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Sangre en las manos del gobierno del Congo

Fuentes: Liga Internacional de los Trabajadores- LIT-CI

El 2017 terminó, en el Congo, con 8 muertos, varios heridos y más de una centena de manifestantes apresados durante protestas contra el gobierno de Joseph Kabila, que se aferra al poder. Los aparatos de represión afirman que un policía fue muerto en medio del conflicto. Las fuerzas de seguridad congolesas establecieron puestos de control […]

El 2017 terminó, en el Congo, con 8 muertos, varios heridos y más de una centena de manifestantes apresados durante protestas contra el gobierno de Joseph Kabila, que se aferra al poder. Los aparatos de represión afirman que un policía fue muerto en medio del conflicto. Las fuerzas de seguridad congolesas establecieron puestos de control en Kinshasa, una ciudad de 10 millones de personas, que está militarizada. Además de la capital, hubo protestas también en Beni, en la provincia de Kivu, del norte. El gobierno determino el bloqueo de todos los medios y redes sociales, alegando «razones de seguridad de Estado».

En Congo vienen dándose protestas hace dos años, contra la permanencia de Kabila en el poder. El 14 de diciembre, 42 personas fueron apresadas en Goma; también se realizaron protestas en la Universidad de Kinshasa. El 20 de diciembre, en virtud de manifestaciones contra el gobierno, las fuerzas de seguridad mataron a 19 civiles en Kinshasa, 6 civiles en Goma, 4 civiles en Matadi y 5 civiles en Lubumbashi, de acuerdo con las organizaciones de Derechos Humanos. Esto fue contra manifestantes que mostraban pancartas rojas y soplaban pitos por el fin del mandato de Kabila. De acuerdo con las Naciones Unidas, por lo menos 113 personas fueron apresadas durante estas manifestaciones. El 21 de diciembre, las protestas en la segunda mayor ciudad del país, Lubumbashi, dejaron 10 manifestantes muertos y 47 heridos. Las protestas en ciudades de todo el país dejaron cerca de 100 muertos y la detención de centenas de manifestantes.

Kabila asesino, quiere permanecer en el poder

Kabila está en el poder hace 16 años, cuando sucedió a su padre. Su segundo y último mandato, de cinco años, terminó en el 2016. La Constitución del país determina que un presidente sólo puede tener dos mandatos seguidos en el gobierno. El año pasado, un grupo de obispos y sectores ligados a la iglesia católica, negoció un acuerdo con Kabila, donde él se comprometía a realizar un gobierno de transición, hasta finales del 2017, cuando debería salir y se realizarían elecciones.

Pero su plan siempre fue permanecer en el poder, por eso va postergando la elección por tiempo indeterminado. La última y ridícula excusa fue que las autoridades electorales alegaron que no conseguían organizar el proceso electoral y cumplir el cronograma. Por eso postergaron las elecciones para el 2019, con Kabila estando más de dos años.

Poder y riqueza

El motivo para tanta lucha por el poder no podría ser otro que sus intereses familiares y de su camarilla. Su familia y asociados están presentes en más de 90 empresas[1], en la explotación de oro, diamantes y otros minerales y se calcula que sus ganancias, en cuatro años, fueron de 335 millones de euros (US$ 403 millones). Sólo dos de los negocios de la familia poseen permisos para diamantes, que se extienden a más de 450 millas de la frontera sudoeste del Congo con Angola. Estas empresas gozan de la protección de una unidad de élite de las fuerzas armadas, la Guardia Republicana, que emplea en acciones de intimidación contra los trabajadores, campesinos pobres (a quienes les usurpan las tierras) e, incluso, contra otros empresarios. Actúan de manera tan mafiosa que la multinacional diamantífera, conocida por su brutalidad contra los pueblos africanos, la De Beers, afirmó que «no se sentía confortable» y suspendió sus operaciones en el país en el 2009. De Beers tenía un acuerdo de explotación con una minera nacional, controlada por Olive Lembe, hermana de Kabila.

Su mujer, Gloria Mteyu, los dos hijos y ocho hermanos trabajan con bancos, explotaciones agrícolas, operadoras aéreas, construcción, hotelería, farmacéuticas, combustibles, agencias de viaje, moda, restaurantes y discotecas. Detentan el 60% del Grupo BGFI Bank S.A., con sede en Gabao, que tiene emprendimientos en 11 países. En el 2014, el BGFI de Congo, controlado directamente por Gloria, fue recapitalizado, aumentando el capital social a US$ 38 millones.[2]

La actuación de la familia Kabila, en la economía, fue iniciada con su padre, Laurent Desire Kabila, ex guerrillero, que luchó y conspiró para derrotar a Patrice Lumumba y aMobutu Sese Seko. Cuando luego asumió la presidencia, en 1997, inició la creación de empresas vinculadas al Estado. Seguidamente fueron utilizadas por el «líder» para acumular su fortuna personal. En contraposición a esta acumulación familiar ostentosa, significó que dos tercios de los congoleses vivan con el equivalente a 1.8 euros/día (US$ 2.16).

