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La náusea

Fuentes: Cuarto Poder

Sostiene Bárcenas que en el PP había una contabilidad B, que existía una lista de empresarios «donantes» al partido, que se repartían sobresueldos en sobres entre los dirigentes… Ha reconocido la paternidad de los apuntes y estadillos de las entregas. Debió de ser tan grande la orgía de dinero negro, según dicen los abogados de […]

Sostiene Bárcenas que en el PP había una contabilidad B, que existía una lista de empresarios «donantes» al partido, que se repartían sobresueldos en sobres entre los dirigentes… Ha reconocido la paternidad de los apuntes y estadillos de las entregas. Debió de ser tan grande la orgía de dinero negro, según dicen los abogados de las acusaciones particulares, que de las sisas se hizo con un capitalito, sin que nadie se diera cuenta, del orden de unos 50 millones de euros. Y este señor, aunque ahora lo llamen delincuente, no es ningún particular, sino que fue gerente, tesorero y senador del PP y al que pagaron un millón de euros en sueldos y en abogados durante su imputación.

Seguramente estamos ante el escándalo de corrupción más grande del actual periodo democrático. El presidente del Gobierno y del partido afectado por la podredumbre y receptor de voluminosos sobres de billetes de 500 euros -siempre según sostiene Bárcenas-, no ha querido dar la cara hasta que la situación era insostenible dentro y fuera del país. Con un presidente mohíno y bajo todas las sospechas, que se esconde de las instituciones, de los ciudadanos y de la prensa, la imagen de la  Marca España era cada vez más  impresentable. Y su posición más insostenible, por eso comparecerá a regañadientes.

Los ciudadanos no queremos una farragosa milonga con «su versión» para negar los hechos. El país quiere saber y quiere responsabilidades. Debe de ir directamente al núcleo del asunto, sin trapacerías para enmascararlo. Debe convencernos de que busca la verdad y no la prescripción de las responsabilidades. Debe explicar por qué seguía mandado abrazos y ánimos a Bárcenas cuando ya se conocían las cuentas en Suiza del robo a gran escala y a qué chantaje se ha resistido. Tiene que dar una respuesta convincente a la afirmación que realizó ante los empresarios del Ibex 35 y los corresponsales extranjeros de que el caso va a quedar en nada ¿no tendrá que ver con presiones políticas sobre la judicatura o con la sustitución del juez Ruz para que se empiecen a producir extraños movimientos hacia la nulidad?

No nos va a consolar el argumento de que ha dejado de ganar muchísimo dinero como registrador, ni nos conmoverán frases huecas sobre su voluntad de servicio público, si no deja claro lo de los sobres. Tampoco es un argumento lo de la estabilidad política. Inexistente, por cierto, cuando el 90% de la ciudadanía no confía en su presidente. Según las encuestas electorales no son nadie, el rechazo de su política de ajustes es casi unánime y su diletante actitud pudre los problemas y crea alarma social. Rajoy debería de saber que cuando a alguien le salpica la corrupción, ya no puede esconderse. Lo decente sería dimitir tras dirigirse al país. Ganaría en credibilidad y prestaría un servicio a España. Pero no parece partidario.

Montesquieu ha muerto para el PP. Controlan el poder ejecutivo con el gobierno de la nación. Tienen mayoría absoluta en las Cortes y es ejercida muchas veces despóticamente, como se ha visto con la imposición de leyes y decretos aprobados sin buscar ningún consenso (la reforma laboral, la LOMCE, los desahucios, etc.). Además quieren controlar el Poder Judicial y ésa ha sido la tarea del ministro de Justicia desde el principio. El asalto a la independencia judicial se hace a través de reformas legales y controlando los órganos con sus afiliados y afines. Con su reforma del CGPJ ha provocando un fuerte rechazo en la judicatura que la ve como un atentado.

Pero ahí están los frutos. En el Tribunal Constitucional se eligió a algún vocal sin cumplir los requisitos legales establecidos. Su presidente fue afiliado del Partido Popular al menos hasta 2011, con lo que se contraviene la obligación de imparcialidad del alto tribunal, ya que no se puede ser juez y parte. Un juez que ha sido afiliado a un partido político hasta hace un rato, que ha mentido al Senado para ocultarlo, no puede decidir sobre los recursos de inconstitucionalidad que presente la oposición al gobierno de su partido. Por ejemplo, si Pérez de los Cobos fue el cerebro de la reforma laboral del PP ¿alguien cree que va a votar a favor de su inconstitucionalidad cuando se vea el recurso? A pesar de que la norma prohíbe expresamente a jueces y magistrados pertenecer a partidos y sindicatos, a Gallardón le parece tan normal.  Normal y  compatible desde la poca vergüenza, claro. Por incompatibilidad evidente, para evitar la contaminación y las impugnaciones, por ser lo más adecuado a la dignidad del cargo, por ética y por estética, lo decente sería que Pérez de los Cobos renunciara a él.

