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Los ataques a Cuba que no cesan

Roger (Cohen) y yo

Fuentes: Progreso Semanal

Mientras la próspera, ética y fabulosa superpotencia que es Estados Unidos se erosiona, los editores de la revista The New York Times Magazine decidieron presentar en su portada del 2 de diciembre el fracaso de la sociedad socialista de Cuba. «El Fin de la Revolución» apareció mientras surgían noticias de que un solo parásito (Bernard […]

Mientras la próspera, ética y fabulosa superpotencia que es Estados Unidos se erosiona, los editores de la revista The New York Times Magazine decidieron presentar en su portada del 2 de diciembre el fracaso de la sociedad socialista de Cuba.

«El Fin de la Revolución» apareció mientras surgían noticias de que un solo parásito (Bernard Madoff) había estafado $50 mil millones de dólares a los más inteligentes inversionistas de Wall Street. Las ejecuciones hipotecarias continúan desahuciando a millones de sus hogares, la tasa de desempleo se eleva cada mes y la infraestructura del país se pudre y desmorona. Las señales reveladoras del fin del «siglo norteamericano» aparecieron en todo el mundo: dos guerras que no pueden ganarse; EEUU excluido de una importante reunión cumbre de líderes latinoamericanos y caribeños en Brasil; una economía socavada por el gasto militar sin relación con las necesidades más remotas de la defensa. En este contexto, el periódico más prestigioso de la nación envió al reportero Roger Cohen para analizar la desmoronante estructura física y espiritual de la sociedad cubana.

A pesar de potenciales artículos de todo Estados Unidos acerca del colapso espectacular de ciudades y regiones mayores y más pobladas que Cuba, los medios «liberales» norteamericanos continúan encontrando un placer particular en describir cómo los sueños de la revolución cubana se difuminaron en la gris y deprimente realidad de decadencia que se evidencia en toda la isla. Cohen describe con precisión parte de la apatía y cinismo que los extranjeros pueden encontrar fácilmente en conversaciones con cubanos «típicos» en la calle. ¿Qué tiene que ver esto con el «fin» de la Revolución cubana?

Cohen se empapa en su propia sensibilidad mientras se identifica con cubanos nostálgicos llenos de privaciones, pero con el propósito de socavar cualquier visión alternativa de una buena sociedad. Él dramatiza los aspectos disfuncionales de la economía cubana –evidente para cualquier observador. Pero las fallas de Cuba palidecen en comparación con lo que experimenta ahora el público norteamericano, gracias en parte a los mitos difundidos por los liberales del libre mercado y periódicos como el Times. La medida implícita de su juicio parece estar basada en algún modelo sano, presumiblemente alguno que funciona en alguna parte del noble núcleo de Estados Unidos o en algún país del Tercer Mundo.

Por ejemplo, la suposición de Cohen de que Estados Unidos «a veces» actúa de una manera que empaña su naturaleza básica, permea todo el artículo. Al hacerlo, niega efectivamente su naturaleza básicamente imperial. Cohen menciona la Base Naval de EEUU en Guantánamo, que «se hizo sinónimo de algunos de los actos más atroces de la guerra de Bush al terror, actos que han empañado el nombre de Estados Unidos». ¿Olvidó los 4 millones de vietnamitas muertos, el Agente Naranja que envenenó esa tierra, cientos de miles de iraquíes muertos?

«Ha habido otros momentos de deshonor norteamericano en Latinoamérica a través de los años», admite Cohen, «desde Chile a Argentina, donde EEUU dijo a los generales que se haría el de la vista gorda». Cuando dijo «momentos» se refería a la ocupación durante 20 años de Haití y Nicaragua, las invasiones a Cuba, Panamá, Honduras y República Dominicana, la colocación de gobiernos pro-EEUU en Cuba, Haití y Nicaragua dirigidos por tiranos –Batista, Duvalier y Somoza? Washington no solo dijo a los generales que se haría el de la vista gorda, sino que ayudó a los generales de varios países a derrocar a gobiernos elegidos y luego ofreció apoyo para la tortura, desaparecer y asesinar a sus ciudadanos disidentes (Brasil en 1964, seguido de Chile, Argentina y Uruguay en la siguiente década).

La moderna visión norteamericana para Latinoamérica siempre ha contenido, en el mejor de los casos, contradicciones internas. Kennedy promovió la gloriosa Alianza para el Progreso, para impulsar a Latinoamérica hacia adelante y promover la democracia. También promovió –con un presupuesto mucho mayor–la contrainsurgencia para los enemigos represivos de la democracia entre los militares y la policía. Johnson mantuvo los Cuerpos de Paz mientras apoyaba un golpe militar en Brasil e invadía y ocupaba República Dominicana. Nixon y Kissinger con toda sencillez prefirieron conjuntamente a los gobiernos «autoritarios». Desde 1970 a 1973, mientras cubrían sus preferencias con la fachada de los derechos humanos, alteraron alegremente el destino del pueblo chileno al ordenar a la CIA que «desestabilizara» al gobierno elegido de Allende.

Cohen se refiere repetidamente a la historia solo para viciar la propia historia. Ciertamente la línea más importante de su artículo contradice su tesis. Elena Álvarez, una funcionaria del Ministerio de Economía, le dijo: «La revolución ha sido un éxito». Ella incluyó en su definición los logros de soberanía, orgullo nacional y haber sobrevivido «cincuenta años» de agresión por parte del «país más poderoso del mundo».

