 días de bombardeos a Serbia para arrancarle Kosovo, en lo internacional, por ejemplo. La crisis es fruto de la codicia corruptora que vincula grandes empresas y políticos; el mismo fenómeno que produjo la «deuda externa» en el Tercer Mundo, pero en mucha mayor escala. Las designaciones insinúan perseverancia en el error, como cambiar a Condoleeza Rice por Hillary Clinton, en el Departamento de Estado. Un relevo que da continuidad a la política anterior: ambas señoras apoyan guerras agresivas y repiten una frase que lo dice todo: «el modo de vida norteamericano no es negociable» (3).

¿El modo de vida de quien?

¿Por qué ese modo de vida no es negociable? Porque es la base del sistema político norteamericano: una pequeña elite culta y cínica, una masa consumista donde se confunden las desigualdades internas y el pillaje de los recursos afuera y adentro. Un modelo que en más de un siglo ha formado castas empresariales y políticas. Castas, si, porque ese modo de vida no es uniforme. No lo comparten los 37 millones de norteamericanos -1 de cada 8 – que vive por debajo del nivel de pobreza y llega a ser uno de cada 3 (21.9%) cuando medimos los menores de edad (4). Un modo de vida donde hay 20% de la población por debajo del nivel de lectura funcional (5). Según America’s Second Harvest (6), la gran red de comida gratuita, 23,3 millones necesitaron sus servicios, en 2001. De esos, un 46% eran negros y un 40% latinos.

Ese modo de vida nutre las tropas norteamericanas de jóvenes pobres. Los que aportan los muertos; los 50 mil de Vietnam, los seis mil de Afganistán e Irak y esas decenas de miles que salvó el chaleco Kevlar, pero quedaron incapacitados. Víctimas jóvenes de un modo de vida donde unos pocos ganan mucho con guerras en países lejanos. Guerras donde se mata en sus casas a millares de inocentes y se destruye el futuro de millones.

El emblema del modo de vida americano es la clase media; la que mueve la economía y suele tener dos empleos. Una clase que trabaja mucho, pero consume más; por eso, a diferencia de sus pares europeos y asiáticos, no produce ahorro. La falta de ahorro nacional obliga a que EE UU se financie afuera y allí comienzan los fraudes de la globalización financiera. El modelo está en crisis -básicamente- porque ahora dos salarios no bastan: el costo de vida sube, los salarios no y el empleo se hace precario. La clase media norteamericana no puede gastar más. Abrumada por tarjetas de crédito e hipotecas impagables, la clase media sucumbe, sin poder negociar un Bailout (7).

Los que si lo negocian son los dueños del «modo de vida». Negocian compensar los fracasos gerenciales cometidos en su exclusivo beneficio, con dineros del contribuyente, hipotecando futuras generaciones. Son los banqueros que pidieron y reciben 750 mil millones de dólares (inorgánicos) de la Reserva Federal o los del «CITI group» que pidieron y reciben otros 300 millardos. Allí están los fabricantes de automóviles ineficientes que piden y recibirán 34 millardos (8). Empresas gigantes que premian la pésima gestión de sus ejecutivos con salarios siderales (9) y más aún, los dejan en los cargos. Mientras tanto docenas de programas en salud y educación fueron eliminados en febrero, por economía presupuestaria (10). Es un modelo donde la ganancia es privada y las pérdidas son del pueblo.

La mecánica de ese modo de vida

El modo de vida americano es una lucha entre lo económico y lo social, cuyo eje es el consumo. Un sistema dispendioso, que esclaviza a quien puede consumir y excluye a quien no puede. Un modo de vida despilfarrador de recursos y contaminador de su espacio y del espacio ajeno; como que Estados Unidos es responsable del 36,1% (11) de la contaminación global, con sólo un 4% de la población mundial.

El énfasis en el consumo tiene una razón política; es un elemento central para desinteresar al público de la cosa pública, de la «res publica» romana, cuya manejo supervisado por representantes del pueblo legó el concepto de «república». En Estados Unidos y otros países, esa representación degeneró en un sistema de sobornos electorales, bien descritos en el libro «La mejor democracia que el dinero puede comprar» (12).

Otro elemento de esa mecánica es el carnaval electoral norteamericano, cuya temática es siempre superficial y esquiva las realidades sociales propias e internacionales. Su orientación busca estimular el voto de quienes gozan un «status» aceptable y desalentar -y a veces impedir- el voto de grupos sociales claramente desfavorecidos.

Las elites parásitas y la decadencia cultural.

La situación no es única de los Estados Unidos. En casi todos los países hay elites que practican esas políticas, con la limitación que les imponga la cultura de la población. Mientras más culta la población, más difícil manipularla. Por ese motivo se desmantelan los programas educativos y en nombre de la modernidad se «simplifican», sobre todo eliminando las materias que alimentan el pensamiento social, como historia, literatura o filosofía.

El modelo estadounidense evita la cultura general; la secundaria enseña rudimentos apenas suficientes para trabajar. La educación superior – cada vez más cara e inaccesible – se enfoca a una especialización de escasa visión periférica y poca referencia cosmopolita. La falta de cultura y la religión del consumo, hacen en esas masas el efecto del opio (diría Lenin).

