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Pesadillas en Jalazone: las familias que luchan con el trauma después de la tortura israelí

Fuentes: Mondoweiss

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Es muy tentador tomar el lado del perpetrador. Todo lo que el perpetrador pide es no hacer nada. Apela al deseo universal de ver, oír y no hablar mal. La víctima, por el contrario, pide al espectador compartir la carga de dolor (Judith Lewis Herman, MD «Trauma y recuperación «)

Las casas en el campo de refugiados Jalazone se construyen a contrapelo y una encima de otra. El hacinamiento, la infraestructura que se desmorona, el desempleo y las frecuentes incursiones nocturnas militares azotan a los residentes locales. (Foto: Defensa de los Niños Internacional Palestina / Dylan Collins)

 

Entender las visitas domiciliarias psiquiátricas en Palestina exige renunciar a los supuestos occidentales sobre la confidencialidad del paciente, la privacidad y la puntualidad. Aunque los pacientes a menudo en forma individual se dirigen a los centros de tratamiento después de salir de la cárcel, la dificultad de viajar desde las principales ciudades requiere que los terapeutas realicen visitas domiciliarias. Así es como las familias luego participan en la sesión como un grupo, viniendo así a comprender mejor la situación de su familiar y aliviar algunos de sus síntomas. En toda Palestina se crean las condiciones para que las familias sientan que su casa no es segura y que está fuera de su control. La violencia puede hacerse presente en un entorno tranquilo y sin previo aviso. Y resistir un arresto es poner en peligro al resto de los familiares. Un estudio realizado por el Centro para Tratamiento y Rehabilitación de Ramalla para las Víctimas de la Tortura (TRC) que entiende que los arrestos inducen a eventos traumáticos explica que «el 92 % de las detenciones [encuestadas] ocurrieron en los domicilios y la mayoría [de ellos] fueron… en los momentos de sueño profundo, después de medianoche. Esto causa graves daños emocionales y psicológicos a las familias y duplica el impacto del sufrimiento emocional y el trauma inmediato». («El impacto de la Detención en las familias de los detenidos palestinos en las cárceles israelíes», 2011).

Hace dos semanas, tuve la increíble suerte de visitar y acompañar al personal del TRC en visitas domiciliarias a los pacientes. Fundado por el Dr. Mahmud Sehwail*, el TRC es una organización líder en los campos de la psicología y la investigación sobre los sobrevivientes de la tortura en Cisjordania. Su trabajo se centra en gran medida en los exdetenidos y la forma de recuperarse y volver a integrarse a la sociedad. Guiados por el doctor Rania, un experimentado y considerado trabajador social que nos fue informando sobre la historia y los síntomas de los pacientes en el camino al campo de refugiados Jalazone.

Para mi gran sorpresa la familia en el campamento estaba feliz de acoger a dos estadounidenses junto con su terapeuta regular para hablar de la violencia que habían pasado y nos recibieron con té y besos. El doctor Rania explicó la importancia de este tipo de visita: los pacientes tienen el control sobre su entorno y cuentan sus historias cuando sienten que es el momento. Servir el té y tener una pequeña charla es una manera sencilla de prepararse para la entrevista y revivir los acontecimientos traumáticos.

El campo de refugiados Jalazone se encuentra en las afueras de Ramallah. Pobremente abastecido por la UNRWA, Jalazone se compone principalmente de las familias de las aldeas palestinas centrales que los israelíes «limpiaron» étnicamente en 1948. Con más de 11.000 personas en 253 dunams, unos 25 kilómetros cuadrados, el espacio es muy estrecho en Jalazone. Todo el campamento da la sensación de estar comprimido. Las casas se construyen a un brazo de distancia. El edificio que visitamos, un apartamento de dos pisos, albergaba a nueve niños y al menos cinco adultos.

Ayman, de 25 años, se retrasó para la sesión a pesar de que era el paciente oficial. Invitado suave pero firmemente por sus padres narró su experiencia: Unos meses antes, había sido detenido por soldados del ejército israelí en una incursión nocturna, golpeado por todo el cuerpo y secuestrado en una prisión israelí junto al resto de los hombres de su familia. Había sido liberado recientemente y ahora es incapaz de dormir, relajarse o comer regularmente por un temor generalizado de que los soldados aparezcan para asaltar su casa y vuelvan a arrestarlo. Esto lo llevó a quedarse en casa la mayor parte del día, dormitando cuando el sueño lo vence. Ahora, algo balbuceante, es capaz de articular sus pesadillas, que se escuchan como reproducciones exactas de lo que sucedió hace unos meses cuando fue arrestado por un delito desconocido, atacado por los soldados y mantenido en una prisión lejana, una y otra vez.

Ayman fumaba un cigarrillo tras otro a lo largo de nuestra reunión y se pasaba una mano por el pelo cada pocos minutos. Olas de estrés emanaban de su cuerpo encorvado; no podía dejar de mirar a las puertas y ventanas y empecé a imaginar sus soldados fantasmas irrumpiendo en la habitación.

