Recomiendo:
0

Reportaje desde el campamento Oceti Sakowin

La lucha en Standing Rock es mucho más que una protesta contra un oleoducto

Fuentes: SRE-Claridad/Rebelión

Standing Rock, 8 dic 2016 (SRE/Claridad).- Los manifestantes acampados en el campamento sioux Oceti Sakowin para evitar la finalización de un oleoducto consideran que su lucha es mucho más que la simple paralización de una infraestructura que pondría en peligro los recursos acuíferos de la región. La llamada de los siux ha sido respaldada por […]

Standing Rock, 8 dic 2016 (SRE/Claridad).- Los manifestantes acampados en el campamento sioux Oceti Sakowin para evitar la finalización de un oleoducto consideran que su lucha es mucho más que la simple paralización de una infraestructura que pondría en peligro los recursos acuíferos de la región.

La llamada de los siux ha sido respaldada por más de doscientas tribus de América cuyos representantes siguen llegando a pesar de las brutales condiciones atmosféricas del invierno de Dakota del Norte y de la reciente decisión del gobierno de Barack Obama de denegar el permiso de paso del oleoducto por tierras aledañas a la reserva indígena.

El chamán peruano residente en EEUU Marco Antonio «Incaman» lleva cuatro meses viviendo en el campamento y no tiene la mínima intención de moverse de allí «hasta lo último, cuando la tierra sea libre».

«He estado en muchas protestas como esta, pero esta es totalmente diferente, esta no es de palos y piedras, esta es una lucha espiritual, aquí no hay que hacer nada, solo estar y rezar para aprovechar la última oportunidad que el creador, que nos ha juntado aquí, nos está dando para salvar la tierra, nuestra madre, que nos necesita», dice el hombre medicina.

El chamán menciona la película Avatar, de James Cameron, asegurando que aquí es lo mismo pero en la vida real, que se está defendiendo el árbol de la vida conectado a todo el mundo, aunque este es un árbol que no se puede ver y que ha esparcido sus ramas por todo el mundo. Las hojas de ese árbol caídas en el otoño por todo el planeta son los guerreros de la paz que siguen llegando a Standing Rock desde todo el mundo, asegura.

Señala que este lugar nadie lo conocía y es un sitio pequeño difícil de encontrar antes de que creciera con la llegada de miles de manifestantes. Pero «ha sido la semilla de la que el mundo ha despertado, es un lugar pequeño que ha despertado al mundo entero».

«De lo que pase aquí depende todo el mundo. La humanidad entera depende de lo que pase aquí».
Policías con equipo militar y máquinas excavadoras al servicio de las compañías con intereses en el oleoducto amenazan tras un puente en Cannon Ball al que hasta el pasado septiembre era un pequeño poblado nativo y que ahora se ha convertido en casi una ciudad de tipis y tiendas de campaña.

«Ellos vienen a destruir, nosotros estamos aquí sin armamento. Nosotros estamos aquí a puro rezo»
Cuando los ancianos de la tribu lo deciden, los «protectores del agua» acuden con sus cánticos y danzas y rezos a enfrentar de esa manera a las fuerzas policiales para convencerlos de que se pasen de bando. En varias ocasiones, la Policía ha intervenido con perros, lanzando gases lacrimógenos, proyectiles de goma y agua que se hiela en la ropa de los manifestantes. Se han realizado arrestos, se han producido centenares de heridos, algunos de gravedad.
«Esto es algo histórico porque se han juntado tribus históricamente enemigas a esta tierra sagrada, donde antes hubo mucha muerte, mucha sangre», dice el mexicano Cristóbal Cruz lamentando que todavía en esta tierra «hay mucho racismo y mucha pobreza».

Cruz ha llegado desde California al campamento Oceti Sakowin acompañando a un grupo de mujeres de la tribu Pit River y con un cargamento de tiendas de campaña.

«Aquí vengo con puras mujeres porque a la mayoría de los hombres los han matado o están en la cárcel», explica el mexicano, que narra cómo el Gobierno de EEUU se ha ido apropiando de las tierras de la tribu desde que el terreno en el que se encuentra el Río Sacramento dejó de ser mexicano. Cuenta que en las décadas de 1840 y 1850 con la fiebre del oro en las tierras de los indígenas, «los blancos mataron a los hombres y se quedaron con sus mujeres».
«Hay güeros que también son buenos, pero hay muchos güeros malos», matiza Cruz, que debajo de una tienda de campaña mientras sopla un viento helado sobre la nieve narra historias de abusos sobre los indios que llegan hasta nuestros días.

