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Argentina:

Problemática de la Sojización y la soberanía nacional.

Fuentes:

Argentina Sojizada Hemos dado en llamar Sojización al proceso de expansión desmedida e incontrolada del monocultivo de soja transgénica forrajera, conocida como sojaRR. Esto implica el cultivo, ya en 17 millones de hectáreas, de esta soja genéticamente modificada por la multinacional Monsanto, que la hace resistente al herbicida glifosato, cuyo nombre comercial es Round-up, a […]

Argentina Sojizada

Hemos dado en llamar Sojización al proceso de expansión desmedida e incontrolada del monocultivo de soja transgénica forrajera, conocida como sojaRR. Esto implica el cultivo, ya en 17 millones de hectáreas, de esta soja genéticamente modificada por la multinacional Monsanto, que la hace resistente al herbicida glifosato, cuyo nombre comercial es Round-up, a cuya resistencia hace mención el agregado RR (Round-up Ready). Este sistema implica un paquete tecnológico compuesto por la aplicación reiterada del herbicida glifosato -y otros-, la siembra de semilla transgénica de sojaRR, mediante el sistema de Siembra sin labranza denominada Siembra Directa. La expansión de este sistema de cultivo, más allá de cualquier consideración ecológica, ambiental, agronómica, de salud pública, social o macroeconómica es el proceso que hemos dado en llamar Sojización para caracterizar un cambio radical del agroecosistema nacional y por ende de todo nuestro sistema agropecuario. El cultivo de soja transgénica forrajera ocupa ya más del 50.% de la producción de granos y el 55% de la superficie agrícola sembrada. Pero si en realidad consideráramos la superficie agrícola original de este proceso, allá por 1995, la expansión es muchísimo mayor. La superficie sembrada hoy con sojaRR, supera a toda el área sembrada existente en 1995. Esto implica que para llegar a los 35 milloones de hectáreas actuales, se debió ocupar una enorme cantidad de tierras históricamente destinadas a la ganadería, a la lechería, al monte frutal, a la horticultura, al monte virgen, a la apicultura, a la producción familiar, y a otros cultivos que fueron desplazados por la soja como el girasol, el maíz, la batata y el algodón. La superficie sojizada crece año a año a costa de otras producciones. Así en 2004, la superficie agrícola total era de 27 millones de has, mientras que hoy ya superamos las 35 millones de has, cifra equivalente al 12.5% de la superficie del país. El pool sojero multinacional que controla y domina el ‘negocio’, estima que para el año 2017 la cifra de la superficie agrícola argentina debe orillar las 120 millones de has. Algo así como el 43% de la superficie nacional, un verdadero disparate ambiental y agronómico. La Sojización desenfrenada de la nación, lejos de ser un hecho saludable, constituye un verdadero problema en expansión para la economía nacional y la protección de nuestro ecosistema agrícola. Pero lo es también para la vida misma de nuestros habitantes. Este hecho ha sido señalado correctamente varias veces por la Presidenta de la Nación a partir de la sanción de la resolución 125, que tenía como objetivo encomiable poner freno a esta expansión. Sólo 19 naciones en el mundo permiten el cultivo de variedades transgénicas -es decir modificadas genéticamente (OGM)- de manera libre y sólo 5 lo permiten en gran escala, la Argentina es una de ellas, siendo la que posee la mayor superficie relativa de OGM sembrada de manera abierta en el mundo. Mientras otros países toman medidas para reducir o prohibir la superficie sembrada con sojaRR, la Argentina sigue expandiendo la frontera sojera sin límite ni precaución alguno. Peor aun, el 99% de la soja sembrada en nuestro país es transgénica (sojaRR). Siendo la soja una especie de polinización cerrada o autógama en un porcentaje del 95 al 99%, es dable suponer que la soja no transgénica (la llamada soja orgánica) es muy difícil que se encuentre en nuestro territorio. Este sólo hecho ya constituiría un grave problema debido a la expansión descontrolada de OGM. El saber científico actual, aportado por el estudio del genoma humano ha demolido la teoría de base de la transgenia: ‘un gen una proteína’, sumiendo a los científicos empleados de las multinacionales en el desconcierto y el ocultamiento. De hecho desconocemos qué efectos puedan producir los OGM en el ecosistema global y en la salud humana, a mediano y largo plazo. La OMS ha señalado que desde 1995, fecha en que los cultivos transgénicos hicieron su irrupción en el mercado, el 65 % de las afecciones de la población mundial, está relacionado con la alimentación. Este hecho, de por sí gravísimo, es apenas el primero de una larga lista de efectos nocivos que la sojización arroja sobre nuestra población.

