Recomiendo:
0

Sobre la política de Estados Unidos hacia el reconocimiento y los refugiados

Palestina: el gran temor, entonces y ahora (1948, 2011)

Fuentes: Israel Occupation Archive

Traducción por S. Seguí

¿Qué van a hacer a los palestinos en las Naciones Unidas este mes de septiembre? La pregunta parece atormentar a Washington y Tel Aviv mientras se preparan para bloquear los intentos palestinos de obtener el reconocimiento de la ONU, como si la idea misma de dicha acción representara una forma de insolencia política merecedora del más duro rechazo internacional. Las serias explicaciones de los palestinos sobre lo que pueden esperar de un viaje a las Naciones Unidas no han permitido disipar la oscura nube de la sospecha que fomentan los comentaristas de los medios de comunicación dominantes. Y otro tanto puede decirse de las referencias al problema de los refugiados, cuyo origen está regularmente envuelto en distorsiones, si no simplemente suprimido. Esta combinación es la que ofrecen siempre Washington y Tel Aviv como una prueba más de los esfuerzos por «deslegitimar» el Estado de Israel. Es cierto que desde su perspectiva, la apertura del debate sobre estas cuestiones es inaceptable, ya que constituye un riesgo, el riesgo de que el público norteamericano pueda descubrir que las raíces del gran temor que amenaza en septiembre no son nuevas: han sido parte del conflicto desde al menos desde 1948, del mismo modo que lo ha sido Estados Unidos.

Fue en 1948, no en 1967, cuando se originó la «relación especial» entre Estados Unidos e Israel. Esta relación, desde el principio, se forjó en el contexto más amplio de los intereses petroleros de Washington y de las ambiciones militares conexas en Arabia Saudita y Oriente Próximo en general. Funcionarios estadounidenses reconocieron abiertamente que Palestina formaba parte inseparable de esta región. En 1948, manifestaron oficialmente su compromiso con el Plan de Partición de la ONU, aunque temían los efectos que la escalada de violencia en Palestina pudiera tener para los intereses estadounidenses. Esta cautela el aumento en proporción directa a la aceleración del conflicto generado por la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas y su Plan de Partición de Palestina, que hizo que los funcionarios estadounidenses pidieran una reconsideración de la cuestión.

Lo que sigue a continuación es un resumen de lo que condujo hasta este punto y la posterior etapa, un período en el que el entonces presidente Truman y la élite decisoria se enfrentaron a las políticas expansionistas de la Agencia Judía y sus violentos ataques contra los palestinos, así como el rechazo árabe y palestino de la partición. Las razones dadas públicamente eran claras en cuanto a la naturaleza de las causas agravantes de la continuación del conflicto, entre otras las condiciones que llevaron al problema de los refugiados, que Washington criticaba, al menos en apariencia. Esta es una parte de la historia que se analiza en las páginas que siguen. La otra, que he elaborado en otros lugares [1], es que los funcionarios estadounidenses llegaron a la conclusión de que el triunfo por la fuerza de Israel, que Washington estimaba inadecuado para la paz a largo plazo, era más que adecuado para la protección de los intereses de EE.UU. Las políticas resultantes liquidaron el apoyo a los refugiados palestinos, así como el intento de frenar la expansión israelí.

A medida que la fecha de salida de Gran Bretaña de Palestina como la potencia mandataria se acercaba, el nivel de tensión aumentaba a ojos vista en la Casa Blanca, y entre la Casa Blanca y varios altos departamentos (el Departamento de Estado, incluido el personal de Planificación de Políticas; el Departamento de Defensa, la CIA, y la Delegación de EE.UU. ante la ONU.) El gran temor era que el caos descendiera sobre Palestina tan pronto como el poder colonial abandonara la zona, con riesgos evidentes para los intereses de EE.UU. en el Oriente árabe, donde las concesiones controladas por Estados Unidos del petróleo saudí alimentaban el Plan Marshall.

