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Segunda edición del foro «»Migrances 2008» en Bamako (Mali)

Fuentes: Fondation Frantz Fanon, AIJD/droit-solidarité

Traducido para Rebelión por Caty R.

Del 3 al 5 de octubre de 2008, se ha celebrado en el Centro Amadou Hampaté Bah de Bamako (Malí) el foro «Migrances 2008», bajo la dirección de la altermundista y promotora del «Foro para otro Malí» Aminata Dramane Traoré, con la participación de la sociedad civil maliense, incluidas la Asociación Maliense de los Expulsados (AME) y la asociación «Retour-Travail-Dignité», así como la de otros países, especialmente Senegal, Camerún, Italia, España y Francia (Nota de la traductora).

Ceuta y Melilla 2005: Europa «descubrió» lo que ocurre en sus fronteras «externalizadas» contra cuyas barreras se apiñan los emigrantes que tienen Europa como meta. Algunos, después de años de emigración hacia el norte, pero esencialmente regional o intercontinental, consiguen pasar; otros han visto estrellarse su existencia contra las alambradas erigidas por esta Europa que quiere imponer a los países del sur, y especialmente a África, sus condiciones de acceso e incluso sus condiciones de supervivencia, tanto económicas como sociales. Otros ponen fin a su peregrinación y aceptan regresar a su país o permanecer, en cualquier caso, en tierra africana.

Bamako 2008: Segunda edición de «Migrances». El conjunto de los emigrantes, la mayoría jóvenes, de Malí, miembros de asociaciones, profesores, trabajadores de organizaciones o militantes activos llegados de Costa de Marfil, Senegal, Níger y algunos países europeos, se reúnen para construir un espacio común de solidaridad entre mujeres y hombres, entre distintos países y protagonistas, con el fin de buscar respuestas a las cuestiones de la emigración en todas sus etapas.

Clarisse, en ocho años de emigración desde Camerún, ha padecido todas las cribas fabricadas por llamado «El Dorado»; ocho años para reunir el dinero necesario para el pasaje; ocho años de clandestinidad esperando el último momento para escapar de los guardias de las fronteras y la policía; ocho años de marcha, de ir y volver; ocho años de ilusión y desesperación; ocho años de volverse transparente; ocho años de esperanza transformada en emigración.

Con Clarisse están Valérie, Aziz, Ousmane y todos los demás, sin olvidar a los jóvenes expulsados por los golpes de la política migratoria represiva y liberticida adoptada por muchos países europeos, entre ellos Francia.

Su ruta pasa por Bamako, su peregrinación también. Actualmente, a menudo llegados de otros países de África, viven en Malí y se encuentran instalados principalmente en Bamako. La estructura, «Migrances», creada por Aminata Traoré y organizada por el Centro Hampaté Ba los acoge. Allí trabajan en proyectos alternativos artísticos, sociales o medioambientales, hablan y comparan sus experiencias, sus rutas y sus viajes. Poco a poco se han convertido, ante los candidatos al exilio, en intermediarios del derecho al «derecho del suelo».

Se trata de construir alternativas a la emigración en colaboración con las madres que perdieron a sus hijos o hijas abatidos por las balas de la policía o ahogados en las aguas del Mediterráneo. Todos parten sabiendo que al final de Senegal están «Barcelona o Barcak (la muerte)».

Estas madres desean una educación de calidad para sus hijos y conseguir medios de transformación y producción que les permitan no seguir dependiendo del dinero enviado por los emigrantes. Pero esa no es la intención de los empresarios franceses. Así, en el pueblo de Didiéni, a 150 kilómetros al noroeste de Bamako, en la ruta entre Senegal y Mauritania que utilizan numerosos emigrantes, la empresa Alland et Robert va instalar una zona de cultivo de espirulina. En la inauguración se anunció que era una oportunidad para esta región. El kilo se venderá a 500 cfa malienses (0,75 euros), mientras que 117 gramos del producto transformado se venderán ¡por 26 euros!

Construir alternativas con los rechazados y los retenidos que ya no quieren volver al camino del exilio. Olvidar no. Pero crecer e integrarse en el mundo para constituirse en ciudadano de África. Así, también en el pueblo de Didiéni, al mismo tiempo que la introducción de la espirulina, se concretó la implantación de un centro dirigido por los jóvenes que volvieron del infierno. Será un lugar de acogida solidaria, tanto en lo que se refiere al alojamiento como en el aspecto asociativo, y permitirá a los rechazados integrarse en la vida social y económica.