 

¡Ay Felipe!

La multinacional Monsanto culminó el proceso de estabilización de la sojaRR en 1993, ya en 1994 fue aprobada por el organismo correspondiente al control alimentario de los EEUU, con la oposición de las Agencia Nacional Ambiental (USDA). Las fuertes presiones de la empresa lograron que al año siguiente, la USDA aprobara la liberación de la sojaRR. Entre la estabilización de la soja RR, y su lanzamiento al ecosistema mundial apenas transcurrieron dos o tres años, lapso insuficiente para evaluar efectos ambientales, sobre el conjunto del ecosistema global a corto, mediano y largo plazo. Cabe señalar que la transgenia implica una fuerte alteración de los mecanismos de la selección natural, con implicancias directas en la biosíntesis de proteínas y en cuestiones relacionadas con el sistema inmunológico y el cáncer. Pero lo más grave que nos compete, es que en ese mismo año, 1995, el entonces secretario de Agricultura del menemato, el Ing. Felipe Solá autorizó la liberación de la sojaRR en nuestro país, sin ningún estudio previo que avalara dicha decisión. De allí en más nada la ha detenido, produciendo graves efectos ambientales, sociales, sanitarios y estructurales. En principio la sojización ha transformado a nuestra producción agropecuaria casi en un monocultivo, hecho peligroso desde el punto de vista ambiental y respecto de la estructura productiva de la nación. Todo modelo basado en el monocultivo es esencialmente no sustentable y estructuralmente débil. Sin embargo la expansión del monocultivo de soja transgénica, trae aparejada otros serios problemas. El más importante radica en la degradación de nuestro sistema productivo: hemos dejado de ser un país productor de alimentos, para pasar a ser un enclave productor de forraje, para que otras naciones -las más industrializadas o en vías de serlo- produzcan carne. Ya no somos el ‘granero del mundo’ en este revival del modelo agroexportador de cuño británico -ahora chino- posterior a Pavón, sino que somos productores de ‘pasto-soja’, para que China, India y la Unión Europea puedan criar de manera subsidiada -por los argentinos- a sus cerdos, aves y vacunos. En 17 millones de has, de las mejores tierras agrícolas del mundo, los argentinos (es decir los 80.000 sojeros) no producimos alimentos, producimos ‘pasto-soja’ para exportar a China, la India y la UE. En este planteo neocolonial hemos llegado al extremo de venderle soja en grano a Chile para que produzca carne aviar y porcina y la exporte, mientras nosotros importamos ambos productos debido a la reducción drástica de las áreas y los stocks ganaderos y cárnicos producidos por la sojización. Pese a lo que señalan los defensores del modelo sojero, la exportación de granos, aceite, torta, u otros derivados de soja equivale a exportar forraje puro, es decir ‘pasto soja’.

 

