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Más allá de «Selma»

Fuentes: TeleSur

Martin Luther King difícilmente vería la presidencia neoliberal e imperial del técnicamente negro, Barack Obama y el surgimiento de ricos e influyentes estadounidenses negros, Oprah Winfrey, como remotamente emblemáticos del cambio radical por el cual luchó.


Manifestantes de derechos civiles, dirigidos por el Dr. Martin Luther King, hacen su camino de Selma a Montgomery el 22 de marzo de 1965 en Alabama. Foto: AFP

En su magistral historia, ganadora del premio Pulitzer, sobre Martin Luther King, Jr. y el Movimiento de Derechos Civiles Estadounidense, David Garrow relata una historia interesante de Selma, Alabama, sólo unas semanas antes de las famosas marchas de 1965 que ayudaron a empujar al Presidente de los EE.UU, Lyndon Baines Johnson (LBJ) y al Congreso de Estados Unidos a aprobar la Ley de Derechos Electorales (VRA) más tarde ese año. Escribe sobre esa breve estancia de King en una cárcel de Selma en febrero de ese año, Garrrow señala que «King y [su compañero de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC), Ralph] Abernathy compartieron celda con un empleado blanco del SCLC, Charles Fager». Una mañana, «King entabló conversación con Fager sobre lo difícil que sería ganar la verdadera libertad. La visión de King iba más allá de lo que sus comentarios públicos indicarían. Fue una inolvidable inspiración, recordaba Fager años más tarde. «Recuerdo las palabras, exactamente, ‘Si vamos a lograr la igualdad, los Estados Unidos tendrá que adoptar una forma modificada de socialismo'»

Me pregunto qué pensaría King de la poderosa película, recientemente producida por Oprah, ‘Selma’, y el estrecho debate que ha surgido entre algunos demócratas acomodados sobre si la película es históricamente precisa en su descripción del Presidente Estadounidense Lyndon B. Johnson como un obstáculo para King y el Movimiento por los Derechos Civiles en Selma (la fidelidad de la película a los hechos históricos reales es bastante imperfecta en ese y otros hechos, los he señalado en un reciente ensayo, Znet.) Tengo la sensación de que King sería el menos entusiasta acerca de la película, y no estaría particularmente interesado en el debate que esta suscitó en la élite. Él estaría particularmente disgustado con la falsa representación de King en «Selma» – en palabras del comentarista Negro de izquierda, Glen Ford – «anhelar que se pongan fin a las protestas masivas, para que los Negros puedan alcanzar el real poder político – todo lo que significa claramente la elección de más Negros a la presidencia. Como si, en la mente de King, eso fuera todo lo que se trataba el movimiento de masas. Sabemos que no es cierto», Ford señala, «porque el Dr. King dijo lo contrario en incontables sermones, discursos, libros y ensayos; que buscaba la transformación social, un nuevo sistema de vida. Tres años después de Selma, King murió, todavía tratando de revivir el movimiento de masas».

«El verdadero problema que hay que afrontar»

La verdadera historia no contada o al menos malamente contada por lo bajo, sobre Martin Luther King, Jr., es que él era un Socialista Democrático para nada impresionado con la legislación que su movimiento pasó en 1964 y 1965. Las victorias no eran pequeñas. La Ley de Derechos Civiles de 1964 ordenó la eliminación de la segregación de las instalaciones públicas en el Sur de los EE.UU. La VRA concedió, a los anteriormente marginados estadounidenses Negros del Sur, el derecho al voto. Pero años después de Selma (si no antes), King (nunca se sintió cómodo con el sistema de beneficios) llegó a la conclusión de que sólo una «reforma radical», que implicaba «la reconstrucción radical de la sociedad misma», podría «salvarnos de la catástrofe social». De acuerdo con las enseñanzas de Marx (de las cuales King era admirador durante su tiempo en el Seminario Teológico Crozier, a principios de 1950), King sostuvo que «las raíces de [la injusticia económica] están en el sistema [capitalista] en lugar de los hombres o las operaciones defectuosas». En opinión de King la existencia simultánea de la pobreza masiva en el país y la violencia imperial de los EE.UU en el extranjero, atestiguaba el hecho de que «una nación que explota económicamente, tendrá que tener inversiones extranjeras y todo lo demás, y tendrá que usar su poderío militar para protegerlas». Insistió en que los estadounidenses «cuestionan a toda la sociedad», viendo, «que el problema del racismo, el problema de la explotación económica [el capitalismo], y el problema de la guerra están conectados». Estos «triples males, que están relacionados entre sí», estaban tan entrelazados, dijo, que «realmente no es posibles deshacerse de uno de ellos sin deshacerse de los otros». Como King explicó en un ensayo publicado póstumamente, «La revolución Negra… revela defectos sistémicos en lugar de defectos superficiales, y sugiere que la reconstrucción radical de la sociedad en sí, es el verdadero problema que afrontar».