¿Qué había que hacer? En el invierno de 1948, funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Defensa llegaron a la conclusión de que la escalada del conflicto ya no podía ser ignorada, y tanto los funcionarios internacionales como los estadounidenses eran testimonio de sus destructivas consecuencias. Funcionarios estadounidenses en Palestina había estado enviando informes del aumento de la violencia y la escalada del conflicto entre las fuerzas judías de Haganá, Irgún y la Banda Stern, cuyos movimientos Haganá no podía controlar o con los que estaba de acuerdo. Estaban también al corriente de la hostilidad de los líderes palestinos y árabes hacia la partición, pero reconocían que su capacidad militar no era rival para la yishuv, la comunidad judía de Palestina, contrariamente al mito posterior de David y Goliat.

En Palestina, entretanto, fuerzas árabes llevaron a cabo ataques contra asentamientos judíos, con la posterior toma de represalias del Irgún. De acuerdo con la exposición publicada por la Secretaría Nacional del Mapam y el director de su Departamento de Asuntos Árabes en 1987, «el Irgún utilizó un coche bomba para volar la sede del gobierno en Jaffa, matando a 26 civiles árabes. Tres días después, colocó explosivos en la Puerta de Jaffa, en Jerusalén, matando a otros veinticinco civiles árabes, un patrón que se estaba haciendo evidente: a cada respuesta árabe, Haganá respondía -siempre condenando las acciones de Irgún y la Banda Stern- se unió a con una exacerbada represión.» [2]

De acuerdo con el diario de David Ben-Gurión de enero de 1948, «el objetivo estratégico [de las fuerzas judías], era destruir las comunidades urbanas, los sectores más organizados y políticamente conscientes del pueblo palestino.» [3] El resultado fue «el colapso y la rendición de Haifa, Jaffa, Haifa, Safed, Acre, Beit-Shan, Lydda, Ramleh, Majdal, y Beersheba. Privados de transporte, alimentos y materias primas, las comunidades urbanas sufrieron un proceso de desintegración, caos y hambre que las obligó a rendirse.»

El impacto que los hechos tuvieron sobre los funcionarios estadounidenses en Palestina fue aleccionador. El cónsul de Jerusalén reconoció que «las esperanzas que pudimos haber tenido de que los disturbios inmediatamente posteriores a la decisión de la ONU representaban una fase pasajera y que nuevos tiempos, más tranquilos, pronto volverían ya han sido disipadas.» [4] El número de muertes fue, según las noticias, superior a mil, con el doble número de heridos. En cuanto al Gobierno palestino aún bajo control británico, se encontraba «en estado de desintegración», con una interrupción de los servicios de las oficinas del gobierno que reflejaban la falta de cooperación entre árabes y judíos. Los planes para la visita de la Comisión de la ONU y su evaluación de la situación estaban en cuestión. Sin embargo, como afirmaba el cónsul de EE.UU. «los funcionarios judíos dicen que no tienen dudas sobre su capacidad para establecer su Estado», o para defender la línea Haifa-Tel Aviv, a diferencia de Galilea Oriental y el Negev, y el futuro de los 100.000 judíos de Jerusalén objeto de su preocupación. [5] El cónsul estadounidenses llegaba a la acertada conclusión de que ni los ataques árabes ni las dudas de la ONU o EE.UU. sobre la evolución en curso podrían alterar fundamentalmente el objetivo de la Agencia Judía.