En Europa, América Latina o los países asiáticos, en todos, se imparte un bagaje cultural superior al norteamericano; sobre todo en los centros educativos primarios y secundarios, que es el nivel educativo de las mayorías. En la educación superior, Estados Unidos tiene prestigio para especializaciones, pero es visible la gran cantidad de profesores extranjeros: asiáticos, europeos o latinoamericanos, al punto de parecer una mayoría.

La decadencia industrial y del modelo económico

Estados Unidos tuvo unos años de protagonismo industrial, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando sus bombarderos habían destruido la infraestructura civil e industrial de sus competidores europeos y orientales (13). Desde los años 60, con fábricas reconstruidas según las últimas tecnologías, las exportaciones de Alemania, Francia, Italia y Japón desplazaron a las norteamericanas en el mercado internacional y en su propio mercado. A ese cuarteto se le sumaron otros, entre los que destaca China.

Ese vuelco hizo que desde los setenta, el déficit comercial de Estados Unidos creciera hasta un nivel insostenible (800 mil millones de dólares, 2007) y eso se pago emitiendo bonos del tesoro hasta llegar a una deuda pública sideral (59.1 billones en 2008 [trillions] (14)), es decir 516 mil dólares de cada hogar estadounidense. Ese déficit beneficia a la elite empresarial y a Wall Street, pero es caro para los otros: la clase media asalariada y los trabajadores cuyos empleos se exportaron para importar ganancias.

El criterio de la ganancia empresarial como única razón económica es esencial en el modelo. Es un modelo adoptado, en Europa y Latinoamérica por influencia de las transnacionales y un colonialismo cultural. Desde la segunda post-guerra, las clases adineradas extranjeras suelen enviar sus hijos a perfeccionarse en Estados Unidos. Allí muchos asimilaron la retórica de los Estados Unidos como «El Modelo»; en lo político, lo académico y lo económico. El modelo del mercado y la competitividad que no practican (subsidios/bailouts) y donde el púlpito son los «Business School». El modelo que negocian en la OMC y dictan en los TLCs.

Quien paga por el modelo

Las ganancias del modelo las pagan los de abajo y los de afuera. Cuando el planeta usa dólares, paga un señoreaje al consumismo en Estados Unidos, algo similar a los tributos de las provincias romanas gastados en tener tranquila a la plebe de Roma: pan y circo. Pero el Imperio Romano era más generoso que el actual: primero, porque sus denarios, en oro, tenían un valor intrínseco real; luego, porque su cultura (acueductos, carreteras, derecho romano, tribunales, seguridad) elevaba la calidad de vida de sus habitantes; finalmente, porque todo hombre libre en aquel vasto imperio podía mudarse donde quisiera. El penoso Muro del Río Grande es, ante todo, un monumento a la mezquindad.

Conclusión

«La oposición es el anden donde esperan vociferando los ambiciosos» (15), escribió Ramón Díaz Sánchez. Un alternar de ambiciosos puede durar largo tiempo, hasta que los excesos generan su propia crisis. Algo visto en Latinoamérica. En EE UU, la quiebra del sistema dirigido por «Wall Street» y el apoyo político a los ultra-millonarios rescates a cargo de deuda pública, evidencian que el sistema roba a pobres para darle a ricos. El «modo de vida» insolvente norteamericano se acaba. La crisis será dura, pero necesaria para que germinen nuevas ideas que superen su banal temática bipartidista y su ensordecedor mercadeo. Llegó la factura.

Notas:

1) La politique : plus ça change, plus c’est la même chose. Les Guêpes, Alphonse Karr. 1849

2) The Third Clinton Administration, Ralph Nader, Counterpunch, November 22, 2008 ; www.counterpunch.org

3) «The American Way of Life is not negociable».

4) U.S. government does relatively little to lessen child poverty rates ; Sylvia A. Allegretto, Economic Policy Institute, July 19, 2006 .

5) http://en.wikipedia.org/wiki/Poverty_ in_ the_United_States

6) http://www.secondharvest.org

7) Ejectar: termino usado cuando el Estado da dinero a una entidad en bancarrota para que pagar sus deudas

8) $18 millardos General Motors; $13 millardos Ford; $7 millardos Chrysler.

9) Mr. Wagoner de General Motors recibió $15,7 millones de salario y bonos, en 2007, el mismo año que la empresa perdió $38,7 millardos; por ejemplo. El caso se repite en Europa, por ejemplo, M. Kielholz de Credit Suisse recibió 16 millones de francos suizos, en 2007, el mismo año en que su empresa perdió $ 2 millardos.

10) New York Times ; » Bush to seek budget cuts, except on child health «, february 2, 2008

11) The USA is the world´s biggest polluter; http://www.vexen.co.uk/USA/pollution.html#Pollution

12) «The Best Democracy Money Can Buy» de Greg Palast. Penguin Group, 2004.

13) La bomba atómica de Nagasaki – mientras se negociaba ya la rendición- fue encima de la Mitsubishi.

14) Wikipedia US Public Debt; http://en.wikipedia.org/wiki/United_States_public_debt

15) Ramón Díaz Sánchez, «Guzmán, elipse de una ambición de poder» Caracas, 1950.