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Las prioridades de Washington

Fuentes: Rebelión

La terrible tragedia que ha golpeado a la población de la Nueva Orleans el 30 de agosto de 2005 ha sumido a la comunidad internacional a la conmoción y la incomprensión más completa. ¿Cómo la primera potencia económica mundial ha podido dejar a sus hijos al abandono, a la merced de los furores de la […]

La terrible tragedia que ha golpeado a la población de la Nueva Orleans el 30 de agosto de 2005 ha sumido a la comunidad internacional a la conmoción y la incomprensión más completa. ¿Cómo la primera potencia económica mundial ha podido dejar a sus hijos al abandono, a la merced de los furores de la naturaleza? ¿Por qué las autoridades federales no procedieron a la evacuación de los más vulnerables y menos favorecidos de los Estados de Luisiana, Mississipi y Alabama? ¿Por qué no se ha dado ninguna respuesta adecuada a una catástrofe humana y material de tal magnitud que arroja cifras que pueden alcanzar las 10 000 víctimas fatales y a causa de la cual el 80% de Nueva Orleans estuvo bajo las aguas?1 La realidad es simple y cruel: los pobres, en su mayoría negros, víctimas del huracán Katrina no constituyen una prioridad para la administración Bush que tiene otros blancos en vista.

Frente a la devastación ocasionada por el ciclón, la primera medida tomada por las autoridades fue la incalificable decisión de mandar al ejército para asesinar a los saqueadores. En realidad, estos últimos no son sino pobres diablos que han perdido, en la mayor parte de los casos, a miembros de su familia, su casa y que sufren severas carencias alimenticias. Los habitantes que esperaban ver llegar médicos y comida recibieron un nuevo trauma al descubrir a soldados con armas. Esta respuesta surrealista, más propia de un Estado fascista que de una democracia, no se ha puesto en tela de juicio por la prensa internacional.2

Algunos, como el famoso cantante Kayne West, declararón que «los negros no interesan de ninguna forma a George Bush», añadiendo que Estados Unidos se ha preparado para «ayudar a los pobres, a los negros y a los menos adinerados de la manera más lenta posible».3 La desesperanza de los desheredados de Luisiana, que llevó al suicidio a miembros de las fuerzas del orden y a bomberos, sólo tuvo como respuesta la indiferencia de la Casa Blanca.4 En efecto, el presidente George W. Bush, ocupado en uno de sus habituales fines de semana prolongados, esperó cinco días para visitar la región y puso los pies en Nueva Orleans por primera vez el 12 de septiembre de 2005.5

Curiosamente, una de las principales prioridades del fanatismo belicoso de Washington – Cuba – fue la primera en ofrecer sus servicios a las víctimas del cataclismo natural. El gobierno de La Habana contactó por vía diplomática y confidencial al Departamento de Estado para porponerle mandar a 1 100 médicos y más de 26 toneladas de medicinas para participar en las operaciones de rescate. Frente al silencio estadounidense, Cuba publicó su propuesta de ayuda – la más importante hasta hoy – que se quedó sin respuesta.6

El presidente cubano, Fidel Castro, subrayó que en menos de doce horas los primeros médicos podrían alcanzar las costas estadounidenses donde la ayuda médica de emergencia es tan imperiosa. «Tal vez algunos que desconocen el honor y el espíritu solidario de nuestro pueblo pensaron que se trataba de un bluff o una ridícula exageración. Jamás nuestro país juega con asuntos tan serios, ni ha practicado nunca el deshonor de la demagogia o la mentira», subrayó. Dada la proximidad geográfica y la extrema competencia de los profesionales de salud, el envío de tropas médicas desde el 30 de agosto de 2005 hubiera podido salvar la vida a millares de ancianos, mujeres embarazadas, madres e hijos afectados por las epidemias.7

Varios miembros del Congreso suplicaron al señor Bush que aceptara la ayuda cubana. «Esperamos que el gobierno tome las medidas para implementar una respuesta efectiva, incluyendo la aceptación inmediata de los ofrecimientos de ayuda de otros países», declaró el Grupo Congresal Hispano (GCH).8 Pero Nueva Orleans no es la prioridad actual de la administración Bush cuyo oscurantismo político parece prevalecer sobre la vida de ciudadanos en peligro. En efecto, el inquilino de la Casa Blanca prefiere dejar morir a sus conciudadanos en vez de encontrarse en la turbación política e ideológica que consiste en aceptar la mano generosa de un pueblo que desea aniquilar cueste lo que cueste.9

