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[Crónicas sabatinas] Más acá y por debajo del soberanismo-independentismo

Sobre identidades y definiciones (más un apunte sobre Javier Solana, X. Rubert de Ventós y Joan F. Mira)

Fuentes: Rebelión

¿Quién soy yo? Mi madre era ucraniana; mi padre ruso. Nací y me crié en Kirguistán, me he casado con un tártaro. Entonces, mis hijos, ¿qué son? ¿Qué nacionalidad tienen? Nos hemos mezclados todos, llevamos muchas sangres mezcladas. En el pasaporte tengo a los hijos inscritos como rusos, pero nosotros no somos rusos. ¡Somos soviéticos! […]

¿Quién soy yo? Mi madre era ucraniana; mi padre ruso. Nací y me crié en Kirguistán, me he casado con un tártaro. Entonces, mis hijos, ¿qué son? ¿Qué nacionalidad tienen?

Nos hemos mezclados todos, llevamos muchas sangres mezcladas. En el pasaporte tengo a los hijos inscritos como rusos, pero nosotros no somos rusos. ¡Somos soviéticos! Aunque el país en el que yo nací ya no existe.

Lena M. (de Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich)

 

Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en una revolucionario auténtica sin esta cualidad […] Todos los días hay que luchar para que ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización […] Si sientes el dolor de los demás como tu dolor, si la injusticia en el cuerpo del oprimido fuese la injusticia que hiere tu propia piel, si la lágrima que cae del rostro desesperado fuera la lágrima que también tú derramas, si el suelo de los desheredados de esta tierra cruel y sin piedad fuera tu sueño de una tierra prometida, entonces serás un revolucionario, habrás vivido la solidaridad esencial.

Ernesto Che Guevara

 

Las guerras napoleónicas muestran que las ideas de igualdad, libertad, derechos y representación son explosivas. Esa es la clave del mundo contemporáneo, que existen derechos. Todos los hombres nacen libres e iguales y merecen seguir siéndolo: eso se dice en la declaración de independencia de Estados Unidos y en la de los derechos del hombre y del ciudadano en Francia. Y desde entones esas palabras resuenan en todo el mundo. Pero eso no significa que se conviertan en una realidad de hecho. Lo esencial es comprender que la nación que se está fraguando en Europa como comunidad política no pueden entenderse al margen de la transformación de los Imperios. Cuando los liberales recuperaron el poder en España hacia 1837 prepararon una nueva Constitución y volvieron a llamar a los coloniales que quedaban: Cuba, Puerto Rico, Filipinas. Los criollos cubanos, presionados por la exigencias presupuestarias de las reformas de Mendizábal, protestaron. Así que los echaron de las Cortes y aprobaron una nueva Constitución que estableció que las colonias iban a ser gobernadas por leyes especiales. Esta es la madre del cordero…

Josep Maria Fradera (2016)

 

¿Y cómo nos definiríamos nosotros si tuviéramos que definirnos? ¿Con un largo silencio y un millón de dudas? No estaría mal, se entiende. ¿Y si, a pesar del millón de dudas, lo intentásemos a riesgo de equivocarnos y revisar lo dicho cinco minutos o quince segundos más tarde?

¿Como gentes que no soportan la explotación a la que se está sometiendo a los sectores sociales obreros más desfavorecidos en España, en Europa y en todo el mundo?

¿Como activistas y ciudadanos que vivimos el 15M como dulce y necesaria agua de abril? ¿Como gentes que, como muchos otros y otras, ayudamos a desalojar a la policía de la plaza de los indignados en Barcelona por ejemplo?

¿No somos nosotros quienes hemos aprendido de nuestras compañeras la opresión y maltrato (en ocasiones asesinato) a las que muchas ciudadanas en casi todos los países del mundo -sin el casi tal vez- se ven sometidas?

¿Nos definiríamos como sólidos y convencidos defensores de la escuela pública, de la sanidad pública, cívicamente controladas, como defensores del derecho del trabajo y de muchos otros derechos obreros y ciudadanos qu intentan anular?

¿Como lectores de Borges, Espriu, Salvat-Papasseit, Cernuda, Hikmet, Aragon, Pavese, Machado, Tolstoi y Vallejo por ejemplo? ¿Como aprendices-estudiantes de Miguel Casado? ¿Como gentes que hemos sentido en nuestra alma la muerte prematura de Chirbes o Mankell?

¿Como marxistas-comunistas libertarios que seguimos teniendo a Jenny Marx, a Tussy Marx y a Engels como referentes poliéticos y existenciales? ¿Como comunistas democráticos que vivimos con esperanza -con gran esperanza- la Primavera de Praga?