En el mismo período, Dean Rusk, entonces Director de la Oficina de Asuntos de la ONU, envió un memorándum al subsecretario de Estado, Robert Lovett, proponiendo un «cambio de posición sobre Palestina», lo que significaba la reconsideración de la partición. La suya no era una voz aislada. George F. Kennan había sido durante mucho tiempo escéptico de las cargas que Washington estaba asumiendo con su aceptación de la partición. George C. Marshall, Robert Lovett y Austin Warren eran muy conscientes de los riesgos, al igual que la CIA, recién formada, que presentó una evaluación de la situación general de Palestina en la que alertaba a Washington de las posiciones incompatibles de árabes y judíos. Los primeros, según la CIA, estaban movilizándose en oposición a la creación de un Estado palestino bajo la égida del Plan de Partición; por su parte, el Yishuv era incapaz de controlar los grupos extremistas, como Irgún y la Banda Stern. La noticias eran desalentadoras, con la única excepción de que, según la CIA, los sauditas no estaban dispuestos a denunciar sus contratos petroleros con EE.UU.

En cuanto a la Agencia Judía, respondió a la noticia de que Washington estaba considerando llevar la cuestión de Palestina de nuevo a las Naciones Unidas con una intensa movilización de sus partidarios. Además, el jefe de la Agencia Judía en EE.UU. desarrolló una estrategia nueva y más ambiciosa consistente en establecer relaciones más estrechas con los intereses petroleros de EE.UU. A otro nivel, funcionarios estadounidenses trataron de romper el punto muerto en Palestina a través del acercamiento a los que identificaban como árabes moderados y sus homólogos judíos, señalando a los defensores del binacionalismo árabe y judío binacionalismo y los partidarios de un Estado unitario de Palestina que reconociera los derechos minoritarios de los judíos.

En una reunión con el secretario de Estado George Marshall, a principios de mayo de 1948, Judah Magnes, un rabino reformista nacido en Estados Unidos y presidente de la Universidad Hebrea, instó a la Secretaría de Estado a aplicar sanciones financieras contra la Yishuv en un esfuerzo por controlar sus actividades armadas, en la confianza de que «la máquina de guerra de los judíos en Palestina se detendría por falta de combustible financieros.» [6] Magnes recomendaba que se cortasen también las contribuciones financieras a los estados árabes.

Estas políticas ni fueron aplicadas ni siquiera contempladas. En marzo, se tomó la decisión de recomendar un alto el fuego urgente, una tregua y la administración fiduciaria de Palestina, que serían aplicados inmediatamente tras la salida de Gran Bretaña. La respuesta fue el rechazo categórico de la Agencia Judía, que denunció lo que consideraba como una traición de Washington a su compromiso con la partición, y procedió a organizarse para el establecimiento inmediato de un gobierno provisional en Palestina. En el lado árabe, la cuestión de la tregua se consideraba aceptable, a condición de que significara el rechazo formal de Washington de la partición, lo cual no era el caso.

Funcionarios estadounidenses favorables a reabrir el debate de la partición hicieron circular un proyecto de acuerdo de tutela, de carácter reservado, dirigido a las misiones estadounidenses en París, Londres y Oriente Próximo. Pero su difusión coincidió con el empeoramiento de la situación en Palestina, tal como el cónsul estadounidense informó sobre el papel del Irgún en la masacre de palestinos -hombres, mujeres y niños- en la aldea de Deir Yassin, y en la expulsión y la huida de los palestinos de Haifa y después Jaffa, entre otros lugares.

