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La marihuana y la Segunda Enmienda

Fuentes: Rebelión

Introducción

La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos ha sido objeto de un debate jurídico profundo y sostenido a lo largo de las últimas décadas, especialmente en lo que concierne a los límites que el gobierno federal puede imponer sobre el derecho a poseer armas de fuego. En el caso United States v. Hemani, número 24-1234, la Corte Suprema de los Estados Unidos tuvo la oportunidad de examinar si la prohibición federal contenida en 18 U.S.C. §922(g)(3) —que impide a los “usuarios ilegales” de sustancias controladas poseer armas— es compatible con las garantías constitucionales de la Segunda Enmienda. La decisión, emitida el 18 de junio de 2026, confirmó la sentencia del Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito, que había fallado a favor del recurrido Ali Danial Hemani. El caso surgió cuando el gobierno federal procesó a Hemani, ciudadano estadounidense nacido en Texas, por poseer un arma en su hogar siendo consumidor habitual de marihuana. La sentencia se convirtió en un hito jurídico de gran relevancia constitucional en materia de derechos individuales y regulación de armas.

El caso planteó una pregunta central: ¿puede el Congreso privar a un ciudadano de su derecho constitucional a portar armas simplemente por el hecho de consumir regularmente una sustancia controlada, sin que medie ningún proceso legal previo ni prueba de incapacitación? Para responder a esta interrogante, la Corte aplicó el marco jurisprudencial establecido en New York State Rifle & Pistol Association v. Bruen, que exige que toda regulación de armas sea consistente con la tradición histórica de regulación de la nación. La Corte, liderada por el Juez Neil Gorsuch en la opinión mayoritaria, concluyó que la analogía histórica propuesta por el gobierno —las leyes sobre “borrachos habituales”— no era suficientemente comparable para justificar la restricción impuesta a Hemani. Además, la sentencia generó tres opiniones concurrentes que enriquecieron el debate desde perspectivas jurídicas distintas. El presente ensayo analiza en detalle el contenido de esta trascendental decisión, sus fundamentos, sus alcances y las distintas posiciones de los jueces que la integraron.

Análisis de contenido

Las partes y el contexto fáctico del caso

El caso United States v. Hemani enfrenta al gobierno federal de los Estados Unidos, en calidad de peticionario, contra Ali Danial Hemani, ciudadano estadounidense nacido en Texas, en calidad de recurrido. Hemani fue procesado bajo la §922(g)(3) del Título 18 del Código de los Estados Unidos, que prohíbe a cualquier “usuario ilegal” de sustancias controladas poseer armas de fuego. La única prueba que el gobierno presentó para sustentar el cargo fue la propia admisión de Hemani de consumir marihuana aproximadamente cada dos días. No existía evidencia de que Hemani hubiera cometido acto violento alguno ni de que su consumo lo incapacitara en alguna forma. El Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito falló a su favor, y el gobierno llevó el caso ante la Corte Suprema mediante certiorari.

El tribunal y la composición del fallo

La Corte Suprema de los Estados Unidos, el tribunal de mayor jerarquía del país, emitió su decisión el 18 de junio de 2026 en este caso. La opinión de la Corte fue redactada por el Juez Neil Gorsuch y contó con el respaldo del Presidente del Tribunal Supremo John Roberts, así como de los jueces Clarence Thomas, Sonia Sotomayor, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett y Ketanji Brown Jackson. Esta mayoría de siete jueces confirmó la decisión del Quinto Circuito y declaró inconstitucional la aplicación de la §922(g)(3) en los hechos del caso. Adicionalmente, tres opiniones concurrentes fueron emitidas, reflejando matices importantes dentro de la coalición que votó a favor del resultado. La sentencia no produjo ninguna opinión disidente, lo que es notable dado el carácter polémico del tema.

El marco jurídico aplicado: el estándar de Bruen

La Corte aplicó el estándar establecido en New York State Rifle & Pistol Association v. Bruen (2022), que requiere que toda regulación sobre armas de fuego sea históricamente consistente con la tradición regulatoria de la nación al momento de la ratificación de la Segunda Enmienda. Bajo este marco, el gobierno tiene la carga de demostrar que la restricción impugnada tiene un análogo histórico suficientemente comparable en cuanto a su justificación y alcance. La Corte rechazó el enfoque del escrutinio de “medios-fines” que algunos tribunales inferiores habían seguido antes de Bruen. El estándar histórico exige que la analogía propuesta sea no solo temáticamente similar, sino también funcionalmente equivalente en sus objetivos y mecanismos. Este marco fue el eje central del análisis de la mayoría en el presente caso.