Los poderes públicos estadounidenses llegaron a aprovechar el desastre causado por Katrina para reducir el salario mínimo en la región. Efectivamente, el gobierno decretó que las empresas que procederán a la reconstrucción de la ciudad podrán pagar a sus empleados debajo del ingreso mínimo. Los responsables de la central sindical AFL-CIO calificaron la decisión de «vergonzosa» e «increíble». Por su parte, el representante demócrata George Miller acusó a las autoridades gubernamentales de haber «utilizado la devastación de Katrina para reducir los salarios de las personas que tratan desesperadamente de rehacer su vida».10

Washington mantiene a Cuba en punto de mira. Por ejemplo, el 9 de agosto de 2005, la Corte de Apelaciones del Decimoprimer Circuito de Atlanta se pronunció sobre el caso de los Cinco.11 Anuló lógicamente todas las condenas pronunciadas contra los antiterroristas, que se habían infiltrado en los grupúsculos criminales de Florida, y exigió un nuevo juicio.12 Esta decisión hace ilegal la actual detención de Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort y René González Sehweret. Lejos de plegarse al veredicto de la justica, el gobierno estadounidense pidió un plazo de un mes para intentar extirparse de este callejón jurídico sin salida. Desafortunadamente, el silencio mediático sigue siendo abrumador ante uno de los mayores escándalos judiciales de nuestra época, a pesar del llamado de numerosas celebridades mundiales, entre las cuales premios Nobel, en favor de su liberación.13

Un poco más tarde, el 1ro de septiembre de 2005, el juez William Abbott de El Paso en Texas decidió, contra todo pronóstico, no proceder a la extradición inmediata a Venezuela del señor Luis Posada Carriles, asesino empedernido, con el pretexto capcioso que corría el riesgo de ser torturado. Las presiones sufridas por este funcionario de justicia pudieron más que él. Éste, en un intento de justificarse y haciendo referencia a las atrocidades cometidas por el reo, recurrió a una analogía ilustrativa: «Incluso si fuera Hitler quien solicitara protección bajo el CAT [Convention Against Torture], este tribunal tendría que considerar la suspensión de su deportación. Su pasado criminal horrible o sus antecedentes terroristas no descalifican a un ciudadano extranjero para recibir la protección de no ser enviado a un país donde se le torturaría».14

El argumento de la tortura evocado por la defensa y aceptado por el juez Abbott muestra claramente la voluntad del gobierno estadounidense de proteger al señor Luis Posada Carriles. Para presionar a las autoridades, el reo amenazó explícitamente revelar «información sensible y comprometedora» sobre su pasado al servicio de la CIA, y la implicación de algunos altos funcionarios en el terrorismo internacional contra Cuba y América Central.15

En cualquier democracia normalmente constituida, toda persona que llama públicamente al asesinato de un presidente de una república, es susceptible de recibir una severa pena de prisión. Pero en Estados Unidos no es el caso. En efecto, el muy influyente y ultraconservador amigo del señor George W. Bush, el reverendo Pat Robertson llamó, durante un programa de televisión muy seguido, a asesinar al señor Hugo Chávez, líder de Venezuela, sin tener ningún problema con la justicia. Su asesinato «nos costaría mucho menos caro que lanzar una guerra», afirmó.16 Miembro de la extrema derecha religiosa fundamentalista, el señor Robertson expresó a viva voz las intenciones de la administración Bush en cuanto a Venezuela.17

A guisa de respuesta, el señor Chávez subrayó que «el único país donde una persona se puede dar el lujo de pedir el magnicidio de un jefe de Estado es Estados Unidos, como ocurrió hace poco con un reverendo llamado Patt Robertson, muy amigo de la Casa Blanca. Pidió públicamente ante el mundo mi asesinato y anda libre. ¡Ese es un delito internacional! ¡Terrorismo internacional!»18