«El poder para los pobres» Dadas sus creencias Socialistas y antiimperialistas – probablemente intactas en sus tempranos años veintes – King escribió y habló de la necesidad de justicia económica para todas las razas. Él incluyó Blancos pobres y el Tercer Mundo junto con Negros estadounidenses pobres en el círculo de los que merecía un nuevo orden social igualitario. «Queremos que no hay clases y castas», dijo en 1956, año en que apareció en el escenario nacional.

Por las observaciones de King en 1966, los Negros pobres en guetos estadounidenses estaban luchando con «cuestiones de clase». La raíz del problema fue el hecho que «algo está mal en el sistema económico de nuestra nación… algo está mal con el capitalismo». Este sistema, dijo King, «produce mendigos» junto con una opulencia exuberante para unos pocos privilegiados, y pidió «la redistribución radical del poder económico y político»

«Una cosa desafortunada sobre [la consigna], Poder Negro», King escribió ese mismo año, «es que da prioridad a la raza, precisamente en un momento en que el impacto de la automatización y otras fuerzas han hecho que la cuestión económica sea fundamental para los Negros y Blancos por igual. En este contexto, un eslogan de ‘Poder para los pobres’ sería mucho más apropiado».

«La Segunda Fase»

Más de lo comúnmente reconocido, King vio a mediados de 1960 los triunfos legislativos de su movimiento sobre el racismo del Sur, como estrictamente parciales e incluso como victorias potencialmente problemáticas. Vio los Derechos al Voto y la Ley de Derechos Civiles como relativamente fraccionados, burgueses y demasiado fácilmente ganados, incluso a bajo precio, logros que peligrosamente animaron a la Norteamérica Blanca a pensar que los «problemas raciales del país se resolvieron de forma automática». Vio estas victorias regionalmente específicas como cayendo muy por debajo de su objetivo más profundo: el avance de la justicia social, económica, política y racial a través de toda la nación (incluyendo ciudades del norte, guetos con profundas cicatrices) y de hecho en todo el mundo. Una cosa era, argumentó King, abrir las puertas de la oportunidad para unos pocos y relativamente privilegiados Afroamericanos. Otra cosa era mover a millones de personas desfavorecidas, Negros y otros, de la desesperación económica. Era otra cosa desmantelar los tugurios y superar las profundas barreras estructurales y sociales a la igualdad que continuó después de que fue desacreditada la intolerancia pública y después de que se prohibió la discriminación abierta. Una cosa era, sentía King, derrotar el racismo abierto de los sureños Blancos, como Bull Connor y el gobernador de Alabama George Wallace; otra cosa era enfrentar el racismo institucional más profundo, más encubierto, que vivía debajo de la menos abiertamente intolerante cara sonriente del norteño y urbano «liberalismo». Fue una cosa. Señaló King, derrotar la estructura de castas anacrónicas del Sur. Era otra cosa alcanzar la igualdad social y económica sustantiva para las personas económicamente desfavorecidas, Negros y otros, en todo el país.

King refleja su amarga experiencia, en el Norte urbano, cuando escribió las siguientes consideraciones mordaces sobre el callejón sin salida que la lucha por la igualdad del Negro había alcanzado en la estela de su fatídico, «Convertir al Norte», en 1965 y 1966, tras la victoria de los derechos al voto:

«Con Selma y la Ley de Derechos Electorales, una fase de desarrollo en la revolución de los derechos civiles llegó a su fin. Una nueva etapa se abrió… Para la gran mayoría de estadounidenses Blancos, la última década – la primera fase – fue una lucha para tratar al Negro con un grado de decencia, no de igualdad. La América Blanca estaba lista para exigir que al Negro no se lo trate con el azote de la brutalidad y degradación, pero nunca había estado verdaderamente comprometida a ayudarlo a salir de la pobreza, la explotación y todas las formas de discriminación… Cuando los Negros buscaron la segunda fase, el trato de igualdad, encontraron que muchos de sus aliados Blancos habían desaparecido en silencio… las expectativas del libre funcionamiento del Negro se estrellaron en las paredes de piedra de la resistencia Blanca…los Negros se sentían engañados, especialmente en el Norte, mientras que muchos Blancos sintieron que los Negros habían ganado tanto que era casi insolente y codicioso el pedir más, tan pronto».

«A pesar de que hemos ganado victorias legalistas y judiciales», dijo King a sus colegas durante una reunión en SCLC en1966, estos logros, «hicieron muy poco para mejorar la suerte de millones de Negros en los abundantes guetos», por lo que, «los cambios que se produjeron, fueron cambios en la superficie en realidad…no sustantivos». Más allá del Cambio

King sostuvo que el costo del cambio radical que abogaba sería mucho mayor que el precio, comparativamente bajo, pagado por el privilegio Blanco por las victorias relativamente fáciles alcanzadas en la lucha por la libertad del Negro hasta la fecha. «Cuando millones de personas han sido engañadas por siglos», escribió King, «la restauración es un proceso costoso… Una Justicia aplazada por tanto tiempo ha acumulado intereses y su costo para esta sociedad será sustancial, así como en términos humanos. El hecho no ha sido comprendido plenamente, porque la mayor parte de las ganancias de la última década se obtuvieron a precios de ganga. La eliminación de la segregación de las instalaciones públicas cuestan nada; tampoco la elección y nombramiento de algunos funcionarios Negros».

