Tan habituados a ver conspiraciones por todas partes, ahora que tienen una bien grande delante, los dirigentes de los partidos de derecha y extrema derecha negarán la mayor.
«En España lo mejor es el pueblo. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva», Antonio Machado.
En ocasiones los textos cobran vida propia. Este artículo ha ido
mutando varias veces en los últimos días y nos ha obligado a, digamos,
ampliar contenido. Había demasiado candidato.
Inicialmente iba a ser un texto que contara la traición que han supuesto los recortes y decisiones políticas que han incendiado media península. Ya era motivo suficiente. El plan de financiar toreros con el dinero de los bomberos mientras te golpea cada vez más fuerte un calentamiento global desatado que te empeñas en negar, por lo que sea, no ha salido bien.
También iba a ser sobre cómo esos que se saltan las normas, porque
son más listos que nadie, han provocado, entre otros muchos, el peor
incendio de nuestra historia reciente. Y sobre cómo los incendios no se
originan solo por esos comportamientos, por la chispa inadecuada del
aparato prohibido, sino, sobre todo, por los recortes para seguir
privatizándolo todo y por las palabras de los incendiarios que sirven de
combustible a la ignorancia.
Pero entonces llega una
presidenta (autonómica) que cree que el mundo es suyo, y que también
colabora con su plantita en el balcón en la anterior traición, y nos
sube y nos baja de un ático en un santiamén. Una malversación, un pufo
sideral, una guasa, una mamarrachada. Sí. Todo eso y más.
La posición de prácticamente cualquier representante político español al respecto de la vivienda es, como mínimo, tibia. Pero con el precio del alquiler que se disfruta en la capital de la libertad, lo de Ayuso es una traición en toda regla. Desconocemos a estas horas si también de alguien de su propio partido. Casado vive, la lucha sigue.
Es curiosa la actitud de los “patriotas” ante los fondos buitre
extranjeros que están inflando el precio del bien más necesario para una
vida digna. Curiosa, y también traidora. Como decía un sabio: “Molaría que prioridad nacional
quisiera decir que un fondo buitre extranjero no pudiera echar de su
vivienda a alguien que lleva viviendo en un barrio toda su puta vida”.
Pero claro, eso sería una prioridad racional, no una racista.
Y
justo cuando claudican, cuando, con una sola llamada –que pilla a
Tellado mirando a Cuenca– les abortan el plan del ático, y quedan en el
mayor de los ridículos Ayuso, su pareja, y el PP entero, va y se produce
un complot internacional para socavar la soberanía española. Un complot
que, aunque quizá no lo parece a simple vista, deja a la derecha, y,
sobre todo, a la extrema derecha, retratadas como lo que son: unos
vendepatrias.
Ellos, tan habituados a ver conspiraciones por todas partes; que si la Agenda 2030, que si el gran reemplazo… Ahora, que tienen una bien grande delante, los dirigentes de los partidos de derecha y extrema derecha negarán la mayor y le pedirán a su parroquia que niegue tres veces a su patria. Aunque lo hayamos visto todos.
Y lo negarán porque, aunque disimulen, para ellos la pasta manda más que la bandera. Tanto el PP como, sobre todo, Vox, que es el partido que más vota a favor de Israel en el Parlamento Europeo, están bajo el muy rentable influjo del lobby sionista en España. Por eso no pueden reconocer que el único gran reemplazo que existe es el que les beneficia. El que va trucando y manipulando elecciones cuando no produciendo golpes de Estado blandos. El que va pasando como la peste por los pocos países que le quedan al eje imperialista-genocida por someter. En Colombia, donde tenían a un hombre digno y ahora gobierna un criminal que nunca habría ganado limpiamente, saben bien de lo que hablamos.
Y en nuestro caso, donde las elecciones están al caer, la coordinación del eje Israel-EEUU al que se ha venido incorporando Marruecos es tan evidente que enumeraremos unas pocas pruebas de las muchas que hay a disposición de cualquiera:
1: En mayo de 2019, Jair Netanyahu, el hijo del genocida, ofrece un trato a España por redes sociales: “Nosotros no financiaremos a las ONG de tu país que te piden que cedas Ceuta y Melilla, y tú dejarás de financiar a las ONG de nuestro país que nos piden que cedamos Judea y Samaria”.