En Washington, las noticias de estas atrocidades sólo sirvieron para aumentar la ansiedad por la inminente partida de Gran Bretaña a medida que el apoyo de Truman al fideicomiso aumentaba. En torno a este punto, las opiniones variaban. Algunos funcionarios afirmaban que no era pertinente, dado que ya existía un Estado judío, en todo salvo el nombre, y que el retraso de este reconocimiento proporcionaría a la Unión Soviética una ventaja en Palestina y el Oriente Próximo, por cuanto era público su apoyo a la partición, a la que se sabía que seguiría el reconocimiento de la condición de Estado. Otros, entre los que se incluía el secretario y el subsecretario de Estado, insistían en que el reconocimiento del Estado judío mientras EE.UU. y la ONU apoyaban una tregua, con EE.UU. en la Comisión de Tregua y la Resolución de la Asamblea de la ONU aún vigente colocaría, en principio, a Washington en una posición insostenible. Marshall y los cuadros del Departamento de Estado a cargo de Palestina estaban de acuerdo en que Washington debía mantenerse firme en su apoyo a una tregua e incluso un fideicomiso, en el bien entendido de que sería una solución temporal solamente, que por consiguiente no bloquearía el futuro apoyo a la creación de un estado judío. Pero esto no disipó el antagonismo entre los funcionarios del Departamento de Estado y otros, como Clark Clifford, asesor legal de Truman y uno de sus asesores de confianza en asuntos palestinos, que finalmente llevó al enfrentamiento, el 12 de mayo, días antes de que Israel pasara a declarar su independencia a la salida de los británicos. Clifford, de hecho, alentó al jefe de la Agencia Judía a tomar esta decisión, dándole instrucciones sobre cómo formular el anuncio que debían presentar al presidente de Estados Unidos, recomendando que se enmarcara en términos de su adhesión al Plan de Partición de la ONU de 1947, un consejo que Ben-Gurión procedió a ignorar, salvo cuando le convenía afirmar lo contrario.

Más tarde, Ben-Gurión recordaría este período, afirmando:

«Actuamos como lo hicimos porque dudábamos de que Marshall estuviera dispuesto a utilizar las fuerzas que él representaba para impedir el establecimiento del Estado de Israel. El Estado se constituyó en oposición a Marshall, sin que intervinieran contra nosotros las fuerzas armadas estadounidenses. Si lo hubieran hecho, el Estado habría sido destruido en un abrir y cerrar de ojos, todo lo contrario de lo que sucedió: Estados Unidos reconoció de facto al Estado de Israel .»[7]

La evaluación de Ben-Gurión era compartida por otros que creían igualmente que Washington no se opondría públicamente a la Agencia Judía. El impacto de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto no podía ser olvidado, ni tampoco el grado de apoyo al Estado judío por parte de EE.UU. Sin embargo, hubo otras consideraciones que pesaron en los círculos de los que formulaban las políticas estadounidenses, como reveló la evaluación de la cuestión de Palestina de 1948. Quienes antes se habían opuesto o, al menos, se habían mostrado escépticos sobre los efectos de la partición en la política estadounidenses, reflexionaron y llegaron a la conclusión de que el nuevo Estado podría ser útil para la protección de los intereses estadounidenses más ventajosamente que los estados árabes, atrasados e inferiores en el aspecto militar.

La suerte estaba echada, pero no sin continuos problemas, incluida la situación de los refugiados palestinos.

El nuevo gobierno de Israel estableció su posición en relación con la crisis de refugiados en julio de 1948, cuando anunció que no era responsable de la creación del problema de los refugiados, insistiendo en que el éxodo de los palestinos se debió enteramente a órdenes de los árabes. La respuesta se convirtió en la posición estándar de Israel y sus partidarios, y lo sigue siendo a pesar de la evidencia en contrario presentadas por palestinos e israelíes. En 1948 y 1949, recibían con regularidad informes sobre la crisis de los refugiados tanto la Secretaría de Estado como el presidente de Estados Unidos, quienes respondían con intentos de persuadir a Israel a aceptar su responsabilidad y aceptar la repatriación de los refugiados palestinos.

La CIA declaró públicamente que consideraba el problema como «el más grave conflicto demográfico desde la terminación de la II Guerra Mundial.» Casi un año después de la declaración de independencia de Israel, el entonces Secretario de Estado Dean Acheson se dio la cifra de 800.000 refugiados palestinos, a la vez que afirmaba que constituía «la mayor fuente de preocupación inmediata para el Presidente», insistiendo en que era un problema de gran calado, capaz de erosionar «el buen orden y el bienestar del Oriente Próximo.» [8] El número estimado de refugiados varía, pero la posición de Washington se mantuvo firme en su insistencia en el principio de repatriación.