‘Feed lot’ y sojización. Contaminación al por mayor

Hemos reducido nuestra producción de carne -al disminuir el área, el número de cabezas y la calidad de los campos destinados a la misma- para producir ‘pasto-soja’, debiendo apelar a la altamente peligrosa herramienta del feed-lot, pasando a producir carne de pésima calidad y con bajísimo nivel de seguridad alimentaria, en el país que alguna vez tuvo la ‘mejor carne del mundo’. Destinamos nuestras mejores tierras a producir forraje -y ahora también agro-combustibles-, para que otros países produzcan y exporten carne, en lugar de hacerlo nosotros. Esto repercute no sólo en la mala calidad de lo que comemos, sino marcadamente, en el precio de los alimentos al verse reducida su oferta por disminución de la superficie sembrada y por el aumento del costo de oportunidad de su producción. El aumento del precio de los alimentos de primera necesidad como las hortalizas, las frutas, los lácteos y los diferentes productos cárnicos -la carne ovina pasó de ser un sustituto barato de la carne vacuna a ser un producto de lujo- tiene relación directa con la disminución constante del área destinada a su producción, ante el avance arrollador de la soja forrajera. Ya el objeto de nuestra producción agrícola no es la de producir alimentos para el consumo de nuestra población, exportando el remanente, sino que todo el sistema agrícola del país está puesto al servicio de producir ‘pasto-soja’, para la exportación a los países industrializados o en vías de desarrollo, que poseen políticas estatales nacionales. El otro elemento de extrema gravedad producido por la sojización, radica en la altísima contaminación ambiental que produce el sistema, ya que el mismo se basa en el uso masivo de agrotóxicos -principalmente herbicidas- en forma permanente. No sólo glifosato, sino una larga lista de productos de altísima toxicidad, algunos prohibidos en los países centrales. En la última campaña se usaron alrededor de 220 millones de litros de glisfosato, de 23 a 29 millones de litros de 2-4-D, cerca de 7 millones de litros de endosulfán y casi el mismo volumen de atrazina y un volumen menor diquat y paraquat, llegando a un total de alrededor de 150 mil toneladas de plaguicidas y 1.3 millones de Tn de fertilizantes, con efectos acumulativos y exponencialmente crecientes desde 1996 hasta la fecha . Tanto el 2-4-D, el diquat, el paraquat, el endosulfán sumados a los coadyudantes y acompañantes del glifosato, son productos altamente cancerígenos. Recientes estudios del Instituto Curie francés, llevados adelante por el Dr R. Bellé, confirman que el glifosato en su forma comercial más habitual, el Round-up, es disparador de los mecanismos formadores del cáncer .(1) En estos días se han hecho públicos los graves casos del Barrio Ituzaingó Anexo en Cordoba, donde la justicia ha prohibido las fumigaciones después de 10 años de reclamos(7). El caso de Loma Sené en Formosa, nos hizo famosos en el mundo.(8) Y los miles de casos de cáncer de la cuenca sojera pampeana, detectados en un estudio multidisciplinario realizado en la zona y que sufre fortísimas presiones para su publicación.(2) Todos estos productos, utilizados sin ningún control por parte de las reparticiones provinciales o municipales correspondientes, son cancerígenos, producen alergias, malformaciones, reacciones en la piel, afecciones respiratorias, afectan los embarazos, producen abortos espontáneos y han disparado la tasa de cáncer en la Argentina respecto de las cifras de 1995. Es necesario señalar que la sojaRR está presente como complemento, en infinidad de alimentos locales desde hamburguesas, jugos, golosinas, fiambres y chocolates, por lo que los efectos tóxicos se multiplican.

 

Súper malezas

Otro aspecto de gravedad ambiental inusitada desarrollado por la sojización, refiere a que en términos ecológicos y ambientales, todo el sistema de Siembra directa-sojaRR-glifosato, no es más que un gigantesco experimento, de selección de malezas resistentes y contaminaciones genéticas verticales y horizontales irreversibles, a través de transgenes y uso masivo de herbicidas, con efectos futuros apenas entrevistos. Ya hay aproximadamente treinta especies con resistencia al glifosato. Recientemente se ha sumado la aparición de Sorgo de Alepo, lo cual puede transformarse en un grave problema. Otro aspecto del problema, radica en la pérdida de la fertilidad de nuestros suelos que el sistema implica. Además de la ausencia de rotaciones de cultivos y del retorno de los suelos a la pastura como restauración natural de su fertilidad, y de saneamiento, cada cosecha implica una enorme extracción de nutrientes que salen con los granos y que no son repuestos. Para producir una Tn de grano la soja extrae 16 kg/ha de calcio, 9 kg de magnesio, 7 kg de azufre, 8 kg de fósforo, 33 kg de potasio, y 80 kg de nitrógeno. Esta exacción permanente afecta de manera directa la fertilidad actual del suelo y al repetirse en un ciclo continuo y prolongado, afecta también la fertilidad potencial de los mismos. Con el agravante que la fertilización química produce contaminación, que eutrofiza y contamina los cursos y reservorios de agua, mientras que la restauración natural de la fertilidad no produce ninguna contaminación y tiene mucho menor costo. El costo de reposición de las unidades de fertilzante exportados en N, P y S de la última cosecha, implicaría un desembolso superior a 1500 millones de USS.

