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Los fondos buitre descubren el olivar (y no es solo para hacer aceite)

Fuentes: Nueva Tribuna [Foto: Olivos de Jaen (Cuaderno de Cultura Científica)]

Los nombres de los nuevos amos del olivar de Andalucía resuenan entre fondos de inversión, gestoras de pensiones extranjeras y grandes patrimonios nacionales.

¡Viejos olivos sedientos
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo
de Andalucía!

Así cantaba el poeta, cuando había lugar para la poesía, el paisaje milenario de infinitos olivos cenicientos a ambas riberas de los ríos Guadiana y Guadalquivir.

¡El campo andaluz, peinado
por el sol canicular,

de loma en loma rayado
de olivar y de olivar!

Hoy, ese paisaje se transforma calladamente, una plaga silenciosa se extiende por las tierras pardas que sostuvieron desde tiempos mitológicos a familias e imperios.

Anchas lomas, lueñes sierras
de
olivares recamadas.

No se trata de ningún parásito, al menos de ningún parásito que pueda observarse al microscopio. Es un fenómeno del que tenemos noticia gracias a los testimonios y los números que recoge DATADISTA en un extenso informe publicado el pasado 26 de abril de las manos investigadoras de Ana Tudela y Antonio Delgado.

El síntoma: en Andalucía han caído en picado las compras de fincas rústicas que se realizan a través de hipotecas. En 2024, solo el 10% del total cambió de manos gracias a préstamos, cuando en el 2007 fueron más de una tercera parte (38,6%). Dicho de otra forma, el 90% de las transacciones se pagaron al contado ese año, último del que se dispone de datos. Y el precio de la tierra —la de olivar en regadío, que es de la que hablamos— ha crecido, en apenas cuatro años (2020-2024), un 12,7%. El diagnóstico: desaparece en Andalucía lo que hasta no hace mucho eran explotaciones tradicionales, ejemplos de un modelo de agricultura fundado en el trabajo familiar, el reparto de la tierra, el empleo y la cohesión del territorio.

«Soy agricultor solo de olivar. Soy olivarero en la zona de Jimena, Sierra Mágina», oímos decir al joven jiennense Francisco Molina. «Los pueblos pequeños realmente cada vez van a menos. Sobre todo, si vives del olivar. Porque no solo es que haya menos gente, es que la gente joven que vive en el pueblo se está yendo. Cuando pasen veinte años yo no sé quién va a quedar aquí; va a quedar muy poca gente en los pueblos. Es una muerte anunciada».

Ana Morales, de la Cooperativa Nuestra Señora del Rosario, en la localidad de Algodonales, Cádiz, nos lo cuenta así: «Nuestra cooperativa trabaja con aceitunas de olivar de montaña. Generalmente son olivareros familiares; que viene toda la familia, se dedica a coger la aceituna, como un segundo ingreso de la familia. Si el olivar no fuera familiar, aquí en esta zona, casi no sería rentable. Tendría que tener de 20 hectáreas de terreno para arriba. Y ahora mismo la gente que trabaja el campo lo que tiene son 5, 6, 7 hectáreas más o menos».

«Cultivando llevaré 50 años», dice José Toro Amaya, olivarero de montaña de la misma localidad de Algodonales, «esto lo compré yo estando en Suiza, que emigré; por mala suerte tuve que emigrar, porque aquí no había nada, y tuve que emigrar y compré esto. Era analfabeto y me fui y me enseñaron allí a pintar [sic], a mí me enseñaron los suizos a pintar». El suyo es un olivar viejo, sus olivos «son centenarios la mayoría». La recogida de la oliva es trabajo manual, añade, «la máquina aquí no puede trabajar», y familiar, «mi zagala y mi yerno, que tiene el ganado ahí; y entre los tres, poquito a poco, pues la cogemos; si no, no podríamos cogerla».

Olivar, por cien caminos,
tus olivitas
irán
caminando a cien molinos.
Ya darán

trabajo en las alquerías
a
gañanes y braceros,

¡oh buenas frentes sombrías
bajo los anchos sombreros!…

¡Olivar y olivareros,
bosque
y raza,
campo y plaza
d
e los fieles al terruño
y al arado y al molino,
de los
que muestran el puño
al destino,
los benditos labradores,
los bandidos
caballeros,
los señores
devotos y matuteros!