Según fuentes estadounidenses, el número y la ubicación de los refugiados palestinos a finales de 1948 era los siguientes:

    160.000-220.000, Palestina septentrional 200.000-245.000, Palestina meridional 75.000-80.000, Transjordania 100.000-110.000, Siria 9.000, Líbano 5.000, Irak 8.000, Egipto 7.000, Israel » [9]

El 11 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 194 (III) que establecía que se permitiera a los refugiados que deseasen la repatriación y estuvieran dispuestos a vivir en paz a regresar cuando se estimase viable o a recibir una compensación por daños a la propiedad. La aprobación de la Resolución dio lugar al establecimiento de la Comisión de Conciliación de Palestina, a la que Truman nombró a Mark Etheridge como delegado de EE.UU. En un escrito desde la Conferencia de Lausana, celebrada en el verano de 1949, Etheridge denunció la actitud de Israel ante el problema de los refugiados como «moralmente reprobable y políticamente miope.» [10]

En la primavera de 1949 el Departamento de Estado afirmó que, tras la retirada británica de Palestina y el establecimiento de Israel «casi toda la población árabe de Palestina huyó o fue expulsada de la zona de ocupación judía.» El documento del Departamento de Política afirmaba:

«Además, las autoridades israelíes han seguido un programa sistemático de destrucción de viviendas árabes en ciudades como Haifa y las comunidades rurales a fin de reconstruir las viviendas modernas para la afluencia de inmigrantes judíos de los campos de refugiados en Europa. Hay, por tanto, en muchos casos, Así pues, ya no hay, literalmente, viviendas a las que los refugiados puedan regresar. En otros casos, inmigrantes judíos han ocupado las viviendas árabes y no cabe duda de que no van a reanunciar a ellas en favor de los refugiados. Por consiguiente, parece cierto que la mayoría de estos desventurados pronto se encontrarán con el hecho de que ya no podrán volver a sus casas. A menos que se les ofrezca alguna alternativa y alguna esperanza de una vida mejor en el futuro, lo cierto es que las repercusiones políticas, por no hablar de las sociales, serán muy importantes.» [11]

Denunciando lo que consideraba intransigencia por parte de Israel, EE.UU. instó a este país a «aceptar el principio de repatriación de un número o una categoría acordados de refugiados, con la provisión por parte de Israel de garantías adecuadas de sus derechos civiles y religiosos, y a condición de que los repatriados deseasen vivir en paz dentro de Israel y profesar a este país su plena lealtad.»

El Departamento de Estado también recomendaba el «asentamiento permanente en la Palestina árabe» de tantos refugiados como pudiera acomodar, en el bien entendido de que tal asentamiento se llevaría a cabo bajo los auspicios de Transjordania y debería incluir la cooperación con Israel en asuntos tales como los recursos hídricos. En pocas palabras, EE.UU. aprobaba el traslado de los palestinos, al tiempo que pedía su repatriación, pero dentro de límites convenidos. El Documento de Política del Departamento de Estado reconoce que «Israel no tiene intención de aceptar de regreso más de una parte de los refugiados». Eliahu Elat (antes Eliahu Epstein), primer embajador de Israel en EE.UU., consideraba que «tal vez los árabes cristianos podrían ser autorizados a regresar, pero que los árabes musulmanes serían un elemento recalcitrante que no podría asimilarse en Israel.» [12]

La Asamblea General estableció un fondo de ayuda a los refugiados palestinos de 32 millones de dólares, para el que se pedía la contribución de los Estados miembros, a la vez que el presidente estadounidense, Truman, autorizaba 16 millones de dólares de ayuda a los refugiados palestinos, afirmando que su carácter esencial, dado que «700.000 refugiados estaban subsistiendo prácticamente en niveles de hambre.» [13]

