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La nueva imposición de visado israelí separa a las familias palestinas

Fuentes: Middle East Times

Traducido del inglés para Rebelión y Tlaxcala por Carlos Sanchis

Cuando Anita Abdullah, una ciudadana suiza que vive en Ramallah con su marido palestino hace 28 años, estaba a punto de hacer su habitual viaje trimensual al extranjero para renovar la visa turística con la que había estado viviendo durante los últimos 12 años, mientras esperaba que un permiso de «reunificación familiar» (residencia permanente) fuera emitido por Israel, recapacitó.

Alrededor de ella, parecía, cada vez eran más las familias cuyos parientes procedentes del extranjero estaban siendo obligados a retroceder en los puntos fronterizos israelíes: en el aeropuerto Ben Gurion, en el puente Allenby, procedentes de Jordania. No se estaba ofreciendo ninguna explicación a la mayoría de estas negativas de visado; los pasaportes simplemente estaban siendo cuñados con «Visado Denegado» y los pretendidos visitantes vueltos a poner perentoriamente en los aviones, con poco margen para la apelación.

«Me volví asustadiza,» relata Abdullah, «cancelé mis planes de vacaciones con mis hijos y nietos». Y, poco después, la campaña » Derecho a Entrar» de las redes radicadas en Cisjordania, qué ella coordina, nacía.

«Ha quedado claro», explica, «que las personas que indican que piensan visitar Cisjordania, y que pertenecen a países con relaciones diplomáticas normales con Israel, no están recibiendo siempre el visado trimestral en los puntos fronterizos israelíes, como ocurría en el pasado.»

En meses recientes, un número creciente de ciudadanos de los EE.UU., italianos, británicos, japoneses, y alemanes que piensan visitar los Territorios Palestinos Ocupados, algunos teniendo conjuntamente la ciudadanía palestina, otros no – han sido rechazados en la frontera. Es más, los ciudadanos extranjeros que se casaron con palestinos o que trabajando en los Territorios Palestinos, que necesariamente cuentan, como Abdullah, con una sucesión de visas turísticas, se enfrentan a la posibilidad de que ya no se les permita renovar sus visados y sean devueltos a sus países de origen.

Puesto que la ocupada Cisjordania es solamente accesible a través de Israel, el resultado es otro paso más hacia el creciente estrangulamiento de Israel sobre la población civil palestina.

Derecho a Entrar aduce que Israel ha instituido su selectiva, y a menudo humillante, política fronteriza en contestación al triunfo de Hamas en los Territorios Palestinos en las legislativas del 2006. «Era una buena oportunidad,» dice Abdullah, «para que las autoridades israelíes abusaran de la población nativa palestina, como una «reacción» al nuevo gobierno.»

Pero Israel permanece inexorable a lo que no es nueva, y altamente discriminadora, política que se está practicando en los cruces fronterizos. Más bien, dicen los funcionarios del ministerio interior israelí, era una anterior política inactiva, datada en el 2000 y que requiere a aquellos que pretendan visitar los Territorios Palestinos Ocupados cumplimentar un permiso especial; está ahora actuándose simplemente con más rigor.

Pero la situación se clarificó a finales del pasado diciembre, cuando el Comandante General Mishlav, coordinador israelí de actividades gubernamentales en los Territorios Ocupados, envió una carta al Jefe de la Negociación Palestina, Saeb Erekat. Declaraba en ella que los nacionales extranjeros serían admitidos en el país «con el consentimiento del mando militar,» y perfiló largos procedimientos para la aplicación de los permisos de entrada temporal en los Territorios Palestinos.

Según Derecho a Entrar, sin embargo, las docenas de casos documentados de negativa de visado desde esa fecha sugieren que el procedimiento de aplicación es, de hecho, inútil. Los organizadores de la campaña creen que en lugar de abordar el problema con justicia, la carta ofrece un «extraño momento cuando las autoridades israelíes han reconocido por escrito la grave crisis humanitaria derivada de las políticas israelíes negando a los nacionales extranjeros el derecho a la reunificación familiar y la entrada a los Territorios Palestinos Ocupados. Todavía,» continúa, «quedan muchas preguntas sin contestar y la crisis sin resolver.»

Los ejemplos de los efectos de esta política en las fronteras de Israel no son difíciles de suponer. Fadah Thum, con nacionalidad brasileña vive en Cisjordania desde el 2001, casada con un ciudadano palestino con quien tiene un bebé de cinco meses, al renovar su visado de turista el pasado mes de septiembre, sin embargo, vio estampado «Último Permiso» en su pasaporte, y fue obligada a dejar su casa, su familia y su bebé en diciembre. Al tratar de volver a entrar en los Territorios Palestinos Ocupados vía Israel, fue rechazada. Igualmente, Lana Khalaf, una madre que detenta doble nacionalidad, estadounidense y palestina, abandonó Nablus, su hogar durante 10 años, a finales del 2006, para renovar su visa turística como de costumbre, y se le ha negado dos veces la reentrada en la frontera con Jordania.

