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Más acá y por debajo del soberanismo-independentismo

¿Podemos comprender lo incomprensible?

Fuentes: Rebelión

Llevo dándole vueltas unos días a la dimisión del señor Baños, de la CUP, porque estoy verdaderamente deslumbrado. Es una pena para mí que no hubiese ocurrido esto antes de terminar de escribir mi última novela, porque hubiera adaptado de mil amores los actos de alguno de los personajes para incluir la idea. El señor […]

Llevo dándole vueltas unos días a la dimisión del señor Baños, de la CUP, porque estoy verdaderamente deslumbrado. Es una pena para mí que no hubiese ocurrido esto antes de terminar de escribir mi última novela, porque hubiera adaptado de mil amores los actos de alguno de los personajes para incluir la idea.

El señor Baños es el primer caso que yo conozca de político que dimite porque su partido político ha hecho lo que dijo que iba a hacer antes de las elecciones, para ser más exactos, lo que él mismo dijo en numerosas ocasiones que era un compromiso férreo: no votar a Mas como presidente. Y dimite, además, explicando que se ve forzado a ello porque la decisión de la CUP no le permite hacer lo que pensaba hacer.

Está claro: pensaba hacer lo contrario de lo que se había comprometido a hacer, luego dimite porque su partido no le permitió comportarse como un sinvergüenza y un embustero. Es la confesión más sorprendente que le he escuchado a un dirigente político en toda mi vida.

Ricardo Rodríguez (2015)

 

Apertura de una reunión de la ANC (Asamblea Nacional Catalana). El actual presidente de la Generalitat de Catalunya finaliza su discurso citando al periodista Carles Rahola, fusilado en el franquismo, con estas palabras: «Los invasores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron en Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la república, en la paz y en el trabajo, señora de sus libertades y sus destinos. ¡Viva Girona y viva Cataluña libre!» (Carles Puigdemont 2013).

Escribo durante la intervención de Lluís Rabell. No he podido seguir escuchando. No por él obviamente. Resultan insoportable el menosprecio de Boi Ruiz, el conseller de sanidad, y su gesto de complicidad con el hijo político del gran defraudador ante las críticas a su gestión privatizadora y antihumana.

Sobre el asunto, el acuerdo de investidura, irrumpe una gran pregunta: ¿puede comprenderse lo que a todas luces resulta incomprensible? Con más detalle:

¿Ha ganado algo, lo que sea, la izquierda catalana con este intercambio de cromos entre dos políticos profesionales que se reconocen ambos en la obra y en el legado político del expresident Jordi Pujol?

¿Puede un candidato a la Presidencia de la Generalitat, en enero de 2016, hacer un discurso de investidura en el que no incluya ni una sola referencia a la corrupción política que golpea todos los nudos de su partido y una gran parte de las instituciones por ellos dirigidas?

¿De qué Europa hablan cuando hablan de Europa? ¿La del euro y las desigualdades crecientes?

¿Cabe un discurso de investidura en el que las referencias al cambio climático y a la necesidad de una nueva economía sean un simple adorno?

¿Dónde ha estado la Cataluña obrera, la Cataluña de las clases trabajadoras hermanadas con el conjunto de los pueblos españoles en ese discurso?

¿Cómo es posible que todo el país no se haya levantado indignado ante las declaraciones de un satisfecho Artur Mas que señale que un acuerdo con la izquierda independentista de los Países Catalanes ha corregido lo que las elecciones del 27 S no permitían?

¿Puede una fuerza política esclavizar a otra organización política, negarle libertad de actuación e incluso incidir en la composición de su grupo parlamentario?

¿Cómo se puede aceptar una norma antidemocrática que impida a la CUP votar en cualquier asunto con las otras fuerzas de oposición del Parlamento de Cataluña en aras de mantener una supuesta e indiscutible estabilidad?

¿Qué sentido democrático tiene que dos diputados de la CUP participen en las reuniones del grupo de Junts pel Sí y se comprometan a votar siempre como la fuerza que representa lo más conservador y neoliberal de la sociedad catalana?

¿Cómo poder aceptar que dos diputados de la CUP hayan tenido que dejar de ser diputados por imposición de Junts pel Sí?

Pero sobre todo, lo que resulta más inadmisible: ¿cómo una fuerza crítica, rebelde, disidente, revolucionaria, puede aceptar que en el acuerdo figure una bronca-castigo del Amo-Papá regañándole por haberse mantenido crítica y no servil a lo largo de estos meses? ¿No representa la aceptación de este castigo la anulación de su propia razón de ser?

En síntesis: ¿cómo poder entender un acuerdo incomprensible suscrito por una fuerza revolucionaria que tan solo ha conseguido un intercambio de cromos, en el que no está del todo claro si el segundo es peor o igual que el primero? Defienden lo mismo, tienen los mismos progenitores y van a hacer lo mismo. Nada que tenga que ver con una Cataluña justa y solidaria en una España más libre, más equitativa y más federal. ¿La Patria lo justifica todo?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.