Funcionarios estadounidenses hasta el nivel del presidente, éste incluído, continuaron reuniéndose con funcionarios israelíes insistiendo en que éstos tomaran alguna iniciativa en materia de repatriación y devolución de los bienes, pero fue en vano. A finales de marzo de 1949, afirmaron que Truman estaba «molesto por la falta de cooperación mostrada [por Israel] y afirmaba que había que seguir manteniendo una presión firme.» [14] El presidente de Estados Unidos, en un mensaje secreto de 28 de mayo de 1949, dirigido al Ben-Gurión escribía:

«El Gobierno de Israel no debe abrigar duda alguna de que el Gobierno de EE.UU. confía en que adopte una postura responsable y positiva en relación con los refugiados de Palestina y que, lejos de apoyar las excesivas reclamaciones israelíes de más territorios palestinos, el Gobierno considera necesario que Israel ofrezca una compensación territorial por el territorio que espera adquirir más allá de los límites establecidos por la Resolución de la Asamblea General de 29 de noviembre 1947.»[15]

Había un convencimiento creciente de que era poco probable que Israel considerara la repatriación total, de ahí la sugerencia de que, de acuerdo con las condiciones económicas, algunos de los refugiados palestinos se establecieran en «la Palestina árabe y que los restantes fueran distribuidos entre Siria y Transjordania.» [16] Estos estados debían estar dispuestos a aceptar unos 400.000 refugiados.

Mientras tanto, desde Jerusalén, el cónsul estadounidense William C. Burdett envió un telegrama al Secretario de Estado, el 6 de julio de 1949, en el que describía a los refugiados palestinos en términos de «desánimo, miseria, falta de esperanza y fe» tras la «destrucción de sus antiguos valores», lo que los hacía vulnerables a la propaganda comunista [17]. Burdett continuaba con la predicción de que Israel «no tiene ninguna intención de permitir el retorno de un número apreciable de refugiados, excepto, quizás, a cambio de nuevos territorios… Las viviendas y aldeas árabes, incluidas las de las zonas no atribuidas a Israel por la decisión de la partición, han estado ocupadas en gran número por los nuevos inmigrantes. Otras han sido deliberadamente destruidas. Prácticamente, no queda ya espacio. Los barrios árabes de Jerusalén, hasta hace poco zona militar, están ahora casi llenos y nuevos inmigrantes están llegando constantemente. » [18] Al igual que Burdett, concluía:» Israel tiene la intención de obtener, eventualmente, la totalidad de Palestina, pero, salvo que tengan oportunidades o crisis inesperadas, espera alcanzar este objetivo paulatinamente y sin el uso de la fuerza en un futuro inmediato.»

Burdett también informaba, en la misma línea que Ben-Gurión en la declaración antes citada, que, basándose en pasadas experiencia, los israelíes estaban convencidos de que Washington no llevaría a cabo sus exigencias en relación con el territorio o los refugiados. Burdett citó la prensa israelí como una indicación de «la eficacia de la propaganda judía organizada en EE.UU.» En sus recomendaciones de adopción de medidas por parte de Estados Unidos y las Naciones Unidas, Burdett sugería que se aplicaran «medidas punitivas contra Israel» con el fin de obligar a su gobierno a «permitir a una reducción territorial y la repatriación de los refugiados.» Pero Burdett se apresuraba a añadir que no podían preverse estas medidas aun cuando Truman siguiera prestando apoyo a la repatriación de los palestinos en sus conversaciones con líderes israelíes.

Había otros factores que afectaban a la política estadounidenses que cada vez eran más prioritarios y que con el tiempo marginaron la cuestión de los refugiados en la medida de lo posible. Estos factores definían la naturaleza del apoyo de EE.UU. a Israel en el contexto de los intereses de expansión de Estados Unidos en Oriente Próximo. Constituían los elementos centrales de lo que luego sería conocido como la «relación especial», en la que se ha enterrado y olvidado una política estadounidense diferente.