El señor Chávez también acusó a la administración Bush de planificar una invasión militar a Venezuela. Durante una entrevista otorgada a la cadena de televisión estadounidense ABC, el presidente venezolano afirmó que se preparaban maniobras militares que visaban su país y que disponía de documentos que probaban sus alegaciones. «Le digo que tengo pruebas de que existen planes de invasión a Venezuela […]. El plan se llama Balboa en el cual Venezuela está señalado como un objetivo», indicó enfatizando la presencia de un portaaviones en la región. También recordó algunas evidencias: «el golpe de Estado [de 2002] contra Venezuela fue manufacturado en Washington. Mi muerte fue ordenada», e insistió en el hecho de que el gobierno estadounidense «viola todas las dispocisiones habidas y por haber de manera descarada».19

Washington ya no puede tolerar la existencia de un dirigente latinoamericano cuyo principal objetivo no es servir los intereses de las transnacionales sino sacar a su pueblo de la miseria. Después del fracasado golpe de Estado de abril de 2002 y el posterior bloqueo petrolero que terminó en un estrepitoso fracaso, los halcones de la Casa Blanca consideran la solución extrema para deshacerse de un presidente cuya popularidad y visión superan las fronteras continentales y que no limita la democracia a su definición doctrinal.

Mientras tanto, a través el mundo, los adeptos de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba continúan con su labor. La agencia parisiense Reporteros sin Fronteras rogó al actual presidente de la Unión Europea (UE), el señor Anthony Blair, que restableciera las sanciones contra Cuba con el fin de ahogar un poco más a sus habitantes.20 El señor Robert Ménard, secretario general de la organización financiada por Washington21, declaró que la «suspensión de las sanciones contra Cuba va en contra de la Posición Común adoptada por la Unión Europea en 1996″, fiel a la línea del Departamento de Estado norteamericano que reclama sanciones internacionales.22

Durante la cumbre de la Organización de las Naciones Unidas, el 14 de septiembre de 2005, el presidente George W. Bush declaró durante su intervención su oposición al terrorismo: «Debemos ayudar a los Estados fallecientes y a las sociedades estancadas que proporcionan un mantillo propicio a los terroristas a fortificarse».23 Pero en realidad, sólo se refería a los «malos terroristas», es decir a los que no sirven los intereses de Washington. Evidentemente, los señores Luis Posada Carriles y Orlando Bosh no forman parte de esta categoría a pesar de su impresionante trayectoria terrorista y el número de víctimas que pesa sobre su conciencia. Éstos últimos, además de gozar de una perfecta impunidad, permanecen bajo la protección del gobierno norteamericano.

En vez de neutralizar a los grupúsculos terroristas activos en Florida, el gobierno de Washington prefiere prohibir a un grupo de teatro estadounidense la participación en el XII Festival Internacional de Teatro de La Habana con el fin de proteger los «intereses nacionales norteamericanos».24 De la misma manera, el presidente de la Asamblea Nacional cubana, Sr. Ricardo Alarcón, se vio negar una visa para asistir a la reunión de la Unión Interparlamentaria de las Naciones Unidos en Nueva York, en flagrante violación de la legislación internacional.25 Pero ésta nunca ha tenido la menor importancia para los halcones de la administración Bush.

La población negra de Estados Unidos importa poco al actual presidente. Aunque viva en el país más rico del planeta, en ciertos aspectos no vive en mejores condiciones que los miserables de Haití o de Bangladesh. El señor Bush prefiere otorgar su protección a los «buenos terroristas» y encarcelar a los que, a riesgo de su vida, se atreven a dejar al descubierto los crímenes de la Casa Blanca.

Notas

1 Le Monde, » Cadavres flottants, eau polluée : la mort chasse les vivants «, 8 de septiembre de 2005 ; El Nuevo Herald, » Gobierno de EE UU admite que Katrina dejó miles de muertos «, 4 de septiembre de 2005; El Nuevo Herald, » Cifra de muertos en Nueva Orleans podría ser de 10.000 «, 5 de septiembre de 2005.

