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Podemos e IU: ahora, construir la unidad popular

Fuentes: Cuarto Poder

Para Hugo Martínez Abarca, desde el orgánico partido La salida de Tania Sánchez agrava la crisis de IU y debilita la posición de Alberto Garzón. Los hechos son tercos e invitan a tomarlos en cuenta o, al menos, partir de ellos. La discusión de cuántos y cuántas se van, las condenas y hasta insultos lo […]

Para Hugo Martínez Abarca,

desde el orgánico partido

La salida de Tania Sánchez agrava la crisis de IU y debilita la posición de Alberto Garzón. Los hechos son tercos e invitan a tomarlos en cuenta o, al menos, partir de ellos. La discusión de cuántos y cuántas se van, las condenas y hasta insultos lo único que prueban es una infinita mala fe y no entender lo que pasa, los que nos pasa. Que Tania deje la IU-organización significa una derrota colectiva, un fracaso de un modo y estilo de hacer, digámoslo así, «dirección» y una demostración más de que los obstáculos para una renovación, refundación, fundación, de Izquierda Unida son extremadamente fuertes, tanto que ya no nos quedan objetivos para nombrar lo mismo, una y otra vez defendido con diversos nombres y, una y otra vez, aplazados cuando no ridículamente negados por los que habían sido elegidos para llevarlos a cabo. Lo que está en juego es si IU es (auto-) reformable más allá de las solemnes declaraciones.

Aquí y ahora, lo fundamental y prioritario es la política, dejarse de lenguajes que nada dicen y situar en el centro el debate político, estratégico y programático en torno a la ruptura democrática y al proceso constituyente. Las cosas están llegando ya a tales extremos que se empieza a dar la paradoja de gentes que abandonan IU para poder seguir defendiendo verazmente su proyecto histórico, aunque sea en otra formación política; para decirlo con más precisión, se puede estar iniciando ya un proceso, la «otra» refundación, de progresiva separación de IU-organización, de IU-proyecto. No es poca cosa. Se necesita, por lo tanto, volver a la política con mayúsculas, para encontrar en ella y desde ella los elementos que permitan crear futuro, ilusión y confianza en las propias fuerzas. Si no, nada será posible.

Las dos ideas básicas que deberían organizar nuestra ofensiva sería la Unidad Popular como estrategia y el «partido orgánico» como fundamento. Ambas cosas están relacionadas. ¿Qué significa la estrategia de Unidad Popular? Es sencillo: que para la transformación social no basta solo ganar unas elecciones, sabiendo que son extremadamente importantes, sino que hace falta transformar el poder (en el Estado y más allá) y que para eso es necesario crear una fuerte y compacta Unidad Popular en la sociedad que compense, amortigüe, debilite, la desigualdad de poder existente (económico, político, cultural-mediático) entre las clases dominantes y las clases subalternas.

Si tomamos nota de la marcha de Podemos de las semanas pasadas, las encuestas de opinión y el clima social, se nota que emerge con fuerza un sujeto nacional-popular, democrático-plebeyo que se autoorganiza y busca ser protagonista del cambio político. Esto es lo decisivo: sin unos fuertes poderes sociales que organicen a las y a los de abajo, que creen alianzas sociales y políticas, que fomenten nuevos patrones culturales, no será posible la transformación social en un sentido justiciero. Los jóvenes, hombres y mujeres, van a jugar un papel decisivo en estos procesos; de hecho ya lo están jugando.

Hay un problema insoslayable: las clases trabajadoras y las clases subalternas en general tienen que ser ganadas para la revolución democrática desde su propia realidad y desde su nivel de conciencia. No hay determinismos ni automatismos, lo que hay es un conflicto de clases duro y difuso donde las clases trabajadoras han pedido derechos laborales y sindicales, han sido estructuralmente debilitadas como clase y no cuentan con recursos y energías morales y organizativas aún para ser sujetos activos, aquí y ahora, de la emancipación. Sin ellos, a medio y largo plazo, nada será posible. En el medio, la refundación del sindicalismo de clase. Lo nacional-popular es siempre lucha de clases por la hegemonía y eso nunca está garantizado, de ahí que la mejor estrategia es siempre la lucha social, combinar lo electoral y la constitución de un tejido social asentada en la realidad local-territorial y desde ahí avanzar, avanzar siempre, mirando de reojo a la retaguardia y de frente a los enemigos de clase.

No se trata de abstracciones. La experiencia de los diversos «ganemos», con sus pros y sus contras, dice mucho de que el proceso de autoconstrucción del sujeto popular está avanzando. Aquí tampoco cabe engañarse: la unidad es una lucha muy dura que a menudo se pierde; es un modo de organizar el conflicto y, sobre todo, un proceso de construcción social. Combinar unidad y elecciones, es combinar agua y aceite, y si, por lo demás, se trata de elecciones municipales la cosa se complica mucho, muchísimo. Las viejas rencillas nunca superadas, las ambiciones y los oportunismos se confunden con debates ideológicos de andar por casa y al final lo que se impone es el sectarismo y el desprecio a las buenas gentes que ilusionadamente creen que el mundo pueda cambiar de base y que la vieja política ha sido superada al menos por los «nuestros». Esta batallas no las pierden los «políticos», las pierden las personas y con ello se favorece a la derecha y al capital financiero dominante. Si la política no implica una ética de lo público como base y fundamento de una nueva Res-pública no hay liberación ni emancipación y llegará la restauración en cualquiera de sus versiones.

Somos los tribunos de la plebe y los abogados de un porvenir construido colectivamente, ni más ni menos. El sectarismo y el dogmatismo se superan yendo más allá de partidismo estrecho y del electoralismo burgués. Hace falta construir una nueva cultura del Partido Orgánico de la Revolución Democrática, el partido del pueblo, de los hombres y mujeres comunes, que quieren vivir con dignidad, en un mundo justo y en una tierra habitable, donde quepamos todos y todas. No es difícil de entender: que la vida, la nuestra, la de ellas, las de ellos, merezca la pena vivirse. Esto no resuelve todos los problemas pero ayuda a afrontar el sentido de la vida y aceptar la muerte.

Manolo Monereo es politólogo y miembro del Consejo Político Federal de IU.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2015/02/11/podemos-e-iu-ahora-construir-la-unidad-popular/6764