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Primero de Mayo a 300 metros bajo tierra

Fuentes: El Salto

Un grupo de mineros asturianos llevan más de una semana encerrados en una mina del suroccidente asturiano: reclaman sus salarios al empresario madrileño.

Es difícil fechar en qué momento los mineros inventaron el encierro como herramienta de lucha. Ya en los años 30 están documentados algunos muy sonoros en las minas de carbón asturianas, pero es muy probable que la invención de este recurso se remonte a mucho tiempo atrás. Cuenta el historiador Rubén Vega que el encierro en la mina tiene algo de instintivo, de “defensa natural” frente a un enemigo incapaz de adentrarse en las entrañas de la tierra. El encierro en la mina disuadía a los esquiroles de bajar al pozo a trabajar, servía de protección frente a patronos y policías, y todavía hoy, en la primavera de 2026, impresiona por su componente simbólico y de sacrificio.

El histórico Sindicato Obrero Minero de Asturias trasladó este viernes los actos del Primero de Mayo a la bocamina de Mina Miura, en Tormaleo (Ibias), donde cuatro trabajadores llevan encerrados a 300 metros de profundidad desde hace más de una semana en protesta por el impago de sus nóminas desde hace un año.

Los trabajadores denuncian que el nuevo propietario de la mina, el empresario madrileño Fernando Martínez Blanco, adquirió los derechos mineros el pasado mes de octubre con el compromiso de pagar las nóminas adeudadas y retomar la actividad. Hasta la fecha no ha cumplido ninguna de las dos promesas.

Los derechos mineros fueron vendidos por la empresa Carbones La Vega, de la familia del empresario Chus Mirantes, propietario de la mina de Zarréu, donde fallecieron cinco trabajadores en una explosión en marzo del pasado año.

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