Frente al centro de acogida basado en la solidaridad asumida por las asociaciones malienses, Europa, que ya no sabe cómo mantener a África bajo su yugo y su control, al día siguiente inauguró el «Centro de información y gestión de las migraciones» (CIGEM). Con el objetivo «de asistir a Malí en la definición de una política migratoria maliense que responda a las necesidades de los emigrantes» y «de apoyar al gobierno maliense formulando las recomendaciones relativas a las transferencias de fondos de la diáspora maliense». Ya está todo dicho.

Así, metiendo baza en el asunto de las transferencias de los emigrantes, se llega a transformarlos en mensajeros del neoliberalismo.

Y qué más le da a la Unión Europea que África esté constituida por países soberanos, entre ellos Malí.

¡Como la tontería, por otra parte, del derecho de los Estados y los pueblos sobre sus recursos naturales! Esa soberanía tiene que desaparecer en provecho de las multinacionales y los países del norte que imponen su reglamento liberal, su democracia, su sistema económico. Un modelo económico que va acompañado de otra política que le caracteriza, la desestructuración, además, de las relaciones sociales internacionales y las relaciones políticas entre los pueblos; un sistema que destruye el derecho internacional, principalmente el derecho de los pueblos a la autodeterminación, e intenta eliminar por todos los medios el derecho de los pueblos y los Estados sobre sus recursos naturales. Una vez más hay que afirmar, con la instalación del CIGEM en Malí, que la emigración, en sus aspectos más violentos, es una de las formas que adopta la globalización neoliberal. Los objetivos asignados a este centro son una prueba más.

No sólo las instituciones de Bretton Woods impusieron los Programas de Ajuste estructural (PSA) a los estados endeudados, lo que implicó la desregulación de la administración pública, la privatización de las empresas estatales… y aumentó, todavía más, el empobrecimiento de las poblaciones, sino que además, 28 años después, Europa viene a instalarse oficialmente en territorio maliense para imponer mejor su gestión de la emigración y así arrogarse un derecho de control sobre el dinero enviado por los emigrantes a sus familias, con el pretexto de «formular las recomendaciones sobre las transferencias de fondos de la diáspora». Una auténtica injerencia. No olvidemos que se trata de una enorme masa de dinero que para ciertos sectores de las clases dirigentes del norte ¡no beneficia a las empresas del norte! Pero esto no es suficiente. Europa va a imponer al África subsahariana, en una relación de fuerza que no se diferencia de la que regía durante la colonización, la obligación de respetar los distintos artículos del «Pacto europeo de emigración y asilo».

La buena voluntad expresada para su aplicación se recompensará con acuerdos bilaterales que permitirán a las empresas europeas instalarse sobre la tierra africana para succionarla todavía un poco más.

Esperamos que la construcción de alternativas permita la puesta en marcha de políticas de desarrollo endógeno opuestas a los modelos de desarrollo impuestos e importados. La crisis del sistema capitalista a escala mundial demuestra la agonía de las doctrinas económicas neoliberales que predican una apertura total de las fronteras en provecho del capital privado y debería ser la ocasión para pensar un cambio radical del modelo económico en la región, como sucede actualmente en algunos países de América Latina.

Pero uno de los puntos esenciales de este debate es saber si los Estados, los gobiernos, los poderes públicos tienen, efectivamente, la voluntad política de enfrentarse a las presiones y a los diferentes problemas que deberán encarar, entre ellos la emigración que ha originado la globalización. ¿Querrán poner en marcha las políticas nacionales, locales y regionales de desarrollo económico y social? Es obvio que dichas políticas chocan, tanto en el plano ideológico como en el político, con la política de los países del norte y las instituciones financieras internacionales.

Clarisse, Valèry, Aziz, Ousmane y todos los demás, rechazados en Ceuta y Melilla, rechazados por Europa, gracias a su proyecto alternativo pueden ser, de una forma u otra, los protagonistas de la reafirmación de la soberanía de los pueblos y los Estados africanos, ya que dicha soberanía es fundamental para la reivindicación de relaciones internacionales democráticas en un nuevo orden internacional democrático y para el ejercicio pleno y total del derecho de los Estados y los pueblos sobre sus recursos naturales.

Mireille Mendès France, hija de Frantz Fanon, es especialista en Oriente Próximo, autora de varios informes sobre el conflicto palestino israelí, militante y defensora de los derechos humanos, miembro del Centro de Estudios e Iniciativas de Solidaridad Internacional (CEDETIM) y de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas (Droit-Solidarité AIJD), asociación por la que fue enviada a Beirut en la Misión Especial para Líbano.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.