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¿Sufre parálisis mental Estados Unidos?

Fuentes: Information Clearing House

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Un lector respondió con una pregunta a mi reciente artículo sobre cómo el presidente de EE.UU. se está convirtiendo en un César: «¿No sería preferible un César a una democracia en la cual la gente es demasiado ignorante, desinteresada y estúpida para autogobernarse?»

Antes de convertirme en un columnista que recibe numerosas reacciones de los lectores, habría estado en desacuerdo con la caracterización del pueblo estadounidense del lector. Hoy no puedo responder con un «no» a la pregunta del lector con toda la confianza que quisiera.

Recibo palabras de aprecio de muchos lectores conscientes de lo que está sucediendo. También me escriben muchos que son tan sectarios y tienen reacciones emocionales tan fuertes que son incapaces de interpretar un argumento. No sé qué porcentaje representan esos grupos en la población, pero parece que hay una cantidad de estadounidenses, tanto en la izquierda como en la derecha, dispuestos a censurar e incluso a matar para defender sus ilusiones y confusiones.

Sigo siendo un sospechoso espantajo para algunos en la izquierda, por mi asociación con la ley Kemp-Roth bill y la Reaganomía. Como yo, y otros, hemos explicado tantas veces, la economía de oferta puso al revés la mezcla política monetaria/fiscal a fin de curar la estanflación. Pero algunos izquierdistas persisten en su insistencia de que todo fue un truco para reducir los impuestos a los ricos, y ricos son todos los que tienen más dinero que ellos. A un tipo estresado con 100.000 dólares al año, con una familia en una ciudad cara, lo mezclan con la clase acaudalada junto al gerente de fondos de alto riesgo que se pagó una bonificación de mil millones de dólares.

Para dar a los izquierdistas el reconocimiento que se merecen, por lo menos saben que fui miembro del gobierno de Reagan. Sin embargo, los fanáticos derechistas piensan que soy un liberal rojizo. Recientemente escribí un artículo señalando que los republicanos escogieron un mal momento cuando el mundo ya estaba preocupado por la credibilidad financiera de EE.UU. para crear problemas respecto al aumento rutinario del tope de la deuda, creando así un impasse que amenaza con un default. Los republicanos ven en el tema del tope de la deuda una oportunidad para reducir los gastos sociales como precio por permitir un aumento en la deuda nacional.

No se puede culpar a los republicanos de tratar de hacer algo respecto al crecimiento de la deuda pública. Sin embargo hay un riesgo en la intransigencia republicana, y ese riesgo es que, gracias a las directivas presidenciales establecidas por el presidente Bush, el presidente Obama tiene la autoridad para declarar la perspectiva de un default en una emergencia nacional. Obama puede dejar simplemente de lado el límite del techo de la deuda y arrebatar las llaves de la caja de fondo al Congreso. La transformación del presidente en César requeriría otro paso considerable.

Escribí que consideraba que ese riesgo es mayor que el riesgo de más deuda pública.

Varios republicanos nunca comprendieron lo que quería decir en el artículo. Di por entendido que todos conocían, especialmente los republicanos, la preocupación de los republicanos por los derechos a la ayuda social y las obligaciones sin financiación. Supuse que los republicanos eran conscientes de la larga historia de reacción contra las deudas que se amontonan sobre nuestros nietos, que estaban informados sobre la Comisión Grace durante los años de Reagan, que conocían las numerosas advertencias y propuestas del republicano Pete Peterson, que sabían de la contabilidad de David Walker de las obligaciones sin financiación y de la determinación del Partido Republicano de hacer algo respecto a los costes fuertemente aumentados de la Seguridad Social y Medicare.

Supuse que los republicanos sabían que durante los años de Reagan, David Stockman y Alan Greenspan habían acelerado los aumentos del impuesto sobre la renta de las personas físicas establecidos por el presidente Carter para asegurar la viabilidad a largo plazo de la Seguridad y habían usado el dinero para gastos operativos corrientes, dejando pagarés sin financiación en el «fondo fiduciario» de la Seguridad Social. Supuse que los republicanos sabían que el presidente republicano del Consejo de Asesores Económicos, Michael Boskin, y su Comisión Boskin habían reconfigurado el Índice de Precios al Consumo a fin de quitar importancia a la inflación y, al hacerlo, reducir los ajustes al coste de la vida en los pagos de la Seguridad Social

Supuse que los republicanos habían leído en algún sitio por el camino por lo menos un trabajo de un analista político republicano o miembro de un think tank sobre el «esquema Ponzi» de la Seguridad Social y la falta de asequibilidad de Medicare.