2: En abril de este 2026 la prensa israelí titula: Los Acuerdos de Abraham llegan al estrecho: cómo Israel puede ayudar a Marruecos a recuperar su norte.
3: En las páginas 87 y 88 de este documento, también de abril de este año, Estados Unidos oficialmente apoya que Ceuta y Melilla puedan ser consideradas territorio marroquí, ese que ya incluye la flamante Autopista Donald J. Trump.
4: El republicano Thomas Massie ha contado que el Congreso aprobó el pago de 40 millones de dólares a Marruecos en un proyecto de ley justo 2 semanas antes de lo sucedido en Ceuta.
Las pruebas de la coordinación del gobierno marroquí con los jóvenes que ha usado como arma política parecen claras. Y el hilo conductor no puede ser más evidente: no vivimos un momento cualquiera por muchas razones, climáticas y energéticas sobre todo, pero la madriguera de conejos es mucho más profunda de lo que parece a simple vista.
Ormuz. Ese lío monumental en el que Trump se ha metido, y a nosotros con él.
La potencia imperial está ansiosa por controlar tantos recursos como pueda. Lo ocurrido en Venezuela, cuyos bienes petroleros están ahora de facto bajo el control de las empresas norteamericanas, fue un acto de piratería criminal, pero salió bien para sus intereses. Irán es diferente. Demostró una capacidad de resistencia que el Gobierno de Trump no se esperaba. La respuesta que ha dado Irán en esta guerra asimétrica es estrangular esa vía comercial fundamental para el mundo que es el estrecho de Ormuz.
Falta el 13 % del petróleo, el 15 % del gas natural, el 30 % de los fertilizantes nitrogenados, el 30 % del ácido sulfúrico (fundamental en la obtención del cobre, y en la producción de fosfatos, necesarios en agricultura), el 30 % del helio (necesario en la fabricación de chips), el 30 % del aluminio… Es decir, si atan cabos, vamos en dirección a un desastre económico-industrial global de proporciones jamás vistas, y falta hablar de El Niño…
Afortunadamente, hay que decir que España ha hecho bien los deberes (de manera discreta, diversificando las importaciones y limitando las exportaciones por un verdadero sentido de “prioridad nacional”, con un buen hacer que sin duda molesta a los traidores) y aguantará al menos hasta el otoño.
Puede parecer, a simple vista, que en Ormuz a Estados Unidos le ha salido el tiro por la culata, pero no es verdad. La guerra de Irán es más grave para China y para Europa que para ellos, y lo saben. A Estados Unidos no le interesa una paz duradera en Ormuz, porque le permite debilitar a su enemigo final –China– y a sus aliados cada vez más innecesarios –Europa–.
Y por eso ha ordenado a Ucrania que ataque masivamente las refinerías rusas, en este momento de gran escasez global de combustibles líquidos. El impacto ha sido tan grave que Rusia ha tenido que aplicar restricciones en su territorio y prohibir las exportaciones de gasolina y diésel. Exportaciones de las que Europa se beneficiaba de tapadillo.
Tenemos que empezar a asumir lo evidente: la agenda geopolítica estadounidense es perjudicial para Europa. Sus intereses van contra los nuestros. Y en medio del seguidismo borreguil de las élites y las extremas derechas europeas, hay que reconocer que España es el único país que ha sabido ponerse de perfil y oponerse –aunque sea tibiamente y a veces con cierta hipocresía– al plan del amigo americano para sacrificar Europa. Y a quien dude de que ese plan exista simplemente hay que recordarle dos palabras: Nord Stream.
Quien apoya a EEUU y a Israel, aunque no lo sepa, y se mire al espejo creyéndose lo contrario, es un traidor, y se dará cuenta pronto. Porque lo que pretenden nos va a destruir de mil maneras posibles. Ya lo está haciendo. Y con el tiempo veremos si el plan del eje Israel-Estados Unidos-Marruecos va más allá y lo que pretende es controlar Ceuta (para así controlar el estrecho de Gibraltar en previsión de problemas que puedan tener sus flotas en otros estrechos) e incluso las aguas territoriales canarias, ricas en telurio, y por las que ya hay un conflicto abierto con Marruecos.
Pedro Sánchez visitó hace unos días Argelia y acordó un aumento de las exportaciones mediante el gasoducto Medgaz que nos une al país norteafricano. Un movimiento que irritó a Marruecos, que no podía consentir ese ninguneo.