La analogía histórica propuesta por el gobierno

El gobierno federal intentó justificar la §922(g)(3) mediante la analogía con las leyes históricas sobre “borrachos habituales” (habitual drunkard laws) que existían en la época fundacional de la nación. Según el gobierno, así como los borrachos habituales podían ser privados de ciertos derechos civiles, los usuarios habituales de sustancias controladas pueden ser privados del derecho a poseer armas. La Corte reconoció que estas leyes históricas existieron y que en algunos casos implicaban restricciones a la posesión de armas. Sin embargo, la mayoría consideró que las diferencias entre esas leyes y la §922(g)(3) eran demasiado significativas para sostener la analogía. El análisis de estas diferencias constituyó el núcleo del razonamiento de la opinión mayoritaria.

Primera diferencia: el objetivo de las leyes históricas

La primera distinción fundamental identificada por la Corte fue la diferencia en el objetivo de las leyes históricas frente a la ley moderna. Las leyes sobre “borrachos habituales” no castigaban a quienes simplemente consumían alcohol de manera regular, sino a aquellos cuya embriaguez los dejaba completamente incapacitados y sin control sobre sus propios asuntos. La §922(g)(3), tal como la interpreta el gobierno, penaliza a cualquier usuario regular de sustancias controladas sin requerir prueba alguna de incapacitación o deterioro de las facultades. En el caso de Hemani, el consumo de marihuana cada dos días no fue acompañado de ninguna evidencia de que esto lo incapacitara para manejar responsablemente un arma de fuego. Esta diferencia fue determinante para que la Corte rechazara la analogía propuesta por el gobierno.

Segunda diferencia: el propósito de las leyes históricas

La segunda diferencia identificada por la mayoría fue la relativa al propósito que animaba las leyes históricas sobre borrachos habituales. Esas leyes no tenían como finalidad principal proteger al público de personas peligrosas o violentas, sino proteger al propio individuo de sí mismo o prevenir escándalos morales en la comunidad. La §922(g)(3), en cambio, se justifica hoy en día sobre la base de que los usuarios de sustancias controladas representan un peligro para la seguridad pública. La Corte señaló que este cambio de propósito —de la protección del individuo a la protección del público— no es un mero detalle, sino una diferencia sustancial que afecta la validez de la analogía. Si las leyes históricas no perseguían el mismo objetivo que la ley moderna, no pueden servir como fundamento histórico suficiente para sostenerla.

Tercera diferencia: la ausencia de proceso previo

La tercera distinción señalada por la mayoría fue quizás la más contundente desde el punto de vista del debido proceso. Las leyes históricas sobre borrachos habituales requerían un proceso legal previo —un juicio, la asignación de un tutor, una determinación formal— antes de privar al individuo de sus derechos civiles. La §922(g)(3), por el contrario, despoja automáticamente al ciudadano de su derecho constitucional a poseer armas en el momento en que se convierte en usuario de una sustancia controlada, sin ningún proceso judicial previo. Esta privación automática de un derecho fundamental, sin audiencia ni determinación individualizada, fue considerada por la Corte como radicalmente diferente a los mecanismos históricos invocados por el gobierno. La ausencia de proceso previo refuerza la inconstitucionalidad de la aplicación de la ley en este caso.

La inconsistencia del gobierno respecto a la marihuana

La Corte también señaló una contradicción interna en la posición del gobierno federal que debilitaba aún más su argumento. En los años recientes, el gobierno ha tomado medidas para reclasificar la marihuana de la Lista I a la Lista III de sustancias controladas, y ha emitido directrices de no persecución para ciertos usuarios. Esta postura oficial, que reconoce implícitamente que el consumo de marihuana no es equiparable a las sustancias más peligrosas, contradice la idea de que todos los usuarios de marihuana son inherentemente peligrosos y deben ser privados de sus derechos constitucionales. La Corte encontró difícil conciliar la afirmación del gobierno de que Hemani era demasiado peligroso para poseer un arma con la política federal que tolera ampliamente el consumo de marihuana. Esta inconsistencia fue un elemento adicional que la mayoría utilizó para subrayar la fragilidad del fundamento constitucional de la §922(g)(3) en este contexto.

La opinión concurrente del Juez Thomas

El Juez Clarence Thomas emitió una opinión concurrente en la que, si bien coincidió con la decisión de la mayoría, planteó un argumento constitucional de mayor alcance. Thomas argumentó que la §922(g) en su conjunto probablemente excede el poder del Congreso bajo la Cláusula de Comercio (Commerce Clause) de la Constitución. Su razonamiento se centró en que la ley criminaliza la posesión de armas de fuego dentro de un mismo estado (intrastate) basándose únicamente en el hecho de que el arma cruzó líneas estatales en algún momento del pasado. Para Thomas, esta conexión tan tenue con el comercio interestatal no es suficiente para justificar el ejercicio del poder federal de regulación. Aunque este argumento no formó parte de la opinión de la Corte, su inclusión por Thomas abre la puerta a futuros cuestionamientos constitucionales más amplios sobre el alcance del poder legislativo del Congreso en materia de armas.