 

La soja destruye empleo y producción

Cada 500 has de sojaRR se genera un solo puesto de trabajo, destruyendo 9 de cada 10 puestos de trabajo efectivo. La razón radica en el diferente Tiempo Operativo de Labranza (TOL), entre los sistemas Tradicional y SD. El TOL del sistema SD-sojaRR es de 40 minutos/hombre/Ha, contra 180 minutos/hombre/Ha del sistema tradicional. Por el contrario 100 Has destinadas a la agricultura familiar producen 35 puestos de trabajo reales, sin contaminación ambiental alguna. Esta bajísima demanda laboral explica que hoy los trabajadores rurales apenas lleguen a 1.3 millones, con el agravante de que sólo un tercio trabaja en blanco. Otro aspecto que se suma al anterior, es la destrucción de la pequeña producción, que lleva adelante la sojización. Ante los márgenes de ganancia de la sojaRR y sin intervención estatal que cambie la ecuación -el ‘mercado’ jamás lo hará- dejan de ser viables la huerta, el monte frutal, la apicultura, la ganadería, el monte artificial, la producción lechera, porcina o apícola. Algunas por competencia, otras simplemente por cercanía a los vuelos u aplicaciones terrestres de glifosato que por ser un herbicida total destruye todo tipo de plantaciones por deriva. De igual manera, a simple dominio de mercado no son viables la ganadería en pequeña escala -imprescindible para recuperar la economía de escala familiar- ni las producciones mencionadas. Tampoco es rentable la sojaRR para superficies menores de 300, 350 y hasta 500 has según la región, por lo cual los pequeños y medianos agricultores deben arrendar o vender sus campos. Esto ya produjo la desaparición de casi 180.000 productores entre 1990 y 2002. Por el mismo motivo y por las políticas macro aplicadas desde 1976, se produjo un aumento de la concentración de la tierra con cifras similares a las del apogeo de la ‘República’ conservadora. Entre 1966 y 2002 desaparecieron la mitad de los productores, pasando de tener 650.000 a menos de 330.000, con el agravante que el 49.7% de la tierra (la mitad de la superficie del país) pertenece a 6900 propietarios, y más de 40 millones de has (el 14% del territorio nacional), están en manos extranjeras incluidas áreas de frontera, cursos de agua y zonas estratégicas. Otro aspecto que produce la sojización, es el robo ‘legal’ de la propiedad ancestral y la expulsión manu militari de gente del campo, en particular campesinos pobres y comunidades de los pueblos originarios. La sojización hace posible la producción de ‘pasto-soja’ en regiones y lugares donde antes la agricultura no era posible. Por lo que las tierras marginales que antes se despreciaban y servían para refugio y alimento de los más pobres, ahora tienen valor. Más allá de los graves riesgos ambientales, que implica trasladar el sistema de la agricultura pampeana a regiones de enorme fragilidad ecológica en un planteo de agricultura permanente, como lo son el NOA, o el NEA, el hecho produce la perversión de expulsar de sus tierras a las comunidades ancestrales o de escasos recursos, que vivían en ellas de la producción familiar o de los frutos del monte. Expulsados como sea, mediante la conspiración mafiosa de gobiernos provinciales y comunales, estudios jurídicos gangsteriles, fondos de inversión al servicio del capital financiero o mediante el simple y expeditivo sistema de mandar la gendarmería de noche, para echar a humildes y pacíficos pobladores, matándoles los animales y echándolos a la ruta. Se producen así nuevas áreas de ‘agronegocios’ de espantosa eticidad. Consorcios de cara oscura y oculta, se apoderan de enormes extensiones de tierras, robadas a sus verdaderos dueños. Este hecho ilegítimo, que arrasa con derechos escritos en la Constitución Nacional debe ser resuelto exactamente de la manera inversa: es necesario repoblar el campo y desarrollar políticas de desconcentración de la tierra, creando miles de nuevos productores familiares, ‘nuestros paisanos los indios’(4) los primeros. Por último, la sojización, ha arrasado el monte nativo, hasta prácticamente su eliminación total. Según señalara el Ing. C. Merenson en 1914 poseíamos 105 millones de hectáreas de bosques nativos, lo que equivalía a más de un tercio de la superficie nacional, pero ya en 1994 sólo restaban 35 millones de has, luego entre 1984 y 2002, con la expansión de la sojaRR, el área boscosa se redujo en otro millón de has. Por su parte el Dr. M. Altieri, señaló que la sojización ha producido en América Latina la pérdida de 21 millones de has de bosque de los cuales 14 millones corresponden a la Argentina. A lo dicho debemos sumarle la febril depredación producida en 2007 y 2008, dado que las empresas temiendo la aprobación de la Ley de bosques salieron a arrasar lo que quedaba. De tal forma creemos como el Dr. Morello que ‘el bosque nativo en la Argentina es cosa del pasado. Hoy ya no existe’(6) 

 

¿Cómo salir de la trampa?

