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Occidente organiza el regreso de un nuevo Moisés Tshombe a la República Democrática del Congo

Fuentes: Umoya

El flagrante ejemplo del regreso del expresidente Moisés Tshombe a Kinshasa ilustra cómo el sistema de violación del imaginario nos manipula a muchos de nosotros. Y, desde entonces, nada ha cambiado. Moisés Tshombe, apodado por los intelectuales africanos contemporáneos como «el chico de los recados de Occidente», abandonó la República Democrática del Congo (RDC) en […]

El flagrante ejemplo del regreso del expresidente Moisés Tshombe a Kinshasa ilustra cómo el sistema de violación del imaginario nos manipula a muchos de nosotros. Y, desde entonces, nada ha cambiado.

Moisés Tshombe, apodado por los intelectuales africanos contemporáneos como «el chico de los recados de Occidente», abandonó la República Democrática del Congo (RDC) en 1963 y se exilió en Madrid. Ha llovido mucho desde aquellos años de destierro y su posterior vuelta a casa. Pero una cuestión me atormenta constantemente: ¿quién decidió su regreso?

La famosa secesión katangueña nunca fue concebida en Katanga

Hacerse esta pregunta no es poner en duda su capacidad de decidir por sí mismo, sobre sí mismo y su futuro. Pero, ¿acaso fue capaz de organizarlo él cuando la historia muestra, para aquellos que la cuestionan, que la famosa secesión katangueña nunca fue concebida en Katanga? Más bien se trató de un proyecto de origen y de ejecución belga. En efecto, fue ideado, emprendido, financiado y realizado por belgas, de forma que personas como Tshombe no fueron más que títeres; figuras secundarias que servían para destacar la importancia del actor principal. De hecho, incluso los simples discursos de Tshombe fueron redactados por «consejeros» belgas. El principal «katangueño belga» era el jefe de gabinete del primer ministro, un sociólogo procedente de Lieja que respondía al nombre de René Clemens y que redactó la Constitución de Katanga como estado independiente. Desde el principio de los tiempos, las sucesivas «constituciones» congoleñas han sido redactadas por belgas en Bélgica.

En su libro ‘L’ascension de Mobutu. Comment la Belgique et les USA ont installé une dictature’ («La ascensión de Mobutu. Cómo instalaron Bélgica y Estados Unidos una dictadura»), el sociólogo belga Ludo de Witte dedica un extenso capítulo a la provincia de Katanga y a Tshombe. De este político y de la secesión katangueña (que en realidad fue belga), se dice lo siguiente: «Paul-Henri Spaak», que por entonces era ministro belga de Asuntos Exteriores, «solía recurrir a RoRo cuando surgían problemas en África». RoRo o Robert Rothschild era su antiguo jefe de gabinete y su mano derecha. «Rothschild conocía bien a Tshombe, ya que el Gobierno belga le había enviado a Katanga en el verano de 1960 para frenar la secesión que estaba en marcha». Y ya estaría todo dicho.

Tshombe fue «el hombre» de los belgas. No obstante, el monstruo de Frankenstein de Occidente fue detenido en Argel por las autoridades argelinas del momento por estar implicado, junto a otros, en el asesinato de Patrice Lumumba, líder de la independencia de la RDC en 1961. Entonces, cuando llegó el momento de sacrificar al títere, Tshombe fue abandonado en la cárcel argelina donde murió en silencio. Las nuevas marionetas no parecen prestar atención a la historia, ya sea pasada o actual; es más, se ríen de ella porque piensan que son diferentes y se creen los dioses del Olimpo.

Ayer y hoy, las élites congoleñas y africanas en general creen que toman sus propias decisiones, cuando todo el mundo sabe que son otros los que actúan por ellas. Se mueven a voluntad de terceros. Este principio establecido explica el modus operandi de Occidente en los países vencidos y conquistados.

«Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes»

Pero sigamos con el regreso de Tshombe a la RDC. ¿Quién tomó esta decisión y en defensa de qué intereses? El libro de De Witte mencionado anteriormente nos guía en esta cuestión:

«Cuando, en su despacho», en Bruselas, «el ministro de Asuntos Exteriores Paul-Henri Spaak intentaba averiguar quién podría acudir al rescate del régimen inestable de Leopoldville (el Grupo de Binza, Cyrille Adoula…), Moisés Tshombe no era una solución muy atractiva, pero, sin duda, estaba al alcance de su mano. […] Spaak estaba también bastante preocupado por los cientos de antiguos policías katangueños», que habrían tenido que acudir a Angola. «El dinero», para acordar la entrevista, «procedía de financieros del círculo de Tshombe […]. Algunos mandos poderosos intentaron conferir a Tshombe un papel fundamental en la escena congoleña», como es el caso hoy de la misa negra de Johannesburgo. «La Union Minière […] era un estado dentro de un estado. Los ministros belgas que gestionaban la política de África Central no llevaban nada a cabo sin la aprobación de los jefes de la Union Minière». «Van Weyenbergh», antiguo director de la empresa de metalurgia Union Minière, «dio a entender que las altas instancias de la empresa, incluidas las de Bruselas, «contaban totalmente con Tshombe y su regreso, no a Katanga, sino al seno del Gobierno central»».

Spaak volvió a enviar a RoRo a Madrid para que fuera a buscar a su hombre, Tshombe. En el informe que redactó para Spaak, RoRo narra su entrevista: «He descubierto», en Madrid, «a un hombre astuto, simpático y lleno de vitalidad». Según De Witte, «Tshombe ofrece una imagen bastante oscura», del Congo: «dirigentes incompetentes y corruptos y una anarquía implantada. Rothschild compartía este análisis. La clase política congoleña le despreciaba, mientras que, él mismo», Moisés Tshombe, «había ayudado, no obstante, a echar a Lumumba del poder». Según Albert Einstein, «locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes».

