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¡Terrorismo palestino!

Fuentes: Rebelión

En la Feria del Libro, en el stand del Libro Árabe, el autor del libro «El Muro«, Gustavo Rojana, para promocionarlo, tuvo la ingeniosa idea de hacer una ínfima muestra imitando el muro que el Estado de Israel ha levantado en Palestina ocupada, para separar a los habitantes palestinos de los israelíes. El Centro Shimón […]

En la Feria del Libro, en el stand del Libro Árabe, el autor del libro «El Muro«, Gustavo Rojana, para promocionarlo, tuvo la ingeniosa idea de hacer una ínfima muestra imitando el muro que el Estado de Israel ha levantado en Palestina ocupada, para separar a los habitantes palestinos de los israelíes.

El Centro Shimón Wiesenthal, como parte de su tarea, para eso le pagan a los empleados con los fondos que recaudan, de lo que Norman Finkelstein ha denominado correctamente «la industria del holocausto», inmediatamente salió a acusar a quienes armaron esa infinitésima parte del Muro construido en Palestina, de defensores del terrorismo.

Señores Shimón Sammuels y Sergio Widder:

¡¡¡He aquí a los terroristas palestinos!!!

Deben enviar estas fotos a los 400.000 miembros en todo el mundo para que no sean sorprendidos por ellos.1

Ese mismo día el Estado terrorista de Israel, por intermedio de su ejército asesinaba a toda una familia palestina, y sorprendió ver que la prensa argentina lo destacara, en primera plana.

Porque este hecho no es el primero ni será el último, ya que esta es la política que aplica el Estado de Israel desde su creación y practican sus dirigentes y enseñan muchos de sus profesores universitarios.

El viceministro de Defensa, Matan Vilnai, en declaraciones a la prensa, del viernes 29 de febrero de este año, en las que utiliza el mismo lenguaje que acuñaron para su propia tragedia, shoah significa en hebreo, holocausto, dijo:

«La shoah a la que se expondrá al pueblo de Gaza será más importante, porque emplearemos en ello toda nuestra fuerza.»

En declaraciones al diario The Jerusalem Post, 10 May, 2004, el profesor Arnon Soffer, de la Universidad de Haifa, dijo:

«Entonces, si nosotros queremos permanecer vivos, nosotros debemos matar y matar y matar. Todo el día, todos los días… Si nosotros no matamos, nosotros cesaremos de existir… La separación unilateral no nos garantiza la «paz»: ello garantiza un Estado judío-sionista con una abrumadora mayoría de judíos.» 2

No es una pequeña muestra del Muro del Apartheid sino estos hechos, los de su ejército, y estas declaraciones públicas de su propios gobernantes, de sus propios profesores universitarios, las que deslegitiman al Estado de Israel.

Son la aprobación por la Corte Suprema del Estado de Israel de la tortura, de los asesinatos masivos de niños palestinos, la encarcelación de miles de palestinos sin juicio previo, la destrucción de hogares, viviendas y huertos, jardines y plantaciones de los palestinos, las que le quitan legitimidad y legalidad a los Estados terroristas.

No es la pequeña muestra del Muro en la Feria del Libro en la Argentina, sino el Muro mismo construido por las autoridades israelíes, es la realidad en el Estado de Israel mismo y no la copia pequeña, ínfima, del verdadero Muro, el que le quita legitimidad y legalidad al Estado terrorista de Israel.

Y, además, porque no será con un texto confuso y lleno de lamentaciones hipócritas, en el que los representantes del Centro Shimón Wiesenthal, mezclan hechos y acontecimientos pasados en distintos países invadidos por el ejército del Estado de Israel, y acusar sin prueba alguna, que podrán confundir al pueblo argentino inculpando al autor de la construcción de una infinitésima muestra del muro y pretender que con ello «deslegitima al Estado de Israel«, cuando ese Estado terrorista se deslegitima solo, porque quienes construyeron el Muro en Palestina ocupada fueron las autoridades israelíes.