La opinión concurrente de la Jueza Jackson, con la Jueza Sotomayor

La Jueza Ketanji Brown Jackson, con el respaldo de la Jueza Sonia Sotomayor, emitió una opinión concurrente en la que coincidió con el resultado del caso pero expresó serias reservas sobre el estándar de Bruen. Jackson criticó el método histórico-analógico como “inviable” en la práctica, señalando que obliga a los jueces a actuar como historiadores sin la formación ni las herramientas adecuadas para ello. En su opinión, el escrutinio de “medios-fines” (means-end scrutiny), que evalúa si la ley sirve a un interés gubernamental importante de manera suficientemente ajustada, es un método más racional, predecible y dentro de la competencia institucional de los tribunales. Jackson advirtió que el estándar de Bruen genera incertidumbre jurídica y resultados inconsistentes en los tribunales inferiores. Su concurrencia representa una crítica metodológica profunda que podría influir en la evolución futura de la jurisprudencia sobre la Segunda Enmienda.

La opinión concurrente en el juicio del Juez Alito, con la Jueza Kagan

El Juez Samuel Alito, acompañado por la Jueza Elena Kagan, emitió una opinión concurrente en el juicio (concurrence in the judgment) que coincidió con el resultado —confirmar la decisión del Quinto Circuito— pero sobre un fundamento más estrecho y específico. Alito no adoptó el razonamiento amplio de la mayoría, sino que centró su análisis en los hechos concretos del caso: el gobierno simplemente no demostró que el consumo de marihuana de Hemani cada dos días lo incapacitara de manera comparable a los “borrachos habituales” que las leyes históricas buscaban controlar. Alito también señaló que el consumo de marihuana hoy en día es ampliamente tolerado y socialmente aceptado en gran parte del país, de manera similar a como el alcohol era aceptado en la época fundacional. Por tanto, las analogías históricas del gobierno no justificaban privar a este usuario específico de su derecho a poseer armas. La posición de Alito y Kagan es notable porque une a jueces de orientaciones ideológicas distintas en un resultado común, aunque por caminos argumentativos diferentes.

Conclusión

La sentencia en United States v. Hemani (No. 24-1234) representa una decisión de gran trascendencia constitucional que reafirma los límites del poder legislativo federal para restringir el derecho a poseer armas de fuego consagrado en la Segunda Enmienda. La Corte Suprema, por una mayoría de siete jueces liderada por el Juez Gorsuch, concluyó que la aplicación de la §922(g)(3) al caso de Ali Danial Hemani —un ciudadano que consumía marihuana cada dos días sin evidencia de incapacitación— no encuentra sustento en la tradición histórica de regulación de armas de la nación. Las tres diferencias fundamentales identificadas por la mayoría —en el objetivo, el propósito y el proceso de las leyes históricas— desmantelaron la analogía propuesta por el gobierno con las leyes sobre “borrachos habituales”. La decisión también puso en evidencia la contradicción interna del propio gobierno federal respecto a su política sobre la marihuana. En conjunto, el fallo delimita con precisión los contornos constitucionales que deben respetar las leyes que buscan privar a los ciudadanos de sus derechos fundamentales.

Las tres opiniones concurrentes enriquecen la sentencia al revelar las tensiones jurídicas y filosóficas que subyacen en el debate sobre la Segunda Enmienda. El Juez Thomas aprovechó el caso para cuestionar el fundamento mismo del poder legislativo del Congreso en materia de armas bajo la Cláusula de Comercio, abriendo una vía argumental de largo alcance. La Jueza Jackson, con el apoyo de la Jueza Sotomayor, lanzó una crítica metodológica al estándar de Bruen, abogando por un enfoque más funcional y predecible. El Juez Alito y la Jueza Kagan, desde una perspectiva más pragmática, optaron por resolver el caso en sus hechos concretos sin adoptar principios de mayor amplitud. Estas distintas voces demuestran que, aun dentro de una coalición que coincide en el resultado, existen profundas diferencias sobre cómo debe interpretarse y aplicarse la Constitución en materia de derechos individuales.

En definitiva, United States v. Hemani es un fallo que trasciende los hechos particulares del caso y sienta precedente sobre los requisitos que debe cumplir cualquier ley federal que busque privar a un ciudadano de su derecho constitucional a poseer armas. La exigencia de un análogo histórico genuinamente comparable —en objetivo, propósito y proceso— coloca una barrera significativa frente a regulaciones que, como la §922(g)(3), operan de manera automática y sin proceso individualizado. La sentencia también refleja la complejidad de gobernar en un país donde las políticas sobre sustancias como la marihuana evolucionan rápidamente, mientras que las normas constitucionales se anclan en tradiciones históricas del siglo XVIII. El caso invita a una reflexión profunda sobre la coherencia entre las políticas públicas contemporáneas y los fundamentos constitucionales que las deben sustentar. La Corte Suprema, con esta decisión, reafirma su rol como guardiana de los derechos individuales frente al poder del Estado.

Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.