¿Como gentes a las que gusta el concierto para clarinete de Mozart o la gran mayoría por no decir todas sus óperas, especialmente «La flauta mágica» y «Las bodas…» con Freni y Kiri te Kanawa al frente de un reparto imborable?

¿Como activistas a los que aquella reflexión guevarista, tan presente en la primera Nicaragua sandinista, aquello de que la solidaridad es la ternura de los pueblos no nos parecía entonces y no nos parece ahora una cursilería estúpida de jóvenes no crecidos?

¿Como gentes que recordamos con emoción muchas películas del neorrealismo italiano, todas aquellas que nos enseñaron a amar el buen cine comprometido?

¿Como lectores atentos y emocionados de El orden y el tiempo y Leyendo a Gramsci?

¿Como gentes que hemos admirado a Palmiro Togliatti, a Lucio Magri, a Rossana Rossanda y también a Enrico Berlinguer?

¿Como lectores que hemos intentado leer con pasión una parte, una pequeña parte, de la literatura clásica rusa?

¿Como activistas que participamos en la medida de nuestras fuerzas en, por ejemplo, las movilizaciones contra el consejo de guerra de Burgos, contra el asesinato de Puig Antich o, años más tarde, en la no siempre fácil lucha del movimiento antiotánico?

¿Como gentes que no olvidamos el sacrificio de tantos y tantos compañeros en una lucha tan necesaria como arriesgada? ¿Como camaradas que pensamos que Marcos Ana es uno de nuestros Mandelas?

¿Como ciudadanos que vivimos con toda la pasión que pudimos la revolución de los claveles? ¿No es Portugal un espejo en el que a veces podemos mirarnos? ¿No nos damos golpes por los estúpidas sarcasmos que dijimos contra el PCP?

¿Como luchadores antifascistas que hemos combatido, que quisimos combatir la opresión de todos los pueblos, de todas las lenguas y de todas las culturas emancipadoras?

¿Como ciudadanos que no estamos dispuestos a admitir que la cosmovisión neoliberal sea el santo y seña de nuestro horizonte de destrucción, desigualdad y antihumanismo?

¿Como hijos y nietos de refugiados y emigrantes que pensamos en los refugiados y emigrantes del mundo de hoy?

¿Como lectores no expertos en Marx que hemos admirado y admiramos la obra de uno de nuestros clásicos? ¿Y qué decir, porque hay que decirlo, de Rosa Luxemburg, de Antonio Gramsci, de Karl Korsch o de tantos otros?

¿Cómo ciudadanos que no hemos perdido en algún rincón de nuestra frágil memoria los nombres de Julián Grimau, de Enrique Ruano o el de Salvador Puig Antich?

¿No hicimos nuestra, con todos los matices que podamos ahora pensar y añadir, la revolución soviética? ¿Y no fue también nuestra la gran revolución cubana? ¿Chávez y la revolución bolivariana no nos aportaron una tonelada de esperanza, humanismo y resistencia?

¿No recordamos acaso lo que significó el movimiento zapatista en aquel ahora lejano 1994, cuando todo parecía ser y ratificar el fin destructor y antisocialista de la historia?

¿Hemos olvidado lo que para nosotros significó Salvador Allende y la Unidad Popular?

¿Recordamos Vietnam? ¿Los Panteras Negras? ¿Mayo del 68? ¿Ya no?

¿No defendimos -y defendemos- acaso las grades conquistas de la revolución china?

¿No nos definía también el ser antimilitaristas?

¿El ser opuesto a la industria nuclear y a los residuos radiactivos como infame legado de nuestra civilización en el decir de Henning Mankell?

¿No fuimos tomado consciencia poco a poco, gracias a nuestros mayores, de las prácticas criminales de la industria del amianto y de sus grandes beneficiarios?

¿Dudamos alguna vez, cuando adquirimos razón política, de que el capitalismo no era un humanismo?

¿No éramos, no somos gentes que no hemos olvidado a nuestros muertos, a nuestros asesinados, algunos de ellos aun no enterrados?

¿No supimos entender -¡por fin!- el sufrimiento de nuestros padres trasterrados? ¿No tomamos consciencia de su explotación, de su opresión, de sus años robados de vida? ¿De que para ellos el capital eran sus manos y para otros sus manos, su cuerpo y su alma (no las suyas, las de los otros) eran instrumentos de acumulación? ¿Hemos olvidado el esfuerzo de nuestros padres, el rato que recibieron, la explotación que sufrieron?