Devotos y matuteros, los fondos de inversión compran al contado cientos de miles de hectáreas de tierra de olivar, las transforman en plantaciones de olivar en seto, una modalidad de cultivo superintensivo, y obtienen un rendimiento financiero gracias a tres ventajas estructurales.

La primera ventaja es el agua. «Un fondo de inversión lo que busca es un volumen de tierra muy grande, suelo, si es posible sol y, sobre todo, el principal factor productor, el agua», dice Francisco Elvira, responsable técnico del sector del olivar de la COAG en Andalucía.  Mientras el olivar tradicional de secano confía principalmente en las lluvias, el superintensivo tiene el agua garantizada por ley. «Simplemente por el hecho de tener más arbolitos; y firmado por el Ministerio de la Transición Ecológica, aprobado en el BOE».

Así es, en las cuencas del Guadalquivir y el Guadiana, precisamente donde se extiende con mayor intensidad el modelo superintensivo, la normativa le concede más del doble de dotación por hectárea que al olivar tradicional (3.500 metros cúbicos por hectárea frente a 1.500). Además, cuando un fondo de capital compra una finca que antes se dedicaba a cultivos hortícolas o al algodón, se quedan con la concesión de agua de esos cultivos (5.000 metros cúbicos por hectárea). «Si tuviéramos esa cantidad de agua también nos cambiaría mucho el panorama», corrobora el jiennense Francisco Molina, «y pagamos el mismo canon, cuando consumimos menos de la mitad del agua».

El resultado: cuando la sequía aprieta y las restricciones castigan al común de los agricultores, el olivar en seto de los fondos no deja de recibir el agua necesaria para mantener su producción. Por si no fuera suficiente, cuando la cosecha se resiente por la escasez de agua, los fondos de inversión se benefician del alza de los precios.

Olivares, Dios os dé
los eneros de aguaceros,
los agostos de agua al pie,
los vientos primaverales,
vuestras flores racimadas;
y las lluvias otoñales
vuestras olivas moradas.

La segunda ventaja estructural del olivar superintensivo: los fondos de inversión que compran la tierra al contado acaparan las ayudas de la bolsa del contribuyente. La Política Agraria Común europea (PAC) repartió en España 7.755 millones de euros en 2024. El 1% de los beneficiarios —6.800 titulares, casi todos grandes productores y fondos de inversión— acaparó casi el 24% de las ayudas. En cambio, el 60% de los perceptores (los pequeños) cobraron menos de 5.000 euros al año.

Desde el punto de vista del olivarero de Jaén, Francisco Molina, «están haciendo no solo un recorte, sino un reparto injusto, porque, realmente, los que somos agricultores, agricultores profesionales, que vivimos de esto, que no tenemos otras fuentes de ingresos (…), realmente somos los que necesitamos la PAC». Francisco Elvira, de la COAG, lo expone con precisión: «para la siguiente reforma (…) vamos a pedir que esas empresas que vienen a hacer dinero con modelos que no son sociales, queden fuera de una ayuda que teóricamente debería ir para fijar población en el territorio y para incrementar la renta de los agricultores, no a la especulación»; o, dicho de otra forma, para «que los agricultores generen empleo, vivan en el territorio; ese es el fundamento de la PAC».

La tierra da lo suyo; el sol trabaja;
el hombre es para el suelo:
genera, siembra y labra
y su fatiga unce la tierra al cielo.

El fruto de esas fatigas recorre un largo camino y, en ese camino del olivar a la botella, hay un embudo. Es el tercer beneficio estructural de los grandes capitales. «Somos muchos productores, muchos consumidores, pero en medio hay un oligopolio que estrecha el canal de comercialización muchísimo y que es el que determina los precios», asegura Francisco Elvira. La Ley de la Cadena Alimentaria se aprobó «con muy buenas intenciones», conviene Elvira, precisamente para luchar contra esta… ley del embudo. Su objetivo: «que el precio saliera desde el productor hacia el consumidor; pagar al productor como mínimo sus costes de producción».