¿Cuál es entonces la conexión entre el gran temor de septiembre de 2011 y la política estadounidenses en 1948? Es el recuerdo del reconocimiento por Washington, en 1948, del origen de la exigencia palestina da reconocimiento e independencia así como de las causas del problema de los refugiados palestinos. Las pruebas de sus enfrentamientos con la Agencia Judía sobre sus políticas expansionistas y con el nuevo Estado de Israel sobre la condición de los refugiados palestinos son un recordatorio de lo que Washington sabía y optó por olvidar, o más exactamente subvertir, en deferencia a sus propios intereses y al papel del nuevo estado de Israel en su protección.

El paquete resultante no tiene que ver con «deslegitimar» el Estado de Israel sino con mirar cara a cara a una primera etapa de la política estadounidenses y su conexión con la historia que ha conducido hasta la ONU en septiembre de 2011.

Notas

1. Véase Irene Gendzier, «What the U.S. Knew and Chose to Forget in 1948 and Why it Matters in 2009,» ZNet, 22.1.2009; Gendzier, «Past Tense, Present Sense: Considering U.S. Oil Interests and the Connection with Israel/Palestine, 1945-1949,» 20.5.2009; Gendzier, «U.S. Policy in Israel/Palestine, 1948: The Forgotten HistoryMiddle East Policy, Vol. XVIII, No. 1, primavera 2001.

2. Simha Flapan, The Birth of Israel: Myths and Realities, Pantheon Books, Nueva York, 1987, p. 95.

3. Ibíd.., p. 92.

4. 9.2.1948, The Consul General at Jerusalem (Macatee) to the Secretary of State, en U.S. Department of State, Foreign Relations of the United States [en adelante FRUS] 1948, vol. V, 2a parte, p. 606.

5. Ibíd., p. 607.

6. 4.5.1948, Memorándum de conversación con el Secretario de Estado, FRUS 1948, V, 2a parte, p. 902.

7. David Ben-Gurión,  Israel, A Personal History, The American Israel Publishing Company, Tel Aviv, 1971, p. 273.

8. 5.4.1949, Memorándum de conversación con el Secretario de Estado, FRUS 1948, V, 2a parte, p. 891.

9. 29.12.1948, Del Secretario de Estado en funciones a determinadas sedes diplomáticas y consulares, FRUS 1948, V, 2a parte, p. 1696. En otras referencias posteriores, como el Documento de Política del Departamento de Estado de 15 de marzo de 1949, el número de refugiados en determinadas zonas era mayor, como en Palestina septentrional y meridional, en los que se afirmaba que habían alcanzado el número de 230.000 y 225.000, respectivamente, en «zonas ocupadas militarmente por Egipto, Irak y Transjordania.» Véase FRUS 1949, Vl, p. 829.

10. 12.6.1949, De Etheridge. Delegación estadounidense en Lausana, comentando la nota israelí, incluída en The Ambassador in France (Bruce) to the Secretary of State, FRUS 1949, Vl, p. 1125.

11. 15.3.1949, Documento de política elaborado por el Departamento de Estado, FRUS 1949, Vl, p. 837.

12. Ídem.

13. Declaración del Presidente, transmitida por la Casa Blanca el 24.3.1949 y reproducida en FRUS 1949, Vl, p. 862.

14. 24.3.1949, Memorándum del Secretario de Estado, Conversación con el Presidente, FRUS 1949, VI, p. 863.

15. 28.5.1949, The Acting Secretary of State to the Embassy in Israel, en FRUS 1949, VI, pp. 1073-74.

16. 16.5.1949, Minister in Switzerland (Vincent) to the Secretary of State, en FRUS 1949, VI, p. 1014.

17. 6.7.1949, The Consul at Jerusalem (Burdett) to the Secretary of State, FRUS 1949, VI, p. 1204.

18 Ibíd.., p. 1205.

http://www.israeli-occupation.org/2011-07-23/irene-gendzier-september-2011-and-may-1948-the-great-fear-now-and-then/