¿No supimos desde jóvenes que la barbarie tenía el mismo nombre que la Era del Capital? ¿No recordamos aquello de socialismo o barbarie?

¿No fuimos siendo conscientes poco a poco de la importancia de las conquistas de la II República? ¿Sin idealismo cegadores ¿no hemos aprendido a amar las figuras de Negrín, Ibárruri, Azaña, José Díaz, Matilde Landa y tantos otros?

¿No fue Paco Téllez un héroe de nuestro tiempo?¿ ¿No recordamos sus heridas, las torturas a las que fue sometido?

¿No nos desgarra el haber sabido que García Lorca fue un poeta asesinado, tantas veces olvidado? ¿Se nos han olvidado los nombres de Miguel Hernández, de Antonio Machado, de Pablo Neruda? ¿No recordamos a don Enrique Morente cantando a Hernández a nuestros 20 años?

¿Alguna vez nos hemos sentido alejados de las luchas y ejemplos de ciudadanos y colectivos de lugares muy diversos de España? ¿No eran nuestras luchas? ¿Sentíamos que aquella España nos oprimía o esclavizaba?

¿No hemos leído con admiración la obra de Saramago y también la de Pessoa?

¿Miramos también nosotros con impaciencia la naturaleza? Jorge Riechmann, Óscar Carpintero, Francisco Fernández Buey, ¿no nos han enseñado a mirarla con otros ojos, con otro tempo?

¿No somos acaso conscientes del maltrato dispensado por nuestra especie a otras especies y a la Naturaleza en su conjunto?

¿Somos o no somos conscientes de la tragedia de los refugiados? ¿Vemos el sendero de destrucción y explotación de muchas fuerzas, colectivos y personajes que se las dan de liberales-muy-liberales?

¿No nos emocionan al mismo tiempo y sin contradicción ni separación Rosalía, Machado, Carner y Aresti?

¿No estábamos, no estamos, por la unidad de todos los sectores populares de España, de Europa y del mundo? ¿Éramos o no éramos internacionalistas?

¿Qué, además de todo lo anterior, también somos o nos sentimos catalanes, gallegos, aragoneses, vascos, vascos y catalanes, españoles y vascos, catalanes y españoles, andaluces, catalanes y españoles… y más variantes (podemos añadir las que deseemos)?

¿Era esto, es esto último, el ser x o y o x + y o x + y + z lo que nos definía, lo que nos define esencialmente? ¿Ante todo y sobre todo… o era más bien asunto marginal, a veces muy marginal? ¿Pero no éramos, no decíamos ser gentes de izquierdas? ¿Levantar fronteras entre los pueblos de Sefarad fue alguna vez nuestro objetivo? Entonces… ¿No andamos un pelín extraviados si ponemos nuestra carne y alma en ese asador?

¿No es hora, de nuevo, de decir claramente, aquí y allí, que anunciamos y aspiramos a algo nuevo? ¿Vamos a seguir el discurso y las instrucciones de otros que nunca han estado a nuestro lado en momentos básicos, esenciales para nuestras vidas?

¿Recuperamos nuestro norte y guía? ¿Ayudamos a la recuperación del sentir global no nacionalista? ¿Vamos a permanecer mudos o muy silenciosos? ¿Nuestra resistencia será también silenciosa?

¿Exagero otra vez? ¿Se me va la olla? ¿Estoy obsesionado como me dicen-gritan algunos? ¿No es para tanto?

Veamos, un ejemplo:

Columna «Cartes de més a prop…» «Desconnexió», Joan F. Mira (24 de marzo de 2016, «Quadern», El País, p. 6). Copio el primer paso de la nota…

Antes de ello sin que sea necesario: 1. Joan F Mira es, sin duda, uno de los grandes filólogos del país. Su saber y penetración culturales son admirables y envidiables, y siempre interesantes. Es difícil, muy difícil, escucharle y no quedar prendado de su agudeza e inmenso conocimiento (aunque no siempre por supuesto). 2. Entrevistamos en 2005 a Rubert de Ventós para los documentales «Integral Sacristán». Fue una de las conversaciones más afables, penetrantes y originales que filmamos durante aquellos dos o tres años. 3. Javier Solana es un ejemplo de libro de la reconversación más abyecta e insufrible: de una demediada socialdemocracia que estaba entonces de moda a defensor de las causas más criminales durante su secretaría general de la OTAN. La afirmación de Pradera sobre los éxitos de su generación -Gregorio Morán ha hablado de ello en repetidas ocasiones-, la de haber conseguido el ducado de Alba y la secretaría otánica, es simplemente vomitiva… y, esta sí, definitoria.