«Bueno, la Ley de la Cadena ni está ni se la espera», aduce tajante, no sin un aire de irónica amargura, Francisco Molina. «Realmente, yo creo que no existe. Si no calculas unos costes y no dices: por debajo de tal precio a que está el coste de producción no se puede vender, ¿qué sentido tiene la Ley de la Cadena?». Elvira: «Si tú tuvieras un observatorio de precios, que fueras tú, Ministerio, a través de AICA [la Agencia de Información y Control Alimentarios], el que dijera, mira, los costes de producción para un olivar tradicional son 4, 3, 7, 2, estarías protegiendo a ese productor».

Mercadona acapara el 20% de todo el aceite de oliva que se vende en España —y no olvidemos que España es el mayor productor de aceite del mundo y que Andalucía produce cerca del 80% de su total—. Mientras tanto, tres envasadoras —Deoleo (Carbonell, Koipe), Acesur (Coosur, La Española) y Grupo Ybarra (La Masía)— controlan otro 32% del mercado nacional. «Y hay muchos supermercados que subastan a las diferentes envasadoras el aceite de oliva que quieren vender marcando ellos el precio», concluye Elvira. Las grandes superficies y las envasadoras no tienen interés en que el pequeño agricultor sobreviva. Les basta con que haya aceite barato. Y el aceite barato lo produce el superintensivo.

Ana Morales, de la Cooperativa Nuestra Señora del Rosario, no tiene dudas al respecto: «el olivar superintensivo tiene los costos de producción muchísimo más bajos que los nuestros, porque todo se hace con máquinas, y en un olivar de 40 o 50 hectáreas puede haber solo dos personas trabajando, no más. Son capitales que vienen de fuera, grandes inversores que hacen competencia desleal a nuestra forma de producir».

La sangría de empleo es consecuencia constante y sonante de esa enfermedad. Andalucía ha perdido 178.957 empleos agrarios entre 2017 y 2024. Es una caída del 19,5% de su fuerza laboral. Las provincias más castigadas son precisamente las olivareras: Córdoba (-28,3%), Jaén (-26,6%) y Sevilla (-24,2%). Y la destrucción de empleo es aún más acusada en los municipios donde el olivar superintensivo ha crecido con más fuerza. En Carmona (Sevilla) han desaparecido el 31,9% de los afiliados agrarios. En Santaella (Córdoba), el 31,3%. En Lebrija (Sevilla), el 29,8%.

Mil senderos. Con sus machos,
abrumados de capachos,
van gañanes y arrieros.
¡De la venta del camino
a la puerta, soplan vino
trabucaires bandoleros!
¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada!
¡Olivares centellados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
de tormentas!…

Los nombres de los nuevos amos del olivar de Andalucía resuenan entre fondos de inversión, gestoras de pensiones extranjeras y grandes patrimonios nacionales. Está PSP Investments, el fondo de pensiones de la Policía Montada de Canadá, que respalda al gigante De Prado. Está CVC Capital Partners, el fondo británico que, tras su entrada en Deoleo en 2014, ha tenido que inyectar capital en varias ocasiones para mantenerla a flote. Está la Mutualidad de la Abogacía, el gran accionista del fondo Beka & Bolschare. Todos ellos, junto a otros muchos, compran la tierra al contado, exprimen el agua, acaparan las ayudas europeas y ahogan al pequeño agricultor.

Es el mismo fenómeno que ha dejado y deja a medio país en manos de los fondos buitre: compran viviendas para especular, no para alquilar. Los barrios populares se convierten en solares para fondos de inversión mientras los desahucios se suceden. Es la misma lógica: la tierra, la vivienda, la vida —todo lo que sea necesario— se convierte en un activo financiero. La rentabilidad está por encima de todo. Por encima del agricultor que se queda sin tierra. Por encima de la familia que se queda sin casa. Por encima del pueblo que se queda sin gente.

Nosotros enturbiamos
la fuente de la vida, el sol primero,
con nuestros ojos tristes,
con nuestro amargo rezo,
con nuestra mano ociosa,
con nuestro pensamiento
—se engendra en el pecado,
se vive en el dolor. ¡Dios está lejos!—.

Fuentes:

  • DATADISTA (2026, 26 de abril). El olivar franquiciado: así están cambiando el campo los fondos de inversión.
  • Machado, A. (1912-1917). Los olivos. En Campos de Castilla.
    Citado de: Poetas Andaluces

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/sostenibilidad/rentabilidad-economia-fondos-buitre-descubren-olivar-aceite/20260529194643250718.html