Para buscar una salida, el imperialismo norteamericano está proponiendo elecciones para finales del 2018, lo que comenzó a ser aceptado por el gobierno, con la mediación de la Unión Africana, con el ex primer ministro togolés Edem Kodjo, como mediador pero, la oposición, lo rechaza, pues él es aliado de Kabila. La ONU tiene cerca de 20 mil soldados en el Congo, la mayor misión, supuestamente de paz, en el mundo, que de verdad ayuda a mantener al gobierno y reprimir a la población.

Para aparecer como independiente, el gobierno de Estados Unidos aplicó algunas sanciones a algunos líderes militares congoleses. Para que se tenga una idea de la ineficiencia de esas medidas, el empresario Jean-Jacques Lumumba, de Pricewaterhouse Coopers[3], argumentó que eso no sirve para nada, pues no alcanza a la red de personas que dirigen los negocios privados de la familia.

Los trabajadores y el pueblo congolés, mientras tanto, sufren día a día las consecuencias de este gobierno dictatorial y corrupto. Cada vez más su aspiración es, al contrario de esas negociaciones y maniobras, sacar a Kabila YA del poder.

¿Qué camino deben seguir los trabajadores del Congo?

Está demostrado que el gobierno del Congo presenta una serie de características parecidas a varios regímenes dictatoriales africanos: la construcción de una burguesía negra, fuertemente vinculada y parasitaria del aparato del Estado, incluso con la utilización de los aparatos de represión, para defender sus intereses, originó que, dirigentes que estuvieron al frente de la lucha de liberación nacional, incluso de la guerrilla, están entrando en crisis, en virtud de las aplicaciones de los planes exigidos por el imperialismo que, a pesar de las grandes riquezas nacionales, generan hambre y miseria en las poblaciones; son sostenidos por el imperialismo, cuando enfrentan procesos de movilización o grandes descontentos, intentando hacer algunos cambios cosméticos, en el marco de mantener al régimen y a las camarillas dirigentes.

Los intentos de endurecimiento bonapartista existen en Ruanda, que cambió su Constitución en el 2015, para permitir que el presidente Paul Kagame fuese candidato a las elecciones por tercera vez; en Burundi, donde el presidente Pierre Nkurunziza, abrió camino para su tercer mandato en el cargo, luego de una elección boicoteada y un golpe fallido; en Uganda, donde el Parlamento elevó el límite de edad constitucional, que forzaría al presidente Yoweri Museveni a retirarse después de su quinto mandato; en Kenia, un fraude electoral garantizó a Uhuru Kenyatta en el poder.

Como el desgaste de estos gobiernos es monstruoso, en virtud de la situación de miseria de la población, crisis económica y corrupción en las clases dirigentes, muchos de estos gobiernos se enfrentan con movilizaciones y revueltas, entran en crisis y buscan hacer cambios dentro del propio régimen, a través de golpes palaciegos o acuerdos entre las camarillas dirigentes: es el caso de Angola, en donde José Eduardo dos Santos (en el poder desde 1979), tuvo que dejarlo, contra su voluntad; en Zimbabwe, donde Robert Mugabe (desde 1980) siguió el mismo camino, con una aprobación por debajo de cero; Senegal, donde Abdoulaye Wade, retiró su propuesta de alteración de la ley electoral, que garantizaría su reelección, después violentas protestas.

Estos cambios tratan de evitar que las movilizaciones crezcan y, efectivamente, derroquen gobiernos y cambien los regímenes, como es el caso de Burkina Faso, cuando Blaise Compaore fue derrocado en una revuelta popular en el 2014, después de su intento de alterar la constitución, para que él pudiese reelegirse; y, además, los casos anteriores de las revoluciones en el norte de África, que derrotaron dictaduras en Túnez y Libia.

Nosotros apoyamos las movilizaciones, en la perspectiva de que la combativa población del Congo, un país rico en recursos, emprenda el camino de las grandes movilizaciones populares y obreras, para tomar en sus manos el derrocamiento de este dictador asesino y sanguinario.

Traducción para LIT-CI de Laura Sánchez

Notas:

[1] De acuerdo con el Congo Research Group (CRG) y el Centro Pulitzer, https://pulitzercenter.org/publications/congo-research-group .

[2] https://www.bloomberg.com/news/features/2016-12-15/with-his-family-fortune-at-stake-congo-president-kabila-digs-in .

[3] Una de las mayores prestadoras de servicios profesionales del mundo, en las áreas de auditoría, junto con KPMG, Ernst & Young y Deloitte, está comprometida en el escándalo financiero internacional, llamado Luxemburgo Leaks, en el que grandes empresas transnacionales retenían impuestos a través de un artificio legal llamado evasión fisca.