El texto de Joan F Mira que luego traduzco:

«Aixo era, fa pocs ans, una sessió de la Secció de Filosofia i Ciències socials -que és la meua- de l’Institut d’Estudis Catalanas. Salvador Giner parlà d’això que no s’acaba mai, de la nació, la societat, la llengua, de coses que ni la seua autoritat de gran sociòleg pot fer entendre als de «Madrid» o Espanya. Llavors, el filòsof Rubert de Ventós contà una petita història: havia convidat Javier Solana al mas familiar de l’Empordà, i sentint parlar els nens de la família, exclamà sorprès Solana: «Pero… ¿a los niños también les habláis en catalán?». O siga, comentà el filòsof, que ni tan sols un home tan cultivat, liberal i cosmopolita podia entendre res».

Una sesión del Instituto de Estudios catalanes. Interviene Giner hablando de aquello de lo que, al decir de Mira, nunca se acaba de hablar: lengua, nación, sociedad. Interviene luego Rubert de Ventós. Aprovecha la ocasión y cuenta una anécdota: invitó a Javier Solana al mas familiar -¡menuda masía!- de l’Empordà y el entonces tal vez ministro del gobierno González (o peor aún, ya entonces secretario general otánico) al oír a los niños de la familia hablar en catalán preguntó extrañado, sorprendido, como si viviera en Marte en -1925, lo que ya han leído: ¿también a ellos les habláis en catalán? ¿Cómo es posible?». Conclusión, «inferencia lógico-deductiva»: ni una persona cultivada, ilustrada, como don Javier, todo un ministro, todo un secretario general, es capaz de entender el abc… ¡Podemos imaginarnos qué puede entender el resto de españoles, mucho menos cultos que don Javier! Nada, nada de nada. Son idiotas y estúpidos. Lo nuestro, lo suyo quiero decir, sólo se entiende aquí.

No hay fechas en la narración de Mira. Lo del «mas familiar» no debe dar pie a errores: muy pocas familias, incluso entre las 400 con mando en plaza, tienen el mas de don Rubert y es obvio que las relaciones entre el filósofo, ahora independentista y admirador de Mas, y el entonces ministro eran muy próximas y muy cordiales. Estaban en el mismo partido-institución. El de don Felipe, ya entonces Gal Natural.

Dicho lo anterior: supongamos que nos ubicamos en el ámbito de las lógicas multivaloradas: 0, para el valor de verdad falso, del todo; 1 para el valor de verdad verdadero, muy verdadero, con infinitos valores semánticos intermedios. ¿Cuál sería entonces el valor de verdad de la narración anterior? (No digo que Mira estuviera mintiendo con consciencia, por supuesto que no digo eso). Aproximadamente, conjeturo generosamente, 0,0001.

Entre lo que Solana pudo decir aquel día; lo que Rubert de Ventós recordó o quiso recordar años después; lo que dijo tras su reconstrucción; lo ahora explicado por Mira y escrito por él, entre todo eso, la distancia es, próxima, al infinito y más allá. Solana podrá ser, lo que se quiera (por cierto, no es el único que ha defendido con entusiasmo la OTAN: no creo que Rubert de Ventós pueda lanzar ninguna piedra en sentido contrario), Solana habrá dirigido la OTAN en tiempos criminales de destrucción de Yugoslavia y sus poblaciones, todo eso y más si se quiere, pero no es un estúpido inconmensurable. Es obvio que ninguna persona mínimamente sensata, sea español, chileno, indio, ruso o angoleño, haría una pregunta tan estúpidamente vomitiva como la «recordada-reconstruida» por Mira.

¿Por qué entonces la narración? Por lo de siempre: son españoles y por serlo, aunque sean gente cultivada, ministros incluso, no entienden ni entenderán nada de nada. Ni incluso cosas tan básicas como la señalada. Por lo tanto, desconexión, desconexión, desconexión,… Tot sigui per la Pàtria, per la nostra Pàtria! ¿Qué país tendrán en mente por cierto?

Podemos pensar con sus mismos mimbres: si alguien tan cultivado como Joan F. Mira se expresa en esos términos, ¿podemos imaginarnos qué ocurre, cómo piensan, en muchos otros casos, en sus círculos interiores?

(No entro, para no cansar, en el tono de chulería nacionalista que invade el artículo de la primera a la última letra. ¿Para qué? Los intelectuales orgánicos del secesionismo suelen expresarse en esos términos. Con toda la arrogancia del mundo. Eso sí, en su intimidad. Hacia afuera conservan las formas… A veces).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.