Recientemente, «un indio grandote que no se dejaba gobernar, se escapo de la cárcel y fueron a cazarlo. No lo arrestaron, lo cazaron, lo rodearon y el primer tiro le dio en la cabeza. Pero le dieron 43 tiros».

Cuando el agua comenzó a ser cada vez más un recurso lucrativo, las grandes compañías comenzaron a explotar el territorio de los Pit River para hacer represas y recanalizar ríos deforestando la región sin contemplaciones. «Primero les prenden fuego a los bosques, cuando no tienen más remedio, después de demandas y demandas», el gobierno les paga por las tierras, pero a 45 centavos el acre, así que muchos no aceptan, pero al Gobierno no le importa».

Una de las últimas manifestaciones en la que participaron los Pit Rivers, con otros nativos americanos, fue la toma, en canoa, de la isla de Alcatraz, donde la famosa prisión que había sido abandonada, el día de Acción de Gracias de 1969, y la ocuparon 18 meses.

Los indígenas aplicaron la Ley de Reorganización India de 1934 y arbolaron el Tratado de Fort Laramie de 1868 entre los Estados Unidos y los sioux, según el cual se devolvía a los nativos americanos todas las tierras retiradas, abandonadas o fuera del uso para el cual fueron adquiridas anteriormente por el Gobierno.

Los protectores del agua todavía se recuperan de la pasada tormenta cuando ya se ha anunciado la siguiente para mañana. En los campamentos todo el mundo se afana por hacer su parte y cada uno hace voluntariamente lo mejor que sabe hacer o dónde haga más falta. El frío es inclemente. Los médicos atienden profesionalmente numerosos casos de principio de hipotermia y pequeñas lesiones. La mayoría de la gente está decidida a quedarse hasta el final y las últimas consecuencias. Nadie confía en que esto se vaya a acabar por la reciente decisión de la Administración Obama. Docenas de hombres trabajan en las carpinterías del campamento para proveer mejores alojamientos. Todos temen que con la llegada a la Presidencia de EEUU de Donald Trump, con inversiones en el proyecto de 3,500 millones de dólares, las agresiones de las fuerzas de represión caerán sobre ellos sin contemplaciones.
«Ellos saben que la palabra del Gobierno americano no se respeta. Se firman papeles, se firman tratados, pero el Gobierno no los respeta», concluye el mexicano de California en Standing Rock.

Misión cumplida, pero seguimos

Standing Rock, 6 diciembre 2016 (SRE/Claridad) – Veteranos de guerra en Standick Rock celebran este martes la decisión del Cuerpo de Ingenieros de EEUU de rechazar el permiso de construcción de un oleoducto a través de dos ríos que abastecen de agua a la adyacente reserva Sioux de Dakota del Norte, pero no han bajado la guardia porque se han puesto manos a la obra para hacer frente a una tormenta que ha dejado incomunicados los campamentos de protesta.

Unas quinientas personas sin habitación y otras tantas alojadas en el casino Prairie Knights (Caballeros de la Pradera), a unos 14 kilómetros de los campamentos, quedaron varadas en las instalaciones a causa de las adversas condiciones climáticas.

La veterana de guerra nativa americana Loreal Black Shawl, de Veterans Stand For Standing Rock, pedía voluntarios entre sus compañeros para realizar una caravana desde el casino con tractores y camiones para llevar suministros al campamento y evacuar de allí a las personas con necesidades de asistencia médica.

Aprovechaba el momento para advertir a sus colegas de que habían llegado a Standing Rock como huéspedes pacíficos de los Sioux y no para participar en enfrentamientos con la policía que hostiga a los residentes en los campamentos.

«No estamos aquí para causar ningún daño. Estamos aquí para proteger. Estamos aquí por la gente. Ninguno de nosotros debe ir a ese puente. Ninguno de nosotros debe participar en las acciones directas. Ninguno de nosotros debe estar armado o incitar a ningún tipo de acción», subrayaba Black Shawl refiriéndose al puente donde hasta ahora se han producido la mayoría de los enfrentamientos y que es el lugar hasta donde ha llegado la construcción de la enorme tubería.