El PP no se queda ahí a la hora de controlarlo todo. Instituciones y organismos fundamentales de la nación son dados a dirigentes, sin más mérito que la fidelidad al partido, algo muy práctico para no crear ningún problema. Así vemos que el Consejo de Estado, el Defensor del Pueblo o la Comisión Nacional del Mercado de Valores los presiden personajes del puro y duro aparato partidario. A esto se debían de referir cuando en su programa electoral hablaban de «despolitizar la justicia y las instituciones«.

Nos movemos en un «teatrillo» que llaman democracia los que lo gestionan y controlan al margen y en contra muchas veces de la ciudadanía. No les importa el fuerte olor a podrido. Aquí no dimite ni dios, o solo en situaciones extremas. Hay que recordar cómo se aferraba al cargo el anterior presidente del Consejo General del Poder Judicial (apoyado por Gallardón), Carlos Dívar, protagonista en el uso de dineros públicos en sus «fines de semana caribeños». Somos una anomalía con nuestros políticos de oreja dura. En el resto del mundo democrático, políticos, empresarios y jueces salpicados por escándalos, incluso menores, dimiten con naturalidad e incluso alguno se suicida. Los nuestros, como dicen algunos carteles, creen que la palabra dimitir es un nombre ruso. Probablemente tenga que ver con los cuarenta años de franquismo.

Hay algo que deberíamos tener claro. Aunque la corrupción y los escándalos salpiquen a casi todas las cúpulas, desde la Casa Real, a la gran patronal, al PP, a la presidencia del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional… ello no significa que este país sea así. Solamente que los que llegan más arriba suelen ser los más aprovechados y, a veces, los más sinvergüenzas. Algo así se lo oí o leí a Rafael Chirbes, quien venía a decir que desde la Transición no ascendieron en política los mejores ni los que más lucharon, sino que ocuparon los cargos los grises, los ambiciosos, los sin escrúpulos. Hay que compartir esa opinión, a la luz de los hechos, aunque tengamos excepciones decentes. Mala cosa cuando en un país se forja y se manipula la opinión pública para igualar la honestidad y la infamia.

El hundimiento de España debe interpretarse en términos morales. Pero no hay que olvidar el empobrecimiento de la mayoría de la población y los recortes que desmantelan la política social. Rajoy acudirá el 1 de agosto al Parlamento arropado con la EPA del segundo trimestre de 2013. Es una descarada táctica la de instrumentar burdamente los datos para quitar protagonismo al tema Bárcenas e intentar un mensaje falsamente optimista. Aunque la EPA arroje cierta recuperación del empleo, no se puede poner la lupa, por ejemplo, en cien mil nuevos empleos de baja calidad y obviar a 6 millones de parados. Es obsceno que se mitifiquen pequeños logros y se ignore el inmenso desamparo de millones de desempleados sin prestación y condenados a la ayuda familiar o a la mendicidad, de millones de precarios a los que no les llega para vivir y tener una pensión digna: de toda una generación a la que la crisis y la política neoliberal condena al paro y a la desprotección.

Mala táctica. En los temas económicos y sociales Rajoy tampoco tienen ningún resultado que ofrecer más que promesas que los organismos internacionales desmienten de forma continua. El PP ha incumplido su programa electoral, ha crecido el paro con ellos en más de un millón de personas y ha aplicado reformas que negó. Se ha colocado al servicio de los poderosos y prioriza el pago de la deuda, aunque haya gente que no coma y aumenten las desigualdades. El diluvio neoliberal se ha abatido sobre esta tierra y no aparece el arco iris entre las nubes. Nos llevan a una época privada de futuro. Frente a ello no se puede capitular sin oponer resistencia, hay que tener consciencia y determinación: oponer al saqueo un claro espíritu de rebeldía.

Decía Bertold Brecht que si no somos capaces de «preparar el camino para la amabilidad (…) a los que nacerán después de nosotros» y les legamos «estos tiempos oscuros», no tendremos su indulgencia. Por ello, para no estar en la náusea permanente ante esta corrupción poliédrica y el saqueo de los derechos, necesitamos una catarsis política y una regeneración democrática. Y solo será posible con la movilización unitaria, con la construcción de una alternativa. Al margen de lo que finalmente diga o haga Rajoy en su comparecencia.

¿A qué esperan la izquierda, los sindicatos de clase, los movimientos sociales, las mareas, etc. para convocarnos a todos y a todas a salir a la calle para pedir DIMISIÓN, JUSTICIA Y DEMOCRACIA?

Fuente: http://www.cuartopoder.es/laespumaylamarea/la-nausea/143