Tampoco ha sentado bien en Italia, otro de los destinatarios del gas argelino pero que no paga tan bien como España (porque los portes a España son más baratos y eso le da mayor margen a nuestro país). Y en general, tampoco en Europa, donde el problema del gas natural de cara a este invierno es serio –y, ya saben, la envidia es mala consejera. Si llega menos gas a España…
Por eso no es de extrañar que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, se apresurara a pedir la exclusión de España del grupo de Schengen, en vez de mostrar solidaridad por lo que claramente es una agresión injustificada a la soberanía de un aliado. También retratada para la posteridad con el dato de que, por Italia, en los últimos tiempos, ha habido el doble de entradas contabilizadas como ilegales. Además de fascista e insolidaria, hipócrita.
Tampoco sorprende ni la entrada masiva en Ceuta que hemos visto en los últimos días ni la actitud de según qué cuervos. Marruecos, un país autoritario de corte medieval, donde la mayoría de la población vive en una pobreza abyecta y sometida a una represión interna feroz, ha usado a sus propios jóvenes para mandar un aviso a España. Cargando a cientos de civiles en camiones militares hasta Ceuta, engañándoles con que si lograban cruzar la valla en España les acogerían, la juventud desesperada marroquí entró en tromba en Ceuta, huyendo de la pobreza y la violencia de la dictadura alauí. En el caos subsiguiente murieron varias decenas de personas. La cifra exacta todavía está por determinar, pero se acerca al centenar.
Pero esto no se ha decidido solo en Marruecos. Tanto EEUU como Israel
necesitaban este correctivo a España. No solo para enviar un mensaje,
sino para algo más importante: favorecer la caída de Sánchez y el
ascenso de un nuevo gobierno más favorable a sus intereses. Aunque para
que la faena quede bien rematada necesitas gente sobre el terreno
dispuesta a vender hasta a su madre, hace falta la colaboración de
nuestros cipayos. De traidores que se ponen a favor de las potencias
extranjeras.
Abascal dice ahora que Marruecos no es el enemigo,
y se alinea con esta nueva estrategia de Vox, que casualmente –o quizá
no– ha antecedido a lo sucedido y a la purga de varios de sus miembros que decían que Israel controlaba el partido.
Mientras tanto, Núñez Feijóo, bueno, en fin, no le pidan mucho. Cuando
el mayor traidor de todos dijo aquello de “el que pueda hacer, que
haga”, seguramente contaba poco con el gallego, y más con el Mossad.
Así que, el que quiera entender, que entienda.
Ahora que aún no han llegado las tempestades de otoño es un buen momento para recordar que estos mismos traidores que ahora entregan vidas, bosques y viviendas al fuego o a los planes extranjeros, son los que, dentro de unos meses, o con suerte unos años, se las volverán a entregar al agua.
Cuando vengan las tempestades alimentadas por un Mediterráneo más que nunca en llamas, de nuevo se mostrarán sorprendidos por la llegada del desastre previsto, y de nuevo se ofenderán cuando se les diga que era su responsabilidad prevenir, evitar y cuidar.
Y mientras la comunidad científica mira horrorizada la evolución de la oscilación más potente de la Tierra, El Niño, y avisa de que el año que viene puede ser terrible, con un aumento de las temperaturas estivales en todo el globo y también de las precipitaciones en primavera y otoño, estos traidores hacen como que no oyen el clamor desesperado de la ciencia y de la gente decente y siguen legislando en dirección contraria en prevención, en adaptación, en protocolos para zonas inundables, en todo.
De ese país que dicen querer proteger cada vez quedará menos. Traidor viene del latín, significa “el que entrega”. Tanta prioridad nacional de boquilla para que a la primera de cambio nos vendan a las injerencias extranjeras. Les van a faltar banderas de España para cubrir tanta vergüenza y tanta traición.
Juan Bordera es guionista, periodista y activista en Rebelión Científica y Global Sumud Flotilla. Es coautor de los libros El otoño de la civilización (Escritos Contextatarios, 2022) y ¿El final de las estaciones? (Escritos Contextatarios, 2024). Desde 2023 es diputado por Compromís a las Cortes Valencianas.
Antonio Turiel es investigador científico en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.