Por la desobediencia civil masiva

¿La «nueva fase» vendrá a través de la política electoral, su ámbito de aplicación se ampliará por la Ley de Derecho al Voto? Después de Selma, como en años anteriores (cuando el gobierno de John F. Kennedy intentó varias veces canalizar las luchas anti-abolición contra la segregación, del Movimiento de Derechos Civiles, en campañas de registro de votantes), King estaba menos que impresionado por las elecciones en Estados Unidos como un vehículo para la transformación necesaria. Rechazó los esfuerzos de los movimientos anti- guerra y sociales progresistas de justicia por lanzarlo como candidato para el cargo, optando en su lugar por una campaña de acción directa para acabar con la pobreza en los EE.UU. Después de haber sido gravemente derrotado en su esfuerzo de 1966 por lograr un cambio racial y socioeconómico progresivo en Chicago – una ciudad donde (como en todo el Norte urbano) los Negros habían poseído durante mucho tiempo el derecho al voto – King se aferró a su énfasis de larga data sobre la desobediencia civil masiva y el movimiento de acción social por debajo y más allá de la política electoral.

«Los desposeídos de esta nación [los EE.UU.] – los pobres, tanto Blancos como Negros – viven en una sociedad cruelmente injusta», dijo King a los oyentes de radio canadienses a finales de 1967. «Ellos deben organizar una revolución contra esa injusticia», agregó. Tal revolución requeriría «más que una declaración a la sociedad en general», más que «marchas callejeras… Debe haber», añadió King: «una fuerza que interrumpa el funcionamiento de la [sociedad] en algún punto clave». Esa fuerza usaría «la desobediencia civil masiva» para «transmutar la profunda rabia del gueto en una fuerza constructiva y creativa» así «dislocando el funcionamiento de la sociedad».

King no estaría impresionado

Si él pudiera regresar hoy, King no estaría feliz de ver la SCLC y la victoria del Derecho al Voto del SNCC celebrados en la película, mientras que: el ingreso medio de los hogares Blancos es 20 veces mayor que la de los hogares Negros; más de un tercio de los niños Negros viven por debajo del nivel de pobreza notoriamente inadecuada del gobierno federal; las tasas de desempleo y de pobreza de los Negros continúan como de costumbre, duplicando la de los Blancos; los 400 Estadounidenses más ricos poseen entre ellos, tanta riqueza, como la mitad inferior de la población de Estados Unidos; la gigantesca maquinaria de «defensa» de Estados Unidos (Imperio) representa el presupuesto de casi la mitad del gasto militar del mundo; un estado policial militarizado (revelado en la televisión y en el Internet al público, como nunca antes durante el drama en Ferguson el pasado verano) y un sistema de encarcelamiento masivo racialmente híper-dispar (con más de 2 millones de presos, 40% de ellos Negros) acecha con su alta vigilancia a la «Patria», y el sistema capitalista caótico e injusto empuja la ecología habitable a pasar límites omnicidas.

King difícilmente vería la presidencia neoliberal e imperial (habilitado en parte por la Ley de Derechos Electorales) del técnicamente Negro Barack Obama y el surgimientos de ricos e influyentes estadounidenses negros, como Oprah Winfrey – productora de «Selma» (así como al actor en la película, interpretando a un activista de los derechos civiles de trabajo) – como remotamente emblemático de los cambios radicales por los que él luchó. En todo caso, se observa que el ascenso de los Negros burgueses como Obama y su buena amiga, la magnate del entretenimiento Winfrey ,era parte del problema de la América Negra, en cuanto al avance tan cacareado de un número relativamente pequeño de negros privilegiados, tiende a reforzar en «la América Blanca» (frase de King) la creencia de que todas las correcciones raciales se han hecho y que las barreras pertinentes restantes para el progreso Negro y la igualdad son internos en la propia comunidad Negra. Podemos estar seguros de que Winfrey habría vetado la inclusión de los comentarios del Dr. King a Charles Fager sobre la necesidad del Socialismo, en el guion de «Selma». El comentario no se ajusta a la imagen domesticada de King, que Oprah, Obama, y otros guardianes de la reinante memoria nacional, Blanca-y-amiga del capital, desean mantener en su lugar.

El último libro de Paul Street es They Rule: El 1% v Democracia. Fuentes: Para las fuentes citadas y consultadas en la redacción de este ensayo, por favor vaya al final del ensayo. Aquí. https://zcomm.org/zcommentary/a-narrow-historical-row-over-selma/ (página en inglés)

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/-Mas-alla-de-Selma-20150202-0025.html