2 El Nuevo Herald, » El horror sale a flote al retroceder el agua «, 6 de septiembre de 2005.

3 Frazier Moore, » West arremete contra Bush en teletón para víctimas de Katrina «, El Nuevo Herald, 3 de septiembre de 2005.

4 El Nuevo Herald, » La frustración provocó suicidios de policías y bomberos de Nueva Orleans «, 5 de septiembre de 2005.

5 El Nuevo Herald, » Bush regresa a las regiones devastadas «, 6 de septiembre de 2005.

6 Rui Ferreira, » Cuba ofrece médicos a Estados Unidos «, El Nuevo Herald, 3 de septiembre de 2005.

7 El Nuevo Herald, » Impropable que EEUU acepte ayuda humanitaria de Cuba «, 6 de septiembre de 2005; Granma, » Crece amenaza de epidemias en Nueva Orléans «, 10 de septiembre de 2005. www.granma.cu/espanol/2005/septiembre/sabado10/crece.html (sitio consultado el 12 de septiembre de 2005).

8 Nestor Ikeda, » Hispanos demócratas piden a Bush aceptar ayuda cubana «, El Nuevo Herald, 8 de septiembre de 2005.

9 Fidel Castro, » Ustedes honran la noble profesión médica «, Granma, 5 de septiembre de 2005. www.granma.cu/espanol/2005/septiembre/lun5/intervencion.hlml (sitio consultado el 6 de septiembre de 2005).

10 Granma, » Crece amenaza de epidemias en Nueva Orléans «, op.cit.

11 Salim Lamrani (Editor), EEUU contra Cuba. La guerra contra el terrorismo y el caso de los Cinco. (Barcelona : El Viejo Topo, 2005).

12 Andrea Rodríguez, » Parlamento cubano critica manejo de EEUU de dos casos judiciales «, El Nuevo Herald, 1 de septiembre de 2005.

13 El Nuevo Herald, » Celebridades se suman a pedido para liberar a cubanos «, 9 de septiembre de 2005.

14 Wilfredo Cancio Isla, » Posada Carriles no debe ser deportado, afirma un juez «, El Nuevo Herald, 2 de septiembre de 2005.

15 Ibid.

16 USA Today, » Pat Robertson Calls for Assassination of Hugo Chávez «, 23 de agosto de 2005.

17 Patricia Rondon Espin, » Chavez Supporters March Against Robertson «, The Washington Post, 3 de septiembre de 2005.

18 Hugo Chávez Frías, » Discurso del Presidente Chávez ante Sexagésima Asamblea General de la ONU «, República Bolivariana de Venezuela, Ministerio de Comunicación e Información, 15 de septiembre de 2005. www.mci.gov.ve/alocuciones1asp?id=327 (sitio consultado el 16 de septiembre de 2005).

19 A. Rodriguez & A. Luna, » Chávez afirma que Washington ha planificado una invasión a su país «, El Nuevo Herald, 17 de septiembre de 2005.

20 Reporters sans frontières, » Nouvelle vague de répression à Cuba : Reporters sans frontières demande l’intervention de la présidence britannique de l’Union européenne «, 29 de agosto 2005. www.rsf.org/article.php3?id_article=14802 (site consulté el 12 de septiembre de 2005).

21 Robert Ménard, » Forum de discussion avec Robert Ménard «, Le Nouvel Observateur, 18 de abril de 2005. www.nouvelobs.com/forum/archives/forum_284.html (sitio consultado el 22 de abril de 2005).

22 Reporters sans frontières, » Nouvelle vague de répression à Cuba : Reporters sans frontières demande l’intervention de la présidence britannique de l’Union européenne «, op. cit.

23 Glenn Kessler, » This Year, Bush Takes a Different Tone with the UN «, The Washington Post, 15 de septiembre de 2005, p.A08.

24 Antonio Paneque Brizuela, » Niega Gobierno de EE.UU. permiso a grupo teatral para viajar a Cuba «, Granma, 15 de septiembre de 2005. www.granma.cu/espanol/2005/septiembre/juev15/niega.html (sitio consultado el 16 de septiembre de 2005).

25 El Nuevo Herald, » Washington no dará visa a Ricardo Alarcón «, 5 de septiembre de 2005.