Ella pudo haber agregado que la revolución también permitió a los cubanos hacer historia en el Sur de África, salvar incontables vidas después de desastres naturales en todo el mundo, así como la vista de decenas de miles que no tenían acceso a tal servicio médico. El hecho de los éxitos anteriores elude a Cohen y a la mayor parte de los importantes periodistas que se regodean en el descontento acerca del raído presente de Cuba, y luego señalan a los «incontables cubanos de talento» que están «complotándose para marcharse». Es cierto que un millón de cubanos se han marchado desde 1959 para las costas más ricas de la Florida. Sin embargo, otro millón combatió junto a los africanos por la independencia de Angola entre 1975 y 1978. Los cubanos han desempeñado un papel en la guerra de Vietnam y también sirvieron en la guerra del Medio Oriente en 1973. Otros escalaron montañas en Pakistán para salvar vidas después del terremoto del 2005. Médicos cubanos curan a los pobres en África Sub-Sahariana y en otros lugares a donde la mayoría de los médicos no desea ir.

Para presentar el caso en contra de Cuba, primero la historia debe sufrir graves golpes. Cohen se lamenta de «la infructuosa parálisis de la confrontación cubano-norteamericana». Vean como acude a la voz pasiva para evitar la causa y efecto históricos. «Las relaciones diplomáticas han estado (el énfasis es mío) interrumpidas desde 1961 (…); ha sucedido un embargo comercial norteamericano…» Pudo haber escrito el artículo de manera más activa y verídica si hubiera dicho: «El Presidente Eisenhower rompió relaciones en enero de 1961 y Kennedy declaró formalmente un embargo comercial contra Cuba en 1962».

Cohen menciona varios factores que dificultan restaurar las relaciones: «una mala historia, prácticas depredadoras de EEUU y el oportunismo de los regímenes autocráticos que presentan a Estados Unidos como el enemigo diabólico». ¿Por mala historia quiso decir sinvergüenza? ¿Por parte de quién?

En realidad Estados Unidos ha actuado como el enemigo diabólico de Cuba. El mismo lenguaje usado para justificar el embargo y la prohibición de viajar hace énfasis en el «castigo a Castro». Estados Unidos ha instigado miles de ataques terroristas contra la isla, preparó y lanzó una invasión por Bahía de Cochinos, trató de aislar a Cuba del resto del mundo y posiblemente haya realizado una guerra biológica y química durante ciertos períodos. Si eso no es diabólico, ¿qué lo será?

Ambas partes han «intercambiado acusaciones» de terrorismo, escribe Cohen, implicando una responsabilidad mutua. Sin embargo, las pruebas demuestran que Estados Unidos practicó activamente el asesinato y el sabotaje contra Cuba. Por otra parte, parece ser inexistente la evidencia de agresiones cubanas contra líderes e instalaciones norteamericanas. Por supuesto, Cuba podría dejar de golpear metafóricamente el puño de Estados Unidos con su rostro.

Después del colapso soviético de 1991, Cuba se movió a la deriva con medidas de supervivencia. Este año, 3 huracanes destruyeron un porcentaje de su agricultura y cientos de miles de viviendas. Su estructura salarial está llena de irracionalidades y aspectos de gobierno paternalista heredados de la España colonial irritan a la ciudadanía altamente educada -al igual que la censura de los medios.

Cincuenta años de un experimento en socialismo con un enemigo mortal a sus puertas ha producido algunos éxitos asombrosos: el arte y la música cubanos dejan atónitos a los visitantes. La literatura, el cine, la danza y los deportes de Cuba exigen con razón altos lugares en el mundo. Cohen no regresa a la era de Batista, cuando la Mafia dirigía hoteles y casinos, cuando Estados Unidos dictaba las políticas de Cuba. Cierto, cincuenta años no han producido una sociedad ideal o un modelo que otros querrían copiar ahora.

¿Cómo mide uno la historia de una nación, su progreso? En 1868 los patriotas cubanos iniciaron su primera guerra para independizarse de España. Casi 100 años después, Castro lideró la revolución para cumplir ese sueño.

Cohen escribe acerca del «terrible precio» que los cubanos han pagado por la «revolución comunista de Fidel», como si él la hubiera hecho por sí solo. En Cuba nadie ha desaparecido y ningún periodista ha sido asesinado. Ningún hombre podría robar él solo $50 mil millones a otros.

Los cubanos sí han pagado un precio, básicamente tener la familia dividida. La mayoría de las clases adinerada y media se marchó a principios de la década de 1960. Los pobres tienen carencias, pero también reciben beneficios, como atención médica garantizada, vivienda, educación y alimentos, aunque quizás no tantos como hace veinte años. Pero las fallas inherentes a los procesos revolucionarios o evolutivos –piensen en la Guerra Civil de EEUU, los siglos de esclavitud y apartheid–debieran señalar la naturaleza desigual y combinada del propio desarrollo humano. Y al igual que la mayoría de las eras históricas, un importante actor, a 90 millas de distancia, ayudó a determinar el contexto en el cual evolucionó un actor menos poderoso.

Que Cuba haya sobrevivido a 50 años de castigo casi continuo por parte de una superpotencia vecina es un milagro moderno. ¡Brindo por sus reformas necesarias en 2009!