«Vinimos aquí para atraer la atención de la prensa nacional. Misión cumplida. Tenemos aquí a la prensa nacional y el gobierno ha reaccionado rechazando el permiso. Ahora tenemos una nueva misión del día: llevar suministros al campamento y reubicar a la gente que necesita atención médica al casino. Pero debemos estar orgullosos, disfrutemos el momento. No lo dañen participando al alguna acción violenta», insistía la veterana.

La decisión de detener el proyecto Dakota Acces, con 3,500 millones de dólares de presupuesto y construido ya en su mayor parte, fue celebrada con cautela por los líderes nativos, que no solo llevan siglos viendo cómo Washington les dice una cosa para hacer luego otra incumpliendo sistemáticamente cada tratado firmado en detrimento siempre de los indígenas.

Los Sioux quieren aprovechar la lucha contra el oleoducto en defensa del agua, con el lema «Mni Wiconi (el agua es vida)» para continuar un movimiento de reivindicación de sus derechos históricos. Jefes de tribus de toda América han acudido al llamado de los Sioux. Ninguno va a regresar a sus tierras respectivas por el último anuncio del gobierno estadounidense. Son cautelosos, han aprendido diplomacia. Están seguros de que van a permanecer firmes y pacíficamente. Cuando han peleado con las armas han sido exterminados.

Uno de los campamentos de Standing Rock se llama Oceti Sacowin. Es el nombre de la gran alianza que tenían siete grandes tribus de Norteamérica antes de que llegaran los europeos.
«Antes de que esta tierra se llamara Estados Unidos nuestras naciones eran aliadas, pero nos separaron. Ahora ha llegado el momento en el que volvemos a estar unidos. Muchos de nosotros queremos gobernarnos unidos como antes. Estoy orgullosa por la lucha por el agua, pero esto es mucho más. Para nuestra gente, el habernos levantado en la lucha por el agua nos ha ayudado a reivindicar otras cosas», explica a Standing Rock en Español/Claridad la indígena Carole Eastman.

«Ahora la lucha es pacífica. El gobierno siempre ha aprovechado nuestras luchas para decir que somos asesinos, terroristas, cuando ha sido nuestra gente la que ha muerto. Mueres por tu gente y el gobierno dice cualquier cosa de ti, que eres un asesino, un terrorista», asegura Eastman, que explica que a veces no está de acuerdo con las decisiones de los ancianos, pero que están haciendo un trabajo decisivo.

Sonny Chee es un navajo de Utah, veterano de guerra de 29 años, muy molesto con «tantos hippies, tantos hipster» que han llegado a Standing Rock a respaldar la lucha del agua y que se emborrachan en el bar del casino Prairie Knights mientras esperan que pase la intensa y persistente tormenta de nieve.

El hotel del casino se había quedado sin habitaciones disponibles con la llegada de unos tres mil veteranos que acudieron al llamado de los Sioux.
Unas quinientas personas han pasado la noche en el pabellón del casino y en los distintos vestíbulos y pasillos del recinto.
Sonny se indigna cada vez que ve a uno de esos hombres blancos vistiendo ornamentos nativos o emitiendo aullidos de guerra o celebración tradicionales de los indígenas.
«Ellos no se dan cuenta de lo importante que son esas cosas para nosotros. Es una falta de respeto que se pongan plumas en la cabeza», dice Sonny a SRE/Claridad en español, que aprendió en California.

El joven veterano, que sirvió a EEUU ocho años en Irak y Afganistán en inteligencia militar, explica que cada pluma que visten los indígenas americanos refleja una hazaña en beneficio de su pueblo. Deben ser de águilas fallecidas de muerte natural, no pueden ser de águilas cazadas. El águila ofrece sus plumas voluntariamente al morir.
Sonny, que tiene 20 plumas que no viste con cualquier excusa, estudia Ciencias Políticas para regresar a su reserva y ser un líder de su pueblo. Entretanto, ha llegado a Standing Rock para respaldar la lucha de los Sioux en «esta guerra de palabras, de políticas», solo interrumpidas por la violencia policial militarizada que opera según los intereses de los inversionistas del oleoducto y la invisibilización, hasta la llegada de los veteranos, de los medios masivos de comunicación. ie

Ceremonia en Standing Rock

Cannon Ball, 4 diciembre 2016 – Cuando el chamán salpicó el agua sobre nuestros torsos, caras, brazos y piernas desnudos casi al final de la ceremonia, las gotas se evaporaron como si nuestros cuerpos fueran rocas incandescentes.