Concluyendo, este conjunto de factores trae aparejadas la destrucción de la fertilidad de los suelos, elimina la bioregulación, destruye la biodiversidad de nuestro agroecosistema, y produce fuertes afectaciones a la flora y la fauna, realizando la contaminación masiva del suelo, los cursos de agua, las napas, los ríos y el hábitat general de nuestros habitantes. También acarrea la miseria, la expulsión y la destrucción de la producción familiar y de los trabajadores del campo. Todo ello para producir riqueza para un sector munúsculo de la población: 80.000 productores sojeros, sobre 330.000 productores agrarios y 40 millones de argentinos. Sector minúsculo que unido al complejo sojero multinacional, se enriquece a costa de la devastación y de la postración nacional. Creemos necesario un Plan Nacional Agropecuario que organice una salida gradual de la sojización, basado en el repoblamiento rural, con entrega de tierras. Con políticas activas de apoyo, estímulo y protección de la producción familiar y de la pequeña producción, recuperando la producción natural de alimentos como base del campo argentino, hacia un modelo de desarrollo rural en función de los intereses nacionales y populares. Debemos aspirara a tener cientos de miles de nuevos productores agrarios, que produzcan alimentos sanos en cantidad y calidad suficiente para alimentar a toda nuestra población y exportar el remanente. Además de aplicar justas retenciones, es necesario penalizar la exportación de grano, aceite o torta de soja, estimulando la producción de carne y la agregación de valor, apelando al desarrollo local como forma de recuperar producciones arrasadas por la soja, estimulando todas las producciones debilitadas como la ganadería, la lechería y la horticultura. Se deben prohibir las fumigaciones cercanas a los poblados y se deben reducir drásticamente las aplicaciones excesivas e innecesarias de herbicidas y pesticidas en general, generando políticas de depuración y recuperación ambiental regionales. Este primer paso obligaría a alternar rotaciones agrícolas-ganaderas y rotaciones de cultivos, mejorando la situación ecológica en general. Es necesario reducir año a año el área de sojaRR, así como comenzar a sanear zonas contaminadas por transgenes y pesticidas a granel, mientras se estimula el uso de prácticas no contaminantes, especialmente vinculadas al enorme potencial de la agroecología y la economía familiar. Los argentinos no necesitamos la sojaRR para nuestro desarrollo, su expansión descontrolada ha sido una imposición del ‘mercado mundial’, en una nueva etapa de división internacional del trabajo que está llegando a su fin de manera estrepitosa. Es posible recuperar una política soberana de desarrollo nacional y agropecuario insertado, en la necesaria reindustrialización de la nación, distribuyendo la brutal concentración de la riqueza producida desde 1976 en adelante.

 

1.- Reportaje en Ecuador a Robert Bellé, la investigación fue publicada en Toxicological Sciences Nº 82, 2004,

2.- Ver Federación Agraria Argentina, Informe Semanal N° 197, 29 de diciembre de 2005 e Informe presentado por los Ing. Agr. Alberto Gelín y Javier de Souza, en el 2º Encuentro ‘Suelos, Fundamentos… organizado por CTERA, ANSAFE y el PAS, en San Jenaro Norte Santa Fe 19-20-05-2006.

3.-Altieri Miguel (Profesor de Agroecología Universidad de California, Berkeley) La tragedia social y ecológica de la producción de biocombustibles agrícolas en América. Marzo- 2007

4.- Frase con que el General San Martín se refería nuestros compatriotas originarios.

5.- Conferencia del Dr. Miguel Altieri en Bs. As., el 21-3-07,

6.- Conferencia del Dr. J. Morello en Bs. As., el 21-3-07

7.- Página 12, 12-1-09

8. – Ver Sue Brandford, La cosecha amarga de la Argentina, publicado por New Scientist. 17-04-04.

 

*Un resumen de este trabajo fue publicado por Página 12, el 1 de febrero de 2009 en Cash

**Ingeniero Agrónomo genetista. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CMP. Referente de la Corriente Participativa Soberanía y Liberación