Y el autor del libro no hace sino difundirlo, porque no es él el que construyó el Muro. El sólo hizo una pequeña muestra.

Toda esta parafernalia de lamentaciones y críticas pretenden esconder el hecho del Muro, porque, como lo hacen siempre, los dirigentes judíos no quieren que el pueblo argentino se entere de lo que hace el gobierno del Estado de Israel, ni de los asesinatos, torturas, destrucción de casas, y todo tipo de violaciones a los derechos humanos, contra el pueblo palestino. Y evitan que todo eso se publique.

Esa es en verdad la única razón de estas críticas del Centro Shimón Wiesenthal. No otras. Por eso esta reacción paranoica sobre el Muro.

Y para corroborar esta metodología del engaño y del camouflage, volvieron al día siguiente todos los diarios de Buenos Aires, a publicar solicitadas de cuanta institución judía hay, en las que de nuevo, con el «holocausto nazi» querían tapar, negar el terrorismo de Estado del Estado de Israel. E ingenuamente acusar a otros de las felonías de los dirigentes del Estado de Israel.

Es una metodología archiconocida y su uso permanente, lo vienen haciendo desde la creación del Estado de Israel, y sin darse cuenta que esa monótona repetición hace estéril su pseudo argumentación y, más aún su acusación.

Porque no toda mentira repetida incansablemente queda. A veces tiene el efecto de un bumerang, porque tiene patas cortas. Como en este caso.

Sería importante que los dirigentes judíos de nuestro país aprendieran de uno de los más lúcidos intelectuales judíos, quien en su libro La industria del holocausto, nos dice:

«El reto que se nos plantea hoy en día es volver a convertir el holocausto nazi en un objeto racional de investigación. Sólo entonces podremos aprender de él.

La anormalidad del holocausto nazi no deriva del hecho en sí mismo, sino de la industria que se ha montado a su alrededor para explotarlo.

El gesto más noble que puede hacerse por aquellos que perecieron es conservar su recuerdo, aprender de su sufrimiento y permitirles, de una vez por todas, descansar en paz.»i

¿Podrán los dirigentes judíos de nuestro país, los de la DAIA, de la AMIA y de la OSA, asumir la realidad incuestionable de que los verdaderos terroristas están instalados en el gobierno del Estado de Israel, como lo denuncian diariamente las resoluciones de la Comisión de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas y, además, muchísimos dignísimos pensadores y profesores universitarios de confesión judía en todo el mundo?

¿Saben, conocen, esos dirigentes que el Estado terrorista de Israel, desde su creación hasta hoy, no ha acatado ninguna de las resoluciones de Naciones Unidas, en las que se lo acusa de violación de los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados y en el propio Estado, y que no se han podido aplicar esas Resoluciones porque el gobierno de EE. UU. de América opone el veto en el Consejo de Seguridad?

¿Serán capaces los dirigentes judíos de nuestro país, honrando a la propia comunidad de confesión judía, de decirles a los del Centro Shimón Wiesenthal, que se vuelvan a Europa, donde se produjeron los nefastos acontecimientos, y así mantener sus cargos y cobrar sus honorarios de lo que recaudan con la industria del holocausto, dejarnos en paz a nosotros los argentinos, y seguir el sabio consejo de Norman Finkelstein?

Porque así, además, dejarán de ser cómplices de esos crímenes de guerra y de lesa humanidad.

1 Un ataque israelí contra la Franja de Gaza causó hoy la muerte de siete palestinos -cuatro de ellos niños – y una veintena de heridos. La incursión fue contra la comunidad de Beit Hanun, una de las más atacadas por el ejército de Israel. Los cuatro niños, todos hermanos, tenían edades de entre uno y siete años, y junto con ellos perdió la vida su madre cuando un proyectil impactó su vivienda.

2 Ilan Pappe. The Ethnic Cleansing of Palestine. Oneworld Publication Limited. England. 2006. p. 248.

i Norman G. Finkelstein. La industria del holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío. Siglo Veintiuno. Buenos Aires. 2002. p. 163.