Wayne, un veterano de guerra nativo americano, me había invitado a participar en la comunión con la Madre Tierra, de conexión con los espíritus de nuestros antepasados y el Creador único, y de purificación de nuestros cuerpos físicos.

Llegamos con nuestras toallas al cuello a una gran fogata de leña prendida en un enorme hoyo excavado en la tierra y rodeado por un muro de rocas que nos llegaba hasta las rodillas. Bajo los maderos ardientes había tantas rocas, del tamaño de cajas de zapatos, como personas íbamos a participar en la ceremonia. Alrededor: nieve, tipis y otras fogatas donde se celebraban otras ceremonias indígenas en Standing Rock. Allí y allá se escuchaban cánticos nativos.
Una reportera de la CNN pidió permiso para grabar la ceremonia. No se lo permitieron. Se hicieron chistes que no entendí sobre la cadena de televisión.

Sobre el muro de piedras sueltas y desordenadas que rodeaba la fogata estaban tendidas unas mantas. Los ayudantes del chamán cogieron las mantas y comenzaron a tenderlas en el interior de un tipi mucho más bajo que los usados como vivienda. Metieron algunas rocas incandescentes en el interior del pequeño tipi, en el centro, donde no había mantas tendidas.

En un momento dado nos hicieron desnudarnos junto a la fogata en medio de la nieve. Entramos de rodillas a un tipi bajo donde sentados rozábamos el techo con nuestras cabezas y los brazos y piernas de las personas que teníamos a cada lado. Entramos tres mujeres y doce hombres. Las mujeres entraron primero e iban vestidas con trajes nativos de telas ligeras.
Al entrar había que decir «todas las relaciones», oración que se repite en varias ocasiones a lo largo de la ceremonia, que duró casi tres horas. Se entra hacia la izquierda y hay que salir rodeando las piedras incandescentes en esa dirección.

Los ayudantes del chamán seguían introduciendo rocas incandescentes en el interior del incómodo tipi. El hombre medicina echaba agua sobre las piedras y un vapor casi asfixiante se apoderó del ambiente. Cada cierto tiempo, el chamán ponía hierbas aromáticas y medicinales sobre las rocas. Mientras la puerta del tipi estaba abierta, resultaba agradable estar allí desnudo, sabiendo que en el exterior estábamos a bajo cero grados de temperatura. Pero cerraron la puerta de tela del tipi y el ambiente se hizo casi irrespirable.

El chamán comenzó a recordar a los guerreros de Standing Rock que habían resultado gravemente heridos en sus enfrentamientos con la policía por sus nombres de pila. Agradeció a aquellos que habían sido arrestados, especialmente a los cuatro primeros. Uno de ellos sigue en la cárcel.
Entonces comenzó a rezar, a cantarle a los espíritus, a la Madre Tierra y al Creador Único, de esa manera que todo el mundo conoce característica de los indígenas de Norteamérica. Dijo que quería escucharnos a todos rezar, «vengan de donde vengan de cualquier parte del mundo, a su manera, como lo sientan». Empecé a escuchar un Padre Nuestro en Inglés. Algunos imitaban al chamán. Yo llevaba el encargo de mi amiga Rachel Zeigler de mencionarla si participaba en alguna de estas ceremonias. A mí se me había olvidado cómo rezar, a pesar de que mi madre me dice que lo haga cada vez que hablo con ella. Empecé a murmurar, «Rachel, Rachel, Rachel», luego casi a gritar, «Alma», la abuela de mis hijos, que ese día cumplía tres años de fallecida, «por mi padre Elías, porque mi madre Gloria siga viva y con mejor salud mucho tiempo, por mi abuelo Cesáreo, por mi abuela Magdalena, por mis hijos, para que mis hijos sean conscientes de todo esto, que mis hijos sean solidarios, para que yo sepa criar a mis hijos, por la madre de mis hijos, por la hermana de mis hijos, por mis hermanos, por mis sobrinas, por mis primos y primas, por toda la gente que me ha ayudado a llegar hasta aquí, para que no los defraude, por favor, necesito fortaleza y ánimo para superar los inconvenientes, ser humilde y hacer mi parte en esta lucha que a todos nos concierne».