Los efectos prácticos del fenómeno «denegación de entrada» son de largo alcance. Según el Centro de Jerusalén para Ayuda Legal y Derechos Humanos, hay actualmente alrededor de 70.000 personas que residen en los Territorios Palestinos con permisos que han expirado. Estos residentes tienen dos opciones: permanecer, esencialmente prisioneros en sus propias casas, o salir para intentar renovar su permiso con la probabilidad de verse incapacitados para volver. «Conozco varias docenas de señoras rusas, por ejemplo, trabajando en Ramallah,» dice Abdullah, «mujeres muy cualificadas, profesionales que se enfrentan con un dilema. Quieren ir a casa para visitar a sus familias, pero no quieren salir por miedo a que no les permitan volver.»

Según la organización de derechos de humano israelí B’tselem, más de 120.000 personas han cumplimentado el permiso para vivir y trabajar en los Territorios Palestinos desde el año 2000, pero aún tienen que recibir una contestación positiva. «Este número no empieza siquiera a reflejar realmente la cantidad de personas afectadas,» dice Abdullah. » A diferencia de Europa, las familias de estas personas no son unidades nucleares: también incluyen personas a cargo como abuelos, tías solteras y tíos, hermanos desempleados o hermanas y sus niños». Puesto que no hay ningún sistema estatal de seguridad social, tales miembros de la extensa familia, en muchos casos, dependen de la pertenencia individual para el estado de unificación familiar, tanto financiero como de apoyo práctico. «Por lo que en realidad,» continúa, «usted puede multiplicar 120.000 por 10.»

Además, no sólo son aquellos con conexiones familiares palestinas directas a los que se les niega la entrada a Israel de camino a los Territorios Palestinos Ocupados. Derecho a Entrar ha documentado casos de turistas a los que se les ha denegado el visado tras mencionar su intención de visitar los Territorios Palestinos. Aunque, comúnmente, no se dan razones explicitas para la denegación de visado, estas personas creen que se debe a su intención de entrar en Cisjordania en lugar de permanecer en Israel.

Las organizaciones no-gubernamentales, igualmente, son golpeadas duramente, con personal voluntario de Europa y de los Estados Unidos a quienes se les niega el tránsito a las docenas de centros infantiles y otras instituciones benéficas de la región que dependen de la mano de obra voluntaria del extranjero. La educación, igualmente, está sufriendo por ello; solamente la universidad de Bir Zeit en Cisjordania, corre el riesgo de perder a 14 miembros de su profesorado y 383 estudiantes.

Derecho a Entrar, explica Abdullah, está intentando reconducir este problema, retomando lo que ella llama un «acercamiento multilateral» al problema. «Primero,» explica, » actuamos conjuntamente con otra organización en red israelí, centrada en la misma preocupación. Segundo, nos acercamos a miembros de la Knesset para intentar hablar con ellos sobre el problema. También estamos en estrecha cooperación con varias organizaciones no-gubernamentales que proporcionan asesoramiento y ayuda. Notablemente, estamos intentando movilizar misiones gubernamentales extranjeras en la región que pudieran tener relaciones privilegiadas con Israel y por lo tanto pudieran ejercer presión sobre el estado bajo la ley internacional de derechos humanos. Queremos que, como potencia ocupante, apelen a Israel en el firme mantenimiento de su responsabilidad para garantizar y satisfacer las necesidades básicas de la población civil ocupada.»

Finalmente, la página de Internet de Derecho a Entrar proporciona consejos prácticos para viajeros preocupados por que pudieran experimentar problemas de entrada a Israel. Les aconseja a los visitantes que lleguen preparados, con números de teléfono de un abogado local y de su embajada. Un viajero que llegue por el aeropuerto, y se le niegue la entrada, pero decide apelar la decisión, probablemente será mantenido en el centro de detención del aeropuerto hasta un tiempo tal que una fecha de juicio sea fijada.

Muchos extranjeros ya localizados en los Territorios Palestinos, sin embargo, están quedándose en el lugar, renuentes a arriesgarse a las arbitrarias políticas de las fronteras de Israel.

La propia Abdullah, explica, continuará luchando por su propio caso, al tiempo que levanta una concienciación sobre el problema más amplia desde su hogar en Cisjordania. «¿Por qué,» pregunta su marido, Ghassan, «están atacando los israelíes los matrimonios mixtos de palestinos? Antes de que la gente se enamore, ahora en Palestina, preguntan por los documentos de identidad de cada uno y donde se han emitido. No quieren construir una vida a riesgo de ser desgarrada y separada desde el principio.»

Derecho a Entrar es accesible en www.righttoenter.ps

Fuente: Middle East Timeshttp://www.metimes.com/storyview.php?StoryID=20070122-112850-4862r

Carlos Sanchis pertenece a los colectivos de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, el traductor y la fuente.