Bélgica no fue el único país occidental que deseó y exigió el regreso de Tshombe a la RDC para que ayudara a Mobutu y al resto de políticos; también estaba Gran Bretaña. De Witte escribe: «El embajador de Reino Unido en el Congo advirtió que el Grupo Binza también iba a emprender una colaboración con Tshombe. […] El Gobierno y los hombres de negocios británicos no se opusieron a ello».

El nervio de la guerra no es el dinero, sino nosotros mismos

¿Y qué pasa con Washington? De Witte sostiene: «Incluso Washington, diseñador de la carrera postcolonial de Adoula, empezaba a dudar de la duración en el poder de su protegido político. El ministro estadounidense de Asuntos Exteriores, Dean Rusk, planeaba escenarios, colocaba y descolocaba las piezas del puzle congoleño y se las proponía a su embajador en la RDC, ¿acaso era Tshombe una opción como primer ministro? Golbey escribió a Rusk: «Claramente, Tshombe cree que puede actuar con el Gobierno belga y estadounidense como con la Union Minière; por ejemplo, pidiendo un coche y recibiéndolo de inmediato».

¿No es en Washington donde los lobbies trabajan para defender a sus clientes? ¿Quién tiene ahora el falso poder? Es decir, ¿quién puede ocupar el puesto vacante? Allí, Kagamé y sus lobbies luchan también por mantener sus actividades de mercenarios en la RDC. Un individuo ruandés se dirigía así a los congoleños por escrito, y cito textualmente: «Algunos de vosotros vendréis a anunciarnos vuestros proyectos de «venganza» cuando tengáis los medios para hacerlo. Eso es. Vamos a esperaros sin movernos para que podáis recuperar vuestro retraso». Para hacerlo, deben masacrar a la juventud congoleña. ¿Quién no lo ha entendido?

En la RDC, nunca ha importado «qué ocurrirá en este país cuando los congoleños no actúen más como marionetas sino como verdaderos controladores de su destino en la historia». En su lugar, normalmente lo que se quiere saber es quién ha hecho creer, y a quién, que una parte de todo lo que ocurre en la RDC lo hacen los congoleños; ellos solos, por y para sus propios intereses. Incluso cuando se mata a congoleños públicamente en la RDC, se espera siempre que los que toman las decisiones castiguen y que dichas decisiones definitivas se tomen desde fuera. Todo el mundo dirá que esto lo han declarado EE.UU., Bélgica, Francia y la Monusco (Misión de las Naciones Unidas en la RDC), por no citar más. Es simplemente repugnante e inaceptable.

En conclusión, quiero decir que el flagrante ejemplo del regreso a Kinshasa de Tshombe explica cómo el sistema de violación del imaginario nos manipula a muchos de nosotros. Y, desde entonces, nada ha cambiado. Mercenarios congoleños y africanos que pululan fuera del país, exiliados, esperan que las iglesias cristianas, con su solidaridad exterior, consigan o amañen su vuelta al país. Nunca ha habido una «revolución» o un «cambio» espontáneo. Tampoco lo habrá mañana, mientras haya líderes cuyas palabras y actos sean prometedores. Mujeres y hombres que saben y pueden dirigir a las masas transformándolas en una fuerza de conquista de poder político real para su emancipación; líderes que pueden, no solo predecir el resultado de una acción emprendida sino también decidir en última instancia cómo seguir con un plan iniciado por el pueblo congoleño.

Abordo ahora la cuestión que he leído a menudo en Facebook. «¿Qué propones?» Aislar diplomáticamente a Ruanda. La gente corriente lo entenderá, con el eslogan «el mayor número de amigos posible y un solo enemigo: Ruanda». Dominique Venner dice en su libro ‘Un Samouraï d’Occident/ Le Bréviaire des insoumis’ («Un samurái de Occidente: el breviario de los insumisos»): «elegir el nombre con el que designamos a un adversario, nombrarlo, ya es imponerse a él, hacerlo entrar […] en su propio juego, […] y, lo contrario, liberarse de su control». Una guerra clásica, en las condiciones actuales del país, es casi imposible. Los que poseen sentido del sacrificio entenderán nuestra opinión: hay que volver a la guerrilla activa de la RDC. A fin de cuentas, el nervio de la guerra no es el dinero, sino nosotros mismos, mujeres y hombres congoleños. Si Rusia y Putin, el partido Hezbolá y su líder Nasrallah y también Irán luchan e intentan salir de la guerra es porque, en sus respectivos combates, incluyen el conocimiento del pasado, de su pasado y de la historia con los otros.

Likambo ya mabele, Likambo ya makila (Una nueva corriente política y de pensamiento)

Mufoncol Tshiyoyo, MT& Associates Consulting Group

Fuente: Ingeta. L’Occident-anglo-saxon se prépare et organise le retour d’un autre Moise Tshombe au Congo-Kinshasa, publicado el 21 de marzo de 2018.

Notas :

  1. De Witte, Ludo (2017). L’ascension de Mobutu. Comment la Belgique et les USA ont installé une dictature. Belgique : Investig’Action.
  2. Venner, Dominique (2013). Un samouraï d’Occident. Le Bréviaire des insoumis. Pierre-Guillaume de Roux Editions

 

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