Creía que iba a desfallecer. Varios hombres no pudieron aguantar el sofoco y salieron del minúsculo tipi. Las mujeres aguantaron hasta el final.

El ritual: abrir el tipi, introducir nuevas rocas incandescentes, el chamán cuenta sus historias, se cierra el tipi, el chamán cuenta más historias, rezamos, cantamos; se repitió en siete ocasiones. Desde la primera yo pensaba que no iba a aguantar más, en varias ocasiones me alarmé temiendo que me pasara algo malo, que podría hasta morir allí, o defraudarme a mi mismo por no haber sido capaz de llegar hasta el final. Nunca en mi vida he sudado tanto, y con mucha diferencia a las anteriores.

Esa misma noche, mi primera noche en Standing Rock, había acompañado en la cena a una joven mexicana, Alexandra Velasco, y a su novio estadounidense, Skylar Funk. La pareja vive en Los Ángeles. Ella es artista, él es músico de la banda Trapdoor Social. Llegaron a Standing Rock en el autobús con paneles solares que lleva al grupo por todo Estados Unidos participando en eventos medioambientales.

«Lo que está pasando aquí es fruto de la unidad, la paciencia y la paz tras años y años de opresión, represión y violencia dirigida a la gente que nació aquí en esta tierra repitiéndose la historia de represión y matanza», manifiestó Alexandra entre bocado y bocado de ensalada de papas y atún en uno de los comedores comunitarios gratuitos del campamento Oceti Sacowin.

¿Cómo podemos seguir haciendo eso?¿cómo podemos seguir construyendo infraestructuras que van a destruir nuestro mundo y a nuestra gente?, se preguntaba la joven mexicana de 27 años. En el exterior del comedor de campaña atendido por voluntarios suenan fuegos artificiales. «Mi historia no es la historia de la gente de Standing Rock. Soy mexicana pero de familia española, mis ancestros están del lado de los opresores. Nos toca a nosotros hacerlo mejor, hacerlo bien. Siento que mi familia es directamente culpable de la destrucción de una cultura bellisima», lamentó Alexandra.

«Veo a estos indígenas con una conexión increíble con sus tierras, esas tierras que seguimos robándoles, están conectados con su música, con sus tradiciones, sus comidas, sin embargo yo no siento nada de eso con mi cultura. Oigo música gringa, como comida de todas partes de mundo, no tengo religión, ni tengo raíces palpables. Nací en México pero vivo en Los Ángeles. Nací en México pero vivo en LA. Esta gente honra su pasado y continúa ante todas las adversidades. Estoy aquí para ayudar a que esa cultura no muera y que siga en este mundo. Vinimos pensando en el medio ambiente, pero nos vamos habiendo aprendido muchísimas cosas», relató la joven originaria de Ciudad de México y que va a estar en Standing Rock durante cinco días.

Su novio, Skylar, añadió, dándole un bocado a un canto de pan, que «este asunto del medio ambiente es muy importante, pero ahora es tan importante el tema de los derechos de la gente. Necesitamos ayuda, ya hemos hecho demasiado daño».

En las distintas etapas de la ceremonia, el chamán contó cada detalle de la lucha contra el gasoducto Dakota Acces, que en principio iba a pasar cerca de la vecina localidad de Bismarck, pero que tras las protestas de los residentes blancos que temían que fuera un peligro para sus recursos acuíferos se cambió el trazado para que pasara rozando la reserva indígena de Standing Rock atravesando los ríos de los que se abastecen de agua los indígenas, que consideran que el agua es todo para la vida. Repasó las luchas indígenas desde 1492 hasta hoy y contando detalles personales de su propia lucha como uno de los líderes contra el Dakota Acces.

«Ustedes son guerreros que han sido capaces de pasar por el gran sufrimiento que es esta ceremonia. Ya estamos acabando. Les felicito porque son de esa gente capaz de acabar lo que empiezan a pesar de las mayores dificultades».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.