Judith Herman escribe:

 Las personas traumatizadas reviven el suceso como si estuviera continuamente ocurriendo en el presente. Es como si el tiempo se detiene en el momento del trauma… queda codificado de una forma anormal en la memoria, que irrumpe espontáneamente en la conciencia, tanto como los flashbacks durante los estados de vigilia y como pesadillas durante el sueño… los arrestos traumatizan el curso del desarrollo normal y hacen su intrusión repetitivamente en la vida del sobreviviente (36).

Si Ayman viviera en otra situación política podría ser capaz erradicar el trauma de la detención de esa noche por el resto de su vida y trabajar los hechos traumáticos en un espacio donde pueda estar seguro de su inmunidad. Sin embargo ser palestino en un campo de refugiados cuya población está sometida a frecuentes incursiones, palizas y detenciones, en medio de un contexto más amplio de la ocupación y la colonización de su patria ancestral, será difícil la curación de los traumas de la detención. Ser arrestado nuevamente sin acusación no es nada raro y es la peor cosa que le puede pasar a alguien ya traumatizada por su primera detención. El doctor Rania nos informó repetidamente de que la única manera de recuperarse de un trauma es retirar al paciente de un ambiente traumático, pero «en Palestina no podemos hacer esto». Aquí los sobrevivientes deben procesar su trauma, el miedo y la ansiedad teniendo en cuenta la posibilidad de que todo podría volver a ocurrir en cualquier momento.

Aunque el trauma de la detención es común en Palestina, el doctor Sehwail estima que alrededor del 25 % de los pacientes del TRC que acuden en busca de atención de salud mental son diagnosticados de trastorno de estrés postraumático y acarrean un estigma en todo el mundo, e incluso aquí, en estas condiciones horribles. El miedo a ser considerados «locos» persiste. Los padres de Ayman describen con cierta ansiedad el terror constante de su hijo, que imposibilitó temporalmente tanto su esfuerzo por buscar un empleo como buscar una novia para casarse. El doctor Rania destacó cuidadosamente que lo que le había pasado a Ayman era normal y que su cerebro reaccionaba normalmente a lo que nunca debería haber ocurrido. El miedo sigue vivo en su cuerpo, lo que le hace revivirlo en sus tareas habituales y sus rituales ordinarios y constituye un desafío casi insuperable. Ayman contó toda su historia apenas en un murmullo, con los ojos fijos en el vidrio roto de la puerta principal.

Sus padres hablaron durante gran parte del encuentro. Su padre nos describió algunos años que había pasado trabajando en un restaurante puertorriqueño en Nueva Jersey. Su desgastado inglés contenía un cómico español y trató de sonreír cuando contó la imposibilidad de volver a hacer gestiones para conseguir un visado de viaje otra vez. Y mucho menos para salir del campamento. Mientras tanto su madre explicó al doctor Rania sus nuevas normas para con los visitantes a su casa, diseñadas para disuadir o al menos detener a los agresivos soldados: «Yo respondo a la puerta. Él [Ayman] se queda donde está. Voy yo, nadie más». Su charla era desarticulada, alternativamente alegre y triste, saltando de un tema a otro sin transición. Traté de mantener el ritmo, traducir y procesar cada nuevo tema lo mejor que pude. Más tarde, en el autobús de regreso a Ramala, el doctor Rania nos dijo: «Como se puede ver, toda la familia está traumatizada. Ellos no entienden esto, pero lo están».

Ayman y sus padres son afortunados, hay tratamiento disponible para ellos. Las reuniones periódicas con el personal de la TRC le ayudarán a desarrollar estrategias para elaborar su dolor, su miedo y ansiedad. Sin embargo, incluso con un buen asesoramiento su seguridad y bienestar nunca estarán garantizados, especialmente en la infraestructura en ruinas del campo de refugiados. Es uno de los miles de jóvenes que han pasado por el sistema de prisiones de Israel, diseñado para debilitar a los palestinos y suprimir su resistencia a la ocupación israelí. Es el año 2015 y ahora hay varias generaciones con este trauma extendido y complejo en toda Palestina y la mayoría están sin tratamiento. ¿Cuál será la próxima pesadilla?

* Todos los demás nombres de este artículo se han cambiado.

Trabajos citados:

1.- Herman, Judith Lewis. Trauma and Recovery. New York, NY: Basic, 1992. Print.

2.- OCHA Jalazone Refugee Camp Profile. Ochaopt.org. N.p., n.d. Web –

3.- Sohwail, Mahmud, Khader Rasras, and Wisam Sohwail. The Impact of Detention on Palestinian Detainees’ Families in Israeli Prisons «Secondary Victims of Torture, Pain and Suffering». Rep. N.p.: Treatment and Rehabilitation Center for Victims of Torture, n.d. Print. –

Fuente: http://mondoweiss.net/2015/12/nightmares-families-following