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Plantar cara a Netanyahu: cinco frentes concretos para responder al genocidio de Israel en Gaza

Fuentes: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Ya es oficial: el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha rechazado tajantemente las principales condiciones del borrador de la Junta de Paz y ha afirmado explícitamente que Israel no aceptará un alto el fuego ni la retirada de sus fuerzas de Gaza. Netanyahu afirmó de forma muy clara en una reunión de su gobierno: «Israel rechaza el documento con 15 puntos de la Junta de Paz para Gaza».

En una conversación previa con Nickolay Mladenov, el enviado principal, Netanyahu había establecido las condiciones que hacen estructuralmente imposible una verdadera paz, como exigir que el ejército israelí tenga libertad operativa unilateral para lanzar ataques a su antojo dentro de Gaza.

Eyal Zamir, el mando del ejército israelí bajo las órdenes del Jefe del Estado Mayor reafirmó esta postura al comunicar a la dirigencia política tres «líneas rojas» irrenunciables: libertad operativa completa para eliminar lo que se considere una amenaza en cualquier lugar de la Franja de Gaza, estricto control de todas las armas que entren o salgan de Gaza y ninguna retirada militar a menos que Hamas se desarme completamente.

Se puede culpar de todo a Netanyahu, incluso del genocidio actual, pero en los últimos años ha mostrado sus intenciones de una manera notablemente franca, de modo que nadie puede afirmar que Netanyahu haya engañado a persona alguna. Cuando a principios de este año Netanyahu intervenía en una conferencia celebrada en una colonia de la Cisjordania ocupada se jactó explícitamente de haber ordenado al ejército israelí extender su presencia física y ocupar de forma permanente al menos el 70% de la Franja de Gaza, una enorme expansión que supera con mucho las líneas de demarcación administrativa temporales establecidas en anteriores acuerdos de tregua.

Mientras tanto sus ministros de extrema derecha han llevado aún más lejos la postura de rechazo del gobierno. El ministro de Finanzas Bezalel Smotrich y la ministra de Misiones Nacionales Orit Strock hicieron pública una petición conjunta de celebrar una reunión de urgencia del gobierno para anular la autorización para desplegar la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF, por sus siglas en inglés), una fuerza creada dentro de la Junta de Paz como organismo transitorio de mantenimiento de la paz y destinada a supervisar la seguridad humanitaria, empezando por las zonas piloto de reconstrucción en Rafah. Pero Smotrich y Strock afirmaron que «se había engañado» al equipo de seguridad para que autorizara esta fuerza y argumentaron que permitir la entrada en Gaza de personal internacional pone en peligro la libertad operativa israelí y contradice directamente sus objetivos de guerra explícitos.

Estas últimas iniciativas y las estrictas «líneas rojas» del ejército confirman lo que han dejado claro los últimos meses de bombardeos constantes: el gobierno israelí no tiene intención alguna de poner fin a su genocidio en Gaza o de ceder el control del asediado y devastado territorio. Pero no servirá de nada poner de relieve estas posturas, excepto para acentuar una vez más la falta total de deseo de paz de Israel y su intención de perpetuar el conflicto. Aunque esta constatación es cierta, por sí misma no sirve para nada teniendo en cuenta que lo que está ocurriendo en Gaza y Cisjordania es más que atroz y que los asesinatos diarios de población palestina convierten al término «alto el fuego» en una broma cruel.

Mientras los diplomáticos debaten los marcos, los ataques israelíes siguen costando vidas civiles a diario, lo que ha hecho que la cifra de personas muertas tras la tregua ascienda a más de 1.250 y la cifra total de personas muertas desde octubre de 2023 a más de 73.000.

Por consiguiente, es necesario actuar y con toda urgencia. En efecto, la postura oficial israelí no deja más opción a la comunidad internacional que emprender una acción directa y coordinada en cinco frentes fundamentales:

Primero, los gobiernos árabes, musulmanes y aliados deben acudir a todas las plataformas internacionales disponibles, empezando por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU, para condenar formalmente la violación por parte de Israel del marco de paz de Gaza y poner de manifiesto su mala fe en las negociaciones. Los Estados deben ir más allá de las declaraciones simbólicas y acudir a mecanismos como la resolución «Unidos por la Paz» para evitar los vetos occidentales, deben presionar para que se impongan sanciones vinculantes y se imponga a Israel un embargo universal de armas.

Segundo, una renovada campaña mundial debe volver a centrarse en Gaza y Cisjordania, y denunciar los objetivos territoriales más amplios de Israel, en concreto la sistemática limpieza étnica de Gaza y la silenciosa anexión administrativa de Cisjordania. La sociedad civil, los sindicatos y las organizaciones populares de todo el mundo deben presionar a sus respectivos gobiernos para que corten las relaciones diplomáticas, económicas y militares con Israel hasta que acate el derecho internacional.

Tercero, los organismos jurídicos internacionales deben acelerar sus medidas. Hay que presionar más a la Corte Penal Internacional para que ejecute las órdenes de detención de altos cargos israelíes, al tiempo que la Corte Internacional de Justicia debe imponer medidas provisionales y dictar resoluciones definitivas respecto a las violaciones por parte de Israel de la Convención sobre el Genocidio. Acatar la ley debe ser considerado un requisito previo no negociable para las relaciones internacionales.

Cuarto, es necesaria una campaña mediática internacional unificada para responder a la propaganda patrocinada por el Estado y mantener la atención pública centrada en los planes estratégicos a largo pazo de Israel: el desplazamiento permanente de la población de Gaza y la apropiación formal del territorio palestino. Los medios independientes, los periodistas y las instituciones culturales deben cuestionar los relatos oficiales que califican las agresiones israelíes de defensa propia y centrarse en las realidades vividas y los testimonios de la población palestina bajo asedio.

Quinto, la comunidad internacional debe evitar los obstáculos que pone Israel y garantizar que entran inmediatamente en Gaza gran cantidad de alimentos, suministros médicos y materiales de construcción que impidan la hambruna generalizada y el frío del invierno. Los organismos internacionales de ayuda humanitaria deben establecer corredores humanitarios protegidos por un mandato mundial y no permitir que Israel utilice como armas de guerra la hambruna provocada y la denegación de ayuda humanitaria.

Una vez que se han desenmascarados completamente las intenciones de Israel, la comunidad mundial debe pasar de la mediación pasiva a la intervención activa.

Israel quiere normalizar el genocidio, de la misma manera que antes normalizó el ilegal asedio a Gaza y antes de ello la ocupación militar de Cisjordania, Jerusalén Oriental y Gaza, y el constante desplazamiento de población palestina desde 1948.

Debemos rechazar contundentemente la premisa de que la matanza de personas inocentes se puede llegar a convertir en una rutina aceptada.

No basta con conocer la atrocidad. No basta expresar solidaridad solo con palabras. Hoy se necesitan actos decisivos y concretos, y sigue estando totalmente en nuestra mano hacer que los culpables asuman sus responsabilidades si el mundo reúne el valor político para actuar.

Ramzy Baroud es periodista, escritor y director de la web The Palestine Chronicle. Es autor de ocho libros, el último de los cuales es Before the Flood, publicado por Seven Stories Press. Otros de sus libros son Our Vision for Liberation, My Father was a Freedom Fighter y The Last Earth. Es también investigador senior no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Globales (CIGA). Su página web es www.ramzybaroud.net

Texto original: https://www.palestinechronicle.com/standing-up-to-netanyahu-five-concrete-fronts-to-counter-israels-genocide-in-gaza/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.