Pero no, los republicanos sectarios que me denunciaron como un propagandista liberal anti-republicano por decir lo mismo de lo que informan ampliamente los medios -que los republicanos quieren grandes recortes en Seguridad Social, Medicare y Medicaid como pago por su acuerdo para un aumento en el techo de la deuda- no saben absolutamente nada sobre la posición de su partido respecto a los gastos sociales. Al parecer, ni siquiera miran Fox News.

Parece que los mismos sectarios no se han dado cuenta de que los gastos militares y de seguridad de 1,2 billones [millones de millones] de dólares ni siquiera se mencionan cuando se habla de controlar los gastos. Los republicanos, y también los demócratas, consideran que la guerra es más importante que las pensiones de vejez y la atención médica para pobres y ancianos. Mis críticos republicanos tampoco se han dado cuenta de que el líder de la mayoría republicana del Congreso, Eric Cantor, se ha asegurado de que los aumentos de impuestos para los ingresos mega-altos también queden fuera de toda discusión. Según el mega-multimillonario Warren Buffet, actualmente tenemos en EE.UU. una situación en la cual su secretaria paga una mayor parte de sus ingresos en impuestos que su propio jefe.

Cuando escribí que la obsesión de los republicanos por una reducción drástica de la red de seguridad social -una línea trivial que aparece en cada noticia sobre el embrollo del techo de la deuda- podría resultar en una amenaza para la separación de poderes, varios republicanos sectarios se ofendieron extraordinariamente. Solo un propagandista liberal irremediable podría afirmar que los republicanos quieren destrozar la red de seguridad social. Mi declaración de un hecho obvio que se reflejaba en las propias propuestas de los republicanos fue todo lo que necesitaban mis críticos para concluir que un notorio Reaganita era un liberal que odia a los republicanos.

Es molesto que gente que no tiene la menor idea de lo que está comentando esté tan dispuesta a estallar. Pero es desalentador para un escritor que la gente sea tan emocional que no sea capaz de entender un argumento. Desalentado, en parte por lectores testarudos y por la censura de mis escritos por varios sitios de Internet, dejé de escribir mis artículos por un cierto tiempo y cerré la sesión.

Fui asediado por miles de correos rogando y exigiendo que siguiera escribiendo. Cedí, y los correos de lectores juiciosos me mantienen activo.

Es gratificante recibir comentarios de gente inteligente y dispuesta a aceptar nuevas ideas. Pero mientras pasan las semanas y los meses, se me hace cada vez más fastidioso tolerar mentes cerradas que vomitan odio e ignorancia. Me he llegado a convencer de que hay bastante gente frustrada e ignorante por ahí como para constituir un movimiento por un Führer

Washington, que ha producido una larga lista de desastrosas decisiones políticas desde el colapso del Imperio Soviético hace dos décadas, sin duda seguirá cometiendo increíbles errores en todo sentido, y terminaremos con un César o un Führer.

El Dr. Paul Craig Roberts fue nombrado secretario adjunto del Tesoro de EE.UU. por el presidente Reagan y confirmado por el Senado de EE.UU. Fue editor asociado y columnista en el Wall Street Journal, y sirvió en los equipos personales del representante Jack Kemp y del senador Orrin Hatch. Fue asociado del personal del Subcomité de Apropiaciones para la Defensa de la Cámara de Representantes, asociado del personal del Comité Económico Conjunto del Congreso, y Economista Jefe, Personal Republicano, Comité Presupuestario del Congreso. Escribió la ley de reducción de la tasa de impuestos Kemp-Roth, y fue un líder en la revolución de la oferta. Fue profesor de economía en seis universidades, y es autor de numerosos libros y contribuciones académicas. Ha testificado ante comités del Congreso en 30 ocasiones.

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article28695.htm

rCR

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